Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.
Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.
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Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por betear esta historia.
"Dilo. En voz alta".
Crepúsculo
Retrospectivaward
Ella se veía increíble. Como siempre. Estaba ahí parada, dándome la espalda, y mirando por la enorme ventana de nuestra suite de hotel.
Solo había pasado una semana desde que se hizo mía.
Pero se lo había advertido. De verdad que sí. Le había dicho, directamente, cuando comprendí que ella de verdad me amaba, que podía esperar una propuesta pronto. Y ella había sonreído, calmando mis miedos. Pero… tal vez todavía esperaba que pasara más de una semana antes de hacerle la pregunta… de ahí mis nervios.
Exhalé un aliento.
De verdad esperaba con un carajo que Emmett y Jazz tuvieran razón.
Y me puse sobre una rodilla.
Una semana. Eso era. Pero había sabido desde hacía mucho tiempo que ella era la indicada para mí.
Aun así… ¿una semana era suficiente para ella?
Emmett y Jazz me prometieron que sí lo era.
De hecho… solo habían pasado seis días. Sí. Porque empezamos a estar juntos el domingo, y… hoy era el sábado de la semana siguiente…
Los mejores seis días de mi vida.
Seis días antes…
Nos fuimos directo al apartamento de Bella después de la comida sin cuestionar nada.
Yo amaba ese lugarcito y solo había estado ahí una vez, pero recordaba la sensación hogareña que tenía.
—Te amo —dije, sonriendo como idiota al arrinconarla en la escalera. Perdón, pero no podía esperar hasta que estuviéramos adentro.
—También te amo —respondió, también sonriendo, y la besé. Con fuerza.
Ella era mía.
Mi Bella.
Mi Twitch.
—Cielo, no podemos hacerlo aquí —gimió cuando le besé el cuello. La tenía presionada contra la pared. Mi cuerpo estaba duro, el suyo suave, y perfecto y mío—. Oh, carajo… Edward…
Musité. Mis manos se posaron debajo de su delicioso culo, y ella lo entendió, alzó una pierna sobre mi cadera antes de que la otra la siguiera. Con sus piernas rodeándome, la besé de nuevo, mordiéndole gentilmente el labio inferior antes de chuparlo. Estaba hambriento por ella. Tenía tantas sensaciones corriendo dentro de mí.
—Edward —gimoteó, girando sus caderas sobre mi tensa erección. Era difícil pensar que ya había estado con ella dos veces hoy. Pero… esta era Bella. Mi cuerpo le pertenecía a un chico de diecisiete años cuando ella estaba cerca. Polla estaba risueña porque… Dios, Bella era una chica pervertida.
—Te necesito otra vez, bebita —gemí en su boca—. Ahora.
—¡Ajem!
Mierda.
Vecinos.
Cabrones entrometidos.
Bella se rio cuando nos aparté de la pared, luego subí corriendo las escaleras con ella en mis brazos. Afortunadamente ella compartía mi ansiedad y sus llaves ya estaban afuera cuando llegué a su puerta.
En cuanto entramos, cerré la puerta antes de empujarla contra ella.
—Carajo, sí —exhaló, entendiendo que de verdad me refería a ahora.
La solté por un momento y se quitó los jeans mientras yo hacía lo mismo.
Sus dedos temblaban al agarrar mi camiseta.
Me la quité.
Ella hizo lo mismo con su blusa.
Aventamos la ropa al piso.
Luego me volvió a rodear con sus piernas, gimoteando cuando la superficie fría de la puerta le tocó la espalda, pero no se detuvo. En vez de eso, me animó más al agarrar mi polla dura, posicionándola en su entrada.
Empujé con fuerza.
—¡Carajo! —jadeó.
Era sensacional. Ser capaz de soltarme, poder tener este… salvaje… bestial…
—Jesús, Bella… —gemí, saliéndome de ella antes de embestir otra vez—. Te sientes tan jodidamente bien, nena…
Cristo, estaba empapada.
—Bésame, Sexward —rogó.
