Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.


Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.

Blog: h(espacio) t(espacio) t(espacio) p(espacio) s(espacio) : / / caranofiction . wordpress .(espacio) com(espacio) /

Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por betear esta historia.


"Yipikayei… hijo de puta".

Duro de matar

Lenceriaward

—Sí, así que uh… aquí estamos —murmuré, carraspeando un poco.

Estábamos parados afuera de La Lingerie.

Los tres.

Estaba seguro de que podían entender que Polla estaba muy presente.

—De acuerdo. —Twitch se encogió de hombros, al parecer no le afectaba el hecho de que estábamos a punto de entrar juntos a una tienda de lencería—. Entremos.

~¿Entremos? ¿Entremos? ¿Entremos a dónde? ¿Dentro? ¿Dentro de ella? Sí, bien.

Al carajo con mi vida.

Así que yo uh… seguí a Bella dentro. Dentro de la tienda de lencería. Quería gimotear.

Encaje.

Volantes.

Mierdas transparentes.

Mierdas diminutas.

Satín.

Tangas.

Corsés.

Algodón bonito.

Medias.

Pantimedias.

Sostenes.

Cacheteros.

Todos esos colores.

Mi polla estaba goteando. Lo juraba.

—Deja de llorar, Polla —susurré por lo bajo, dirigiéndome a la caja. Y no, no estaba pensando en Twitch que había desaparecido para "ver algunas cosas".

No estaba pensando en eso… para… nada…

Estaba pensando en eso.

—Vengo por uh… por la orden de Alice Whitlock —le dije a la vendedora.

—¡Por supuesto! Permítame un minuto, señor —dijo la mujer antes de irse.

Cometí el error de mirar sobre mi hombro.

—Oh, Dios mío. —Sí, gimoteé.

Como hombre.

Ahí. Justo ahí, junto a un espejo… ella estaba parada. Sosteniendo una mierda con holanes que no era muy… visible.

Azul oscuro. De satín. Con orilla de encaje en color negro. Era un jodido corsé con una tanga a juego.

~Jefe, necesito un poco de atención aquí abajo.

Cristo, podía imaginármela usándolo. En serio, de verdad, podía carajo. Hombre, oh, hombre. Sus tetas estarían tan elevadas. Ya saben, pegadas, rogando por mi polla. Yo podría… uh… yo uh… mierda, se me secó la boca… pero uh… se lo arrancaría. El corsé, se lo arrancaría. Luego follaría sus tetas.

~Esas mierdas son buenas, hombre. Ahora estoy llorando otra vez. Sigue.

Acurrucaría mi cara en su coño. Su tanga tendría una mancha para que yo la lamiera.

~Jefe, necesitamos un poco de amor propio. Ya.

—Santo cielo —murmuré por lo bajo. Debería ser un jodido autor porno. Así se llamaban, ¿cierto? ¿Autor porno?

Sí.

—Mierda —siseé en voz baja al ver a Twitch dirigirse al… al… hacia el… oh, Dios mío, ¡se lo iba a probar!

~Fue jodidamente grosero que no pidiera una segunda opinión.

—Sí —murmuré—. ¿Dónde están sus modales?

Suspiré.

Me tapé la entrepierna.

Ah, bueno. Era buen material para el banco del placer.

*o*o*o*

—Espera, ¿por qué te estacionas? —preguntó Bella con confusión.

Sí, me había estacionado afuera de la clínica. No solo me había detenido. No, había estacionado y apagado el motor, incluso me había guardado la puta llave.

—Yo, uh, olvidé unos historiales médicos en mi oficina hace rato —le dije, mintiendo entre dientes.

Por cierto, sí lo compró. El corsé y la tanga. Lo compró, carajo.

—Oh, bien —respondió sonriendo—. Bueno, gracias por el viaje, Sexward. —Guiñó un ojo, abriendo la puerta—. Y gracias por los libros de hornear. Te veré mañana en el trabajo.

—Sí, nos vemos mañana —murmuré sin mirar para nada su culo cuando se bajó de mi carro. Bien, sí lo miré.

Mierda.

En cuanto ella cruzó la calle, yo me bajé del carro y corrí dentro de la clínica, me dirigí directo a mi oficina, o más bien, al baño.

—Carajo, carajo, carajo, carajo, carajo —exhalé, cerré la puerta detrás de mí antes de bajarme el pantalón—. ¡Oh, Dios! —gemí en voz alta cuando mi polla salió libre. Mierda, prácticamente había aplastado al pobre amigo en el viaje de regreso a Forks. Esto no era nada más que liberador.

~¡Yipikayei, cabrón!

Esto iba a ser duro y rápido.

¿Dónde me quieres, grandote? —ronroneó, estaba sentada en mi escritorio y llevaba puesto ese pecador conjunto que acababa de comprar—. Haré lo que sea por usted, doctor Cullen.

