Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.


Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.

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Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por betear esta historia.


"Todos nos volvemos locos de vez en cuando".

Psicosis

Felizward

Respiré profundamente.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

~Más vale que sean lágrimas de felicidad.

Lo sé, ¿cierto?

Carraspeé.

Discurso corto. Muy corto.

—Me tuviste en "jovial", hermosa. Y de verdad espero poder escuchar esa palabra por el resto de mi vida. —Abrí la caja y saqué el anillo—. ¿Te casarías conmigo?

Santa mierda. De verdad le propuse matrimonio.

~Te daría una palmadita en la espalda, pero… no soy tan larga.

Rara.

~Respira.

Cierto.

Tenía una polla que me recordaba que debía respirar.

Eso era… algo.

—Oh, Dios —exhaló Bella. Cayeron sus lágrimas. ¿Oh, Dios? ¡Esa no era una respuesta!—. ¡Jovial, sí!

Sin embargo, ¡esa sí lo era!

—Oh, gracias a Dios —susurré temblorosamente por lo bajo.

Sin embargo, antes de poder levantarme, caí al piso y tenía a mi sexy prometida sobre mí. Sí, prometida. Mierda. Nos íbamos a casar. Porque la chica había dicho que sí. Así que estábamos en el piso. Besándonos, riéndonos, ella se estaba riendo y balbuceando y era completamente adorable, y deslicé el anillo en su dedo. Se quedaría ahí para siempre.

—Te amo —dijo, besándome la cara—. Te amo, te amo, te amo.

Y sí, era el hombre más afortunado del mundo.

Y sí, Bella dijo que ella era la mujer más afortunada del mundo.

Más que nada por mí, me dijo, pero… también porque tenía el anillo más bonito que había existido en la historia.

—Jovial, cielo —gimoteó, todavía besándome la cara—. Te necesito.

Sí, bien.

La cargué, haciéndola gritar cuando la dejé caer sobre la cama.

Pero la sonrisa que me dedicó… fue todo.

Nuestra cita de esta noche había sido algo casual. Una cena y una película para quitarle un poco de la seriedad a la noche. Y luego tuvimos nuestro momento serio en donde ella terminó como mi prometida. Luego, ahora… estos éramos nosotros otra vez. No había reglas solo porque nos acabábamos de comprometer. Sabía que ella no quería amor dulce y palabras cursis, a pesar de que estaba lleno de esas cosas, créanme, pero no, ella nos quería a nosotros. Locos y tontos. Y eso éramos. Éramos unos pervertidos, dentro y fuera de la habitación. Solo una semana juntos y ya lo sabíamos.

—Te amo —le dije, subí gateando sobre su cuerpo, dejando besos a lo largo—. Y ahora quiero tener a mi perfecta prometida desnuda.

Oui, desnuda, pronto, comprende —jadeó, y creo que hubo cuatro idiomas involucrados ahí.

—Loca —me reí roncamente al levantarla. Una vez sentada, le quité la blusa. Besé su cuello porque me llamaba. Le siguió su falda. Una falda jodidamente pecaminosa. Se fue. Y…—. ¡Dios, nena! No llevabas ropa interior, ¿eh?

—Sí, contaba con tener acción esta noche —me dijo sin rodeos, concentrándose en sus manos que me desabrochaban el pantalón de vestir—. Y supuse que las bragas solo se interpondrían.

Maldición, ¿cuándo podía casarme con esta mujer?

Era seguro decir que nuestras primeras folladas como prometidos fueron rápidas y duras.

Porque éramos así de raros.

~No hay nada de malo en un poco de locura de vez en cuando…

Cierto.

Y luego… sí, luego nos dirigimos a la ducha.

Hasta ahora no nos habíamos duchado juntos.

Maldición, había tantas cosas que hacer. Tantas cosas que tachar de la lista proverbial.

—Carajo, eres deslumbrante —exhalé mientras mis ojos bebían su cuerpo.

La había visto desnuda ya muchas veces hasta ahora, pero… aun así. Parada frente a mí… completamente desnuda… en el baño. Me robaba el aliento.

El gemido de Bella me trajo de vuelta a la realidad, y fue entonces cuando noté que me estaba acariciando yo mismo frente a ella.

Y ella parecía disfrutar de la vista.

Me estremecí.

—Ducha. Ya —dije.

Tragó con fuerza antes de estirar la mano hacia la perilla, abriendo la puerta de la ducha.

