Parte 3:
For a thousand years
XXVIII.
—Entonces… ¿quieres jabalí para cenar?— musitó Kagome, colocando la flecha en su arco y guiñando el ojo para poder apuntar mejor.
Escuchó a InuYasha reír a su espalda y se lo imaginó en su habitual postura de pasota, con ambas manos tras la cabeza y mirándola con una ceja arqueada.
—Si puedes darle.
La duda en su voz, aunque Kagome sabía que era fingida y solo lo hacía para picarla, surgió efecto y dejó de apuntar para mirarlo con el ceño fruncido. La sonrisa de él creció
—Soy capaz de hacerlo, y te digo más— lo señaló, indignada—: puedo darles a los dos. Primero a uno, y antes de que escape su compañero, le daré al otro. ¿Quieres apostarte algo?
El desafío cruzó la mirada del medio demonio, quién sonrió ladinamente, dejando expuesto sus colmillos. Kagome sintió el corazón bombearle con fuerzas y sabía que no era precisamente por el reto; estaba segura de que lo conseguiría.
—Hecho— se cruzó de brazos— Tienes buena puntería pero todavía te falta rapidez a la hora de apuntar.
Kagome entrecerró los ojos y farfulló algo sobre "lo rápido que terminaría clavándolo en un árbol si quisiera", que fue escuchado por él, supo, al ver como su sonrisa crecía considerablemente. Las arrugas en su entrecejo aumentaron, pero no se rebajó a replicarle nada, sino que, lo más dignamente que pudo, se dio la vuelta y apuntó a los dos jabalíes que estaban bebiendo en el río. No pensaba matarlos por pura codicia o deseo de superarse, sino que le vendría bien esa carne extra para venderla en la aldea más cercana. El poco dinero que tenían -que tampoco es que necesitasen mucho- se les estaba acabando ya.
Su alrededor pareció desparecer de la mente de la muchacha, quién se centró en las presas que estaban frente a ella. Controló el ritmo de su respiración, el latido de su corazón, y, entonces, soltó la flecha, directa al cuello del animal. Con el graznido de la presa de fondo, Kagome sacó otra flecha del carcaj y tensó la cuerda. Dos segundos después, otra saeta cruzaba el aire, clavándose justo en el otro animal.
—¿Qué decías? — alardeó la joven, alzando en mentón con altivez.
La sonrisa de él, un claro reflejo de ese orgullo, la dejó momentáneamente sin respiración. Y sus ojos… ¿cómo podían decir tanto y a la vez parecer tan enigmáticos?
—Cada día me sorprendes más, no hay ninguna duda— claudicó él, no si mostrar una fingida molestia— Estoy endeudado contigo.
La curvatura de ella se amplió.
—Con que me prometas que nunca te vas a ir de mi lado, ya me doy por satisfecha.
Lo que en apariencia era un comentario inofensivo e incluso diría que divertido, InuYasha llegó a encontrar un resquicio de dolor en su tono y mirada. Aunque había pasado unos meses desde que se volvieron a reencontrar y su pequeña había sanado, todavía había una pequeña culpa y tristeza que pesaba sobre ella, un manto que InuYasha sabía que, intentara lo que intentase, jamás se iría del todo.
—En ese caso— comentó, acercándose a ella, intentando apartar los pensamientos que seguramente estaría teniendo de su cabeza—, tendré que apostar más veces contigo, porque eso no supone ningún esfuerzo para mí.
Esa sonrisa tan bonita volvió a instalarse en los labios de ella, dejándolo momentáneamente descolocado, y tan solo tuvo tiempo a abrir los brazos antes de que ella se tirara a él para darle un merecido beso en la mejilla. Kagome sintió su corazón latir acaloradamente cuando sus labios se posaron en la cálida piel de él.
—No he dicho nada— replicó cuando separó y la diversión cruzó su mirada— Ese no es tu pago. Por burlarte pienso ponértelo muuuucho más difícil. Déjame pensármelo bien, ¿vale?
—Intenta que sea antes de que nos hagamos viejos, entonces— se burló él.
—Ya verás— exclamó, entrecerrando los ojos y alejándose de sus brazos, antes de darle la espalda y acercarse al río donde estaban las presas— Te vas a enterar, InuYasha. Me suplicarás clemencia, te lo aseguro.
El medio demonio la observó marcharse con una pequeña sonrisa en sus labios y, tiempo después, advirtió que se había llevado la mano a la mejilla que ella había besado. Esta cosquilleaba como si todavía pudiera sentir el contacto, la suavidad y dulzura de sus labios.
Jamás se acostumbraría a su pequeña, a su espontaneidad y ternura; a ese pequeño ser de luz que alumbraba sus días y noches, incansablemente.
—¡Vamos, que se nos hace tarde! — gritó Kagome a lo lejos— ¡No creas que te voy a dejar escaquearte del trabajo, perezoso, que tenemos mucho que hacer y pronto se hará de noche!
InuYasha puso los ojos en blanco, pero se apresuró a moverse.
Cada día, su pequeña iba creciendo… y, para bien o para mala, se estaba pareciendo mucho a su querida y añorada madre.
Palabras: 810.
Puntos a tratar en esta nota:
1. ¡Bienvenido a esta tercera parte! Ahora, nos adentramos a un arco lleno de drama, amor, secretos, reencuentros, tristeza y alegría... ¿Qué creéis que pasara? Aquí os dejo un capítulo de transición para que os vayáis a acomodando, porque en el siguiente os aseguro que viene lo fuerte. ¿Qué será?~ jejejeje
2. Siento muchísimo por la tardanza. La universidad me está matando y esto de que las clases y exámenes sean online muchísimo más. Pero no os preocupéis, que la historia no la pienso dejar sin concluir. Aun tarde, pienso llegar al final con ellos, os lo merecéis después de estar aguantándome durante tanto tiempo.
3. No sabéis lo que me estoy divirtiendo y lo que me está costando adoptar mi trama al anime (que es por donde voy escribiendo), y creo que es, en parte, culpa de ese bloqueo que haya tardado más en actualizar. Así que, para no sentir tanta presión, a partir de ahora (y hasta nuevo aviso, es decir, hasta que termine de escribirla), habrá dos publicaciones a la semana. ¿Os parece bien el trato?
4. ¡Muchísimas gracias a todos los reviews y los que habéis estado (y estáis) ahí, apoyándome con la historia!
5. (Último, pero no menos importante) ¡Este capítulo va dedicado a arual17, Aida Koizumi y Shanny-Skoll98! Y también para anónimo por ahí que no puedo mencionar porque no tiene nombre :( Supongo que sabréis por qué, ¿eh?
¡Nos vemos en el siguiente capítulo!
