Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.
Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.
Blog: h(espacio) t(espacio) t(espacio) p(espacio) s(espacio) : / / caranofiction . wordpress .(espacio) com(espacio) /
Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por betear esta historia.
~oOo~
Futuretake 5
Perspectiva de tiempo: Cachorro y Pateador tienen 7 años. Pecas tiene 6 años, y Junior 5. ¡Es Navidad!
Revierteward
Tenía toda la intención de castigarla por derribar otro buzón, pero…
Sus palabras se repetían en mi cabeza. Las palabras sobre que no la castigara demasiado bien ni como se debía. Era un chiste privado nuestro porque… bueno, tenía la costumbre de embarazarla.
Bien y como se debía.
Y ahora… suponía que necesitaba retroceder un paso y mirar bien lo que tenía. Ahora nadie podía decir que fuera malagradecido. No lo era. Adoraba todo de mi esposa y todo lo que ella me daba. Suponía… suponía que tenía un pequeño, pequeñito deseo de que… tal vez… ¿tuviéramos otro hijo?
No me malinterpreten, no me deprimiría solo porque ella ya no quería más hijos, de verdad que era increíblemente bendecido. Pero ahí estaba esa vocecita. Esa vocecita recordándome que nuestros hijos estaban creciendo demasiado rápido.
Solo tenía que calmar esa voz. Sabía que era posible. Después de todo, era solo un deseo. Era codicioso. Quería decir… ya teníamos cuatro hijos. Cuatro increíbles, raros, divertidos, adorables e increíbles hijos.
Y tenía a mi esposa. Una esposa a la que todavía era absurdamente adicto, y tan malditamente enamorado.
Así que la bajé sobre la cama, besándola con suavidad y de forma apasionada.
Nuestras familias estaban en el piso de abajo, pero eso no importaba justo ahora.
Éramos solo nosotros.
Nochebuena.
Y me sentía increíblemente agradecido por todo lo que tenía, todo lo que Bella me había dado, y todo lo que compartíamos.
Se lo demostré.
En cada beso vertía mi gratitud.
—Te amo —susurré, rompiendo el beso.
—También te amo —exhalé.
Abrí los ojos, apoyando mi frente sobre la suya.
Cristo, era preciosa.
Maravillosa.
La mamá perfecta para Junior, mami para Pecas, mamá para Cachorro y Mamiella para Pateador.
Suspiré, sentí un pequeño estremecimiento de dicha pasar a través de mí.
—Me estás mirando de esa forma otra vez —dijo en voz baja.
Sonreí, nos di la vuelta para quedar acostado de espaldas. Apoyó su mentón en mi pecho y jugué con unos cuantos mechones de su cabello. Café chocolate, igual que el de Cachorro y Pateador. Y Sadie, por supuesto.
—¿Y eso es muy raro? —murmuré—. Me has hecho el hombre más feliz de la tierra, Bella… y… —suspiré, todavía tenía la mirada en el cabello con el que estaba jugando. Me preguntaba si ella sabía, si en realidad sabía lo mucho que la amaba. Y más importante, lo enriquecida que había vuelto mi vida.
Y siempre regresábamos a nuestra familia. Yo no era el único que la adoraba. También nuestros niños.
Demonios, tan solo hoy cuando solo estuvimos los niños y yo. Las mujeres y las niñas estuvieron en casa de mis padres, y los chicos… todos nos reunimos en mi casa y la de Bella para envolver regalos. Cristo, Cachorro y Pateador no estuvieron satisfechos hasta que sus regalos se vieron perfectos. No me pregunten cuánto pegamento usaron. Pero tenían que ser perfectos para su mamá. Cachorro era el peor.
—Ayudé a Cachorro a envolver su regalo para ti hoy —le dije, sonriendo ante el recuerdo—. Creo que te va a encantar. —Sabía que así sería. Él le había regalado un bote gigante de paletas. Todas de color rosa, claro—. Y sé que te divertirá mucho el regalo de Lee. —Me burlé, guiñándole un ojo antes de seguir mirando su cabello.
Pateador le había comprado un esmalte brilloso, con ayuda de Pecas.
Había sido todo un viaje el ayudarles a encontrar los regalos de Navidad para Bella.
—También te va a encantar lo que te van a dar —susurró.
Sonreí pensando en todo lo que habíamos pasado juntos… y todo lo que todavía nos esperaba en el futuro.
—No tengo duda de eso.
No podía esperar, pero también estaba ansioso por solo vivir en el momento.
—¿En qué piensas? Estás a millas de distancia, cielo —murmuró suavemente.
Suspiré.
—Solo pensaba en los últimos años… lo feliz que soy de tener a mi familia.
Ella me correspondió la sonrisa, también suspiró contenta.
Ocho años juntos.
Muchos más por venir.
.
.
.
