Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.


Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.

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Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por betear esta historia.


~oOo~

Futuretake 6

Perspectiva de tiempo: Cachorro y Pateador tienen 7 años. Pecas tiene 6 años, y Junior 5. ¡Sigue siendo Navidad!

Sonrojadoward

Mi esposa y yo teníamos ganado esto. Dominábamos este juego.

La tradición Navideña de los adultos. ¿El juego? Navidad genial con los Cullen.

Bella, Alice y Rose lo habían creado hacía unos años, y era endemoniadamente divertido. Una manera segura de sacarnos unas buenas carcajadas.

Las reglas eran simples. Estabas en equipo con tu pareja, y lo que sea que ella dijera tenía que tratarse de ti, tú no tenías permitido enojarte, y tampoco podías reírte. Era básicamente una manera de descargar lo que fuera que no te gustara de tu ser más amado. Sin embargo, la gente que te rodeaba también tenía una tarea. Sí, porque si se reían de lo que se quejaba tu esposa o esposo, ellos ganaban un punto. Tres puntos y estabas fuera.

Todo llevaba a la ronda final, donde tu objetivo era hacer reír a tu oponente.

Bella y yo casi siempre llegábamos a la última ronda porque éramos geniales.

Este año no era la excepción.

Pasamos la Ronda de Confesiones, por supuesto, y escuchamos a papá quejarse de que mamá cantaba en la ópera, ante lo cual ella luchó con todas sus fuerzas para no enojarse con él. Bella casi nos hizo ganar un punto al reírse entonces, pero fui inteligente y le tapé la boca con mi mano.

Porque era doctor. Éramos personas inteligentes.

También tuvimos a Charlie, el jodido traidor, que confesó haber descompuesto la cafetera de Renée porque la cafeína era como mariguana en ella. En fin, le dijo a Renée que yo había estado involucrado y eso fue pura mierda. Solo era culpable de haber sido testigo. Sí, había estado ahí esa mañana para presenciar cómo él desarmaba la cafetera.

En fin.

No estaba demasiado molesto por eso.

En especial ya que Jake eliminó a varios de nuestros oponentes.

No, esperen. Él lo hizo cuando papá se quejó de mamá en la ópera. Ah, era cierto. Error mío. Seguía en estado post coital, y uh… había tomado demasiado ponche de huevo. Perdón.

En fin, fue cuando la Reina, Jake, había gritado: "¡OH, SEÑOR MÍO, MAMÁ C! ¡¿CANTAS CON LAS CHICAS DE LA OPERA?!" que papá se había reído, y no tenías permitido reírte cuando el reflector estaba en ti, así que mamá y él salieron. Justo así. Oh, y Renée, Emmett y Rose también se habían reído, acumulando puntos.

Hmm, qué seguía…

Cierto. Perdimos a Emmett y Rose cuando fue su turno. Mi hermano le confesó a su encantadora esposa que le dolía cuando le golpeaba la nuca y gracias a Dios por Bella porque ella me había tapado la boca con la mano. Esa mierda fue graciosa. Rose también lo había pensado y se rio.

Así que ellos también salieron.

Después de un rato solo quedábamos dos parejas, y ahí era donde estábamos ahora.

Éramos Bella y yo contra mi hermana y Jazz en la Ronda Genial. Tenías que mantenerte calmado.

Yo tenía confianza, seguía volando alto porque Bella y yo habíamos decidido tener más hijos, así que nada podía arruinarme la noche. Esta era nuestra victoria.

Las reglas eran simples. Con una sola meta: hacer reír a nuestros oponentes, en este caso Alice y Jazz. La única regla era que, cuando fuera mi turno, tenía que usar un dato vergonzoso sobre Bella para hacerlos reír. Si se reían, recibían un strike. Si Bella o yo nos reíamos, éramos expulsados de inmediato. Tres strikes y perdías.

Este era el cuarto año consecutivo que Bella y yo llegábamos a la ronda final.

—Edward, Jasper, ¿están listos? —preguntó Billy.

Respiré profundamente, inclinándome un poco hacia enfrente.

Bella me besó para darme buena suerte.

Híper hizo lo mismo con Jazz.

—Sí, señor —le dijimos Jazz y yo a Billy.

Otra profunda respiración.

Tenía los ojos en Jazz.

—Jasper, adelante —dijo Billy.

Bien, aquí íbamos.

Apreté la mano de Bella, esperaba que ella no se riera de lo que sea que Jazz fuera a contarnos sobre Alice.

Jazz sonrió.

—El antojo más grande de Alice cuando estaba embarazada de Sarah… era lamer su chaqueta de cuero.

Oh…

Oh, Híper. ¿En serio?

Bella tragó a mi lado, y apreté otra vez su mano.

—¿Estás bien, nena? —gimoteé, ahogando mi propia diversión mientras Alice nos miraba enojada a todos.

No ayudaba que nuestra familia estuviera sentada riéndose a nuestro alrededor.

