Nota de la autora: aunque he leído cosas mucho más picantes en esta página, he clasificado este capítulo como M, es decir para adultos. Si eres menor de edad no lo leas, y si te ofende leer acerca de sexo pues mejor tampoco, o si te quejas, al menos que tenga gracia.
20 9 de julio
Victoria discutía consigo misma en su habitación. La taberna estaba vacía y cerrada para pasar la noche.
Esto es una tontería, y ni siquiera sé si vendrá. dijo para sí misma, pero a pesar de todo se desvistió y se puso una falda y una blusa en lugar de su camisón. El tacto de la tela sobre su cuerpo desnudo le resultaba un poco extraño, a pesar de que era la cuarta o la quinta vez que lo hacía.
Bueno, aunque venga no tengo por qué hacer lo que me dijo Gertru. Al fin y al cabo no sé si estoy preparada para entregarme a él por primera vez encima de una mesa. Quizá parecía buena idea después de aquellas botellas de vino, pero ahora no estoy tan segura. murmuró Victoria sonrojándose a pesar de que estaba sola. Recordó cómo hacía unos días había visitado a Gertru, su madrina, que vivía en Santa Paula y la que visitaba con frecuencia desde niña. Gertru era modista, y fue la que más la ayudó cuando tuvo que hacerse cargo de la taberna. Con los años se hicieron amigas a pesar de la diferencia de edad. Era su única confidente, la única que sabía que el Zorro le había prometido que se casarían algún día, y le había acabado confesando que estaba empezando a perder la esperanza de poder casarse con el Zorro alguna vez, sobre todo después de que Manuela, la hija de uno de los hacendados le dijera que quizá el Zorro no estaba tan interesado en ella y que debía tener otras tres o cuatro novias por ahí, porque si no ya habría encontrado la manera de cumplir su promesa. Gertru le había puesto un vaso de vino, y después de beberse una botella entera entre las dos, Gertru acabó diciendo que Manuela era un chismosa y una envidiosa, y que si quería saber si realmente el Zorro se sentía atraído por ella había formas de comprobarlo, formas que describió con cada vez más detalle a medida que se tomaban la segunda botella.
Oyó un ruido en la planta inferior y se asomó con cautela, porque no podía saber si era el hombre al que esperaba o alguien que se hubiera colado, y no estaba vestida como para recibir otras visitas.
Vio a el Zorro al pie de la escalera, con una rosa roja en la mano.
"Buenas noches, preciosa." dijo él. "siento venir tan tarde y no haberte visitado en casi dos semanas." añadió con una sonrisa seductora.
Ella bajó las escaleras tratando de contener sus nervios y no tropezarse. Solo faltaba que me cayera y me rompiera la crisma.
Tratando de aparentar normalidad cogió la rosa y la olió. "Gracias, Zorro." dijo con voz un poco aguda.
"¿Te encuentras bien Victoria?"
"Claro, estoy bien." contestó ella yendo hacia la barra para coger una botella de cuello alto donde poner la rosa. Gertru le había dicho que caminara contoneando las caderas, incluso habían ensayado las dos entre ataques de risa, pero solo de pensarlo se sentía muy ridícula, así que no lo hizo.
Atravesó la cortina para entrar en la cocina, echó agua en la botella y puso la rosa en una estantería. El Zorro también había entrado y se encontraba junto a la puerta. Ella iba a acercarse a él, pero Gertru le había dicho que dejara una mesa justo a su espalda, así que le hizo señas para que se acercara. Él obedeció su gesto sin sospechar nada. Ella siguió recordando los consejos de Gertru. Los guantes son la primera barrera, evitan el contacto con tu piel. Si quieres que pase algo interesante tendrás que quitárselos.
Victoria había imaginado esta escena en su cabeza al menos una docena de veces, así que ofreció su mano derecha a el Zorro para que se la besara. Él cogió su mano menuda entre las suyas más grandes y se la acercó a los labios, entonces ella con su mano izquierda le quitó un guante, escondiéndolo detrás de su espalda.
"¿Qué haces?" dijo él con un brillo de interés en los ojos.
"He cogido un prisionero. Tendrás que pagar un rescate."
"¿Y qué es lo que quieres a cambio de su libertad?" dijo él sonriendo.
"Un beso." dijo ella encogiéndose de hombros.
"No necesitas tomar prisioneros para eso." dijo él besándola.
Ella era consciente de las manos de él alrededor de su cintura, y por un momento no pudo pensar en nada más, pero luego se acordó de su conversación con Gertru y comenzó a acariciar el cuello de el Zorro, que continuó besándola con más fervor.
Era hora de pasar al segundo consejo: una vez que le hayas quitado por lo menos un guante guía su mano debajo de tu blusa, a tu cintura. El contacto con tu piel le animará a seguir. Sin dejar de acariciar el cuello de el Zorro con la mano derecha, deslizó su mano izquierda a lo largo del brazo de el Zorro hasta acariciar su mano, y entonces la guió primero hacia abajo, y luego de nuevo hacia arriba, debajo de su blusa. Al notar la piel suave de su espalda, el Zorro se separó de ella y la miró un poco alarmado.
