Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.


Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.

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Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por betear esta historia.


~oOo~

Futuretake 10

Doctor Twitchward Cullen

Yo… no sabía qué decir.

No había palabras, y de verdad… no había palabras… que pudieran describir lo mortificado que estaba.

Tenía cuarenta y tres putos años y me estaba sonrojando como una colegiala.

Liam estaba de regreso.

Hubo saludos, abrazos, y… ah, al carajo. Todo eso. Al carajo con todo esto. No podía creer que estuviera de regreso. Y no solo eso. No, en cuanto terminaron los saludos, anunció que se iba a quedar…

En…

Forks.

Perdón, Bella. El pueblo de Forks.

Era cierto.

Era el nuevo pediatra en el hospital de Forks, y al parecer mi jodido padre lo había contratado ahí. Sin decirme.

—¡Quería que fuera una sorpresa! —dijo Liam.

Sí.

Jodidamente yupi.

Ahora, no me malinterpreten, si esto hubiera sido bajo otras circunstancias, me habría emocionado de tener a mi amigo tan cerca, pero…

¡Él sabía todo de mí!

Y… para rematar, Bella —al igual que los demás— no había olvidado la mierda que Liam interrumpió cuando cruzó la puerta. Así que... todos, no me cuenten aquí, habían decidido reunirse en casa de Jasper y mi hermana para cenar y… ya saben… ponernos al corriente. Bueno, ya habíamos cubierto las historias de universidad, así que… hmm… ¿de qué más podíamos hablar? Porque por alguna razón dudaba que pudiéramos pasar el resto de nuestras vidas hablando de los años que pasó Liam en África.

Sí.

Mi tiempo se había acabado.

Esta noche se revelaría todo.

*o*o*o*

—¡Beeellaa! —me quejé.

En cualquier día normal, me encantaba cuando ella tenía la vista sobre mi polla, pero esto… esto era simplemente molesto.

—¿Qué? ¡Es que quiero verla moverse! —se defendió.

Había estado mirando mi entrepierna desde que salí de la ducha.

Le lancé una mirada de enojo y opté por cambiarme de ropa en el maldito baño. No quería que siguiera viendo mis tesoros. No se lo merecía. Así que una vez que estuve dentro me quité la toalla y me puse un bóxer, jeans y un jersey negro antes de salir otra vez.

—Lo siento, Edward —se rio cuando agarré mi cartera y llaves de mi buró—. Ya no te voy a mirar, ¿de acuerdo? Es que… no sé… ¿quiero verla bailar para mí?

Por mucho que intentaba estar enojado, era muy difícil hacerlo cuando se trataba de Bella.

Y no estaba muy sorprendido cuando esbocé media sonrisa.

—¿Bella? —respondí, caminando hacia ella—. Mi polla ha estado bailando para ti por más de diez años.

—Aw, eso es muy dulce —arrulló, la rodeé con mis brazos y le besé la nariz—. Eres un tipo muy romántico.

Le guiñé.

—Sí, ¿cierto?

Luego, en un intento de quitar el reflector de mi cabeza, pregunté:

—Entonces… te quedaste sin bromas de Doctor, doctor, ¿eh?

Se encogió de hombros.

—Sí, pero eso solo significa que tendré que empezar de nuevo.

¡NO!

—No te preocupes, cielo —se rio entre dientes, notando mi expresión de horror—. De ahora en adelante, le diré las bromas al doc Rizos.

Oh.

Bien, podía vivir con eso.

A Jasper no le gustaría, pero que se joda.

—Lo que significa… —se quedó callada, sonriendo.

Y lo entendí.

—Me vas a saludar cada mañana con el "¿Qué hay de nuevo, doc?", ¿cierto?

Asintió.

Suspiré.

Ah, bueno. Al menos era mejor que esas putas bromas.

En cierto momento fueron lindas.

Pero… ¿doce años de eso?

No, gracias.

