17 de septiembre (2)

Don Alejandro condujo a Victoria al comedor y estuvieron casi en silencio mientras María les servía el café y las tostadas. Cuando se fue la cocinera, don Alejandro se dirigió a ella.

"¿Has pensado en lo que te dije?"

Ella asintió débilmente. "No sé si es buena idea. Diego no sabe lo que dice."

"Tú le conoces, y sabes que siempre está dispuesto a ayudar, no te dejaría sola en esta situación. Si vive, Dios lo quiera, espero que aprendáis a quereros como esposos. Una amistad es un buen comienzo para un matrimonio."

"Precisamente me preocupa que algún día pueda arrepentirse. Él me dijo una vez que amaba a una mujer, pero no me dijo a quién."

Don Alejandro la miró con curiosidad. "¿No tienes una idea de quién pueda ser?"

"No, solo dijo que ella amaba a otro."

"En cualquier caso si después de todo este tiempo él no ha hecho nada al respecto no creo que ese asunto tuviera solución."

"Quizá tenga razón." admitió ella.

"Sé que tu deseo era casarte con el Zorro, y supongo que él te dio su palabra, o no estarías en esta situación." dijo don Alejandro tratando de utilizar un tono amable para que no sonara como un reproche. Ella se sonrojó.

"Me dijo que nos casaríamos algún día, cuando pudiera quitarse la máscara. Incluso me dio un anillo."

"No pretendía juzgaros, creo que lo que pasó entre vosotros era inevitable después de tanto tiempo."

Ella lo miró angustiada. "No crea que fue él quien me perdió el respeto. Fui yo la que..."

"No hace falta que me cuentes nada. Como ya he dicho, no os lo puedo reprochar a ninguno de los dos." don Alejandro la miró compasivo. "Era un gran hombre, y murió ayudando a Diego. Estoy seguro de que querría lo mejor para vosotros. Cuando tu hijo tenga edad para entenderlo podemos decirle la verdad y que se sienta orgulloso de quién fue su padre."

Felipe entró en la habitación e hizo gestos apresuradamente.

"Por favor, más despacio." dijo don Alejandro preocupado.

El chico cogió a don Alejandro de la mano, frustrado, y tiró de él hacia la habitación de Diego. Victoria los siguió. Cuando entraron vieron que Diego estaba aún más pálido, y que al respirar emitía un sonido sibilante, agónico. Don Alejandro salió corriendo en dirección a la puerta y se le oyó gritar que trajeran un caballo.

Victoria y Felipe incorporaron a Diego y lo dejaron casi sentado en la cama. Aquello pareció ayudar muy poco. Esperaron angustiados hasta que don Alejandro volvió con el médico. Tras lavarse las manos en una palangana que le acercó María el doctor se acercó a Diego. Con la expresión muy tensa, escuchó su respiración y se dirigió a don Alejandro.

"Está más congestionado. Creo que es hora de llamar al padre Benítez."

Don Alejandro cerró los ojos al oír esta última frase y asintió despacio. "Gracias por venir doctor. Voy al pueblo a buscar al padre, pero si pudiera quedarse un poco más, aún le necesitamos."

"No puedo hacer nada más por él. Quizá si consigue pasar el día de hoy..."

"Por favor, quédese y le explicaré el motivo cuando traiga al sacerdote."

"Está bien, me quedaré."

Don Alejandro salió de la habitación y Felipe se sentó en la silla junto a Diego. Victoria no sabía qué hacer, así que acompañó al médico a la biblioteca donde esperaron hasta que el padre Benítez entró junto a don Alejandro, llevando una biblia y un libro de oraciones. Se dirigieron a la habitación de Diego. Felipe se levantó para dejar libre el lugar junto a él y se situó en un rincón.

Don Alejandro se acercó a Victoria y la miró suplicante. "Victoria, puede que sea la única oportunidad." le susurró.

Ella miró a Diego y vio que parecía más agitado que antes. Él volvió a llamarla.

"Tiene razón, es lo único que se puede hacer." contestó ella en voz baja a don Alejandro.

Don Alejandro se volvió hacia el sacerdote. "Padre, tiene que casarlos."

El sacerdote se sorprendió y dijo lo primero que se le pasó por la cabeza. "No puedo hacerlo, está inconsciente."

Sin embargo, cuando miraron a Diego él tenía los ojos abiertos y parecía querer decir algo. El padre Benítez acercó un oído a sus labios y él susurró algo que hizo palidecer al otro hombre. Se levantó y miró a Victoria.

"Dice que te dio palabra de matrimonio, que te entregó un anillo."

Victoria los miró desconcertada, porque estaba convencida de que no había mencionado el anillo delante de Diego, pero no podía estar segura. Respondió con un hilo de voz "Es cierto." Sacó el anillo que le había dado el Zorro hacía tantos meses y que ahora siempre llevaba con ella y lo mostró. Don Alejandro contuvo una exclamación y se sentó en el sillón que tenía detrás.

"¿Qué sucede?" preguntó el padre Benítez.

"Es solo que… era el anillo favorito de la madre de Diego. Con él la desposé y hacía mucho tiempo que no lo veía porque me recordaba tanto a ella que decidí dejarlo guardado. No sabía que era el que le había dado a Victoria." respondió don Alejandro visiblemente conmovido.

El sacerdote se volvió hacia el médico, que observaba la escena sin intervenir. "Doctor, ¿cree que está lo bastante lúcido como para recibir el sacramento del matrimonio?"

"Aunque no está en pleno uso de sus facultades creo que entiende lo suficiente como para casarse con ella. Es más, ha susurrado varias veces su nombre mientras yo le atendía. Creo que es su voluntad hacerla su esposa."

"Hay algo que no encaja. Perdónenme, pero es un asunto muy serio. ¿Alguna vez ha expresado este hombre su deseo de casarse con ella ante algún otro testigo?"

Felipe se acercó desde el rincón donde estaba e hizo unos gestos. Señaló a Diego, luego a Victoria y en tercer lugar el anillo.

"Felipe, ¿puedes atestiguar que Diego quiere casarse con ella?" preguntó el padre Benítez muy serio.

Felipe se acercó al sacerdote, cogió la mano en la que tenía la Biblia tirando suavemente para que el libro quedara frente a él y puso la mano izquierda sobre ella. Luego con la mano derecha hizo una cruz sobre su corazón. Sus labios se movieron articulando las palabras "lo juro"

Victoria miró a don Alejandro, luego a Felipe y supo que el día anterior ella tenía razón y que ambos habían dicho la verdad. El cuerpo que habían enterrado no era de el Zorro, el anillo había pertenecido a la esposa de don Alejandro y Diego hacía tiempo que quería casarse con ella.