Aquí está el segundo capítulo de hoy, especial para impacientes. Que lo disfrutéis. Lo bueno si breve...
17 de septiembre (1)
Victoria se acercó a la habitación de Diego nada más vestirse. Tal y como esperaba, Felipe y don Alejandro estaban allí, aunque Felipe dormía en un sillón y don Alejandro ocupaba la silla junto a la cama, sosteniendo la mano de Diego.
"¿Cómo se encuentra?"
"Sigue igual, aunque en realidad creo que va apagándose poco a poco." Don Alejandro miró a Felipe, que estaba dormido. "Llevo toda la noche pensando en algo." añadió.
Victoria lo miró extrañada, y le animó a continuar.
"Creo que deberíamos decir que el hijo que esperas es de Diego."
Victoria suspiró. "Nadie lo creería."
"Pero si te casas con Diego, legalmente nadie podría discutirlo. Las habladurías no me importan."
"¿Cómo iba a casarme con Diego? Aún no se ha despertado, y cuando lo haga no creo que quiera hacerlo." dijo Victoria tratando de ser razonable.
"Tiene pequeños periodos de consciencia, y creo que eso sería bastante, pero cada vez son menos frecuentes y deberíamos celebrar la boda antes de que no pueda volver a despertar."
"Don Alejandro, no diga eso..."
"No, es inútil negarlo. Conozco al doctor desde que éramos niños. Ha dejado de darme esperanzas, me está preparando para lo peor."
"No lo creo." dijo ella sin querer aceptar esa posibilidad.
"Sé lo que digo, lo he visto otras veces. Rezo porque Diego salga adelante, pero ahora tengo más personas en las que pensar." Alzó la vista hacia ella y la miró con determinación. "Ese bebé y tú sois mi familia, igual que Felipe." dijo, y se giró hacia el muchacho, que estaba dormido en el sillón en una posición incómoda. "No podría desear un nieto mejor. He aprendido de él que no hace falta tener la misma sangre para ser una familia."
Victoria sintió una extraña mezcla de pena y alegría ante esas palabras.
"No quiero perjudicar la reputación de Diego. Él es inocente en este asunto, y no debe cargar con mi bebé." dijo ella.
"Él te quiere a su manera, estoy seguro de que estará de acuerdo si le preguntamos. Si dices que él es el padre criaré a tu hijo como a mi propio nieto. Da igual lo que digan los demás, si es necesario venderé la hacienda y nos iremos a empezar de nuevo a otro sitio."
"No puede hacer eso don Alejandro, esta hacienda era de su padre, y es el trabajo de toda su vida."
"Nada es más importante que vosotros." insistió mirando sucesivamente a Diego, a Felipe y luego a ella. "Por favor, Victoria, piensa en ello."
A Victoria le conmovió la desesperación de don Alejandro. "Tendría que mentir al padre Benítez y no puedo mentirle a un sacerdote." dijo ella. "no puedo." repitió más bajo.
"Solo te pido que lo pienses, pero no te presionaré más. En cualquier caso no sé si Diego será capaz de entenderlo y llevarlo a cabo."
Diego empezó a agitarse y abrió los ojos, brillantes por la fiebre.
"Diego. ¿Puedes oírme?" preguntó don Alejandro esperanzado.
Diego asintió, y susurró una palabra "Victoria."
Don Alejandro se acercó a él para hablarle. "Ella está aquí conmigo, y necesita que la ayudemos."
"Tenemos que casarnos." susurró él.
"¿Lo ves Victoria? Nos ha oído y está de acuerdo."
Victoria lo miraba con los ojos muy abiertos, Diego alzó su mano hacia ella y ella la cogió. Luego la mano de Diego empezó a relajarse otra vez.