Aunque esperaba que no pasaran con demasiada rapidez. Los años.
—Pero crecen muy rápido —dije en ese momento, y escuché la añoranza en mi propia voz—. Sadie ya está diciendo jovial, sabes.
Ambos nos reímos suavemente.
—Es algo bueno que no conozca el significado que hay detrás de eso, ¿eh? —Sonrió.
Sí, bueno, dejé de reírme.
Me conformé con bufar. Mi princesa nunca descubriría lo de los niños. O sea… que los niños… eran como…
Yo.
Sí, y yo era un individuo muy jodido.
—Te juro que me uniré a la Asociación del Rifle cuando Pecas entre a la escuela —gruñí.
Historia verdadera. Y no era el único.
—Alice me dijo que el doc Rizos dice lo mismo —se rio Bella.
—Oh, lo sé —le aseguré, sonriendo con orgullo—. Jazz y yo ya tenemos planes de incluir a Cachorro, Pateador y Nathan en nuestros planes para proteger a Sadie, Sarah y Mary.
—Estoy segura que sí —se rio, no se veía sorprendida.
Toc, toc.
Tuve que sonreír. Bella también, e intercambiamos una mirada conocedora.
Era hora de dormir para los niños, y mi intuición me decía que Cachorro y Pateador se habían quedado dormidos frente a una de las muchas películas que habían visto esta noche, pero Junior y Pecas no podían dormir sin darnos las buenas noches a Bella y a mí.
—Adelante —dije, mirando la puerta.
La puerta se abrió justo cuando Bella y yo nos sentamos, apoyándonos en la cabecera, y efectivamente eran nuestros dos más pequeños somnolientos, usando sus pijamas de Navidad.
Oh, los bostezos.
—Los iba a acostar, pero primero quieren que les den sus buenas noches. —Mamá sonrió.
—Por supuesto —dije, haciéndoles una seña a nuestros pequeños para que se unieran a nosotros porque los quería aquí, maldita sea.
Pecas saltó primero.
—¿Santa vendrá pronto, papi? —preguntó, acomodándose en mi regazo.
—Depende —dije, entornándole los ojos. Junior la siguió, y estiré las manos para hacerles cosquillas a ambos—. ¿Han sido buenos todo el año?
Vivía por sus risas. ¿Los chillidos de Sadie? Eh. No tanto. Era ruidosa. Pero valía la pena por ver su sonrisa con hoyuelos.
—Sí, señor, ¡me comí mis verduras todos los días! —se rio Junior mientras le hacía cosquillas—. ¿Verdad, mamá? Ah, ¡alto, papi! ¡Cosquillas!
Lo puse en mi regazo, acercándolo a mí antes de subirle la camiseta para soplarle besos en su pancita, lo cual siempre aterraba a Pecas. Así que no me sorprendió verla lanzarse hacia Bella.
Qué linda.
—Claro que sí —le dijo Mamiella a Junior mientras yo luchaba con él.
Santa… cuidado con las joyas familiares, amigo.
Estuvo cerca.
~Dulce niños Jesús…
En lugar de poner en más peligro a mis bienes de valor, decidí hacer equipo con Junior porque Bella y Pecas creían totalmente que estaban a salvo ahí en un lado, y ese no era el caso. No-oh.
—Ah, mira eso, hijo. —Le lancé una sonrisa a Bella—. Piensan que están a salvo de nosotros. —Junior imitó mi sonrisa con la suya torcida—. ¿Deberíamos hacerle cosquillas a mami y Sadie?
—¡Sí! —exclamó.
Exacto.
—¡No, papi, no! —me regañó Pecas.
La imité.
—¡Sí, princesa, sí!
Y luego les hicimos muchas cosquillas, haciéndolas jadear y gritar y… mierda, lanzar puños. Bueno, lo evité. Gracias a Dios.
Se agitaban brazos por todos lados.
Incluso los de Bella.
Ahora esto era lo que se decía diversión.
Y puede o no que pellizcara el culo de mi esposa.
Quedaba la cuestión a debate.
Bromeaba. Claro que sí lo hice.
—¡Papi, noooo! ¡Y detente, EJ! —chilló Sadie entre risas.
—Bien, bien —me reí—. Retrocederemos. Dejémoslas respirar, amigo. —Levanté a Junior de encima de las chicas porque supuse que necesitaban aire.
—¡Gracias a Dios! —jadeó Twitch.
Intentaron mirarnos enojadas, pero Junior y yo solo nos reímos de ellas.
Eran chicas lindas.
—Vamos, amores, deséenles buenas noches a mami y papi. —Mamá se rio desde la puerta. Me había olvidado de ella—. Entre más pronto se vayan a la cama…
—¡Más pronto llega Santa! —gritó Sadie, incluso lanzó un puño al aire.
Mientras ella le daba las buenas noches a Bella, yo hacía lo mismo con Junior.