Como si pudiera negarme…
Así que la besé, metiendo inmediatamente mi lengua en su boca.
—Te amo —gemí, todo era muy abrumador—. Carajo, te amo tanto, Bella…
La sentí apretarse a mi alrededor.
—También… oh… ¡te amo!
Se corrió con fuerza.
La seguí.
Luego colapsamos sobre su cama.
Y cuando ella se durmió esa noche en mis brazos, besé su dedo anular izquierdo.
Quería mi anillo ahí.
Pronto.
Cinco días antes…
La estaba mirando.
Estaba parado en la entrada de su diminuta cocina, viéndola menear las caderas al ritmo del disco que estaba reproduciendo en la sala. Ella estaba cocinando para nosotros, no usaba nada más que un bóxer mío y un diminuto top.
Era el bastardo más afortunado del planeta.
Lo sabía.
Y, Jesús, ella tenía una voz hermosa. No era broma. Cantaba junto con Nina Simone. Ronca, seductora, profunda y suave… y esas caderas al moverse…
~Ha pasado un tiempo, jefe… como… cuatro horas…
Sí, no tenía suficiente de Bella.
Hoy el trabajo había sido… diferente. Fue un lugar feliz. Nada estaba mal. Cuando veía a Twitch con los pequeños, ya no me llenaba de tristeza y anhelo por algo que probablemente no tendría. No, había un anhelo por algo que sabía que tendríamos, y pronto.
Ella me había confesado esta mañana que quería hijos pronto.
Yo no había podido hablar, me sentía demasiado abrumado.
El único dolor del día de hoy fue la llamada a Chicago.
Estaban enojados.
En realidad no me importaba.
Mi contrato había sido firmado, pero después de todo no lo había enviado. Así que no había nada que pudieran hacer.
Pero de ninguna manera me iría de Forks. O como lo llamaba mi Bella; Forktown.
Mi sexy rarita.
Cada vez que decía "jovial" yo sonreía.
Me encantaba todo.
—Oye, ¿qué estás haciendo, Sexward? —escuché que Bella preguntaba y la volví a ver, sonriendo como el idiota enamorado que era—. La cena ya casi está lista. —Ella también sonrió, tal vez lo entendía. Sí. Parecía saber lo feliz que me hacía. Y tal vez yo también la hacía feliz. Eso parecía.
—Suena genial —murmuré, uniéndome a ella en la cocina.
Olía. Divino.
Ya saben.
Cuatro días antes…
Tomé una foto de la imagen en el catálogo.
¿Qué opinas de este? [imagen adjunta] – Edward.
Cristo, ¡avanzas rápido! – Liam.
Lo sé. Pero no puedo contenerme – Edward.
Estoy feliz por ti. Habrías sido miserable aquí en Chicago – Liam.
Se supone que debes llorar y decir que me extrañarás – Edward.
Algo así. En fin, se ve bien. ¿Crees que te dirá que sí? – Liam.
¡Eso espero! – Edward.
Sí, yo también. En serio, se ve caro – Liam.
Su color favorito es el rosa. Los diamantes rosas no se encuentran en cualquier lado – Edward.
Amigo, de verdad la amas – Liam.
¿Eso crees? – Edward.
Apuesto a que estás sentado en tu oficina con una puta sonrisa cursi en la cara y el anillo entre tus dedos – Liam.
Cerca, pero no. Sonrisa cursi, sí. Sentado en mi oficina, sí. Pero el anillo no estará listo hasta el viernes – Edward.
¡Toc, toc!
—¡Es hora de la comida, Sexward!
Sonreí.
—¡Ya corro, nena! —contesté, escribiéndole una última respuesta a Liam.
—¡Demasiada información! —escuché a Jasper gritar.
Burlándome, me sentí alegre al saber que no teníamos pacientes cerca en este momento.
Tengo que irme. ¡Es hora de la comida y Bella preparó tarta de limón! – Edward.
La tarta sabía celestial.
Y nos comimos las sobras esa noche…
Ella fue mi plato.
Lamí mi plato hasta dejarlo limpio.
