19 de septiembre

Victoria volvió a poner la mano sobre la frente de Diego.

"Está ardiendo." susurró. En ese momento Felipe entró llevando una palangana con agua y unos trapos colgados del brazo.

"Vamos a quitarle la camisa para poder ponerle paños también sobre el pecho."

Felipe asintió y mantuvo a Diego sentado en la cama mientras Victoria le quitaba las mangas de la camisa.

Cada poco tiempo alguno de ellos quitaba uno de los paños, lo escurría y lo volvía a mojar con agua de la palangana. Don Alejandro entró en la habitación.

"¿Sigue con fiebre alta?"

"Sí, aunque parece que ya no sube más."

"El doctor vendrá esta tarde, pero me ha dicho que se le ha acabado la corteza de sauce."

Felipe alzó la vista e hizo unos gestos.

"¿Tú sabes dónde coger más?"

Felipe asintió y se dirigió a la puerta. Don Alejandro lo cogió del brazo.

"Por favor, ten cuidado." le dijo. Felipe asintió y salió.

Victoria miró a don Alejandro con una sonrisa débil.

"No podría soportar que le pasara algo a él también."

"Por supuesto, don Alejandro, siéntese un momento con Diego mientras voy a la cocina a por agua fresca."

"Victoria, llámame Alejandro. Ahora somos familia de verdad, como yo siempre quise."

"¿Siempre lo quiso?"

"Desde luego que sí, pero no me atrevía a decir nada porque pensé que era imposible."

"Pues si algo que parecía imposible se hizo realidad, todavía hay esperanza." dijo ella mirando a Diego.

El doctor llegó cuando Felipe ya había vuelto y estaba moliendo corteza de sauce en un mortero que había traído de la cueva cuando los demás estaban ocupados. El médico reconoció la corteza y se acercó a la mesa.

"¿De dónde la has sacado?"

Felipe hizo unos gestos y el médico miró a don Alejandro.

"Dice algo acerca de la cañada del arroyo."

"Quizá más tarde me pueda dar más detalles. Ahora lo importante es reconocer a Diego."

Se acercó a él y le quitó los paños húmedos para acercar el oído a su pecho. Luego le pellizcó un brazo para ver cómo reaccionaba su piel.

"La congestión ha bajado algo, pero me preocupa mucho la fiebre. Si es muy alta su cerebro podría dañarse, tendrán que hacer turnos toda la noche para controlar su temperatura. Además está ligeramente deshidratado."

"Es difícil que beba agua, le cuesta mucho tragar."

Durante unos momentos el médico estuvo en silencio tomándole el pulso.

"Es increíble que haya mejorado, pero aún no está fuera de peligro, hay que bajarle la fiebre y darle suficientes líquidos. Deben darle pequeños sorbos, recuerde que debe beber al menos tres vasos al día, aunque se los tengan que dar cucharada a cucharada. Recuerden no tumbarlo completamente, y si sospechan que puede vomitar colóquenlo de lado."

Lo incorporaron mientras Victoria iba a la cocina para volver con un vaso de agua y una cuchara, se sentó a su lado y comenzó la tarea de darle pequeñas cantidades, asegurándose de que las pudiera tragar.