23 de noviembre (5)
"Eres el mejor marido que podría tener. Lo supe cuando te oí recitar los votos, sin que nadie te recordara lo que tenías que decir." le dijo Victoria sin poder contener las lágrimas. "Cuando enterramos a ese hombre creyendo que era el Zorro yo no podía creer que realmente fuera él. Me sentí fría y vacía, pero cuando te vi tan enfermo y dijiste mi nombre supe que no podría soportar perderte a ti también, que eras mucho más real que un hombre al que veía unos momentos y luego desaparecía de mi vida. Recé por que vivieras y tuviéramos una oportunidad de aprender a querernos, como sugirió tu padre. Luego supe que habías sido tú todo el tiempo, a mi lado de una forma o de otra, sin exigirme nunca nada, solo esperando a poder cumplir tu promesa."
Él acarició su mano. "No me sorprende que pudiera decir los votos de memoria, los había repetido en mi cabeza muchas veces, era todo en lo que podía pensar mientras estaba perdido."
Victoria se pasó la mano por las mejillas, tratando de serenarse. "Te estoy cansando demasiado. Voy a traerte algo de comer, necesitas recuperar fuerzas, y apenas has estado comiendo algo de caldo y purés de carne y verduras muy aguados. Ahora mismo vuelvo."
Victoria se levantó de la cama en la que se había sentado para atender a Diego y corrió a la cocina. La cocinera se dio cuenta de que había estado llorando, y por un momento temió lo peor, pero Victoria habló con entusiasmo: "¡María! Diego está despierto. ¿Tienes algo que pueda comer? El doctor Hernández dijo que si despertaba le diéramos algo suave, que no le haga daño, como si fuera un niño pequeño."
"¡Gracias a Dios! ¡Qué alegría señora! Justo estaba preparando guiso de pollo para intentar que comiera algo. Ahora no tendré que convertirlo en puré. Le llevo un plato enseguida."
"Vuelvo con él."
"Por supuesto, yo voy en cuanto lo sirva."
Victoria se sentó a su lado, y le ayudó a incorporarse para que pudiera comer. Un momento después María llamó a la puerta y entró con una bandeja. Victoria se acercó a cogerla y la mujer miró a Diego sonriente. "Don Diego, cómo me alegro de verlo despierto."
"Gracias, María." respondió él con una sonrisa cálida.
"Ahora tiene que comer, que se ha quedado en los huesos. Menudo susto nos ha dado."
"Haré lo que pueda." rió él.
Ella lo miró un momento más y salió de la habitación.
"¿Siempre te regaña?" preguntó Victoria.
"Es su manera de decirme que se preocupa por mí." respondió él.
Diego comió casi todo el guiso, aunque le estaba costando mantenerse despierto. Victoria tuvo que ayudarlo, porque él no era capaz de mantener sujeta la cuchara sin que le temblara la mano.
"No te angusties, llevas dos meses sin moverte y comiendo muy poco. Estoy segura de que recuperarás las fuerzas enseguida."
Diego asintió, y notó que se le cerraban los ojos. Victoria le ayudó a volver a tumbarse.
"Ahora tienes que dormir un rato. Cuando despiertes estaré aquí contigo."
Diego empezó a ser consciente de los ruidos que le rodeaban, una voz predominaba sobre los demás sonidos.
"Sólo quiero pasar a verlo un momento." oyó susurrar a su padre.
"Tiene que descansar." respondió Victoria tratando de bajar la voz y consiguiéndolo solo a medias.
"¿Estás segura de que se encontraba bien? ¿Pudiste razonar con él?"
"Estaba cansado, y al principio algo confuso, pero luego sí, estaba lúcido."
Diego abrió los ojos despacio, y vio a su padre en la puerta de la habitación, junto a Victoria. Trató de incorporarse, y ellos se dieron cuenta.
"Espera, Diego, te ayudaré." dijo ella volviendo a abrazarlo para incorporarlo en la cama. Esta vez fue don Alejandro el que le colocó almohadas en la espalda, con una precisión que indicaba que ambos habían estado colaborando durante todo ese tiempo.
"Gracias." dijo Diego.
"Siento haberte despertado." dijo don Alejandro ante la mirada severa de Victoria.
"Llevaba ya un rato oyendo los ruidos de la casa, no estaba dormido profundamente." contestó Diego.
"¿Cómo te sientes?"
"Débil, cansado… y feliz de saber que estoy casado con Victoria." dijo él cogiendo la mano de su esposa.
"Gracias a Dios que la fiebre no ha afectado a tu mente. Temíamos que no podrías despertar, o que no fueras el mismo si lo hacías."