—Buenas noches, amigo —murmuré, besándole la frente.
—Te amo, papi —dijo, abrazándome con fuerza.
Ahí venía el suspiro. Un suspiro masculino, de macho, lleno de testosterona y soñador.
—También te amo, amigo —le dije—. Muchísimo.
Cuando saltó hacia Bella, Pecas saltó hacia mí.
Y luego hubo besos por todas partes.
—Oye, chaparra —me reí entre dientes.
—¡Muack, muack, muack, muack! —Literalmente en toda mi cara—. ¡Muack, muaaack!
—Bien, princesa, es suficiente —gruñí juguetonamente—. Supongo que ya no tengo que lavarme la cara antes de dormir, ¿eh? —Le despeiné el cabello—. Ahora vete a dormir para que Santa pueda llegar.
—¡Bien! ¡Te amo, papi!
—Te amo más, bebé.
Sonreí, la ayudé a bajarse de la cama, luego me giré hacia Bella y besé su hombro mientras veía a mamá llevarse a los pequeños. Carajo, en serio que era un cabrón afortunado. Verdaderamente.
—¿Quieres ir abajo, hermosa? —le murmuré.
Fue entonces cuando noté que tenía agitado el pecho.
Sus ojos estaban pegados a la puerta que ya estaba cerrada y me pregunté si sucedía algo. Así parecía.
—¡Tu vasectomía es reversible! —exclamó entonces.
Me congelé. Mis labios seguían pegados al sitio donde su cuello se encontraba con su hombro.
También dejé de respirar.
Y sus palabras hacían eco en mi cabeza.
Tu vasectomía es reversible…
Tu vasectomía es reversible…
Tu vasectomía es reversible…
Tu vasectomía es reversible…
Por qué… quería decir… ella… y luego… sabe…
¿Verdad?
¡Exacto!
¿Qué?
Mierda.
No sé…
Desde el principio. ¿Por qué ella exclamaría eso? Quiero decir… solo podía haber… una razón, ¿cierto?
~Respira. Me siento mareada.
Claro.
También carraspeé.
—Um, sí, lo es —dije en voz baja, respirando pesadamente sobre su hombro.
Se estremeció.
Asintió.
Dejé de respirar otra vez.
—¿Reviértela? —pidió.
Y chasquido, la tenía sobre su espalda porque era un cabrón veloz.
—¿Tú…? —Tragué con fuerza. Tenía los ojos como platos y suplicantes—. ¿Tú quieres… otro?
Bajé la vista a sus enternecedores ojos. Tenía el cabello extendido sobre la almohada.
¿Quieres otro bebé conmigo, Bella?
—Sí —exhaló.
—Carajo, sí —me apresuré en decir antes de besarla con fuerza.
~¡Sí, sí, sí, sí, sí!
Esto estaba pasando.
Ella quería otro bebé.
Oh, Dios…
Presioné mi cuerpo contra el suyo, mostrándole lo jodidamente extasiado que me sentía.
~¡Otra vez volveré a estar completa!
Cierra la boca.
~No, ¡tengo ganas de cantar!
Sí, por favor no lo hagas.
Gemí al sentir la lengua de Bella entrelazándose con la mía.
Alguien estaba parándose ante la ocasión.
~Maldición, ¡necesito la letra de The Sound of Music!
Juro por Dios que te golpearé.
Polla se calló.
Menos mal.
—¡Te necesito! —jadeó Bella, mandando descargas de deseo directo a mi polla—. Ya, Edward… por favor…
—Maldición —exhalé, arrodillándome entre sus piernas abiertas para desabrocharme los jeans.
Y… sí, la confirmación, por favor.
—¿Tú… en serio quieres más?
Asintió furiosamente, bajándose los jeans igual que yo me bajaba los míos.
—¿Tú? —preguntó, y esa fue una pregunta estúpida.
~Oh, Dios… su coño…
Bajé la vista y gemí.
—Absolutamente. —No llevaba putas bragas. No podía amarla más—. Creo que ya estamos listos para eso… y sí, de verdad quiero tener uno más contigo, amor.
Estaba siendo tan romántico, diciéndole que quería tener otro hijo con ella… mientras me acariciaba la polla.
Te lo dije. Edward Cullen era un individuo muy jodido.
—¿O dos? —chilló.
Se me salieron los ojos antes de que una sonrisa gigante se apoderara de mi rostro.
Dos hijos.
Santa mierda.
Sí, y por favor.
Asentí.
—O dos.
Y estaba en modo… nada podría arruinar esta Nochebuena.
¿Cierto?
Pasé los siguientes treinta minutos "practicando" con mi esposa.
Y luego regresamos a la planta baja.
Al parecer, habíamos sido muy ruidosos.
Otra vez.
Maravilloso.
Pero nada podría arruinar mi noche.
