23 de noviembre (9)
Don Alejandro aún quería seguir preguntando cosas. "Estuve pensando acerca de dónde podías esconder las posesiones de el Zorro, y Victoria me habló de una cueva, he estado intentando encontrar la salida que construyó tu abuelo, pero no consigo accionar el mecanismo de la chimenea. Creo que sigue atascado."
Diego negó con la cabeza. "No está atascado, pero cuando se abrió por accidente un día que el alcalde estuvo aquí decidí añadir un segundo mecanismo, de manera que el panel de la chimenea solo se abre si se accionan dos palancas a la vez, una con la mano y otra con el pie."
Don Alejandro sonrió. "Eso es astuto, supongo que es propio de ti."
Algo más tarde Diego comió un poco más y estuvo dormitando alrededor de media hora, aunque el resto del tiempo pidió que lo incorporaran en la cama, para poder mover brazos y piernas tratando de empezar a desentumecerse. Ya había anochecido cuando alguien llamó a la puerta de la habitación que ahora compartía con Victoria.
"Adelante." dijo él con la voz ya más firme.
Felipe entró por la puerta. Parecía mayor, con las espaldas más anchas debido a las semanas que llevaba trabajando en el rancho, y la piel curtida por el sol. Victoria lo saludó y salió de la habitación para que pudieran hablar a solas.
"Por favor, acércate." dijo Diego. El muchacho lo hizo, aunque con timidez.
"Mírame, por favor. ¿Estás muy enfadado conmigo?"
Felipe hizo unas señas, y Diego negó con la cabeza.
"¿Eso es lo que crees? No estoy de acuerdo, fue mi plan, y si era un plan estúpido y salió mal fue culpa mía, no tuya."
El muchacho volvió a gesticular, desesperado.
"No tenías forma de detenerme, soy mayor que tú y mucho más cabezota."
Felipe sonrió, aunque entre lágrimas y negó con la cabeza.
"Bueno, sí, ya me ha contado mi padre, podemos dejarlo en igual de cabezota." admitió Diego, y luego tiró del brazo del chico con las escasas fuerzas que tenía para darle un abrazo.
Felipe se separó pronto, con la vergüenza típica de un adolescente. "Gracias, Felipe. ¿Fuiste tú el que me sacó del agua?" el chico asintió, haciendo señas alrededor de su cintura y luego alejando su mano de ella.
"¿Te ataste a la orilla con una cuerda?"
Él negó con la cabeza e hizo un gesto que resultaba inconfundible.
"Te ataste a la silla de Tornado y él tiró de nosotros."
Esta vez la respuesta de Felipe fue afirmativa.
"¿También le quitaste la camisa a aquel hombre y le pusiste el cinturón y las botas?"
Felipe volvió a asentir.
"Convenciste a todos de que el Zorro había muerto. Te debo mi vida más de una vez."
El chico se frotó el cuello, algo avergonzado.
"Perdóname Felipe."
Felipe negó con la cabeza, indicando algo por señas.
"No estoy de acuerdo con eso, te robé parte de tu infancia y tu juventud, peleando en una lucha que no te correspondía. Yo soy responsable de ti, y no al revés, así que necesito que me perdones."
Felipe asintió con la cabeza de mala gana.
"Y ahora vas a dejar de trabajar en el rancho como un loco, vas a retomar tus estudios, y lo primero de todo vas a ir a tomar un baño y a cambiarte de ropa, porque hueles a choto."
Felipe rió y gesticuló.
"Se te ha atrofiado el sentido del olfato de pasar tanto tiempo entre el ganado. Creeme, hueles fatal.¿Llevas dos meses sin bañarte?" y ante más gestos de Felipe añadió. "Olegario y Juanjo también tienen el olfato atrofiado. María nunca los deja entrar en la casa, ni siquiera para cargar la leña de la cocina, y como no te bañes es capaz de echarte de aquí a ti también."
Felipe accedió finalmente.
"Tienes que decirme si sabes dónde está Tornado. Mi padre dice que creen haberlo visto en las colinas."
Felipe asintió, y le dio a entender que lo había dejado libre.
"¿Entonces sí que está en las colinas?"
Por los gestos de Felipe Diego supo que así era, pero que no había permitido que nadie se le acercara. También le contó que se acercaba por las mañanas temprano y así él se ocupaba de que estuviera bien.
"Me alegro de que hayas estado cuidando de él. Y desde luego, esoy de acuerdo en eso que dices, Tornado sin jinete corre más que cualquier otro caballo, y es demasiado listo como para que consigan acorralarlo. En cuanto me recupere tendremos que decidir si dejarlo libre definitivamente o capturarlo con algún truco ingenioso." dijo guiñándole un ojo a Felipe, que esta vez sonrió con más sinceridad.
