XXXVI.
Pasaron tres días antes de que tuviera lugar el esperado reencuentro.
Para Kagome, llegar a aquella aldea fue como volver a un hogar perdido después de estar demasiado tiempo dando vueltas sin parar, perdida en un extenso desierto, sin un lugar dónde refugiarte. Había algo en el aire, en los aldeanos que tan bien la habían tratado, en la sonrisa tierna de Kaede, que le hacía recordar a una época en la que vivía junto a su madre e InuYasha; el mundo era solamente ellos y Kagome era capaz de cualquier cosa.
En la aldea de exterminadores, aunque allí había conocido personas que jamás olvidaría, la habían mirado como si fuera una paria, alguien de quién debían deshacerse, y el simple hecho de poder pasear por allí y saludar, charlar tranquilar o sonreír a los aldeanos que se encontraban como si fueran viejos amigos…
Ahora entendía por qué a InuYasha le había gustado aquel lugar.
Sin embargo, y era un asunto que no dejaba de rondarle por la cabeza, Kikyo todavía no había vuelto de uno de sus viajes por la comarca para ayudar a quienes requerían de su servicio.
E InuYasha estaba más inquieto que de costumbre. Y ella lo notaba, pero callaba, sin saber qué cosa podía decirle para no dejar al descubierto aquellos sentimientos extraños que parecían estar inundándola.
Al tercer día, cuando anunció Kaede que su hermana regresaría, InuYasha había desaparecido esa mañana a hacer no-sabía-el-qué, puesto que ni siquiera se lo había dicho, y Kagome se sintió más indignada y dolida que nunca. Vale que no quisiera hablar de Kikyo, ¿pero desde cuándo él se marchaba de su lado sin decirle nada? ¿A dónde se había ido? ¿Cuándo pensaba volver? ¡Mínimo pedía un «nos vemos luego»!
—¿Vienes conmigo al bosque? — preguntó Kaede, tiempo después, viéndola sentada al frente de la cabaña que compartía con su hermana -y donde se habían quedado los tres a dormir- prácticamente echando humo— Tengo que ir a recolectar unas plantas.
Ella aceptó, desganada, y juntas emprendieron el camino en silencio.
—InuYasha nunca nos habló de ti— murmuró en algún momento la niña con la mirada perdida.
Kagome le echó una ojeada sorprendida por su comentario y rápidamente la dejó en el suelo, intentando esconder el dolor y la resignación para que no la pillara. InuYasha, quedándose allí, había intentado pasar página. Lo había hecho pensando en ella, en que estaría mejor con los exterminadores, así que tenía sentido que intentara olvidarla… pero… aun así…. la herida escocía tanto…
—¿Cómo lo conociste? — siguió Kaede, ajena a sus cavilaciones mentales.
—Desde que era una cría— se obligó a espabilarse sacudiendo la cabeza— InuYasha es… —«todo para mi»— como un hermano para mí. Su madre nos crio juntos.
—Vaya… ¿y por qué os separasteis? — Kagome la miró con los ojos ligeramente abiertos y Kaede sonrió, disculpándose— Perdón, no debí preguntar eso. Mi hermana siempre dice que debo controlar estos impulsos para no incomodar a la gente. Ignora mi pregunta.
—No, bueno… es solo que… me ha sorprendido— terminó por decir antes de explicarle a grandes rasgos el ataque y su estancia en la aldea de exterminadores— Un día hicieron arder la aldea— murmuró con el nudo de su garganta prácticamente impidiéndole hablar— e InuYasha… simplemente apareció.
Kaede, quién una vez habían llegado al lugar se había inclinado para coger las plantas y guardarlas en un canasto, alzó la cabeza y sus ojos se encontraron con los de la muchacha.
—Un día, InuYasha… simplemente desapareció— respondió en un murmullo, escogiendo con intención esas mismas palabras.
—Me dijo que había sentido que estaba en peligro y por eso fue a buscarme— asintió Kagome, parpadeando con rapidez para retener las lágrimas que se impulsaban por salir.
Kaede no dijo nada, pero después suspiró y se echó hacia atrás mientras tenía las rodillas clavadas el suelo y jugó con una ramita que tenía en sus manos. Parecía estar dándole vueltas a algo importante.
—Hace unos meses, InuYasha le propuso a mi hermana ir a ver una isla que aparecía una vez cada cincuenta años. Ella aceptó, por supuesto, y allí… él le dio un regalo. Ella también tenía uno, pero no pudo dárselo, porque cuando estaban volviendo, en la orilla, InuYasha de pronto se puso muy tenso y echó a correr sin mirar a atrás. Mi hermana se sintió muy confundida y herida. Y creímos que nunca volveríamos a verlo. InuYasha… lo quisimos como si fuera parte de nuestra familia, así que no encontramos explicación para su repentina marcha. Pero fuiste tú— murmuró y, al contrario de sus palabras, le sonreía con simpatía— Me alegra que después de todo haya vuelto y te haya traído con él. Me caes muy bien y quiero ser tu amiga.
A Kagome le costó encontrar su voz después de todo lo que ella le había dicho. Finalmente, tragó saliva y terminó asintiendo.
—Yo también me alegro de estar aquí— fue todo lo que pudo decir.
Kaede reanudó su trabajo y Kagome tuvo que sentarse en un tronco caído, pues sentía que, repentinamente, las piernas no eran capaz de sostenerla.
—¿Qué fue lo que le regalo? — fue lo primero que dijo cuando, tiempo después, abrió la boca.
—Una ostra con maquillaje, creo.
«Le regaló la ostra de mamá, uno de los pocos recuerdos que tenemos de ella».
Se acabaron sus dudas y tonterías, su ceguera y sus preguntas sin respuestas. Ahora todo estaba más que claro.
Si InuYasha le había regalado algo de Izayoi a una mujer… solo podía significa que había dejado de ser suyo desde hacía mucho tiempo.
·
Kagome nunca supo cómo fue el reencuentro porque esa tarde aparecieron Kikyo e InuYasha juntos en la aldea. Se notaban que habían estado hablando por la tensión en el rostro de InuYasha y la frialdad en los ojos de la sacerdotisa.
A pesar de ello, esta les dejó seguir durmiendo en la cabaña con ellas.
Y no dejó de observar en ningún momento por el rabillo del ojo al medio demonio.
Palabras: 999.
Y aquí les dejo lo que sería la "segunda parte" de esos dos años que estuvieron separados. Leyendo vuestros comentarios me di cuenta de que no había especificado lo que pasaba exactamente, el grado de profundidad entre ellos, aunque yo si sabía que ocurría el momento de los regalos (algunos se habrán dado cuenta de la similitud con la historia y las licencias que me he tomado jiji), por eso pensé escribirlo aunque en estos momentos voy mucho más adelante en la linea argumental. Aviso que todavía no hemos llegado a la mitad de esta tercera parte, así que relajense que todavía no vienen las verdaderas curvas (dios, soy malvada, lo sé, pero no puedo evitarlo)
En fin, muchísimas gracias a todos por vuestro apoyo y espero que os esté gustando la historia y el ritmo que está tomando, que con tanto cariño estoy escribiendo. ¡Os adoro a todos!
Pd: para le siguiente capítulo alguien abrirá los ojos pero... ¿quién y por qué? Dedicaré el capítulo a quién lo adivine :p
