XVI.
—¿La perla de Shikon?
Kagome echó a un lado la rama de un árbol para poder pasar y jadeó cuando tuvo que saltar por encima de una roca para no torcerse un tobillo.
—¿No habías escuchado nunca de ella?
—No.
«Y si lo hubiera hecho tampoco es que hubiera podido acordarme.»
—Papá nos ha contado esa historia desde siempre— le echó una rápida mirada por encima del hombro— ¿Quieres oírla?
—¡Me encantaría!
Sango se detuvo en una raíz que sobresalía de la tierra y, con un movimiento de mano, la instó a que se sentara a su lado.
—La esfera de las cuatro almas, o Perla de Shikon, fue creada durante una batalla entre la sacerdotisa Midoriko y unos demonios poderosos. Tras una larga lucha, ella reunió las almas de todos los demonios que se encontraban en el momento y los purificó, sellando a todos en la pureza de su corazón. Sin embargo, después de siete días y siete noches de lucha, Midoriko se dio cuenta de que no podría destruir a todos los demonios y antes de ser devorada por las fauces del monstruo que combatía, utilizó las últimas energías que quedaban en ella para matar a ambos y crear de esta manera la perla de Shikon, que emergió de su pecho.
—Vaya…—susurró Kagome, dándole vueltas a la historia que había oído.
En su interior, sentía un sentimiento extraño asentando en su estómago. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué se sentía así? ¿Tendría algo que ver con su pasado? ¿Y si en realidad si había oído hablar antes de ella?
—¿Y dónde se encuentra ahora la perla?
—Esa historia se remonta a miles de años atrás— mientras hablaba, Sango cogió una rama partida que había en el suelo y empezó a moverla entre los dedos de una mano, intentando que no se le cayera— En todo ese tiempo, muchas veces se le llegó a perder el rastro durante décadas, pero, hace unos 7 años o así, mi abuelo la descubrió dentro de un ciempiés.
—¿Entonces está aquí, en la aldea?
Sango sacudió la cabeza, sin perder la concentración.
—No. Mi abuelo, antes de morir, decidió que lo mejor sería entregársela a una poderosa sacerdotisa para que la purificara y la custodiara. Sacerdotisa Kikyo, creo que se llama.
—Kikyo…— repitió inconscientemente mientras admiraba la agilidad de las manos de su amiga— ¿Pero para qué sirve? ¿Por qué tienen tanto deseo de conseguirla los demonios?
—Porque puede concebir cualquier deseo que tú le pidas. Ya sea uno bueno o uno… malvado.
No supo por qué, pero Kagome sintió un estremecimiento recorrerle de arriba abajo. Escondió la mirada en el suelo, sin ver nada realmente.
—Cualquier deseo, dices… Yo… Bueno, yo… ¿podría pedirle recuperar la memoria?
Nunca había expresado en voz alta su situación, nunca quiso sacar el tema, y supo bien por qué no se había atrevido antes. Sintió un tirón en el pecho, fuerte, demandante. Recuérdame, le ordenaba una y otra vez una voz en su cabeza. ¿Cómo pudiste olvidarme? Debes acordarte.
«Quiero recordarte, quiero hacerlo, pero no puedo. ¿Quién eres? ¿Qué eres para mí?»
La mano de Sango rozó la suya y Kagome despertó de su ensoñación. Sus miradas se encontraron y fue capaz de captar el brillo de tristeza y lástima en su mirada. Se obligó a sonreír.
—Ah, qué tonterías estoy diciendo— Kagome se levantó en un movimiento fluido y cruzando las manos detrás de su espalda, miró a Sango, balanceando su peso de un pie a otro— He estado pensando lo que me dijo Hina el otro día. Y creo que voy a hablar con tu padre.
Algo chispeó en la mirada castaña de su amiga, quién se incorporó, dejando el palo olvidado. Aunque las palabras de antes le habían llegado bien hondo, decidió seguirle el rollo y cambiar de tema, notaba que su amiga lo necesitaba.
—¿Lo dices en serio?
Los labios de Kagome se curvaron suavemente y se encogieron de hombros.
—Hina dijo que era sorprendentemente buena para no haberlo hecho nunca— dio como explicación— Bueno, o eso es lo que creo…— su ceño se pobló de arrugas momentáneamente— En fin, eso. Pienso hablar con tu padre esta tarde y decirle que sí, que oficialmente quiero convertirme en una exterminadora, como tú, como tu hermano, ser una más de vosotros.
Sintió un pequeño retortijón en el estómago, pero decidió no hacerle caso. Ya no. Después de tanto tiempo dándole vueltas, intentando encontrar algún hilo del que poder estirar para recordar, llegó a la conclusión de que no podía quedarse estancada en el pasado. Estaba cansada de ese limbo en el que se encontraba, sin saber muy bien a dónde tirar. Era hora de pensar en el futuro -en su futuro- y no quería seguir sintiéndose como una carga para Sango y su familia. Le encantaba la emoción que sentía cada vez que cogía un arco, cada vez que tensaba las cuerdas o guiñaba el ojo para apuntar con precisión.
—Entrenaremos juntas— sonrió Sango ampliamente— y, algún día, lucharemos codo con codo.
Sango había encontrado en Kagome esa hermana que siempre había deseado. Y los sentimientos de la azabache no distaban mucho de su amiga.
—Bueno, todavía me queda mucho para ponerme a tu nivel— se acercó a la castaña y levantó una mano— Pero lo conseguiré, estoy segura.
Sango correspondió el agarre con fuerzas antes de atraerla a sus brazos.
El bosque y los pájaros que piaban una alegre melodía fueron los únicos testigos del sonido de sus risas.
O eso fue lo que creyeron ellas.
Palabras: 940
¡Hoy doble publicación porque os lo merecéis por los maravillosos reviews que me enviáis y que me sacan una sonrisa! Además, así no lo hago tan pesado pues os aviso desde ya que pasarán unos capítulos sin que tengamos noticias de nuestro medio demonio (o, al menos, eso pensamos...); prometo que no son muchos, de verdad. Aquí, por ejemplo, tenéis una pista importante, así que estad atentos a este capítulo.
¡Muchas gracias a todos y cada uno de vuestros comentarios!
PD: que sepáis que escribiéndola voy terminando la tercera parte y me encuentro ahora mismo empezando el capítulo 42 así que tendréis de estos chicos para un laaaargo tiempo. ¡Espero que os anime la noticia!