—Te amo —le dije, presionando mis labios sobre su frente—. Aunque me vayas a molestar mucho esta noche, todavía te amo.

Se rio con suavidad, rodeándome el cuello con los brazos.

—Es bueno saberlo. Y también te amo. Tan jovialmente mucho, Sexward.

Maldición.

Todavía tenía ese efecto en mí. Con los estremecimientos y todo eso.

Todavía podía hacer que mi corazón revoloteara.

¿Saben?

—Entonces… Twitch, ¿eh? —murmuró.

Me reí entre dientes. Y asentí. Y suspiré.

—Sí, eres Twitch.

—Me gusta.

—Puedo notarlo. Tu sonrisa es enorme.

—¿Lo dirás en voz alta de ahora en adelante?

Hmm…

—Tal vez.

—¿Por favorcito? —Oh, los ojitos de cachorro.

Esposa malévola.

—¿Qué dirán los niños? —repliqué, besando su nariz—. Nos conocen. Hay una historia detrás de cada apodo.

—Cierto… —Sus ojos se iluminaron—. Podríamos inventar una historia falsa para ellos.

—¿Qué, señora Cullen, está sugiriendo que le mintamos a nuestros hijos?

—Caramelo, sí.

—Bien —me reí entre dientes—. Ahora vámonos. Entre más pronto nos vayamos, más pronto podemos recoger a los niños de casa de mamá y papá… y luego todo habrá terminado.

—Sí, tienes razón. —Resopló—. Nos vamos a burlar de ti durante años, cariño. Años.

Sí…

Suspiré.

Luego grité, porque me pellizcó el culo.

*o*o*o*

El resto de la noche…

Santa madre de las bromas.

Y luego estaba Liam, que… oh Dios… ¿ya saben?

No, no saben, así que déjenme decirles.

Él había guardado todos los mensajes de texto.

Y los emails.

No bromeaba.

Lo tenía todo en su laptop.

Se los enseñó a Jazz, Em, Rose, Bella y Alice.

Yo pasé la mitad de la noche con la cara enterrada en las manos.

Fue un poco nostálgico regresar al inicio…

… Hola, hombre. Llevo menos de tres días de regreso en Estados Unidos y ya estoy pensando en irme.

Bromeo. Pero en serio, tengo un problema, y necesito que actúes de loquero para mí. Juro que serás un maravilloso terapeuta para mí y sé que te divertirás con mi problema…

El primer email que lo había iniciado todo.

—Eso fue, o sea, justo cuando acababas de regresar de Londres, ¿no? —preguntó Híper con los ojos enfocados en el email—. Maldición, Bella de verdad se te metió rápido a la cabeza.

Suspiré.

Los mensajes que siguieron…

~o~

Vete al carajo – Edward.

Córrete – Liam.

Lo hice, ¡y no ha salido de mi jodido sistema! – Edward.

¿Es doble sentido? – Liam.

Juro por Dios, si no me ayudas… – Edward.

~o~

—Vaya, en serio te afecté, ¿cierto? —Bella se rio.

Yo gemí.

Liam se rio.

—¡Por decir lo menos!

~o~

Estoy jodido. Tal vez debería buscar ayuda – Edward.

¿No es eso lo que estás haciendo conmigo? – Liam.

Y ve cómo me está funcionando eso – Edward.

¿Fue sarcasmo? – Liam.

¡SÍ! – Edward.

¿Quieres mi opinión profesional? – Liam.

Eres pediatra. No me digas que me sobe el "raspón", jodido enfermo – Edward.

¡Esa estuvo buena! La voy a anotar. No, pero en serio, tal vez la chica no es el problema – Liam.

¿A qué te refieres? – Edward.

Tal vez tú eres el problema. Tal vez hay algo más que está mal en tu vida – Liam.

Mi vida era buena hasta que la alegre calientapollas entró en ella – Edward.

Bien. Entonces te sugiero que lo intentes un par de semanas. Solo no lo irrites – Liam.

~o~

Oh, se estaban riendo.