Escuché el agua caer.

Oh, me uní a ella.

Era una ducha grande. Muy grande.

Parada con su espalda hacia mí, con el rostro alzado hacia el agua, simple y sencillamente… la miré boquiabierto. Su piel mojada, cabello largo, oscurecido por el agua, cayendo en cascada, cintura delgada, piernas largas… y maldición, su culo.

No. Era. De. Este. Mundo.

—¿Disfrutas lo que ves? —preguntó coqueta, me seguía dando la espalda mientras agarraba su jabón corporal.

—Sí —me escuché decir.

La miré enjabonarse el cuerpo. La miré mientras sus manos vagaban, lentamente, con propósito. La miré, y gemí, cuando se inclinó de la cintura para untarse las piernas…

Se me secó la boca y una vez más me estaba acariciando la polla dura frente… o detrás de ella.

—Carajo, Bella —gemí, acariciándome con más fuerza la polla mientras ella se volvía a poner debajo del chorro de agua.

Luego de enjuagarse todo el jabón, se giró lentamente, y creo que tuve un maldito paro cardíaco cuando la vi de frente.

Ojos cargados de lujuria.

Mejillas ligeramente sonrojadas.

Jodido infierno, pezones contraídos. Pechos llenos.

Estómago tonificado.

Caderas definidas…

Un coño perfecto que necesitaba saborear…

Ahora.

—Edward —exhaló superficialmente.

Sus ojos estaban fijos en mi polla y en mi mano que la rodeaba, y no estaba seguro de si yo… no, simplemente no estaba seguro de nada.

Pero Bella sí. Al parecer.

—Ven aquí —susurró.

Carajo, sí.

En un latido ya tenía su cuerpo presionado entre mi cuerpo y la pared, y debajo del chorro de agua caliente capturé sus labios con los míos. Su cuerpo se deslizó sobre el mío, moviéndose sensualmente… Dios, la fricción…

Mientras mis grandes manos cubrían sus caderas, viajando hacia arriba, mi boca se pegaba a su cuello, besando, mordiendo, chupando, y cuando la escuché gemir… me puse imposiblemente duro sobre su estómago, y ahora sentía una urgencia. Mis manos llegaron a sus costillas, sus uñas se enterraron en mis hombros, una de sus piernas se subió a mi cadera… y luego acuné sus pechos en mis manos, amasándolos mientras gemía sobre su cuello. Eran la perfección, y prosperé al sentir sus pezones endurecerse al rozarlos con mis pulgares… sus gemidos se hacían más profundos…

Era como si… cada vez fuera como la primera.

—Necesito más, nena —gemí en voz baja.

—Sí —gimoteó—. Lo que sea, Edward.

Gracias.

Me agaché ligeramente, dejando un rastro de besos bajando por su clavícula, pecho… hasta que llegué a sus senos, no desperdicié tiempo en chupar un pezón con mi boca.

Ambos gemimos.

Había más urgencia.

Mis manos se movieron sobre sus costados, ansiaba tocarla… no podía esperar. De ninguna jodida manera.

Me dejé caer de rodillas.

—Carajo, Bella —susurré con voz ronca, agarré sus caderas mientras movía mi lengua entre sus pliegues húmedos.

—Oh, Edward —jadeó.

Más.

—Sube tu pierna a mi hombro —le dije antes de lamer provocadoramente toda la longitud de su sexo.

Cuando pasó su pierna sobre mi hombro, obtuve acceso completo.

Pero era un bastardo codicioso.

~¡Demonios, sí!

—Y la otra pierna, hermosa —dije.

—¿Q-Qué?

—También la otra pierna —dije mientras mis manos acunaban su culo perfecto—. No te soltaré.

Porque ella era una cosita pequeñita.

Oh, y yo era fuerte.

Recargándose más en la pared, subió su otra pierna sobre mi hombro, sentándose a horcajadas en mi cara, y yo estaba… malditamente risueño.

—Carajo, sí —gemí, inhalándola.

Toda mía, pensé al acercarme, plantando un beso francés justo en su clítoris antes de chuparlo.

—¡Dios, Sexward! —gritó. Mi prometida.

No la provoqué, trabajé persistentemente su coño, no podía ralentizarme mientras lamía, besaba, chupaba y acariciaba. Un coño jodidamente dulce…

Mi lengua y mis labios estaban en todas partes, devoraban cada gota que ella me daba. Gemía cuando ella jadeaba en voz más alta, sufría espasmos cuando gritaba mi nombre, y jadeaba cuando se movía contra mí.

