Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.


Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.

Blog: h(espacio) t(espacio) t(espacio) p(espacio) s(espacio) : / / caranofiction . wordpress .(espacio) com(espacio) /

Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por betear esta historia.


"Pegamento… una cosa muy fuerte".

Blues Brothers

Tosward

—Así que, Edward… ¿dónde está Jane esta noche? —preguntó papá.

Me ahogué y tosí mi bocado de papas fritas.

Qué desperdicio.

Ugh. ¿Tenía que mencionarla?

Aquí estábamos todos, los cuatro hombres, compartiendo una maravillosa comida en una churrasquería de Sequim, ¿y él tenía que mencionar a esa mujer?

No estuvo bien, papá. Nada bien.

~Sí, papi, nada bien.

—Ella está en Seattle —dije con naturalidad antes de darle una enorme mordida a mi hamburguesa.

—¿En viernes? —siguió papá—. Se va muy seguido a Seattle en últimas fechas, ¿no?

Me encogí de hombros. No lo había notado.

Pero luego cuando lo pensaba…

—Mencionó algo sobre extender su estadía a cinco días por semana —dije, recontando el recuerdo—. Algo sobre un proyecto que necesita más atención.

Juraba que era una puta hamburguesa deliciosa. Era mágica. Casi tan buena como la corrida imaginaria de Bella en mi lengua.

—¿Y cómo van con la planeación de la boda, hijo?

Me ahogué otra vez, en esta ocasión con mi hamburguesa mágica.

Tosí.

Y tosí.

… y tosí.

—Así de bien, ¿eh? —se carcajeó Emmett.

Y tosí.

Tosí un poco más.

Mierda.

—Espléndido, hombre. —Jazz sonrió engreído—. ¿Ya… te estás arrepintiendo?

Tosí.

—Jódete —tosí, pegándome en el pecho.

Porque esa mierda estaba atorada.

—Pues ya sabes lo que dicen, hijo. —Papá me guiñó, asintiendo hacia mi comida—. La comida rápida puede matar.

Ah, no había dicho eso, ¿cierto?

—¿Podrías ser más doctor, papá? —jadeé.

—No, no creo que pueda volverme más inteligente. —Se encogió de hombros.

Era un hombre muy gracioso. Veamos qué tan gracioso podía ser cuando llegáramos al jodido club de estriptís.

—Y ahora ya nos desviamos del tema, hermano —señaló Emmett—. ¿Cómo van con la boda?

Tosí.

Pero esta vez fue falso. Porque necesitaba tiempo para pensar una respuesta.

Imaginen mi sorpresa cuando no se me ocurrió ni una mierda.

~Ya usaste la diarrea con Jane…

¡No me refería a esa clase de mierda!

Suspiré.

—En realidad, todavía no hemos empezado —les dije… mintiendo.

La verdad es que no habíamos hablado de eso, pero uh… Jane me había estado enviando ideas para bodas desde Seattle. Ya saben, vía email.

Vía. Qué palabra rara.

Mierda, di eso.

Palabra rara.

Dilo. En voz alta.

Sonaba raro. Palabra rara, palabra rara, palabra rara.

En fin, vía era una palabra rara.

Vía palabra rara.

¿No era así como era… "calle" en italiano?

Así que ella me enviaba ideas de bodas calle email.

¿O era carretera? ¿Calle? ¿Carretera?

~Solo tienes carreteras en la cabeza…

Creo que estaba divagando mierdas en mi cabeza.

Ya había terminado.

—En fin —eructé. Bien. Con sabor a papas fritas—. ¿No deberíamos irnos al bar?

Eso funcionó con Emmett.

*o*o*o*

—Hijos —dijo papá. Tenía tono serio.

Emmett, Jazz y yo estábamos intentando contener nuestras risas.

Los tres estábamos vestidos de forma similar, jeans, camisetas, sudaderas y gorros, pero uh… bueno, papá llevaba puesto un traje.

Un par de semanas atrás yo habría estado vestido de la misma forma. Bueno, no igual. Obviamente. Pero de forma similar.

Ya no más.

Ahora era un hombre de jeans y gorras. Uh… sí, y una camiseta. También usaba camisetas.

En fin… estábamos parados afuera del club de estriptís.

El club que un cabrón imbécil había nombrado "Colgando".

Eso estaba mal.

—¡No te preocupes, papá! —Emmett se rio, golpeando a papá en la espalda—. ¡Estoy seguro de que aquí también tienen puros y brandy elegante!

Papá suspiró.

Lo empujamos hacia la entrada.

—Su madre me va a matar —gruñó.

¿Escucharon eso?

No dijo "No quiero estar aquí". No, dijo "Su madre me va a matar".

—No se enterará —prometió Jazz, sí, mintiendo.

Definitivamente mamá se enteraría porque no había forma de escapar a los brillos de las bailarinas.

