Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.
Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.
Blog: h(espacio) t(espacio) t(espacio) p(espacio) s(espacio) : / / caranofiction . wordpress .(espacio) com(espacio) /
Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por betear esta historia.
~oOo~
Futuretake 8
Perspectiva de tiempo. Cachorro y Pateador tienen 8 años, Pecas tiene 7, Junior tiene 6, Ant y Mini tienen nueve semanas de nacidos.
Suplicaward
Estaba en un conflicto.
Uno muy grande.
¿Amaba esto o lo detestaba?
No podía ver nada… porque tenía una venda en los ojos.
No podía mover las piernas ni los brazos… porque estaba atado a la cama.
Oh, y estaba desnudo.
De verdad creí que Bella había olvidado lo del castigo en medio de todos los asuntos relacionados con los niños. Ya saben, el parto y esas cosas. Porque ahora teníamos otros dos. Ant y Mini ya tenían nueve semanas de nacidos y eran tan jodidamente adorables que casi dolía mirarlos. En fin… cuando Bella había ido a su revisión de seis semanas, yo me había sentido increíblemente aliviado después de eso porque se lo había hecho apropiadamente cuando llegó a casa. Demonios, lo habíamos hecho por todo el lugar.
Y no hubo señal alguna del castigo.
Pero ahora aquí estaba…
Ella me sorprendió esta mañana cuando dijo que mamá y papá cuidarían a Cachorro, Pateador, Junior y Pecas. Y Renée y Charlie cuidarían a Ant y Mini. Así que sí… me había soltado la bomba.
Lo que nos traía a este momento.
Podía escucharla caminando hacia la cama.
Esperaba que ella estuviera desnuda.
¿Saben?
—Alguien está duro, Edward —ronroneó.
Pues duh.
~Exacto. Ahora, engúlleme, mujer.
Por favor.
Pero tenía el presentimiento de que todavía no haría eso.
Jadeé porque justo en ese momento se sentó sobre mi cintura con una pierna a cada lado, y que me jodan si es que no estaba completamente desnuda.
Maldición.
Jalé de mis ataduras, pero eso no me hizo ningún bien.
—Tsk, tsk, ni siquiera lo intentes —me reprendió. Creo que gemí y decidí que amaba esto. Oh, muchísimo. Si ella pudiera solo… moverse un poco más atrás…
—Mataste nuestro buzón, Sexward —declaró. Mierda. Bella Mandona… estaba sufriendo espasmos—. Era rosa. Jakey, Pecas y yo nos habíamos esforzado mucho para dejar perfecto nuestro apellido con pedrería.
Tragué cuando arrastró sus uñas sobre mi pecho.
Esa mierda se sintió tan bieeeeen…
—Por favor, nena —gruñí, alzando las caderas.
Otra vez, no me hizo ningún bien.
—¿Lo lamentas?
—¡Sí! —le dije, pero estaba jodidamente distraído.
Ciertamente no me ayudó cuando ella me rodeó la polla con sus dedos.
Pero tenía que intentarlo. Tenía que hacer esto.
—Lo siento, nena —gemí, sentí su pulgar rozar sobre la hendidura—. Cristo… —Respiraciones profundas—. Lo siento… ugh… por tirar el… oh, ¡fóllame! —Me acariciaba con fuerza, y mi culo se alzó de la cama cuando se levantó de mi cuerpo solo para bajar su boca sobre mí. Dulce niño Jesús… boca… tan caliente y húmeda…
—¿Qué es lo que lamentas? —preguntó antes de chuparme otra vez.
¿Lamentar? No lamento ni una sola mierda justo ahora. Solo sigue chupándome.
Oh, Dios…
Su lengua giraba en…
Sus dientes rozaban…
Sus manos masajeaban mis pelotas…
—Puta… succión… Cristo —gemí.
Los estremecimientos pasaron a través de mí ser cuando golpeé el fondo de su garganta.
Quería verlo. A ella.
—Quiero ver, Bella —rogué, otra vez jalaba de mis ataduras—. Solo la venda… oh, hmmmugh.
Desafortunadamente me soltó.
Mi polla, no mis brazos y piernas. Esos seguían muy… atados.
—¡Carajo! —gruñí, intentando revolcarme.
Sí, no me gustaba esto.
Pero sí me gustaba un poco.
Porque ella se ensartó en mi polla, dejó que su coño caliente me rodeara.
