Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.
Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.
Blog: h(espacio) t(espacio) t(espacio) p(espacio) s(espacio) : / / caranofiction . wordpress .(espacio) com(espacio) /
Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por betear esta historia.
"Necesitas una saludable dosis de miedo. Nada te podría sentar mejor".
Crepúsculo
Horneaward
—Arándanos. Fresas. Chocolate. Vainilla. Piña.
—Sí, ya sé qué es lo que piensas de la piña, doctor Cullen —se rio, mirándome detenidamente. Claro que lo recordaba. Quería decir, ¿cómo podía olvidarlo? El pastel que robamos sabía jodidamente divino.
¡DIVINO!
Bella y yo estábamos en First Street, de camino hacia el cine… o a la tienda junto al cine, y Twitch se había detenido en una librería.
Era ahí donde estábamos ahora.
Afuera. Mirando por la ventana.
Ella estaba viendo unos cuantos libros de cocina y me había preguntado qué era lo que me gustaba, así que eso le estaba diciendo.
—Bien, ya mencionaste arándanos, fresas, chocolate, vainilla y piña —dijo, alzando la vista hacia mí—. Sigue hablando, Eddie. Necesito más inspiración, sabes.
—Claro. —La miré enojado de forma juguetona—. Si dejas de decirme Eddie. Está reservado solo para los niños en la clínica.
—¿Eddieward? —intentó negociar.
—No —me reí entre dientes, negando con la cabeza.
—Docward. —Asintió con firmeza—. Docward. Sí, por ahora.
Era tan jodidamente linda. Usando su filipina rosa.
Docward…
—¿No Sexward? —bromeé.
Pensé que la vería avergonzarse, pero sí que me había equivocado.
—Oh, ¿sí puedo? —preguntó emocionada, agarrando mi antebrazo. Bueno, más bien sacudiéndolo—. Por favor, ¿puedo decirte así? ¿Por favorcito?
Te amo…
—Eres tan jodidamente… —me quedé callado, sabía que habría dicho algo increíblemente estúpido. En vez de eso me reí y le permití llamarme Sexward pero solo cuando no hubiera otros cerca. En otras palabras; no en el trabajo… donde había pacientes y padres de familia.
—Entonces, ¿vas a comprar el libro de cocina o no? —pregunté, asintiendo hacia la ventana.
—Sí —respondió, tirando de mi brazo—. Ven, vamos a buscarme algo bueno para hornear.
¡Sí, señora!
»Aunque debería ser un libro de hornear, ¿no? —preguntó con curiosidad mientras le abría la puerta—. Quiero decir, es para hornear. No para cocinar.
—Buena pregunta —me burlé y la seguí dentro de la tienda—. Pero no tengo una buena respuesta.
Pero debería ser así, ¿cierto? Libro de hornear sonaba bien.
La tienda no era tan grande, así que rápidamente localizamos la sección de libros de cocina y luego Twitch me dijo que siguiera recitando ingredientes deliciosos.
Obedecí porque eso debías hacer cuando se trataba de la mujer que horneaba para ti todos los días.
—Chocolate blanco. Manzanas. Limón. Frambuesas. Oh, cerezas. Piña.
Se rio y me pegó en el pecho.
—Ya dijiste ese.
—Vale la pena mencionarlo dos veces —respondí con seriedad.
—¿Qué te parece este? —preguntó, alzando un libro grande y gordo.
"Cien tartas".
Ese era el título del libro.
Quería gemir.
Cien… tartas… cien.
—Sí, te vamos a comprar ese —le dije con mucha seriedad, tomando el libro de sus manos—. Sigue buscando. Estoy seguro de que hay más.
—Oh, Sexward —se rio otra vez—. Te gusta lo dulce, ¿no?
Me encogí de hombros.
Por supuesto que sí. Cuando se trataba de Twitch, la respuesta siempre era "sí".
—Es algo bueno que me encante hornear —gorjeó, agarrando otro libro—. Y tú necesitas una saludable dosis de azúcar. Nada te podría sentar mejor.
Sonreí con curiosidad.
—¿A qué te refieres? —Y luego lo pensé y me reí con incredulidad—. ¿Me estás diciendo flaco?
—En absoluto —me dijo, tenía la nariz enterrada en un libro—. Pero no me refería a esa clase de azúcar.
Lo dejó así y no entendí nada.
Veinte minutos después, ya teníamos cuatro libros de hornear para ella, y me fui en dirección a la caja.
—Espera, ¿qué estás haciendo, Ward? —preguntó mirándome como sacaba la cartera.
¿Ahora solo era Ward?
Hum. Tenía que volver a ser Sexward.
—Voy a pagar —dije, intentando no poner los ojos en blanco—. Tú vas a hornear para los del trabajo, ¿cierto?
—Sí.
—Entonces lo menos que puedo hacer es contribuir.
Se mordió el labio y arrugó la nariz, como si lo estuviera pensando, pero todo lo que yo podía pensar era "por favor, no te muerdas el labio".
Quería besarla.
Suspiré.
Y pagué por los libros.
—Vaya, eres muy increíble… Increíbleward —murmuró al salir de la tienda—. Muchas gracias*.
Increíbleward me parecía bien.
Le guiñé un ojo.
—De nada. —Mi corazón.
—Oh, ¿Españolward? —se rio—. De acuerdo, ¿a dónde ahora? Alice mencionó que ibas a recoger algo.
Ah.
Sí.
Tragué con fuerza.
—Uh, sí —dije, frotándome el cuello—. Ella uh… ella pidió algo allá en uh… no recuerdo cómo se llama la tienda.
Qué me jodan.
Iba a entrar a una tienda de lencería con Bella.
*Muchas gracias, de nada y mi corazón estaban en español en la versión original.
