Gracias por comentar. En este capítulo todavía no cuento lo que ha pasado, tendréis que esperar, aunque a la velocidad que publico será poco, no os quejaréis.
16 de septiembre
Victoria se tambaleó, exhausta, y una mano firme la sostuvo por el brazo. Ella miró a un lado, apartando con dificultad la mirada del ataúd que la tierra iba cubriendo palada a palada. "Don Alejandro, no esperaba que viniera." dijo Victoria.
"Quería presentar mis últimos respetos y acompañarte en este momento."
Victoria asintió y volvió a mirar la fosa, donde la tierra recién caída ocultó la última esquina del ataúd. "¿Cómo se encuentra Diego? ¿Ha habido alguna mejoría?"
"No, sigue igual, y también estoy preocupado por Felipe. No se separa de su lado, he intentado que se fuera a su habitación a descansar, pero es inútil. Te acompañaré de vuelta e iré a ver al doctor Hernández a ver si puedo convencerlo para que me acompañe otra vez."
Victoria asintió, sabiendo que el doctor diría lo mismo que la última vez y que la anterior, que el agua del mar había dañado los pulmones de Diego, que se habían llenado de líquido y no había nada más que él pudiera hacer.
"No han abierto el ataúd. No me han dejado verlo. ¿Cómo puedo saber que era él?" dijo Victoria en un susurro.
"Yo lo vi, Victoria. No habrías podido reconocerlo de todas formas. Han pasado casi ocho días desde que murió, y el mar, los peces, y las aves carroñeras de la playa lo desfiguraron. Fueron las aves las que hicieron sospechar a un pescador que había un cuerpo en esa playa. Llevaba pantalones negros, sus botas y su cinturón, y ya sabes que su capa estaba en la playa junto a Diego. Era él."
"Pero algo me dice que no ha muerto. No puedo explicarlo, solo lo sé."
"Lo siento, quizá con el tiempo..."
Ella asintió, demasiado cansada como para seguir discutiendo.
"Si te ves con fuerzas también quería pedirte que vengas conmigo. Ya sé que has sufrido un duro golpe, pero Diego sigue luchando, aún hay esperanza para él, y me gustaría que vinieras a visitarlo. Ha preguntado por ti y quizá se anime un poco si te ve."
"Creí que no estaba consciente."
"La mayor parte del tiempo no lo está. Cuando abre los ojos parece confuso y da la sensación de que quiere decir algo, pero apenas podemos descifrar lo que dice. Tu nombre es una de las pocas palabras que hemos podido entender."
"Puedo ayudar a cuidarlo."
"No es necesario, Diego está bien atendido, solo espero que tu presencia le calme un poco, quizá a ti consiga decirte qué es lo que le atormenta."
Victoria cerró los ojos, cansada de llorar. No quería enfrentarse a la posibilidad de perder también a Diego, pero no podía negarse a ir si él la necesitaba. "Está bien, iré a la hacienda, pero tendrá que dejar que ayude. Diego estuvo a mi lado cuando yo estuve herida y quiero hacer lo mismo por él."
"Está bien, puedes sentarte con él un rato, pero no creo que consigas que Felipe se vaya."
"Entonces le haremos compañía juntos."
El doctor accedió ir a la hacienda una vez más, y don Alejandro acompañó al médico y a Victoria a su calesa. El corto viaje transcurrió en silencio, y cuando llegaron Victoria se bajó, pálida, y vomitó junto al muro. Don Alejandro se bajó tras ella y la miró preocupado, ofreciéndole su brazo para que ella se apoyara. "¿Estás enferma?"
"No, solo es cansancio y falta de sueño, creo." dijo ella mientras el médico la observaba con mirada crítica.
El doctor Hernández de nuevo escuchó la respiración de Diego, trabajosa y con murmullos que indicaban congestión.
"No ha mejorado. Recuerden no tumbarlo completamente y traten de seguir dándole líquidos. Que la habitación está ventilada pero sin exponerlo a corrientes de aire."
"Sí, doctor." dijo don Alejandro algo ausente.
"Señorita Escalante. ¿Quiere que hablemos un momento en privado?"
Ella lo miró asustada, pero luego asintió, y ambos se dirigieron a la biblioteca.
"¿Hay algo que me quiera consultar?" preguntó el médico con voz serena.
"En realidad… yo…."
El médico esperó casi un minuto, pero ella no siguió hablando. "¿Cuándo fue su último ciclo femenino?" dijo con suavidad.
Victoria bajó la vista. "Hace más de dos meses."
"Y supongo que ha bebido el agua de remojar los garbanzos (1)" dijo el doctor con tono resignado.
Ella bajó aún más la cabeza y asintió débilmente. "Me revolvió el estómago, pero no me vino el periodo."
"No estoy seguro de que ese método sea muy recomendable, pero parece tener cierta eficacia. ¿Ha notado algo diferente en sus pechos? ¿Los nota más sensibles?"
Victoria volvió a asentir y una lágrima se deslizó por su mejilla.
"Necesita comer regularmente, y dormir toda la noche seguida. Si siente algún dolor o tiene alguna duda no dude en recurrir a mí. Yo no juzgo a mis pacientes."
"Gracias, doctor." dijo ella con voz quebrada.
"¿Lo sabe alguien más?"
"Aún no."
"Quizá esté sobrepasando mi terreno profesional, pero don Alejandro la quiere como a una hija, y estoy seguro de que puede recurrir a él en un momento así."
"Gracias."
Don Alejandro acompañó al médico a la puerta y luego se acercó a la biblioteca. Victoria se había sentado en uno de los sillones y miraba hacia la librería con la vista desenfocada.
"Victoria. ¿Te encuentras bien?"
Ella negó con la cabeza.
"Dios mío, no sé qué más desgracias pueden caer sobre nosotros, pero si puedo ayudarte en algo dímelo."
Ella respiró profundamente y decidió decírselo. "Estoy esperando un hijo."
Don Alejandro se quedó un minuto sin hablar, y luego se acercó a ella despacio, como si temiera asustarla. "No encuentro palabras..." dijo al fin.
"Me iré enseguida." dijo ella avergonzada.
"Ni hablar." respondió él tajante. "Ahora más que nunca debes quedarte aquí. Necesitas descansar después de perder de esta manera al padre de tu hijo."
"¿No quiere que me vaya?"
"Por supuesto que no, estoy aquí para lo que necesites." dijo él. "Diré a Adela que prepare una habitación de invitados." dijo "¿Quieres enviar una nota a tus ayudantes para que se ocupen de la taberna?"
Ella asintió. "Creo que podrán arreglarse sin mí unos días."
Nota:
(1) No sé dónde está el origen de esa prueba de embarazo casera, ni si ya se conocía en la época. Se suele decir que si se ponen garbanzos en remojo toda la noche y se bebe el agua resultante por la mañana, si una mujer tiene un retraso pero no está embarazada la regla bajará en menos de 48 horas. A saber si funciona, pero en todo caso creo que debe ser muy eficaz para provocar nauseas, tanto si hay embarazo como si no.