—Bella… oh, Bella —gemí.
—Carajo, me detendré si no te disculpas —exhaló.
¡Entonces deja de distraerme con ese coño divino!
Pero no lo hizo.
No, en vez de eso empezó a follarme con ansias, rebotando arriba y abajo en mi polla de acero. Era una pena que no pudiera verla.
—Maldición, amo tu polla, Sexward —gimió.
Es mutuo, cariño. Muy jodidamente mutuo…
—Pero aun así necesitas disculparte adecuadamente. No dejaré que te corras, sabes.
—¡Carajo!
—¡Lo siento, Bella! —repetí, esta vez me aseguré de terminar mi frase—. De verdad, yo joder… Jesús…
Nop, eso no era.
Yo no era Jesús, ni lo estaba follando.
—Inténtalo otra vez —me susurró al oído.
Más estremecimientos.
—Yo… yo… —Carajo, ella… me follaba. Con fuerza. Yo no…—. Lamento haber… tirado… ¡el buzón!
¡Ahí! ¡Lo dije!
—Ahora, por favor, deja que me corra —rogué.
No lo hizo.
Rogué como una jodida puta.
Ella siguió follándome hasta que estuve cerca y luego se detuvo.
Me sentía miserable.
Estaba jadeando.
Más súplicas.
En cierto punto estuve a punto de llorar, pero me contuve porque ella se sentó sobre mi cara y me dio acceso para lamerle el coño, algo que, carajo, amaba hacer. Así que todo estuvo bien durante un momento. Me devoré ese gatito.
Pero luego regresé a la miseria.
Ella me folló.
Estaba cerca.
Se apartó de mí.
Oh, y también se corrió.
Creo que había contado tres orgasmos…
Dios sabía que los había sentido cuando se apretaba a mi alrededor.
¿Pero yo?
Yo estaba olvidado.
Más que nada, estaba jodidamente apenado por haber chocado con su lindo buzón.
Así que se lo dije.
—Te compraré uno nuevo, nena. Rosa y lleno de pedrería. Podemos poner todos nuestros nombres en brillantina o alguna mierda, solo… ¡por favor, fóllame hasta que me corra!
Polla estaba lagrimeando. Literalmente.
—¡Al fin! —jadeó, una vez más se hundió en mi dolorosa y dura erección—. ¿Fue tan difícil eso, cariño?
Estaba completamente en blanco.
No podía pensar en ni una sola cosa.
Porque ella estaba dejando que ese maravilloso coño me apretara la polla y yo estaba en el jodido paraíso. Era doble sentido. Maldición. Ella me tomaba con más rapidez y más dureza. Sus manos se posaron en mis muslos, ajustándonos ligeramente para que yo pudiera quedar por completo dentro de ella. Enterrado hasta las bolas. Sí, no estaba pensando en nada coherente. Solo gemía, gruñía, nuestra piel chocaba…
—C-Cerca —tartamudeé.
Mi estómago se tensó, todo… y… oh, Dios…
—Córrete para mí, Edward —gimoteó.
—Oh, créeme, ¡eso hago, Bella!
Me corrí… oh, cuánto me corrí…
Se sintió…
Tan…
Jodidamente…
Increíble.
Vi estrellas detrás de esa puta venda.
Mi cuerpo se puso rígido cuando disparé dentro de ella.
Santa…
¿Polla?
Jadeé en busca de aire.
Y…
En serio.
¿Polla?
Creo que murió.
¡Polla!
—Mierda —exhalé.
—Lo sé —dijo Bella sin aliento—. Eso estuvo muy bueno, cielo.
Sí.
Um.
Me temía que un poco demasiado bueno.
¡Polla!
Parpadeé cuando mi esposa me quitó la venda de los ojos.
~¡Ah! ¡Estoy viva! ¡Lo logré!
—Oh, gracias a Dios —susurré por lo bajo.
~A partir de ahora aléjate de los buzones, ¿escuchaste?
Lo haría.
~Tenemos más de cuarenta. No podemos volver a soportar esa mierda.
Te escucho. Fuerte y claro, amiga.
~Bien. Ahora voy a dormir un ratito.
—Hmmm, ¿quieres acurrucarte un rato, cielo? —preguntó Twitch, besándome el pecho.
Se sintió tan bien, y… bueno, estaba seguro de que no usaría ni una sola extremidad en un buen rato, así que acurrucarnos sonaba jodidamente bien para mí.
