22 de septiembre.
"Hoy parece que la fiebre no es tan alta." dijo Victoria a don Alejandro cuando entró en la habitación de Diego.
"Al fin una buena noticia, aunque sea pequeña." dijo él.
Felipe se acercó y le puso un paño sobre la cara, tapándole la frente, los ojos y parte de las mejillas y dejando al descubierto la parte inferior de su rostro. Victoria lo miró y suspiró. "Cada día me pregunto cómo pude no darme cuenta."
Don Alejandro iba a preguntar a qué se refería, pero al seguir su mirada vio exactamente lo que quería decir. "Sí, ahora que lo sabemos es muy fácil ver su rostro bajo la máscara, pero entonces estábamos ciegos."
"Quizá no quisimos verlo. Tendríamos que habernos enfrentado al hecho de que arriesgaba su vida cada vez que se ponía esas ropas."
"Quizá tengas razón, pero ahora me pregunto cómo empezó todo." Se volvió hacia Felipe. "Tú lo sabes ¿No? ¿Nos lo podrías contar?"
Felipe negó con la cabeza.
"Nos gustaría mucho que lo compartieras con nosotros." añadió Victoria.
Felipe hizo unos gestos señalando a Diego a continuación.
"Dice que le corresponde a él contárnoslo." dijo don Alejandro, y se levantó para acercarse a él. "Felipe, creo que tengo derecho a saber qué ha estado pasando bajo mi propio techo." dijo frustrado.
Felipe lo miró, obstinado y volvió a señalar a Diego. Don Alejandro iba a decirle algo, pero Victoria decidió intervenir.
"Quizá tenga razón, Alejandro, deberíamos esperar a que Diego nos lo pueda contar él mismo." dijo con suavidad, tratando de relajar la tensión en el ambiente.
Don Alejandro se tapó los ojos con la mano, agotado, y suspiró. "De acuerdo, esperaremos."
