Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.


Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.

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Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por betear esta historia.


"Muéstrame el dinero".

Jerry Maguire

Rosaward

No.

—No —le dije a Jake—. Solo… no.

No.

—No —acordó Em.

No.

—No —dijo Jazz, sacudiendo la cabeza.

No.

—Son muchos brillos —se quejó papá. Sí, se quejó.

De acuerdo, estábamos en la estética, o más bien, en la parte trasera de la estética. Y Jake y Sam nos estaban mostrando nuestros disfraces. Solo no.

No.

—Dejen de ser tan… anticristos —dijo Sam, aventándome mi traje—. Sí, sí, sí, sí. Para los cuatro. Ahora vayan a cambiarse.

Nos tronó los dedos.

Lo fulminamos con la mirada.

Alzó una ceja de perra.

Movimos el culo.

Jazz fue el primero en salir del baño. Ahora llevaba puesta una filipina rosa con brillos y dobladillos esponjosos. Luego claro que tenía el nombre puesto con brillos en la espalda.

Doc Rizos.

Mi filipina era igual. Rosa. Brillante. Dobladillos esponjosos.

Con Dr. Sexward en la espalda.

Y ahora la estaba usando.

Estaba pensando… Twitch… ¿ella…?

—¿Por qué tengo la sensación de que Bella tuvo que ver con esto? —preguntó papá, saliendo con la filipina puesta.

Oh, pero también tenía una bata de doctor. Era rosa.

En la espalda decía Dr. Papá.

Y creo que tenía razón. Sobre Bella.

¡No saldré de aquí! —gritó Emmett desde el baño.

—Eso fue lo que dije antes de conocer a mi Jakey —dijo Sam detrás de nosotros—. Ahora me expreso con orgullo. ¡Tú también deberías hacerlo, Emmy!

Papá, Jazz y yo nos burlamos.

—Vamos, cobarde —me reí entre dientes, tocando la puerta del baño—. Todos estamos usando las mismas mierdas.

—De hecho —escuché a Rose decir—, eso no es verdad.

Todos nos giramos y…

—Carajo —murmuré.

—Genial —dijo Jazz sarcásticamente.

—Oh, no —gimoteó papá.

En la puerta estaban paradas mamá, Rose, Ali, Jake, Sam… y Bella.

Todas sostenían cámaras.

Clic. Clic. Clic. Muchos flashes.

—Qué lindo, doc. —Bella me guiñó—. Quién diría que el rosa era tu color, ¿eh?

Les lanzamos miradas de enojo y caras de disgusto, luego les dimos la espalda.

Tomen eso, perras. Ajá.

Oh, carajo. Estaba aceptando a mi Jake interior.

Pero olvidamos todo cuando Emmett abrió la puerta y… sí, salió. Se expresó, pero no con mucho orgullo.

Pasaron dos segundos en total silencio.

Luego llegaron las risas. Las carcajadas y burlas.

Mi hermano, el jefe de policía aquí en Forks… estaba usando un uniforme de policía en color rosa.

Oh, no había terminado. ¿Sus pantalones? Sí, eran shorts. Unos apretados.

Todavía no terminaba.

En el cinturón llevaba colgando unas esposas rosas esponjosas.

—¡Dejen de reírse de mí! —espetó, cruzando las piernas—. ¡Soy muy inseguro sobre mis muslos!

Nos reímos más. Santa mierda, de verdad que me reí. ¡Se me estaban saliendo las lágrimas por reírme tan fuerte!

Nunca lo había dicho mejor.

—¡Esto es excelente! —se rio Jazz.

—¡Invaluable! —me carcajeé.

Emmett nos miró enojado, pero nada podía arruinar mi momento.

Al menos eso pensaba.

—Te ríes ahora, hermano mayor mío —se rio Híper y entrelazó su brazo con el mío—, pero tú estarás todo el día en la estética. Les servirás bocadillos a todas las encantadoras damas que vengan hoy a hacerse manicura y pedicura.

Sí.

El momento se arruinó.

La fulminé con la mirada.

