17 de septiembre (3)
El sacerdote miró a Felipe, sorprendido por la seguridad y madurez que mostraba el chico.
El doctor sabía que había un argumento que el sacerdote no podría pasar por alto y se dirigió a Victoria. "Señorita Escalante, debe decirle al padre que hay un motivo que hace imprescindible esta boda."
"¿A qué se refiere?" le preguntó el sacerdote.
"Espero un hijo suyo." reconoció ella.
"Todo esto no tiene sentido. ¿Por qué iba Diego a ocultar algo así? No había nada que le impidiera cortejarte y casarse contigo, sobre todo con un hijo en camino. ¿Quieres hacerme creer que tu bebé es suyo y no de...?" Dijo girándose hacia Diego. Entonces vio su mirada, que seguía fija en ella, con una devoción que el padre Benítez solo había visto en un hombre. En ese momento supo cuál era la respuesta a sus preguntas, que Diego había estado ocultando muchas más cosas que su amor por Victoria tras una máscara. El sacerdote lo miró durante unos segundos, suspiró y se volvió hacia ella. Victoria se encogió un poco, esperando reproche en su mirada, pero solo encontró compasión. "Victoria, coge la mano de Diego." dijo el sacerdote guiándola a la silla que estaba junto a él. Luego abrió el libro de oraciones por una página distinta de la marcada. Se acercó a Diego y le dijo. "Hijo mío, es importante. Si deseas casarte con Victoria repite conmigo: yo, Diego te tomo a ti, Victoria..."
Diego comenzó a hablar, y no hizo falta que el sacerdote le guiara en los votos matrimoniales, porque los recitó pausadamente sin un solo error, como si los hubiera ensayado muchas veces. Luego fue el turno de Victoria, que leyó el libro sin poder impedir las lágrimas al pronunciar la última parte "hasta que la muerte nos separe". El sacerdote los declaró marido y mujer y fue ella misma la que se puso el anillo en el dedo por indicación del padre.
"Voy a darle la extrema unción, pero necesito saber si ha cometido algún pecado realmente grave." se volvió hacia don Alejandro. "Lo primero de todo. ¿Alguien puede decirme de quién era el cuerpo que enterramos ayer?"
Don Alejandro fue a hablar, pero Felipe tocó el hombro del sacerdote e hizo unas señas. Don Alejandro las interpretó.
"Era uno de los hombres que secuestraron a Diego."
"¿Tú viste lo que pasó?" preguntó el padre a Felipe.
Felipe asintió.
"¿Lo mató él para hacerlo pasar por el Zorro?" dijo el sacerdote señalando a Diego.
Felipe negó con la cabeza. Don Alejandro de nuevo tradujo sus gestos, aunque con cierta dificultad. "Dice que ese hombre atacó a el Zorro y en el forcejeo ambos cayeron por el acantilado. Diego quería fingir que el Zorro había muerto ahogado, y tenía planeado cambiarse de ropa y dejar la capa en el agua para que la encontraran, pero no pudo salir por sus propios medios. Tras sacar a Diego del agua Felipe se acercó y se dio cuenta de que ese hombre estaba muerto, le puso las botas negras y el cinturón, le quitó la camisa para que no supieran que era roja, y luego lo empujó hacia el mar. Iba a ir a pedir ayuda cuando oyó que varios hombres se acercaban a la playa guiados por Tornado, así que huyó en el caballo del bandido."
"Eso tiene sentido. Él nunca quiso matar, ni siquiera a los criminales." dijo el padre Benítez mirando a Diego. Se acercó a él y le aplicó aceite en la frente recitando las palabras rituales. La expresión de Diego se relajó y pareció respirar con un poco menos de dificultad.
Nota: Como podréis observar, el detalle de las relaciones prematrimoniales con Victoria no le ha parecido tan grave al sacerdote después de todo. Estará acostumbrado a que pasen estas cosas.
