Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.
Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.
Blog: h(espacio) t(espacio) t(espacio) p(espacio) s(espacio) : / / caranofiction . wordpress .(espacio) com(espacio) /
Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por betear esta historia.
~oOo~
Futuretake 3
Perspectiva de tiempo: Cachorro y Pateador tienen 5 años. Pecas tiene 4 y Junior 3.
Lavadoraward
—Oh… un poco a la izquierda…
Me moví un poco hacia la izquierda.
Teníamos máximo cinco minutos.
—¿Así está mejor? —gruñí.
Su jadeo me dijo todo lo que necesitaba saber.
—Carajo, Sexward…
—Espera un poco, nena…
Me moví más lento.
Ella me hizo un puchero sobre su hombro.
Le di una nalgada.
—Ugh… Nalgadaward…
Le agarré con más fuerza las caderas, embistiendo en ella una y otra vez.
—No te corras —gemí.
—Por favor… oh, carajo…
—No. Y sabes por qué.
Mi polla brillaba con su humedad mientras yo seguía entrando y saliendo de ella desde atrás.
—Porque ayer fui una chica mala —gimoteó.
—Sí, sí lo fuiste.
Una chica, embestida, jodidamente, embestida, mala, embestida.
Escuché que se encendía la lavadora y Twitch gimió en voz alta cuando me salí de ella, solo para levantarla y posicionarla sobre la lavadora que vibraba.
—Oh, carajo, ¡el ciclo de centrifugado!
Exacto.
Sostuve sus piernas para rodearme con ellas y embestí otra vez.
—No te corras, Bella —le advertí sin aliento.
—Uuuuugh… ¡Follaward, por favor! —me rogó, aferrándose con todas sus fuerzas mientras la follaba sin piedad—. Necesito… necesito… necesito…
—Todavía. —Embestida—. No. —Embestida—. ¡Carajo!
—Pero… estoy tan… ¡mierda! ¡Perdón!
Sí, siempre decías eso.
Pero luego ibas una semana después y matabas otro puto buzón de correos.
—Cristo —gemí, sentí mis ojos girar durante un segundo cuando ella se contrajo a mi alrededor—. Maldición, te sientes tan bien, nena.
Ella balbuceaba incoherentemente entre gemidos y gimoteos, proclamando que no era su culpa, que el buzón había salido de la nada. Pero la callé con un beso.
Maldición, estaba cerca.
Mis bolas se apretaron, se me tensaron los muslos, Jesús, ese cosquilleo, la acumulación, el torrente…
Desafortunadamente se nos había terminado nuestro tiempo.
Podía escuchar a los niños bajando por las escaleras, ansiosos por poner sus manos en los panqués de mamá. Ya saben, era nuestra rutina de sábado en la mañana.
—Carajo, ¿estás lista, Isabella? —gemí—. Quiero correrme.
—¡Al fin! —gritó.
Las vibraciones de la lavadora nos alcanzaron a ambos, y con unas cuantas caricias en su clítoris, la tenía ahogando sus gritos al cubrir su boca con la mía. Nos corrimos… y nos corrimos… y nos corrimos…
Santa…
Mierda.
—Mmm, amo a Estrictward —musitó.
Yo seguía jadeando sobre sus deliciosas tetas.
¿Qué? Le llevaba diez años a mi esposa. Discúlpenme por estar un poco agitado.
—¿Vas a dejar de tirar buzones? —pregunté, seguía respirando pesadamente. Dejé un último beso en el valle entre sus pechos antes de alzar la vista hacia ella.
Tenía los labios fruncidos.
Esta chica jodidamente sucia probablemente ya estaba planeando su siguiente ataque con su Volvo rosa.
Gemí al salirme de ella y gimoteó, luego me lo metí a los jeans y me los abroché. Y claro que seguía siendo un caballero, así que la ayudé a bajarse de la lavadora y arreglarse la ropa. Ella seguía usando solo mi bóxer y una de mis camisetas, ambas eran las cosas con las que dormía si no dormíamos desnudos. Por supuesto, eso era lo que preferíamos, pero a Junior y a Pecas les gustaba despertar con mami y papi, así que… sí. Solo dormíamos desnudos cuando los pequeños pasaban la noche con nuestros padres.
—No me has respondido —le recordé, luego abrí la secadora y saqué una pantalonera.
Era sábado. Un día libre. También quería usar ropa cómoda.
Solo estaba usando jeans porque había salido a comprar Hot Pockets.
Desde el primer embarazo de Bella, su antojo por los Hot Pockets no había desaparecido por completo.
—Solo los tiraré si es en defensa propia, ¿de acuerdo? —dijo, batiéndome las pestañas—. Lo prometo. ¿Por favorcito?
Besé su nariz.
Era demasiado linda para expresarlo.
—Tom Cruise y tú, ¿eh? —me reí entre dientes en voz baja.
—¡Síp!
Sonreí.
—Bien, pero solo si los buzones te atacan primero.
—¡Trato!
Cuando salimos del cuarto de lavado había cuatro niños mirándonos en el pasillo.
Con los brazos cruzados.
Cejas alzadas y cargadas.
Pecas tenía las manos en sus caderas, una pose que juraba había adoptado de mi hermana.
—Siempre lavas, mami —dijo, arrugando la nariz al vernos—. Tú también, papi.
Bueno, una casa con ropa limpia era una casa feliz, ¿cierto?
—Sí. Mucho y mucho —comentó Pateador.
Claro.
—¡Quién quiere panqués! —gorjeó Bella.
Era una mujer inteligente.
—¡Yay! —gritaron los niños.