Tres días antes…
La abracé a mí, en realidad yo también me sentía un poco triste.
Acabábamos de despedirnos de los padres de Bella.
Aunque esperaba que regresaran muy pronto.
—¿Qué te parece si nos tomamos la noche con calma, amor? —sugerí, besándole la sien.
Asintió y nos quedamos en el sofá el resto de la tarde, cómodos y con pereza. Aunque sí le dije que le tenía una sorpresa. Eso alegró su humor.
Ella quería saber qué era, pero le dije que lo descubriría el sábado.
Dos días antes…
—¡Santa mierda! —exclamó Em—. ¡Tú no desperdicias nada de tiempo, hermano!
—Es tan jodidamente rosa —susurró Jazz con los ojos como platos—. Te juro que te mataré si le gusta a Alice —añadió, entrecerrándome los ojos—. Se vuelve loca con el embarazo y su diamante no es de color. Así que sí, si le gusta esto, iré tras de ti.
Me reí entre dientes y volví a guardar el catálogo en el cajón de mi escritorio.
Y, para que conste, el anillo no era tan rosa. Era una banda de platino con un diamante en corte esmeralda en el centro y dos diamantes rosas a cada lado del mismo corte. Y los rosas eran rosa clarito, por Dios.
—En fin —dije, regresando a la razón por la que los había llamado aquí—, ¿creen que dirá que sí?
Em solo asintió. Lleno de confianza.
—Sí, eso creo —dijo Jazz, ante lo cual tragué.
¡Quería la certeza!
—No, estoy seguro, Eddie —dijo Em, asintiendo otra vez—. Ella está loca por ti… aunque no sé por qué.
—Qué gracioso —dije inexpresivo—. Lo mismo digo de Rose. ¿Por qué está contigo?
—Honestamente no lo sé —respondió serio.
—No te preocupes, Edward —dijo Jazz, al parecer se había puesto serio—. Dirá que sí.
¡Toc, toc!
—¡Tu cita de las dos está aquí, doctor Cullen! —me informó Bella.
Sí, y no tenía una cita a las dos, lo que significaba… que era hora de una follada rápida en su apartamento al otro lado de la calle.
Por alguna razón, ella no quería tener sexo en mi oficina.
No sabía por qué. O sea, no era como que alguien pudiera escucharnos.
¿Cierto?
—Tengo que irme, chicos —sonreí, poniéndome de pie.
~¡Sí, tenemos que irnos!
Un día antes…
—¿A qué te refieres, cielo? —preguntó Twitch con curiosidad, ladeando un poco la cabeza—. ¿No quieres quedarte aquí conmigo esta noche? —Ah, carajo. El puchero. Era letal.
—Sí quiero, Bella —le dije con honestidad—. Pero tengo que regresar a la casa y empacar para mañana. Además tengo… eh… unas cosas que necesito preparar…
Qué sutil.
—Hmm…
—Sí, así que sugiero que empaques tu maleta. Te recogeré mañana temprano.
Me entrecerró los ojos.
—¿Y sigues sin querer decirme a dónde vamos a ir?
—Claro. Iremos a Seattle. Pero eso es todo lo que te diré.
Fue horrible pasar la noche sin Bella.
Me moví y di vueltas en la habitación de invitados, odiaba mi casa.
Quería el pequeño departamento de Bella.
Bueno, en realidad quería una casa nueva. Solo para nosotros.
Y para la familia que tendríamos un día.
~Cálmate, vaquero. Primero haz la pregunta.
Justo en este puto minuto…
Cierto.
Era hora de hacer la pregunta.
Lo que pareció toda una eternidad solo fueron unos cuantos segundos y… se sintió como si Bella al fin se diera vuelta… en cámara jodidamente lenta.
Pero no fue así.
Y luego me vio ahí, en una rodilla.
Era hora, Twitch.
¿Te casarías conmigo?
~Amigo, tienes que abrir la boca y decirlo. En voz alta. Ella no lee las mentes, sabes.
Lo sé, solo estaba… practicando. Dios, Polla.