Felipe salió de la habitación y poco después Victoria volvió a entrar.
"Felipe le ha preguntado a María si había agua caliente para darse un baño y María ha empezado a encomendarse a los santos y a decir que el hecho de que te hayas despertado nos ha traído toda clase de bendiciones. Luego le ha dicho que en cuanto acabe de bañarse le va a cortar el pelo, y Felipe no parecía muy contento, la verdad."
Diego se rió, pero luego volvió a ponerse serio. "Me gustaría saber qué ha estado pasando en el pueblo mientras he estado inconsciente."
"Al principio estábamos todos desconcertados, sin saber si el Zorro estaba vivo o muerto. El alcalde sospechaba algún truco, y envió hombres a patrullar. Cuando apareció el cuerpo en la playa ya no pudo seguir diciendo que el Zorro se escondía, y días después declaró que estaba muerto, apropiándose de la recompensa por su captura. Creo que hubo algunas protestas, pero para entonces yo ya estaba aquí contigo."
Victoria se sentó junto a Diego, que la miraba con atención. "Más tarde llegaron unos hombres con aspecto de bandidos diciendo que ellos eran los responsables de la muerte de el Zorro, y reclamaron la recompensa. El alcalde les hizo frente, y ellos atacaron a los soldados. Los atacantes resultaron muertos, y dos hombres resultaron heridos, uno de ellos el alcalde que recibió una bala en el brazo izquierdo. El doctor Hernández consiguió salvarle el brazo, pero casi no puede moverlo. Por desgracia el soldado Estrada murió dos días después debido a sus heridas"
"Era un buen muchacho, recuerdo haberle enseñado a leer."
"Sí que lo era. Su madre estaba desconsolada. Mientras el alcalde estuvo convaleciente le pidieron a tu padre que se ocupara de llevar la guarnición. Fue difícil convencerlo, porque no quería separarse de tu lado, pero al final accedió y consiguió poner orden. No le gustaron algunos de los nuevos forasteros que comenzaron a llegar al pueblo, y finalmente decidió armar y entrenar a los hombres del rancho, para que pudiéramos defendernos si alguien nos atacaba."
"¿Ha habido algún problema?"
"Se han producido algunos robos de ganado, pero nada serio. Felipe ha estado ayudando a tu padre a organizar a los hombres en patrullas, y los ladrones parece que se han dado cuenta de que es más fácil robar en otros ranchos, así que algunos de los vecinos no han tenido tanta suerte. Al menos dos de esos cuatreros han muerto, pero entre la gente del pueblo sólo se ha producido alguna herida sin importancia."
Diego no pudo reprimir un bostezo. "Es hora de que durmamos." dijo Victoria al verlo, y empezó a quitarse la ropa, ante el asombro de Diego.
"¿Por qué me miras así? Soy tu esposa y llevo mes y medio cambiándome de ropa aquí."
"Ya, pero yo estaba inconsciente y es la primera vez que lo veo."
"No es la primera vez que me ves desnuda, eso es lo que nos metió en problemas."
"No es verdad, no te quitabas toda la ropa, si te hubiera visto desnuda me acordaría, era más... ir apartando lo que estorbaba."
"Sí... o rompiéndolo, como aquella vez en mi dormitorio." dijo ella haciendo memoria.
"Lo siento. No debería haber ido allí a hablar contigo. No fue buena idea, la cama resultó demasiado tentadora."
"Tampoco es que nos fuera mejor cuando intentamos evitar la tentación quedándonos en la sala."
"Supongo que la mesa de la cocina era más resistente. ¿Qué le dijiste a las chicas por la mañana?"
"Que me tropecé con la mesa cuando volvía de cerrar la puerta porque estaba distraída, y que debía estar carcomida por cómo se rompió."
Victoria siguió desvistiéndose. "Puede que tengas razón y no me hayas visto desnuda hasta ahora, pero el caso es que no pienso irme a otro sitio, así que acostúmbrate a la idea."
"No me estaba quejando, el problema es que ahora mismo no puedo hacer nada al respecto."
Victoria se puso un camisón y se metió bajo las sábanas. "Yo duermo en este lado." dijo acurrucandose junto a Diego tras apagar la vela que había sobre la mesilla.
"He soñado con esto." dijo él abrazándola. "También con tus manos, y tu voz. Esos sueños me trajeron de vuelta a tu lado."
Nota: La historia original se acababa aquí, pero la he continuado unos capítulos más porque me quedan cosas por contar.