"¿Qué haces?" preguntó acalorado.
Victoria tuvo que contener una sonrisa de triunfo. "Solo quiero sentir tus manos en mi espalda, sin esos guantes que siempre nos separan." dijo ella tratando de sonar inocente. Entonces cogió la mano izquierda de él y también le quitó el guante.
"No debemos…" empezó a decir él, pero ella volvió a besarlo y consiguió que se distrajera. Unos segundos después notó que la mano izquierda de el Zorro también se introducía por debajo de su blusa.
Si él ya te está besando y acariciando tu espalda es hora de aumentar las apuestas. Siéntate sobre la mesa y atráelo hacia ti pasando tus manos por detrás de su cuello y tirando de él. Recordando lo que le había dicho Gertru, Victoria puso sus manos a ambos lados, sobre la mesa, y se impulsó ligeramente para quedar sentada sobre la superficie de madera. El Zorro se sobresaltó un poco, separándose inmediatamente, pero ella le pasó las manos por los hombros, las situó detrás de su cuello y tiró de él para seguir besándolo.
Victoria tuvo que esforzarse para recordar el siguiente paso. Si él todavía sigue ahí y no ha salido corriendo despavorido es que tiene tantas ganas como tú de continuar, puede que realmente sea tan caballeroso como dices, y que tengas que seguir convenciéndolo para que haga avances. En ese caso no estará completamente pegado a ti, así que sin que se dé cuenta baja una de tus manos y empieza a tirar de tu falda para situarla por encima de tus rodillas.
Después de subirse la falda Victoria se sentía tan acalorada que estaba convencida de que estaba roja como un tomate. ¿Qué venía a continuación. Vaya, creo que ese era el paso anterior. Bueno, no creo que el orden sea tan importante. Pensó. Cogió la mano izquierda de el Zorro que estaba en su cintura y la subió hasta situarla justo debajo de su pecho derecho. Él gimió un poco, pero ella continuó besándolo y acariciando su cuello. La mano de él moviéndose cautelosamente hacia arriba le recordó que se suponía que ella también tenía que estar tocándole a él en la misma zona, así que con los dedos de su mano derecha buscó la parte superior de su camisa negra y comenzó a jugar con el primer botón, acariciando su oreja con la otra mano y haciéndole jadear ligeramente. Con el dedo pulgar, índice y medio consiguió desabrocharle un botón, aunque tardó algo más de lo que pensaba. Animada por su éxito siguió desabrochando botones y acariciando su pecho mientras notaba que el pulgar de él empezaba a rozar uno de sus pezones.
El Zorro apartó la mano y se separó de ella para mirarla a los ojos un momento; ella temió que escapara.
"Victoria, tenemos que parar ahora mismo, yo..."
Pero ella no se paró a escuchar lo que decía él, siguiendo el consejo de Gertru, que le había advertido que no lo hiciera si no estaba segura de que quería adelantar sus votos matrimoniales, pasó su pierna derecha entre el borde de la mesa y él para estar justo frente a él en lugar de ligeramente de lado, estiró ambas piernas y las pasó por detrás de las de él, cerrándolas alrededor de su cadera. Al hacer ésto ella notó cómo se deslizaba hacia el borde de la mesa, mientras que él perdió momentáneamente el equilibrio y cayó hacia ella provocando que sus pelvis entraran en contacto.
Victoria se encontró casi acostada sobre la mesa, con sus piernas alrededor de el Zorro, que tenía la mano izquierda sobre su pecho, la mano derecha sobre la mesa y expresión de pánico en sus ojos. Se incorporó un poco, haciendo que él se irguiera con ella, cogió la mano derecha de el Zorro y la colocó sobre su muslo desnudo, luego acercó sus labios al cuello de él y susurró en su oído "Quiero ser tuya", sabiendo lo que significaba la forma abultada que presionaba entre sus piernas. Mientras él trataba de procesar lo que acababa de oír, ella llegó al último punto de la lista: desabrocharle el cinturón y los pantalones.
Tendría que ser un santo para no tomarte ahí mismo. Había dicho Gertru. Tal y como habían previsto, el Zorro no era un santo después de todo.
Notas:
Si te has leído mi fanfic más loco, "Victoria Desatada" me refería a esto cuando dije que por poco le hace un hombre encima de la mesa de la cocina, exceptuando que esta vez él no se le escapa con una excusa.
La moraleja es que igual no es buena idea seguir los consejos que te da tu amiga a las 2 de la mañana después de un par de botellas de vino peleón.
La segunda moraleja es que los hombres son fáciles, sobre todo cuando están desprevenidos.
Hasta el próximo fanfic. Los comentarios son enormemente apreciados por una servidora.
