Este capítulo es el resultado de preguntarle a mi marido qué cree que haría don Alejandro. Muchas de las escenas de este personaje me las sugiere él, creo que por eso me imagino a don Alejandro descendiente de aragoneses.
17 de enero.
Diego aprovechó un luminoso día de invierno para pintar un paisaje. Estaba concentrado dando volumen a unas nubes cuando oyó pasos tras él.
"Buenos días Diego."
"Buenos días padre." respondió él sin volverse a mirar.
"¿Cómo te encuentras hoy?"
"Bien, gracias." dijo mientras aplicaba un poco de gris sobre la forma redondeada.
"Estupendo, justo lo que quería oír." dijo don Alejandro alegremente. Diego oyó un ruido metálico y se volvió a mirar. Sobre la mesa del patio delantero había dos espadas.
"¿Qué significa esto?" preguntó Diego.
"Que quiero practicar esgrima. Llevo meses esperando, y Victoria ha ido al pueblo con Gertru, así que no podrá impedirlo."
"No sé si es buena idea."
"Durante años pensé que no estabas interesado en el combate, y me resigné a tener un hijo con el que no poder compartir estas cosas, pero resulta que eres el mejor espadachín de Nueva España."
Diego miró las espadas, tratando de resistir la tentación. "Aún no he recuperado completamente la fuerza en los brazos."
"Estupendo, eso significa que quizá consiga defenderme durante al menos cinco minutos antes de que me humilles." dijo don Alejandro sonriente.
Diego pensó durante unos momentos. "Propongo que vayamos al valle que hay detrás de la cueva. Allí es mucho más difícil que ella nos encuentre."
"¿Quién, María?"
"No, Victoria."
"¿Le tienes miedo a una mujer?"
"Solo a la mía."
"Parece que vas desarrollando el sentido común."
Diego se encogió de hombros. Don Alejandro se volvió hacia él, entusiasmado.
"¿Por qué no vamos a caballo en lugar de ir por la cueva? Cuando terminemos el combate podríamos hacer una carrera hasta el Barranco del Diablo. Quizá Dulcinea consiga mantener el ritmo de Tornado durante una legua."
"Victoria me va a matar." dijo Diego con convicción, pero sin descartar el plan.
"Diremos que ha sido idea mía."
"Y lo ha sido."
Ambos empezaron a caminar hacia los establos cuando Diego se paró en seco.
"¿Qué pasa ahora?"
"Espérame un momento." dijo Diego dando la vuelta hacia la casa.
"¿Dónde vas?"
"A buscar a Felipe, seguro que se apunta."
"Claro, buena idea."
