Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.


Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.

Blog: h(espacio) t(espacio) t(espacio) p(espacio) s(espacio) : / / caranofiction . wordpress .(espacio) com(espacio) /

Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por betear esta historia.


"¡Olvídalo!"

Donnie Brasco

Umward

Se los iba a decir.

Iba a entrar marchando ahí y le diría a mi familia que me mudaría a Chicago.

Pero luego todo eso se fue al demonio porque en cuanto entré a casa de mis padres, mi mamá estaba gritando, no era broma, sobre que la familia de Bella vendría de visita. Y yo lo había olvidado completamente. Había olvidado por completo que Charlie y Renée visitarían Forks. Así que… ¿qué hice?

Pues plasmé una sonrisa falsa en mi jodida cara y fingí que todo era color de rosa. Logré mantener en su lugar esta fachada sonriente hasta que escuché a mamá.

Fue después de que llegaron todos.

Todos.

Charlie y Renée, ambos eran gente jodidamente amable.

Emmett y Rose, sí.

Jazz y Alice, también estaban aquí. Hablando de bebés.

Y hablando de charlas de bebés. Por supuesto que Twitch estaba aquí. Usando sus lentes. Y alguien, probablemente mi hermana, le había hecho un flequillo de lado. Se veía maravillosa. O sea, Bella. No mi hermana. Bueno, supongo que ella también. Como sea.

Twitch le estaba hablando como bebé al estómago de Alice, algo que siempre me agitaba las entrañas. Quería eso. Quería hablar con el estómago de Bella… porque habría un bebé ahí. Mi bebé. Nuestro bebé.

Estaba divagando.

Con toda esa charla de bebés por ahí, no era difícil adivinar el tema de las mujeres.

Bebés.

Los hombres estábamos reunidos en una parte de la sala y las mujeres en otra. Pero aun así las escuchábamos porque… vaya… eran ruidosas, saben.

Y estaban hablando sobre niños… o más bien, nietos.

Renée y mamá.

Mamá tenía dieciocho años cuando me tuvo, y Renée tenía dieciocho cuando tuvo a Bella. Así que sí… Renée se la pasaba preguntándole a Bella cuando sería su turno.

Pero eso no fue lo que me mató.

Me mató muerto.

~Amigo. Eso no es correcto. Ya sabes… gramaticalmente.

¡Cállatealcarajo!

Suspiré.

Y suspiré…

Pesadamente.

Lo que me mató muerto…

~¡Gramática…!

Pellizqué a la cabrona.

Y gimoteé.

Porque… ¡ow!

—Santo cielo —gimoteé otra vez.

En fin… lo que me destrozó… fue el comentario de mamá.

El comentario que le hizo a Renée.

Si crees que Bella va mal, mira a mis hijos. La más chica tiene veinticinco y está esperando a su primer bebé. ¡Mi Edward tiene casi treinta y dos y no tiene hijos! Y mi Emmett tiene veintinueve ¡y tampoco tiene hijos!

¿Acaso no sabían todos lo mucho que deseaba tener hijos?

Estaba en el infierno.

Y eso duró. Durante toda la comida.

Hasta que ya no pude soportarlo más.

Así que escapé a mi antigua habitación.

Era donde estaba sentado ahora. Meditando con melancolía en mi vieja cama.

Con una polla dolorida.

Porque había pellizcado a la cabrona.

—¿Qué tan jodidamente estúpido soy?

¡Pregunta retórica!

Suspiré.

Escuché un golpe en mi puerta.

Suspiré.

Porque solo podía imaginar…

Ya saben. Mamá. La que siempre se preocupaba por todo.

—¿Quién es? —pregunté cansado a pesar de que ya sabía que era mamá.

.

.

Bella.

Um.

¿Ummm?

En serio.

Por qué… quería decir… um…

¿Cierto?

Me senté un poco más derecho y…

Um.

—Entra.

Jesús.

Y entró.

Después de mirar el suelo durante un ratito, alzó la vista.

Hola.

—¿Quieres hablar de la razón por la que estás tan deprimido? —preguntó, sentándose junto a mi antiguo escritorio.

Así que um…

¿Mamá la había enviado aquí?

Genial.

Una fiesta de lástima.

Suspiré cansado, en voz baja.

—¿Sacaste la pajita más corta?

Y su risa sonó sin humor.

—No. Estaba preocupada.

No quería que se preocupara.

Solo…

Olvídame…

Bajé la vista. A ella no debería importarle. Irme se estaba volviendo cada vez más y más difícil.

—¿Dónde está Jane?

Sí, supuse que se avecinaba esa pregunta.

Al menos en algún momento.

—Se fue —suspiré, jugueteando con la orilla de mi camiseta.

Luego pensé en lo que había dicho, y um… no quería que Twitch pensara que había matado a Jane o algo así.

¿Saben?

—Terminé con ella —añadí—. La engañé. —Oh, y no la amaba.

No sentí la necesidad de decirle que Jane también me había engañado. La gente ya estaba sintiendo lástima por mí. No necesitaba echarle más gasolina a esa jodida fogata.

—Tal vez te pueda perdonar —la escuché murmurar.

Grandioso. Porque eso era lo que quería, otra oportunidad con Jane.

Por favor.

Inserten ojos blancos internos.

—Me perdonó. Pero no importa —dije con un encogimiento.

Jalé la orilla de mi camiseta.

