Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.
Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.
Blog: h(espacio) t(espacio) t(espacio) p(espacio) s(espacio) : / / caranofiction . wordpress .(espacio) com(espacio) /
Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por betear esta historia.
"Houston, tenemos un problema".
Apolo 13
Mierdward
Afortunadamente Jane estaba dormida cuando regresé a casa después de que Emmett me trajera.
Me dirigí a la cocina, agarré una cerveza y luego senté mi culo melancólico. En el sofá. En la sala, no en la cocina porque no teníamos un sofá ahí.
Suspiré, abrí la cerveza y me tomé la mitad de la botella antes de recargarme en el respaldo con otro suspiro.
Porque suspiraba mucho.
Suspiré.
¿Estaba enamorado de ella?
Jodida mierda.
Esto no era bueno.
Pero… había una parte de mí que pensaba que sí era bueno. O sea… todo en mí.
—Ah, mierda.
Entonces, ¿qué debía hacer?
Bueno, bebí cerveza. Demasiada
Y pensé.
Pensé en Bella.
~Espasmo.
—Amigo, tenemos un problema —le murmuré a Polla.
Pensé en Jane.
~Problema resuelto.
Por último, pensé en mí.
Había cambiado. Mi familia tenía razón. Era alguien cínico y apagado. No solía ser así.
Más cerveza. Eructé.
Bien. Bella. Ella era… suspiré. Era bonita. Hermosa, endemoniadamente sexy, divertida. Agradable. Preciosa. Tenía buen gusto en música. Era maravillosa con los niños. Se centraba en sus objetivos. Feliz. Horneaba delicias celestiales. Era una chaparrita muy animada. O sea, jodidamente pequeña.
~Debe estar tan… apretada.
Bebí más cerveza.
Olía increíble. Todos la amaban. Incluyéndome a mí. También la amaba.
Era obvio. Todo estaba claro.
Estaba enamorado de Bella.
Pero estaba comprometido.
Jane. Jane. Jane. Jane.
~Aguafiestas. Aguafiestas. Aguafiestas. Aguafiestas.
Otra cosa que ahora me resultaba jodidamente clara. No había nada malo conmigo ni con Polla. Era ella. Jane. No podía ponerla dura para ella. Podía ponerla dura para Bella sin ningún maldito problema. ¿Pero Jane? Ni siquiera un poco, y había sido así desde hacía mucho tiempo. Desde que… mierda… desde que Jane me propuso matrimonio.
—¿Por qué carajos dije que sí? —murmuré para mí.
Más cerveza.
¿Amaba a Jane?
Le envié un mensaje de texto a Liam sabiendo que en Londres no estaban a mitad de la puta noche.
Tengo un problema – Edward.
Por suerte respondió al instante.
Lo sé. Espera, ¿más de uno? – Liam.
Jódete.
Bella no se irá a ninguna parte – Edward.
¿Qué? Amigo, ¿la secuestraste o algo? – Liam.
¡No, maldita sea! Me refiero a que sigue en mi jodida cabeza. ¡Siento algo por ella! – Edward.
Oh. Ese es un problema, sí – Liam.
¿Qué hago? – Edward.
¿Te gusta Jane? – Liam.
Suspiré.
—No.
No – Edward.
Entonces, ¡deja a Jane! ¡Es jodidamente simple! – Liam.
No, ¡no lo es! Bella no siente lo mismo, y podría terminar con alguien peor que Jane – Edward.
Vaya, eres más tonto de lo que pensé. ¿Te vas a casar con una mujer a la que no amas? – Liam.
Me encogí de hombros. Y bebí cerveza.
Oh, tal vez debería responder el mensaje. Cierto.
Quiero sentar cabeza. Podría funcionar. Siempre y cuando Jane no me exija tener sexo, podría funcionar – Edward.
¿Cierto?
Podía hacerlo funcionar, ¿sí?
Tal vez estaba borracho.
¿Por qué no debería exigirte tener sexo? Estoy confundido, hombre – Liam.
Yo… uh… ¿acababa de soltar una risita?
Una masculina.
No se me para – Edward.
También algo muy masculino.
—Y mi teléfono es tan malditamente pequeño. Teclas pequeñas, pequeñas. Pequeñitas.
Sigo confundido. Asumo que estás hablando de tu polla. ¿No te has estado masturbando durante los últimos dos meses? – Liam.
Sonreí y asentí.
Eran buenos momentos.
Sí. Por Bella. No por Jane – Edward.
Espera. Déjame aclarar esto. Puedes masturbarte por la muchachita, pero ¿no puedes levantarla por Jane? – Liam.
Bufé. Bella no era una muchachita. Tenía veintiún años con un carajo.
Luego lo comprendí. No le había contado a Liam sobre… eso. Que no se me ponía dura por Jane. Solo le había dicho que Twitch me parecía endemoniadamente sexy y buenísima.
Maldita sea.
Suspiré, me di cuenta de que era mejor que confesara todo.
Así es. Solo funciona con Bella – Edward.
Este es Edward Cullen, ¿cierto? ¿El tipo con el que fui a la escuela? ¡A ESTUDIAR MEDICINA! – Liam.
¿Eh? ¿Qué clase de pregunta era esa? Cabrón.
Sí, este es él. Mí. Yo. Mi nombre es Edward Cullen – Edward.
Solo me aseguraba. Porque se supone que los doctores son inteligentes – Liam.
¡Entonces ilumíname, cabrón! – Edward.
Más cerveza. Necesitaba calmarme.
¡Tu cuerpo está rechazando a Jane, tú puto genio! ¡¿Acaso no es jodidamente obvio que pasa algo malo?! Obviamente no la quieres ni un poquito – Liam.
Oh. Bueno, sí. Asentí.
Sí, comprendí eso esta noche – Edward.
Felicidades. Eso fue sarcasmo, por cierto. Si me hubieras dicho desde el inicio que no podías ponerte duro con Jane, te lo habría dicho desde entonces – Liam.
Decidí entonces que ya no quería seguir hablando con Liam.
Buenas noches, Liam – Edward.
Luego apagué mi celular y me fui a la cama.
Ella estaba ahí. En su lado de la cama.
Ugh.
Lo más silenciosamente posible, agarré mi almohada y una cobija, y luego…
Me atrapó.
—¿A qué hora llegaste a casa? —preguntó adormilada—. Y… ¿a dónde vas?
Piensa rápido, piensa rápido, piensa rápido.
—¡Tengo el estómago suelto! —exclamé.
~Te fuiste directo a la mierda, ¿eh?
Me encogí un poco para mí.
—¿Tienes qué? —preguntó Jane, sentándose un poco más.
—Tengo el estómago suelto —repetí—. O sea, di-a-rre-a.
Ya de una vez lo podía de-le-trear.
Jane hizo una pequeña mueca, y yo me sentía muy cansado, así que me despedí.
—Sí, así que uh… tengo que ir a hacer mierda —dije, señalando con el pulgar sobre mi hombro. Porque esa era la dirección de la habitación de invitados—. Pensé que podría dormir en la habitación de invitados para que no tuvieras que escucharme.
—Sí, bien. —Asintió con mucha fuerza—. Suena bien, querido.
Nada de "¿Hay algo que pueda hacer por ti?" o algo así. No, solo "Suena bien".
—Buenas noches —suspiré.
¿Bella cuidaría a su prometido si él tuviera el estómago suelto?
Algo me decía que sí lo haría.
Ahora tenía unas mierdas que resolver.
Quería decir… no mierda, o sea… heces. Estaba hablando del desastre que era mi vida. Eso era lo que tenía que resolver.