Con fuerza.

—SOLO NO LO IRRITES —se carcajeó Emmett.

—¿Una alegre calientapollas? —preguntó Bella, divertida.

—Oh, ¡vamos a sobarnos una! —se burló Jasper.

~o~

Gemí cuando Liam sacó otra conversación por mensajes.

La recordaba.

Había estado borracho cuando sucedió esto.

~o~

Tengo un problema – Edward.

Lo sé. Espera, ¿más de uno? – Liam.

Bella no se irá a ninguna parte – Edward.

¿Qué? Amigo, ¿la secuestraste o algo? – Liam.

¡No, maldita sea! Me refiero a que sigue en mi jodida cabeza. ¡Siento algo por ella! – Edward.

Oh. Ese es un problema, sí – Liam.

¿Qué hago? – Edward.

¿Te gusta Jane? – Liam.

No – Edward.

Entonces, ¡deja a Jane! ¡Es jodidamente simple! – Liam.

No, ¡no lo es! Bella no siente lo mismo, y podría terminar con alguien peor que Jane – Edward.

Vaya, eres más tonto de lo que pensé. ¿Te vas a casar con una mujer a la que no amas? – Liam.

Quiero sentar cabeza. Podría funcionar. Siempre y cuando Jane no me exija tener sexo, podría funcionar – Edward.

¿Por qué no debería exigirte tener sexo? Estoy confundido, hombre – Liam.

No se me para – Edward.

Sigo confundido. Asumo que estás hablando de tu polla. ¿No te has estado masturbando durante los últimos dos meses? – Liam.

Sí. Por Bella. No por Jane – Edward.

Espera. Déjame aclarar esto. Puedes masturbarte por la muchachita, pero ¿no puedes levantarla por Jane? – Liam.

Así es. Solo funciona con Bella – Edward.

Este es Edward Cullen, ¿cierto? ¿El tipo con el que fui a la escuela? ¡A ESTUDIAR MEDICINA! – Liam.

Sí, este es él. Mí. Yo. Mi nombre es Edward Cullen – Edward.

Solo me aseguraba. Porque se supone que los doctores son inteligentes – Liam.

¡Entonces ilumíname, cabrón! – Edward.

¡Tu cuerpo está rechazando a Jane, tú puto genio! ¡¿Acaso no es jodidamente obvio que pasa algo malo?! Obviamente no la quieres ni un poquito – Liam.

Sí, comprendí eso esta noche – Edward.

Felicidades. Eso fue sarcasmo, por cierto. Si me hubieras dicho desde el inicio que no podías ponerte duro con Jane, te lo habría dicho desde entonces – Liam.

Buenas noches, Liam – Edward.

~o~

—Santa mierda, en serio tenías problemas —se rio Jasper.

Bella se subió a mi regazo, enterró la cara en el hueco de mi cuello, y… sí, sentí su risa. Apreté sus muslos y… suspiré.

—Lo siento, cielo. —Se sacudió con una risa silenciosa—. Es mi verdad más absoluta cuando digo que no te merecías sentirte tan deprimido, pero… Dios, eras tan denso.

Lo sabía. De verdad que estaba muy jodido en aquel entonces.

—Bien, ¡quiero leer más! —exigió Emmett.

Me escondí detrás de Bella mientras los otros se acercaban a la laptop en la mesa de la cocina de Alice y Jasper.

~o~

Así que finalmente entendiste que no puedes casarte con ella – Liam.

Sí, y ahora necesito tu ayuda para saber cómo terminarlo – Edward.

Qué te parece: Jane, terminamos – Liam.

Le va a dar un puto ataque de berrinches – Edward.

Pues las rupturas no terminan usualmente en abrazos – Liam.

¡No quiero que me abrace! – Edward.

Ahí lo tienes. Dile que ya se acabó y luego ella se volverá loca – Liam.

Me estoy riendo y pensando en dónde esconder los cuchillos – Edward.

Espera, qué te parece esto: Hasta la vista, perra – Liam.

