23 de noviembre (4)

Diego la miró y sonrió débilmente. "Estamos casados."

"Pues sí." dijo ella recordando ese día tan terrible. "Y ojalá hubiera sabido que el anillo era tuyo; ahora no sé si al aceptar la propuesta de tu padre cometí un pecado o no, porque lo que dije no era mentira, pero yo pensaba que sí, y si la intención es lo que cuenta era una mentira espantosa. Tendré que contarle toda la historia al padre Benítez en cuanto pueda a ver qué me dice. Espero que no se enfade como el día que nos casamos, cuando se dio cuenta de que le estábamos ocultando algo. Tuve que decirle que estoy embarazada, y no se creía que fuera tuyo. Menos mal que finalmente nos casó."

La expresión de Diego se entristeció. "Lo siento."

"¿Cómo que lo sientes? ¿Es que no quieres estar casado conmigo?" dijo ella dolida, sin saber cómo interpretar lo que había dicho él.

Él negó con la cabeza, algo agitado. "Siento haber sido débil y haberme aprovechado de ti sin estar casados, no haberte dicho quién era porque me avergonzaba de mi conducta y decidí esperar a cuando supiera cómo poner remedio a la situación. También siento haberte expuesto a las habladurías de los demás, y que no hayas tenido la boda que merecías, con tu familia y amigos a tu lado, un vestido bonito, y flores. Siento no ser mejor marido para ti, pero jamás lamentaré que estemos casados, pase lo que pase." dijo él tratando de apretar su mano y respirando fatigosamente.