Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.
Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.
Blog: h(espacio) t(espacio) t(espacio) p(espacio) s(espacio) : / / caranofiction . wordpress .(espacio) com(espacio) /
Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por betear esta historia.
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Futuretake 7
Perspectiva de tiempo: Cachorro y Pateador tienen 8 años. Pecas tiene 7 y Junior 6.
Choqueward
—Me siento paralizada —gimió Bella al abrocharse el cinturón de seguridad.
Pero podía entenderla. Había comido por todo un equipo de fútbol.
Era gracioso verla a ella y a Emmett comer la misma cantidad de comida.
Pero ella tenía una gran excusa.
Sí, la había embarazado por completo. Bien y como jodidamente se debía.
Tenía nueve meses de embarazo de gemelos. Sí, otra vez. Esta vez eran un niño y una niña. No podía esperar.
Sin embargo, parecía que los gemelos sí podían porque hoy era su fecha de parto y usualmente los gemelos eran un poco prematuros.
Pero de regreso a mi esposa gimiente…
—¿Cómo puede uno sentirse paralizado, amor? —pregunté, saliendo en reversa de la cochera de mis padres.
Hizo una mueca.
—Qué hombre tan gracioso.
—Mm, ¿apoco no? —Le guiñé—. Pero en serio… —Apreté su mano—. ¿Tuviste una buena Navidad, hermosa?
No es que ya hubiera terminado la Navidad. Carajo, no. Todavía nos quedaba nuestro tiempo especial. Era una tradición. Después de la cena de Navidad, nuestros padres cuidaban a los niños para que nosotros pudiéramos tener un poco de tiempo a solas, y eso se apreciaba mucho, en especial ya que Bella y yo estábamos a punto de volvernos padres otra vez. Necesitábamos un poco de amor. Casi lo mismo aplicaba para Alice y Jasper, pero a ellos todavía les quedaban un par de meses antes de la llegada de su cuarto bebé.
—La mejor —suspiró suavemente—. ¿Y tú?
Era una pregunta tonta, nena.
—Igual —murmuré, besando su mano antes de dejarla sobre su estómago.
Manejamos en un silencio cómodo durante un rato, ambos perdidos en pensamientos que probablemente giraban en torno a lo mismo: nuestros hijos. Esta vez fueron Junior y Pecas a los que se les ocurrieron los apodos, y para la niña, a quien nombraríamos Abigail, teníamos Mini. Era una cosita pequeñita en las ecografías. Luego, para el niño que nombraríamos Anthony, teníamos Ant.
Tenía que admitir que amaba los apodos. Demonios, probablemente usaba más los apodos de nuestros niños que sus nombres verdaderos.
—Creo que es hora de que finalmente me digas cómo me llamabas en esa bonita cabeza tuya antes de ponernos frikis en la cama —dijo Bella entonces, y de pronto ya no me gustaban para nada los apodos.
—¿Quién dice que dejé de decirte así luego de que nos pusimos frikis en la cama, amor?
Sigues siendo Twitch en mi cabeza, cariño.
Pero de ninguna manera se lo diría.
Quería decir… no era el apodo en sí el que tuviera algo de especial.
Era la explicación de eso lo que me pondría en su lista negra o… bueno, se reiría de mí. Oh, y definitivamente les diría a los demás. Eso hacía. Le diría a mi hermano, le diría a Jazz, les diría a sus jodidos padres.
En serio, ¿qué se supone que debía decir si me preguntaba por qué la llamaba Twitch?
—Oh, bueno, verás… desde el primer día en que te conocí, mi polla ha estado sintiendo espasmos en tu presencia. Ya sabes… espasmo, espasmo.
Sí. Increíble.
Pensaría que mi polla tenía epilepsia.
—Dime, ¡quiero saber! —se quejó, sacando el puchero—. He esperado años y años, sabes. Solo quiero saber, es todo.
Maldición, jodido puchero.
Pero tenía años de experiencia. Primero por mi hermana. Luego por Bella y al final por Pecas.
Tenía dominado esto.
Así que mantuve los ojos en la carretera.
—Sexward, escúchame ahora, y escúchame bien —dijo con severidad, incluso me apuntó con un dedo—. Ya te dije cuál era mi apodo para ti, y con el Señor como mi testigo, lo uso todo el tiempo ahora. Ahora, confiesa de una vez, ¡¿quieres?!
Mierda.
Había salido Bella la Mandona.
Tenía una obsesión con ella.
Suspiré.
Pesadamente.
Y giré en la última esquina para llegar a nuestra calle.
No podía creerlo. De verdad se lo iba a decir.
—Bien —cedí con tristeza—. Mi apodo para ti era T…
—¡Dios mío! —El jadeo de Bella me interrumpió y la miré de inmediato. ¡Se estaba agarrando el vientre!—. ¡Papiward, se me rompió la fuente!
¡Ya vienen los bebés! ¡Ya vienen los bebés! ¡Ya vienen los bebés!
¡CRASH!
¿Qué caramelo?
Oh, mierda. Miré por la ventana.
Hombre, ella se enloquecería conmigo.
Mi sonrisa sí que era apenada cuando miré a mi esposa otra vez.
Tenía los ojos como platos, la boca abierta como pez.
Y se giró hacia mí.
Sí, me iba a castigar por esto.
Bien y con fuerza.
—¡GOLPEASTE NUESTRO BUZÓN ROSA, EDWARD!
