XI.
Al principio fue tan solo un murmullo lejano.
InuYasha despertó del sueño en el que se había sumido y sus orejas se movieron en busca de aquello que lo había alertado en un movimiento automático.
Los primeros segundos costó, pero pronto su cabeza se despejó y pudo descubrir de lo que se trataba: eran pisadas. Muchas.
Y se acercaban a la cabaña.
Su cuerpo se irguió instintivamente e, intentando no hacer ruido para no despertar a Kagome que estaba dormida a su vera, corrió hacia la estela que hacía las veces de puerta. La retiró y su vista desarrollada logró captar las luces que se acercaban por el camino hacia donde estaban ellos.
Eran aldeanos.
Una horda enfurecida de humanos venía hacia ellos y, si su vista no le fallaba, estaban armados con herramientas del campo hasta los dientes.
—Joder…— susurró incapaz de creerse lo que estaba contemplando.
¿Por qué estaban viniendo a ellos? ¿Qué es lo que iban a hacer? ¿Qué querían…?
Imposible… ¿Iban a matarlo?
—¡Asesino! ¡Asesino! ¡Coged a la bestia! — los escuchó bramar aún en la lejanía.
Sintió su cuerpo paralizarse, los músculos parecían haberse convertido en piedra, mientras su mente luchaba por despertar de aquella pesadilla. Había sufrido abuso, acoso e incluso violencia por parte del mundo, pero jamás había llegado a ese nivel en el que la aldea entera buscaba su cabeza. En el que lo buscaban para matarlo.
¿Por qué él?
¿Por qué?
¿Qué había hecho más que vivir su vida para llegar a esto?
—¡Hay que capturar a la bestia! ¡Ese demonio no puede quedar con vida! ¡Asesino!
—¿Yasha…?
Esa frágil y dulce voz, ese murmullo trémulo y somnoliento, despertó al medio demonio del letargo en el que se encontraba. Rápidamente se irguió y desvió la atención hacia su pequeña, quién se encontraba mirándolo todavía con la bruma del sueño cubriendo su mirada castaña como un velo.
Y todo pensamiento racional desapareció de su cabeza, todos salvo uno:
«Ella no.»
Entonces, como si las cadenas que lo habían tenido inmovilizado se hubieran soltado, liberándolo, pudo volver a tener control de su cuerpo. Sus pulmones volvieron a llenarse de aire, su corazón palpitó con fuerza en el pecho.
«Ella no.»
—Pequeña, debes levantarte— susurró con urgencia mientras se acercaba a ella y la instaba a moverse.
—¿Qué? ¿Qué hora es? Pero si todavía es de noche…— sus palabras destilaban sorpresa e inquietud mientras hacía caso a sus palabras, a pesar de todo— ¿Qué está pasando, Yasha?
—Debemos irnos de aquí rápido— le explicó escuetamente. Debería cambiarse, ponerse alguna ropa de abrigo, pero cada vez los escuchaba más cerca y no quería que tuvieran ninguna oportunidad— Toma, ponte esto. Amárratelo bien.
—S-sí— balbuceó ella cada vez más despierta. Cogió la parte de arriba rojiza de la ropa de él y pasó sus manos por las mangas, aunque esta le quedara enorme.
Mientras, InuYasha se apresuró a coger todo el dinero y las pocas pertenencias que pudieran llevarse encima, pues llevar más carga de la cuenta podía ser crucial para su… supervivencia…
—¿Ya estás? — le preguntó cuando vio el bulto tembloroso y escarlata en el que se había convertido. Sin perder ni un instante, llegó hasta ella y la acunó entre sus brazos. Sus pulmones volvieron a funcionar con normalidad cuando sintió los finos brazos de ella rodeando su cuello, su calor y aroma embriagando sus sentidos— Ahora, pequeña, vas a cerrar los ojos y prometerme que pase lo que pase, no los abrirás hasta que yo te diga, ¿vale? Escuches lo que escuches, permanecerás quieta y en silencio, ¿entendido, Kagome?
Kagome no recordaba la última vez que la había llamado por su nombre.
Un sollozo amenazó por escapar de su garganta.
—Tengo miedo, Yasha…
—Tranquila, jamás dejaré que te pase algo, lo sabes. ¿Me darás tu palabra, entonces?
Ni siquiera se lo pensó. Confiaba en él ciegamente.
—Sí.
—Cierra los ojos…
Ella lo hizo. Sus brazos se aferraron con fuerza al cuello de él mientras escondía el rostro en el hueco e intentó centrarse en el fuerte palpitar de su corazón, en ese arullo familiar y constante que siempre conseguía tranquilizarla.
Pero hubo un sonido que lo acallaba. Sí, ella lo oyó cuando creyó que habían salido de la cabaña.
Eran voces, voces gritando, chillando y bramando.
Para Kagome todo fue un caos.
El viento rápidamente ondeó su cabello y la chica supo que InuYasha había echado a correr. Por primera vez en su vida, no sintió la sensación de libertad y agitación que siempre la embargaba cuando volaba en sus brazos.
Porque, aunque no quisiera, ese coro de voces había penetrado en su mente. Sus palabras -dagas crueles y punzantes- se habían incrustado en el pecho de la niña hasta hacerlo sangrar.
Porque podía ser pequeña, pero no tonta. Y ella no tardó en darse cuenta de lo que estaba ocurriendo: estaban huyendo. Huían de su hogar, del lugar donde la había visto crecer, donde guardaba los recuerdos de su madre.
Y una parte de ella sabía que jamás volverían allí.
«¡A por el asesino! ¡Matemos al asesino! ¡Acabó con la Izayoi y vas a hacer lo mismo con la niña! ¡No podemos permitir llegue a la aldea!»
Gotas de lluvias empezaron a caer en ese momento y, corriendo sin mirar atrás, InuYasha agradeció el que ocurriera porque con ello sus propias lágrimas quedaron cubiertas por las gotas de lluvias que los acompañó en aquella furtiva y desdichada fuga.
Palabras: 905.
Y con este capítulo llegamos al final de la primera parte de esta historia...
Me siento muy feliz y orgullosa ante el recibimiento que está teniendo el fic. Me encantan todos y cada uno de los reviews, favs y follows que está teniendo y no puedo más emocionarme. Todo esto es gracias a vosotros, queridos lectores.
Ahora, la parejita debe huir... ¿Qué creéis que pasará en la segunda parte? Venga, va, os doy un adelanto: aparecerá un personaje que conocemos mucho y junto con algunos más... que no tanto jejeje
¡Nos vemos en el próximo capítulo!
PD: ¿Cuáles han sido vuestros capítulos favoritos de esta primera parte? Si se me permite decirlo, los míos son el V (sus primeros pasitos, aw), el VIII (Kagome refunfuñando e indignada me encanta y más si es por su Yasha) y el XI (no sabéis lo mal que lo he pasado escribiéndolo :c)