Quince minutos y muy poca resistencia por parte de papá después, estábamos sentados alrededor de una mesa cerca del escenario.

Después de quitarnos las sudaderas, bueno, papá se quitó su saco Armani… en fin, ordenamos cerveza y shots. No, papá no. Él pidió un maldito brandy.

El lugar no era grande. Un escenario, una barra, entre diez y quince mesas más o menos, oscuro, con letreros neón, y música mala. Iba a ser una buena noche.

—Oh, santo cielo —murmuró papá cuando una mesera nueva se acercó.

Ya saben, a darnos la cerveza. Y los shots.

»¿Dónde está su ropa? —siguió diciendo, y Em y yo nos miramos. Obviamente papá había estado antes en un club nudista, ¿cierto?—. Disculpe, señorita.

¡Carajo!

—Carlisle, cierra la boca —siseó Jazz en voz baja, y sí, papá, por favor escucha a tu yerno.

Pero no lo hizo.

—¿Qué edad tiene? —le preguntó a la mesera—. Y… ¿no tiene frío usando solo su ropa interior?

Ahí venía la palmada facial.

Golpe. Ese fui yo.

Golpe. Ese fue Em.

Golpe. Ese fue Jazz.

—Depende, señor —ronroneó la mesera.

Esto podría ser divertido.

»¿Quiere ser mi papi? —preguntó de forma seductora—. Estoy segura de que puede calentarme, ¿no?

Santo cielo.

Jazz escupió su cerveza.

Em y yo estábamos ahogando nuestra risa.

El problema era que papá no entendía la diferencia entre papi y papi. Para él, "papi" era padre. Nada más. Para él, no existía semejante cosa como "Oh, papi, fóllame más fuerte".

~Jefe, aunque disfruté de tu frase de papi, todas son rubias aquí. Eso no es bueno.

Suspiré.

había notado eso. Una parte de mí había esperado ver una imitadora de Bella, pero… supongo que no tenía tanta suerte.

La respuesta de papá me sacó de mis pensamientos.

—No, ya tengo una hija. Tengo su foto en mi cartera. ¿Le gustaría verla?

Carajo, lo sabía. No iba a entender la diferencia.

—¡CARLISLE! —gritamos los tres.

No, no iba a usar "papá" aquí. Tampoco Em.

—Estás hablando de mi esposa, hombre —gruñó Jazz.

—Nuestra hermana —dijo Em, señalándonos a él y a mí.

—Esta no es una puta reunión familiar —le dije a papá—. Así que guarda las malditas fotos. La mesera no está interesada.

Maldición, él no estaba bien de la cabeza. ¡Y era doctor!

La mesera se fue con una mirada que decía "No pienso lidiar otra vez con esta mesa".

Sí, lo entiendo, Candy. De verdad que sí.

¿Qué? Estaba seguro de que ese era su nombre.

O Roxie o Trixie.

O Cherry.

O uh… sí, Destiny.

O Galletita.

Mmm, las galletas de Bella.

Espasmo.

Suspiré.

Ella preparó galletas Tosca hoy. Estaban deliciosas.

Era algo bueno que hiciera ejercicio porque engordaría en un segundo si no fuera por eso.

—Ohh, ¡ya está empezando! —Emmett… uh, bueno, chilló.

Pero, chico, sí que empezó.

Polla estaba algo adormecida, pero debía admitir que era divertido salir con los chicos. Se sentía bien estar de nuevo en el juego. O… ser yo mismo otra vez. Me sentía más joven. Solo que era una pena que las bailarinas fueran todas rubias o pelirrojas. En serio, ¿tenían secuestradas a las castañas o algo así?

En fin, el alcohol fluyó y oh, Dios, papá sí que sabía manejar su licor. El hombre bebía sin parar.

—Falsas —dijimos Jasper y yo inexpresivos al mismo tiempo cuando Candy número 5 salió al escenario, pero, hombre, esos melones la mantendrían a flote.

Estaba bebiendo mi cerveza cuando miré a papá.

Abrí los ojos como platos.

Tosí la cerveza. Creo que también me salió un poco por la nariz.

Papá… él… oh, Dios. Tenía las manos en el aire. Como si estuviera a punto de agarrar algo. ¿Sabían a qué me refería? Como si las tetas de la bailarina estuvieran justo frente a él y él estuviera estirando las manos para tocarlas, solo que… la bailarina no estaba ahí. Ni siquiera estaba cerca.

Tosí más.

Y más.

—¡Carlisle! —siseó Emmett—. Baja las malditas manos. ¿Qué estás haciendo?

Fue entonces cuando se giró hacia nosotros. O sea, papá.

Mierda.

Ojos cruzados. Sonrisa perezosa.

Papá estaba borracho. Jodidamente ebrio.

El alcohol… una cosa muy fuerte.

Suponía que no sabía manejar su licor para nada.

Esta sería una noche muy larga, ¿cierto?

Súper…