—Lo dices como si fuera a ser el único. No me digas que seré el único, hermanita. No me lo digas.

—No te preocupes, Eduardo —se rio, asintiendo hacia Jasper—. Ese también será el trabajo de Jazzy.

—¿Y papá y Em? —la presioné, cerniéndome sobre ella.

Con la frente fruncida, retrocedí un poco porque uh… la sonrisa de mi hermana era tan grande que daba miedo. O sea, aterradoramente grande. El gato de Cheshire no era competencia para Alice.

—Oh, Emmett estará afuera repartiendo volantes y papá… bueno, mamá y Jakey decidieron que él iría al hospital con Sammy para repartir más volantes.

Carajo. Sí.

Era todo lo que diría.

Ahora también estaba sonriendo.

—Carajo, te amo, hermanita —me burlé, mirando a Emmett y papá que habían… bueno, a juzgar por sus rostros pálidos, diría que habían escuchado cada palabra que acababa de decir Alice.

*o*o*o*

No sabía que podía sonrojarme. En realidad, no. Pero sí podía.

Y eso hacía. O sea, me sonrojaba.

Estaba muy seguro de que mi pobre polla se había marchitado y había muerto por toda esta mierda estrogénica, pero en serio, ¿sabían a cuántas mujeres les había servido champaña y chocolates el día de hoy? Juraba que había mujeres viniendo de todas partes de Washington porque nunca había visto ni a la mitad de ellas y Forks no era una ciudad muy grande ni nada así.

—Oh, ¿Sexwaaard? —escuché a Bella canturrear.

Sí, esa mujer se estaba divirtiendo hoy. Todas se divertían. O sea, las mujeres. Bueno, también Jake y Sam. Y estaba muy seguro de que Jake era sádico porque había visto a las mujeres que se llevaba a su cuartito en la parte de atrás. Ya saben, ese cuartito. El cuarto de la tortura. O como Jake le decía: el cuarto donde las conchas se ponían bonitas. Sí, mi nombre era mejor. Aunque sí apreciaba su duro trabajo. Creo que todos los hombres lo hacían.

~¿Y lo aprecias porque…?

Porque la de Bella…

Olvídenlo. Si continuaba con ese pensamiento, me pondría duro… más de lo que ya estaba.

Hablando de Bella. Me giré para ver qué era lo que quería esa chica.

Estaba sentada en una silla de la estética, alzó una copa de champaña vacía así que acerqué obedientemente mi sonrojado culo hacia ella. Decir que me sentía incómodo sería el eufemismo del año.

—¿Más champaña? —gruñí, alzando la botella.

Híper, que estaba arreglando el cabello de una mujer, se rio de mí, pero ya me estaba acostumbrando. También Jazz, él se encontraba actualmente rellenando la copa de otra mujer.

—Sí, por favor. —Bella sonrió—. Oh, ¿y podrías ser una dulzura y pintarme las uñas? ¿Por favorcito?

Alcé las cejas.

»Me gustaría tenerlas rosas —continuó con una sonrisa muy dulce, y ahí estaba el bote. Un bote de esmalte rosa—. Se lo pedí a Jakey, pero él está ocupado en la parte de atrás.

Ella no… quiero decir… ¿qué? No hablaba en serio, ¿cierto?

—Sí, vamos, Cullen. —Jazz se rio entre dientes—. Pinta las uñas de Bella.

—Pero… pero… —tartamudeé.

Vamos, ¡piensa en algo!

~Bueno, eres el rey de las excusas de mierda. Estoy seguro de que puedes decirle que otra vez tienes diarrea.

No me ayudas.

Pero entonces… ¡sí!

Puño al aire interno.

—Ese no fue el trato —argumenté—. El trato era servir bocadillos y bebidas. Eso es todo. No se dijo nada sobre pintar uñas y ¡por favorcito! ¿De verdad crees que soy capaz de una cosa tan… tan… de mujer?

Cinco minutos discutiendo, que no me llevaron a nada, después, me encontré en una silla junto a Bella y en la mano… momento importante para tragar. Tenía una botella de esmalte en la mano.