Porque era mucho más fácil hacer eso que alzar la vista. Hacia ella. El amor de mi vida.

Vaya, tenía que ser el cabrón más malhumorado y melancólico del planeta.

Era todo un aguafiestas.

—¿Por qué no importa? —preguntó en voz baja.

Porque todo lo que quiero es a ti. Todo lo que necesito es a ti.

~Creo que esa es una canción…

Te voy a pellizcar, lo juro por Dios…

~Me voy a callar.

Um…

¿Dónde estábamos?

Ah. Por qué no importaba.

Cierto.

—Porque ya no puedo seguir pretendiendo que la amo.

Escuché la siguiente exhalación de Bella. Sonaba un poco como: "Ahhh".

Sí.

Historia real.

Otra historia real era que me iba a ir, así que bien podría terminar con esto de una vez… ¿cierto?

Sí.

—Como sea… —suspiré, mirando por la ventana—. Olvidé que tus padres vendrían. —Podía verla por el rabillo del ojo, tenía la vista agachada. Así que hice lo mismo. Aquí iba—. Vine aquí hoy para decirles a todos que me voy a mudar.

Tragué con fuerza.

Esa mierda dolía.

No la parte de tragar, pero um… ya saben, decir que me iba a mudar. Que me iría.

—¿A dónde?

Hmm.

No entendía por qué su voz sonaba tan… pequeña.

Dios, estaba tan malditamente cansado.

Exhausto.

—Chicago —le dije. Me dolía el pecho—. Tengo una invitación en el hospital de allí.

Estaba completamente deprimido.

Iba a dejar a mi familia.

Mamá, papá. Mi hermano. Mi hermana. Jazz y Rose.

Rayos, incluso Jake y Sam eran familia.

Y… Cristo, no sería tan cercano con mi sobrino o sobrina como lo sería Emmett.

Él sería el tío.

Yo estaría demasiado lejos.

—Bien. —Salió de ella en una exhalación temblorosa.

Eso me hizo alzar la vista hacia ella.

Fue instintivo.

Y lo que vi…

Casi me mató.

Otra vez.

—¿Por qué estás llorando? —pregunté en voz baja, no entendía ni una maldita cosa.

Se rio sin humor mientras se limpiaba unas cuantas lágrimas.

—Porque te vas a ir, obviamente.

Ummm…

¿Qué?

Pensé… quería decir um… ¿no me odiaba por la forma en que me porté el viernes?

Era un monstruo.

—Yo… no lo entiendo, Bella.

Así que ayúdame aquí, ¿sí?

Me miró entonces y sí, vi fuego.

Justo ahí en sus ojos.

—¿Por qué te vas a ir? —preguntó otra vez, ignorando mi pregunta—. ¿Es por mí?

Sí.

Básicamente.

Más bien.

Síp.

—No —mentí de forma patética—. No en ese sentido… es que es demasiado difícil…

Estar cerca de ti.

Y no besarte.

Y no decirte lo mucho que te amo.

Y…

Ahora estaba sorprendido hasta los huesos.

Porque Twitch se acercó a mi cama y se sentó a horcajadas sobre mi patético culo.

Se me estaban saliendo los ojos y toda esa mierda.

~Ummmm…

¡No te atrevas a despertar! ¿Comprende?

~Sí, signor.

—¿Q-qué estás haciendo? —tartamudeé.

Como un culo.

Un culo tartamudo.

Ahora esa era una imagen rara.

Un idiota tartamudo.

¿Eso no sería como… echarse pedos? Como uno grande… interrumpido… así que serían um… muchos pequeños.

Pedus interrptus.

Estudié latín, saben. En la escuela de medicina.

—Obteniendo respuestas. —La voz de Bella me regresó rápido al momento. Fue algo bueno porque ya casi me estaba perdiendo ahí—. ¿Por qué te vas a ir, Edward?

Sí, bajé la vista.

No, ella no me lo permitió.

Twitch me agarró el mentón.

Hombre, estaba tan cerca.

Sus ojos…

—Me debes una explicación —dijo.

Carajo.

Carajo.

Carajo.

Me lo preguntó una vez más.

—¿Por qué te vas a ir?

Y sabía que era hora de hablar.

.

.

—Porque te acostaste conmigo cuando estabas en estado de shock.

Cierto.

Lo hizo.

Había estado llorando y temblando…

Y yo la había follado justo ahí.

—Eso no es verdad —bufó. ¡Sí lo es!—. Puede que estuviera en shock, pero eso no quita el hecho de que lo quería hacer.

—Por supuesto que sí, Bella —argumenté sin perder un segundo—. Es la única explicación racional.

Y sigues sentada a horcajadas en mí.

No podía ignorar ese hecho.

—Eres horriblemente estúpido para ser doctor. —Oye, ¡resentí eso!—. Incluso si me hubiera acostado contigo porque estaba en shock, ¿por qué eso te haría irte? —preguntó con incredulidad.

¡Porque quería más!

¡Todo de ti!

Bella —gemí con frustración—. ¿De verdad me harás explicártelo?

¡Por favor, no!

—Sí.

¡Carajo!

—¡Bien! —espeté, sentí el enojo filtrarse en mí—. Me voy a mudar porque no puedo soportar verte todos los días. Me voy a mudar porque acostarme contigo hizo que me fuera imposible no querer más. ¡Me voy a mudar porque me enamoré de ti!

Um.

Mierda.