XXVI.

—¿Estás cansada?

Kagome sonrió, sacudiendo la cabeza.

—¿Queda mucho?

—A este ritmo, menos de medio día, creo. Ya queda poco.

—Entonces puedo aguantar— asintió con determinación— Quiero llegar cuanto antes. Ellos se merecen…— calló e InuYasha advirtió el dolor en su mirada. Sintiendo algo en él revolverse, se detuvo haciendo que ella también tuviera que hacerlo para no chocarse. Sintió sus vellos ponerse de punta cuando una de las manos de él le acunó el rostro, esa caricia que llevaba tanto tiempo extrañando y parecía aligerar un poco el peso que cargaba en su corazón— ¿Qué pasa, InuYasha? — había genuina confusión en su voz.

—Lo siento mucho, pequeña— le acarició teniendo cuidado de sus garras— Yo debería… Debería haber estado ahí para…

—InuYasha, no. Ya lo hemos hablado. Sé por qué lo hiciste y no te lo reprocho— sacudió la cabeza con firmeza— No podías haber hecho nada.

No quería que él cargara con una culpa que no le correspondía. Habían tenido tiempo para hablar largo y tendido sobre lo que había pasado, como ella se había sentido, cómo él lo había afrontado, y había descubierto que InuYasha, en un absurdo de deseo de protección, se había alejado de ella pensando que podría obtener así la vida humana que ella tanto "necesitaba". Se había enfadado mucho, muchísimo por ello, porque hubiera elegido sin consultárselo, pero también había sabido ver el por qué detrás de esa decisión y como se sentía InuYasha al respecto.

«Jamás vuelvas a hacer algo así, ¿me oyes?» había espetado ella, con una dureza en su mirada que distaba mucho de la suavidad casi infantil de sus facciones; su pequeña estaba ya en ese umbral que todavía no era una mujer, pero hacía tiempo que había dejado de ser una niña, y él recientemente se estaba dando cuenta de ello. «Que sea la última vez que decides por mí y… que piensas que estoy mejor sin ti, porque, aunque no te recordaba, yo sentía como si una parte de mí hubiera muerto contigo.» Las lágrimas se habían deslizado por sus mejillas y él había sentido como una parte de él se reducía a cenizas, era incapaz de verla llorar, de que sufriera por su culpa; entonces Kagome lo había rodeado con sus bracitos con fuerzas y había escondido el rostro en su pecho, en su refugio de toda la vida. «Eres un idiota, Yasha. Pero eres mi idiota. No volveremos a separarnos nunca.»

Y el medio demonio había sentido como su corazón explotaba en mil pedazos para después recomponerse, volar a dónde estaba ella y acomodarse en el lugar que le correspondía; con ella, siempre fue ella.

Ahora estaban prosiguiendo el camino hacia la aldea donde había ido Sango con los demás («¡Ya verás! ¡Estoy segura qué te caerá genial! ¡Quiero a Sango igual que si fuera mi hermana!») y ella estaba temiendo el momento. Odiaría ser ella la que llevara tan devastadoras noticias, imágenes que siempre se le clavarían en el corazón, pero ellos no merecía otra cosa. Sango había estado a su lado en sus peores momentos y ella no podía ser menos. Además, se sentía muy culpable por no haber podido salvar a Kohaku, a quién lo veía casi como un hermano pequeño. Lo mínimo que podía hacer sería llevarle ella misma la noticia y que no se enterasen por terceros.

—Venga, vamos— susurró, saliendo de sus pensamientos y le salió solo darle un beso en la mejilla al medio demonio; una pequeña sonrisa se formó en sus labios cuando advirtió en rubor en sus mejillas ante el gesto—O nos atrasaremos más.

Continuaron el camino, deteniéndose para comer algo, y se sentaron en unas pequeñas rocas que bordeaban el camino que estaban siguiendo. Estaba Kagome contándole una anécdota de Sango, Kohaku y ella en el río con una sonrisa nostálgica cuando escucharon pasos acercarse. Por la tirantez en el cuerpo del medio demonio, supo que se trataban de humano. Unos pocos de jornaleros para ser exactos.

Gracias a los árboles, estaban bien resguardados, pero conforme se iban acercando las voces se hicieron más claras e InuYasha estuvo todo el tiempo vigilándolos con la mirada, como si en cualquier momento fueran a usar sus instrumentos del campo en contra de ellos. Kagome, incluso, sintió una mano rodearle la cadera y supo que había sido en un acto inconsciente.

—¿Os habéis enterado? — estaba diciendo uno de ellos, ajenos completamente a la existencia de ellos—El demonio ha conseguido vencer una vez más.

Kagome sintió como el mundo se tambaleaba bajo sus pies. No, no, no estaba escuchando eso…

No, otra vez no…

—¿Pero sigue con vida?

—No, no, consiguieron matarlo en el último momento…—respondió, sus voces perdiéndose en la distancia— pero no sobrevivió nadie, todos los exterminadores fueron derrotados.

Nadie.

Nadie.

Palabras: 797


Y aquí tenéis la segunda actualización del día.

Queda un capítulo y esta segunda parte finalizará. ¿Qué creéis que pasará?