Esperando no estar cruzando una línea, mi dedo medio jugueteó con su entrada trasera mientras hundía mi lengua en su empapado coño…

—¡Santa mierda, Edwaaard! —gritó, embistiendo salvajemente contra mi cara.

Definitivamente no crucé una línea.

El sexo anal no era lo mío, pero un poco de jugueteos… carajo, sí.

La follé con mi lengua. Amasé su trasero, seguía provocando su culo, añadía una ligera presión, y sí que a Twitch le encantaba. Y luego empezó a convulsionarse, se contraía sobre mi lengua; sabía que se estaba acercando.

—Tócate el clítoris para mí —gruñí porque de ninguna manera iba a detener lo que estaba haciendo.

—Carajo, estoy cerca —gimoteó sin aliento.

Lo sé, amor.

Y luego se corrió.

Gimiendo mi nombre, canturreando unos cuantos "oh, carajo", se corrió con fuerza, restregándose contra mi cara, jalándome el cabello, y yo me sentía como "He ganado una maldita lotería con esta mujer".

Lamiéndola de forma lenta, la bajé lentamente de su orgasmo, sin querer en realidad que terminara este momento.

—Edward —se rio sin aliento—. Hora de parar.

Hice un puchero, le di un último beso, y la ayudé a bajarse de mí.

Gimiendo ligeramente al ponerme de pie, todavía le estaba enseñando el puchero.

Ahora era el prometido, podía hacerle pucheros.

Porque ella me quitó su coño.

—¿Qué pasa con esa cara triste? —se rio antes de estirarse para besarme el cuello—. Por cierto, muchas gracias por el alucinante orgasmo.

Ya no estaba haciendo pucheros.

—Alucinante, ¿eh? —sonreí mientras ella seguía besando mi clavícula… pecho…

—Mmm, definitivamente —musitó—. Y de verdad quiero devolver el favor.

Carajo.

La miré con ojos pesados mientras ella mordisqueaba mis pezones, haciéndome sisear entre dientes apretados, y me pregunté cómo… ya sabes… cómo iba a… regresarme el favor.

Y luego se puso de rodillas.

—No tienes que hacerlo, nena —le dije sinceramente, pero a medias.

Esta última semana me había chupado unas cuantas veces, pero nunca estando de rodillas. No estaba seguro de cómo me sentía al respecto.

Pero… mirarla… verme… a mi polla… justo frente a ella.

No iba a discutir si ella quería hacerlo, si saben a lo que me refiero.

—Mmm, lo sé —respondió, se lamió los labios mientras sus manos subían por mis muslos—. Pero de verdad, de verdad quiero chupar la polla de mi prometido ahora.

Agrandé los ojos.

Me estremecí. Temblé. Palpité.

Me morí un poco.

Luego agarró mi falo, pasando su pulgar sobre la cabeza, y… maldición, gemí en voz alta.

—¿Quieres que te chupe la polla, Sexward? —preguntó coqueta.

—Carajo, sí —jadeé.

Definitivamente la amaba. La amaba. La amaba. ¡La amaba!

Luego se inclinó, le dio un beso francés a la punta, lamiendo el líquido pre seminal en el proceso, y que me jodan si no cerró los ojos y gimió a mi alrededor.

Zorra.

Enredé gentilmente los dedos en su cabello mojado y sedoso, quería sentirla. Y ella me metió lentamente, no se detuvo hasta que tope con su garganta…

—Carajo —susurré, no podía apartar la vista de ella.

Sus manos agarraron mi culo entonces y con una mirada decidida, me animó a que… embistiera. No había hecho eso antes.

Asintió para enfatizar mientras me chupaba alrededor.

Con un gemido, empecé a embestir en su boca… lentamente.

Era tan sexy. Su boca mojada chupándome, sus dientes rozando gentilmente…

Y luego relajó la garganta para poder llegar más profundo.

Mi respiración ya salía en rápidos jadeos, y empezó a construirse un orgasmo… jodido Cristo, era una diosa.

—Más, Edward —me dijo antes de chuparme de nuevo.

Jesús.

Con una profunda respiración, embestí más fuerte y más profundo, haciéndome gruñir y gemir en voz alta mientras ella tragaba a mi alrededor. Y maldición, casi me corrí al sentirla gemir.

Más cerca.