Estás buscando en Google maneras de terminar con alguien, ¿no? – Edward.

Tal vez. También está esta: Regrésame mis llaves – Liam.

Tengo una. Qué te parece esto cuando se vaya a trabajar: Jane, Jane, ¡no regreses! – Edward.

No soy yo, eres tú – Liam.

Si el teléfono no suena, probablemente soy yo – Edward.

La nave nodriza ha aterrizado. Es hora de que regreses a tu planeta – Liam.

Creo que es momento de que lo sepas, Jane. Soy Batman – Edward.

~o~

—¡JAJAJAJAJAJAJAJA! —Esas eran Rose y Alice.

—¡Invaluable! —se burló Emmett.

Bella se estaba sacudiendo otra vez con risa silenciosa.

Besé su frente, al menos podía encontrar algo de humor en mi viejo yo.

Así siguió. Liam enseñaba cada vez más y más y más, y nos quedamos ahí sentados durante horas.

Todo fue muy, muy gracioso.

No, en realidad no.

Pero me recordé que tenía a mi esposa en mi regazo.

Ella me besaba con dulzura.

Cuando se cansó, apoyó la cabeza en mi hombro mientras jugaba con el cabello en la base de mi cuello.

Ella fue el resultado de muchos meses de miseria. Me sentía tan jodido en aquel entonces, pero resultó bien. Al final lo tuve todo. Bella me dio todo lo que siempre había querido… y más. Y ahora, años después, ella seguía aquí, tan enamorada de mí como yo de ella. Así que… al carajo con los mensajes. Eso no importaba. Ella sí. Ella y nuestros seis hijos.

Además, todavía me quedaban unos cuantos secretos.

Solo Jake y yo sabíamos sobre el viaje que habíamos hecho a Seattle, y… que habíamos terminado usando leotardos. Sí.

Y yo era el único que sabía sobre la vez que me corrí en mis pantalones mientras escuchaba a Bella gemir en el comedor.

¿Saben?

Esa mierda no saldría jamás a la luz.

Dentro de todo, la vida era increíblemente buena.

Y al parecer Liam se mudaría aquí.

Era como… un nuevo comienzo. Nada terminaba. Solo continuaba.

—¿Hora de ir a casa, nena? —le murmuré en voz baja al oído.

Asintió adormilada y pronto nos despedimos de los demás.

De camino pasamos por nuestros hijos, y Bella y yo realizamos nuestra rutina de noche como siempre.

Leímos cuentos para dormir.

Cepillamos dientes.

Cambiamos pañales.

Los besamos y abrazamos de buenas noches.

Les dijimos que los amábamos.

Y luego colapsamos completamente exhaustos después de un largo día.

Pero siempre juntos.

—Te amo, Sexward —murmuró sobre mi pecho.

Sonreí en su cabello, inhalándola.

—También te amo, Bella.

—Nooo. —Hizo un puchero—. Se supone que debes decirme Twitch.

—Perdón —me reí en voz baja—. Te amo, Twitch.

La sentí sonreír sobre mi piel.

Esa mierda se sentía bien.

Y la mañana siguiente realizamos nuestra rutina matutina.

Nos aseguramos de que los niños adormilados y quejumbrosos levantaran sus traseritos.

Cambiamos pañales.

Los ayudamos a desayunar.

Empacamos los lonches.

Renée llegó a pasar otro día con los mini-gemelos.

Bella se fue a trabajar mientras yo dejaba a los otros niños en la escuela.

Luego, cuando entré a la clínica, mi esposa ya estaba ahí.

Y ahora no me esperaba ninguna broma de Doctor, doctor.

Ella sonrió.

~Espasmo.

Sonreí.

—¿Qué hay de nuevo, doc? —gorjeó.

Me reí entre dientes con diversión. Esta mujer era tan jodidamente celestial.

Sonriéndole, respondí…

—Oh, te mostraré qué hay de nuevo… Twitch.