Afortunadamente Bella asintió y luego fue mi turno.

—Híper, mi querida hermana, cuando Bella intentó teñirse el cabello el año pasado, se le puso verde y tuve que correr por Jake para mantenértelo oculto —le dije y sí, me aseguré de no mirar a Bella.

Prácticamente podía sentir la mirada de enojo que me lanzó.

Pero todo era parte del juego.

Toma una por el equipo, nena. Toma una por el equipo.

Aunque funcionó, porque mi hermana se carcajeó.

—¡Primer strike para los Whitlock! —gritamos Bella y yo.

Unas rondas después, ya era el turno de Alice y Bella. Íbamos a la delantera con un strike, y los Whitlock tenían dos. Fue Bella la que nos hizo ganarnos ese strike. Solo quería mencionarlo.

—Vas a perder, hermano —se burló Alice de mí.

Sonreí engreídamente.

Inténtalo, hormiguita fastidiosa.

—Tú vas a perder más —le replicó Bella.

Ah, el apoyo de mi encantadora Twitch.

—Sí, díselos, nena —me reí entre dientes.

No me reiré. No me reiré.

Sabía que no lo haría. En serio, tenía ganado esto.

—Alice, adelante —dijo Billy.

Mi querida hermana me sonrió.

—Edward, ¿recuerdas cuando Jazz y tú estaban en la preparatoria y él guardaba un par extra de jeans en su casillero?

Oh, mierda.

Jasper palideció.

Asentí, ansioso por descubrirlo porque él siempre se negó a responder cuando le preguntaba en aquel entonces.

Sabía que esto sería bueno.

—Eso era porque a veces eyaculaba en sus pantalones.

Parpadeé.

Lo sentí…

Venía…

Venía…

Oh, Dios…

Lo siento, Bella, pero…

—¡DIOS, MALDITA SEA, CARAJO, JAZZ! —Me carcajeé, seguido de Emmett y… bueno, básicamente todos.

¡Santa jodida mierda!

—Lo siento, nena —me reí sobre el hombro de Bella—. ¡Pero he querido saber eso desde hace años! ¡Jodido demonio!

La verdad, ¡no lamentaba para nada ese segundo strike!

Oh, Jazz, Jazz, Jazz…

Dios, me sentía feliz de saber que yo nunca había hecho algo tan vergonzoso.

Jesús…

—Está bien, Masturbaward, te perdono —dijo Bella, sonriendo dulcemente.

Mi risa murió un poco ahí, y la miré con una sonrisa de curiosidad.

—¿Cómo me dijiste? —me reí entre dientes, confundido.

¿Masturbaward?

¿Qué demonios?

—Nada, cariño, nada en absoluto —respondió inocentemente, quedaba claro que estaba mintiendo entre dientes—. Solo mírame ganar el juego, ¿de acuerdo?

Um…

¿Debería tener miedo?

—Todos, ¡silencio! ¡Bella es la siguiente y ambos equipos tienen dos strikes! —gritó Billy.

Todos se callaron de inmediato y um… ahora estaba un poco nervioso.

Ella se veía tan… risueña.

Y luego se puso de pie.

—Doc Rizos Jazzcular, vas a perder —dijo, ganándose unas cuantas risitas de los demás.

Alcé la vista hacia ella, intentaba sonreír, pero… sí, eso no funcionó.

Luego… ella gritó.

—¡ANTES DE QUE SEXWARD FUERA MÍO, SE MASTURBABA EN SU CONSULTORIO TODOS LOS DÍAS! ¡Y SIEMPRE GEMÍA MI NOMBRE CUANDO SE CORRÍA!

Se me congeló la sangre.

Abrí los ojos como platos.

Todo el aire se me salió de golpe.

Sus palabras se repetían.

Una y otra vez.

Sentí mis mejillas calentarse cuando…

Todos… y…

Cada…

Uno…

Empezaron a reírse.

Con fuerza.

Estaban carcajeándose y resoplando, haciendo gestos y señalando, balbuceando y jadeando…

Y…

Mierda.

Ella lo sabía. Lo que significaba...

Oh, Dios…

~Síp. Te escuchó, cabrón ruidoso.

Tal vez debería irme a México… solo esta vez.

¿Cuánto tiempo tendría que esconderme?

Santa madre de la mortificación…

Y luego Jasper, el cabrón, gritó:

—¡DOCTOR PAJEWARD!

Lo cual me hizo enojar, así que ignoré totalmente el hecho de que mis suegros y… bueno, todos los de mi familia estaban sentados aquí cerca. Me paré y lo miré enojado. Y grité en respuesta.

—¡DOCTOR JAZZCULACIÓN!

Luego volvimos a sentirnos mortificados.

Creo haber gimoteado.

Billy anunció que mi equipo era el ganador, pero… no podía disfrutar del todo el momento.

Porque… ¡no podía creer que ella lo supiera!

Bueno, ahora entendía por qué no quería tener sexo en mi oficina durante horas laborales.