Dios, tan solo ver sus labios envueltos fuertemente alrededor… carajo, más profundo… cosquilleos… a prisa… ella animándome a ir más brusco.

—Maldita sea, nena —gruñí mientras follaba su boquita caliente—. Carajo… estoy cerca.

Gimoteó antes de chuparme con más fuerza.

Me dejé ir.

Cerrando los ojos, mi cabeza cayó hacia atrás mientras embestía su garganta, y no tardé mucho antes de tensarme, mi orgasmo se apresuró a través de mí, y me corrí en chorros calientes dentro de su boca.

—¡Carajo, carajo, carajo! —jadeé.

En serio, ¿cuándo podía casarme con mi mujer?

¿Mañana era demasiado pronto?

*o*o*o*

—¿Qué hay de esa? —pregunté, besándole el hombro.

Tenía una obsesión con tenerla en mi regazo.

Demándenme.

—Demasiado grande.

Uh. De acuerdo.

Siguiente.

—¿Esta?

—Hmm… bueno, me encanta el patio.

—A mí también —admití.

Encontrar una casa en el pueblo de Forks no era la cosa más fácil, en especial ya que era un pueblo pequeño, pero todavía nos faltaba ver algunas más, y esperábamos encontrar pronto una. Ambos estábamos listos para mudarnos juntos.

Así que es por eso que nos encontrábamos en el sofá de Bella esta tarde con mi laptop.

Al parecer, la suerte estaba de nuestro lado porque al final de la noche ya habíamos encontrado una casa.

Llamamos al agente de bienes raíces un día después.

Nos encantó.

No existía el demasiado pronto para nosotros.

Así que abrí la boca y finalmente le pregunté si podíamos… ya saben… casarnos pronto. Muy pronto.

Ella dijo "jovial, sí" otra vez.

Y cuando teníamos juntos cerca de… tres meses o así, ya lo teníamos todo listo, saben. Nos íbamos a mudar a nuestra casa nueva, habíamos fijado la fecha de la boda, y la vida era jodidamente buena.

Bueno, mi espalda me estaba matando por haber levantado un putero de cajas y los chicos también se estaban quejando, pero eh… qué se podía hacer, ¿cierto? Sí.

Hoy había sido especialmente malo porque habíamos movido los muebles nuevos a la casa nueva, y la cama tamaño king que Twitch había elegido para nosotros no había sido fácil de subir por las escaleras.

Mientras tanto, Bella había ido a comer con mamá y Alice.

Mientras los tipos nos esforzábamos en trabajar.

Pero Bella, siendo la mujer maravillosa que era, me dio una increíble mamada cuando regresé esa noche al apartamento.

Ella se veía un poco… apagada, pero cuando se lo pregunté, le quitó importancia y me dedicó una sonrisa rara. Y la verdad estaba demasiado exhausto para presionarla en busca de respuestas. Así que juré que presionaría mañana y después me quedé dormido. Aunque sí estaba preocupado. Porque justo antes de dormirme, recordé que ella ya tenía un tiempo actuando un poco extraña. Tal vez… dos semanas o así. Nada grande ni así, y no había nada en su comportamiento que me hiciera temer algo en particular, pero aun así sentía curiosidad. Y tal vez un poquitito de preocupación.

*o*o*o*

La mañana siguiente me desperté solo en el apartamento.

Detestaba eso.

Pero sabía que Bella entraba a trabajar más temprano, así que arrastré mi culo malhumorado hacia la ducha; me encargué de mis asuntos endemoniadamente rápido para poder unirme a mi Twitch en el trabajo.

Cuando me puse la filipina, arrastré dicho trasero, que seguía un poco malhumorado por haber tenido que despertar solo, al otro lado de la calle hacia la clínica.

Así que sí, hice hmm cuando no vi a Twitch en su lugar de siempre.

¿Qué carajos?

~Supéralo. Te estás volviendo empalagoso.

Vete al carajo.

Suspiré.

Luego decidí que en realidad no necesitaba que mi prometida revisara mi horario por mí, así que me incliné sobre el escritorio y abrí la agenda en la fecha de hoy. La única cosa que sabía, gracias a la nota que Bella había dejado en la cama, era que empezaba a las ocho, y ahora faltaban diez para las ocho.

Suspiré más mientras escaneaba el horario.

Fue entonces cuando lo vi.

Cita – 8:00 AM

Paciente – Bella Swan

Nota – Para obstetricia con doctor Cullen

~¡RESPIRA!