—Sabes que esto no saldrá bien, ¿cierto? —le dije.

—Ajá, lo sé. Pero aun así es divertido —se rio entre dientes.

Y aun así te amo.

De acuerdo… así que abrí la cosita de la botella, y saqué la cosita de la tapa donde había una cosita de brocha con pintura en ella. Uh. Chiclosa. Rosa chiclosa. Rosa chiclosa y brillante.

—Te gusta el rosa, ¿eh? —me reí en voz baja, haciéndole una seña para que extendiera la mano.

¿Cómo demonios hago esto?

—Claro que sí. —Sonrió—. Pero, Sexward, cariño, no es ciencia espacial. Solo pasa la brocha sobre mis uñas.

Solo pas… sí, claro. Solo pásala.

Acercándome más, me aseguré de mantener la lengua dentro de la boca y sostuve la brocha sobre la uña de su pulgar. Mierda. Bien. Aquí íbamos. Así que la pasé. No, no era tan bueno.

Veinte minutos después, ya había acabado con la primera uña. La capa medía aproximadamente una pulgada de grosor. Eso no era bueno, ¿cierto?

—Eso estuvo… uh… ¿bien? —preguntó Twitch más de lo que lo declaró mientras veía su uña.

Me encogí de hombros y me recargué en mi silla.

—Obtienes lo que pagaste, querida mía.

—No pagué —se rio entre dientes, bebiendo su champaña.

—Exacto. Lo que significa que no recibirás nada. Más bien nada bueno.

~Yo puedo darle algo bueno. Gratis.

Suspiré.

—Um, vaya. —Alice se rio, acercándose para inspeccionar la uña de Bella—. Uh. Es seguro decir que hiciste bien al convertirte en doctor, porque este negocio no es para ti, hermano mío.

—Resiento tu comentario —fruncí juguetonamente el ceño—, porque puedo ser una tremenda máquina de dinero… si quisiera.

Qué gran mentira.

—Entonces… quiérelo —me retó Alice, intentando esconder su diversión—. Dudo de ti, pero estoy dispuesta a darte una oportunidad para demostrar que me equivoco. Sé esa máquina de dinero, y al final del día puedes aventarme el dinero. —Me guiñó.

Le sonreí… y luego bostecé.

—Pero no quiero. Lo siento.

Y la suerte estaba de mi lado porque el día había terminado oficialmente y moví mi culo a casa, contento al saber que Jane estaba en el evento de beneficencia en Seattle.

Pero luego… luego mi suerte ya no estaba tanto de mi lado porque cuando me desperté el domingo comprendí que era hora de regresar a la estética. Porque uh… este asunto de la celebración era durante todo el fin de semana.

Las horas pasaron en rosa, brillos, charlas de cera y depilación, chismes del pueblo y oh, tantas mierdas femeninas. Pero si creía que este era el final, tristemente me equivocaba. Porque esa noche… nos tomaron fotos a los cuatro hombres… en nuestros brillantes trajes rosas. Y hubo una amenaza. Si en cualquier momento desobedecíamos, o si llevábamos a papá a un club nudista, ellas liberarían esas fotos.

Tragué.

Porque estaba destinado a suceder.

Quería decir, era inteligente. Después de todo, era doctor. Igual papá y Jazz, pero también éramos hombres. Y los hombres la cagaban. Estaba en nuestro ADN. Era doctor, podían confiar en mi palabra.

Claro, la mitad del pueblo ya nos había visto con nuestros trajes rosas, pero… bueno, todavía estaba el asunto del internet y… los Cullen eran algo conocidos dentro del campo médico, y no querría que mi culo envuelto en rosa y brillos terminara en alguna revista de medicina. Y luego que cuando le llamara a mamá para preguntarle al respecto, ella dijera:

—No tengo idea de cómo se publicó esa foto, mi amado hijo.

Sí.

Claro.

Alerta de resoplido.

Pero por ahora sería un chico bueno.

Lo intentaría.

Veamos cuánto dura eso antes de que mi ADN se atraviese en el camino.