Me senté en el sofá.

Quiero que te sientes en mi polla, nena —murmuré con voz ronca mientras me acariciaba—. Quiero tus pechos en mi cara mientras me montas con fuerza.

Se bajó de un salto del escritorio sin vacilar y caminó hacia mí, sentándose de inmediato a horcajadas en mí.

Le arranqué la tanga. Era una tela jodidamente ofensiva.

Oye, esa me gustaba —gimió en voz baja, apoyándose en mis hombros.

Te compraré más —respondí con voz áspera y luego ella se dejó caer sobre mi polla—. ¡Carajo, nena!

Agarrándola del cuello, la acerqué más a mí. Nuestras narices se tocaron. Intercambiamos respiraciones.

Estaba enterrado hasta la puta empuñadura.

¿Puedo besarte, por favor? —gimoteó.

Asentí.

Luego su boca se posó en la mía y metí mi lengua en su boca mientras meneaba las caderas.

—Maldita sea, Bella —gruñí, besándola más profundamente.

Más —gimió, mordiéndome el labio.

Ella sabía tan jodidamente bien.

La besé con todo mi ser.

Ella me cabalgó con fuerza.

Le destrocé el corsé.

Apreté sus deliciosos pechos, girando sus pezones entre mis dedos.

Carajo, amo tu enorme polla —jadeó.

Ya podía sentir esa espiral de placer.

Y yo amo tu apretado coño, cariño —gemí, besándole el cuello—. Es tan jodidamente perfecto para mí.

Oh, cielo… sí… ¡oh, Edward!

La empujé con fuerza sobre mi polla, haciéndonos jadear a ambos.

Ya estaba cerca.

Carajo, estaba tan cerca.

Mi dedo encontró su clítoris y lo froté persistentemente mientras chupaba su pezón izquierdo con mi boca. Amaba sus sonidos. Los necesitaba. Más cerca. Más.

Más duro.

Sí.

Más apretada.

Córrete conmigo, amor —gemí en voz alta, dejando caer la cabeza hacia atrás—. Carajo… por favor, córrete en mi polla…

Se tensó, jadeó, gimió mi nombre.

Se corrió.

Convulsionó a mi alrededor.

—¡CARAJO! —grité, corriéndome en toda mi mano… sin mencionar sobre el puto retrete.

¡Otra vez!

~¡De naaaaaada!

Polla se relajó y encendió un cigarro ficticio.

Yo limpié el jodido retrete.

Otra vez…

*o*o*o*

Espera, ¿te vas a mudar de regreso a Chicago? – Edward.

Síp. Recibí una oferta que no pude rechazar – Liam.

Qué genial. ¿Dónde? – Edward.

En el Children's Memorial – Liam.

No me digas. Yo también tengo una oferta ahí – Edward.

¡¿En serio?! ¿Lo estás considerando? – Liam.

No. No me gusta Chicago. Aunque es una oferta activa – Edward.

Mi ciudad natal no tiene nada de malo, hombre – Liam.

Como digas. ¿Y cuándo vas a volver? – Edward.

El próximo mes. En fin, ¿qué hay de nuevo contigo? ¿Ya arreglaste tus mierdas? – Liam.

Sigo pensándolo – Edward.

Eres jodidamente imbécil. Tan solo pensar en casarte con una mujer a la que ya ni siquiera puedes besar… – Liam.

No quiero estar solo. Adelante, ríete de mí – Edward.

Me estoy riendo – Liam.

Imbécil – Edward.

No me río de la parte de no estar solo, idiota. Me río porque tus posibilidades de encontrar a una mejor mujer son casi nulas si te casas con Jane – Liam.

.

.

.

En serio no creí que pudieras ser tan inteligente – Edward.

Lo sé, es sorprendente, ¿cierto? – Liam.

Un poco, sí – Edward.

.

.

Deja a Jane, Edward. En serio – Liam.

Voy a intentar mi idea una última vez – Edward.

Ahora de verdad me estoy riendo. Dime, ¿cuál es tu IDEA? – Liam.

Comprobar si es suficiente con ser amigo de Bella – Edward.

Adelante. Apuesto a que solo te enamorarás más de la chica – Liam.

.

.

.

Si eso pasa, tal vez pronto podamos trabajar juntos – Edward.

¿A qué te refieres? – Liam.

No sé, pero si me enamoro más, no podré quedarme – Edward.

¿Estás seguro de que ella no siente lo mismo? – Liam.

Ella tiene veintiún años, acaba de salir de la universidad. Yo tengo más de treinta. Quiero un matrimonio e hijos. De preferencia desde ayer – Edward.

Uno nunca sabe – Liam.

Yo sí. Soy doctor. Somos un grupo de personas inteligente – Edward.