XLI.

—No— susurró Kagome sintiendo el pánico ascender por su garganta— No. No. ¡Kaede!

Pero la pequeña no estaba.

—¡Quédense aquí, iré a buscarla rápidamente! — ordenó a los viejos y niños que se habían reunido, nuevamente, en la cueva después de un ataque de demonios. Pero esta vez no estaban todos. Kaede faltaba y Kagome tenía miedo de que le hubiera pasado algo— ¡Volveré enseguida! — gritó echando a correr entre la maleza.

Las ramas y hojas le golpeaban el cuerpo, arañándola, golpeándola, pero no le importaba. Su única preocupación era encontrar a Kaede. Apenas tenía aire cuando llegó a la aldea y, por un segundo, se quedó quieta, sin saber qué hacer, donde mirar. Decenas de demonios atacaban por todas partes y había cabañas destruidas por todas partes. El recuerdo de otra aldea, otro ataque, la atravesó por completo, pero rápidamente se repuso. Debía centrarse. Kaede la necesitaba.

Esta vez no iba a fallarle.

Sabía, desde lo más profundo de ella, que no podría levantar cabeza una vez más.

Kagome cargó el arco cuando uno de los demonios rata llegó hacia ella y lo mató con facilidad. Una segunda flecha impactó contra otro, salvando así a uno de los jornaleros que estaba por allí, defendiéndose con su hacha. Corría entre las casas, buscando a la niña, mientras iba matando y ayudando a quién tuviera por delante, buscando la cabaña de ellas, pensando que allí podría estar.

Pero el lugar estaba vacío. Y Kaede no aparecía.

Intentó no dejarse llevar por el pánico y pensar con frialdad. ¿En qué otro lugar podría estar?

—¡KAGOME!

De pronto, la mencionada se vio volando justo antes de oír un fuerte golpe proveniente del lugar donde se había detenido. No tuvo tiempo a asustarse, porque el inconfundible aroma del medio demonio penetró por sus fosas nasales.

—¡¿Se puede saber qué mierda haces aquí?! — le gruñó una vez aterrizó en el tejado de la casa. La furia y el miedo reinaba en el semblante del medio demonio y Kagome tan solo quiso abrazarlo para siempre, pero había otras cosas muchísimo más importantes ahora mismo.

—¡Es Kaede! ¡No estaba allí! ¡Y no la encuentro! — había histeria en su voz.

InuYasha soltó un exabrupto por lo bajo.

—Ni se te ocurra separarte de mí— espetó, saltando hacia el suelo y dejándola sobre sus pies.

—¡Descuida, sé cuidar de mí misma! — exclamó, lanzándole una flecha a otro de los demonios que se acercaba a ellos.

A InuYasha no le gustaba ni un pelo que Kagome se pusiera en peligro, pero sabía que Kaede apenas había aprendido a defenderse por sí misma y cualquier ayuda que pudiera haber para encontrarla sería muy buena. Sabía que esa cría era muy importante para Kikyo y Kagome, incluso él mismo le había llegado a coger cariño… Pero eso no significaba que no estaría pendiente de cada suspiro que diera la joven y que a la menor señal de peligro, la sacaría de allí y la ataría a un árbol si hiciera falta mientras él se encargaba de todo.

Continuaron con la lucha y el medio demonio se sorprendió por lo diestra que era Kagome en la batalla, no solo con su arco, sino también haciendo uso de la espada corta que le colgaba la cinto -un regalo de parte de Sango- y no pudo evitar sentirse orgulloso por lo mucho que estaba cambiando su pequeña.

—¡InuYasha!

El mencionado se giró ante el llamado y se encontró con una mujer de pelo azabache y una fiera mirada; una que mutó a sorpresa por un momento cuando descubrió a Kagome unos pasos detrás de él.

—¡Kikyo, por fin llegas!

—¡Kaede! — se metió Kagome en la conversación— ¡Ha desaparecido! ¡No está con los demás!

Los ojos de la sacerdotisa se abrieron por el horror, pero rápidamente se recompuso con ese rostro certero e imperturbable que siempre tenía; Kikyo sabía que dejarse llevarse por los sentimientos era lo peor que podía hacer.

Casi habían acabado con los demonios en la aldea mientras la buscaban cuando oyeron un chillido a lejos. Un chillido que sabían a quién pertenecía.

Kikyo no se lo pensó dos veces cuando echó a correr hacia el lugar de dónde provenía el sonido y Kagome estuvo a punto de hacer lo mismo, pero uno de los pocos demonios que quedaban vivos se colocó delante de ella.

Reconoció el segundo exacto en el que InuYasha estuvo dispuesto a correr en su ayuda.

—¡Ve con ella! — gritó, fintando ya al demonio— ¡Yo puedo con esto perfectamente! ¡Tú ve a ayudarlas!

InuYasha masculló algo por lo bajo y Kagome supo que estaba dividido. Las dos mujeres más importantes de su vida estaban en peligro y quería proteger a ambas. Kagome hacía tiempo que había asumido su papel en la historia y, aunque le dolía como si le clavasen mil cuchillas en el corazón, se consolaba diciendo que una parte del corazón de InuYasha le pertenecía a ella, solamente a ella, y eso jamás podrían quitárselo.

—¡Estaré bien! ¡Ayuda a Kaede! — le insistió e intentó demostrárselo con su mirada, con la curvatura de su labio, la confianza en su voz.

—Como te pase algo, te juro que yo mismo acabaré contigo— terminó gruñendo el medio demonio entre dientes.

Kagome rio mientras le hacía un buen tajo en el costado a su contrincante.

Pero a sonrisa murió en sus labios en el momento que InuYasha se dio la vuelta y se marchó corriendo.

En busca de la mujer que le había robado el corazón.

Palabras: 914


Dos cosas:

La primera: sé que muchas me habéis estado preguntando por un punto de vista de InuYasha, lo que él piensa en estos momentos. Os traigo una buena noticia: en el próximo se desvelarán un poco las dudas que está ocasionando nuestro medio demonio favorito. ¿Qué creéis que pensará? ¡Quedan tres capítulos para el final de esta parte! ¿Están nerviosos? Porque yo sí, jiji

Y segundo [lo siento, permitidme que haga un poco de autospam]: he publicado el primer capítulo de otra historia, ¿por qué no vais a echarle un vistazo y le dais amor? Si todo va bien, iré publicando cada tres días. El fic consta de 10 capítulos y sigue las normas de un reto del foro ¡Siéntate! (muy bueno, por cierto, os lo recomiendo). Por el contrario de esta historia, he creado un universo alternativo donde veremos a una Kagome llena de secretos y a un InuYasha refunfuñón que tiene como misión atrapar a esa mujer... ¿por qué? ¡Ah! Eso tendréis que averiguarlo vosotros, jeje. También os adelanto que estará llena de besos, muuuchos besos.

¡Nos vemos el miércoles!