XLIII.
El viento removía los cabellos de Kagome mientras volvía del bosque con las plantas que Kaede siempre le había dicho que ayudaba a que bajara la fiebre. Y aunque la niña lleva sin tenerla algunas horas y se encontraba estable, prefería tenerlas a mano en el caso de que las necesitase.
Pensó en la noche anterior y en el despertar de esa mañana, cómo se encontraba en los brazos de su medio demonio cuando abrió los ojos y sus labios se curvaron antes de que su mente hubiera dado la orden. Se habían pasado semanas y semanas durmiendo en sus brazos mientras iban deambulando de un lado a otro por el mundo, pero desde que llegaron a esta aldea… Hacía tanto tiempo que no estaban así, que parecía como si hubiera ascendido al cielo por un instante, hubiera podido tocar las nubes con sus dedos, para luego caer de nuevo al duro y frío suelo.
A pesar de todo, jamás desearía eliminar ninguno de los minutos que pasaban juntos. Pues, aunque ahora le escocían en el pecho al pensar en ellos, también se sentía dichosa por tener a alguien como InuYasha, su Yasha a su lado.
—No fue tu culpa, Kikyo.
Kagome se detuvo pues esa voz le sonaba y se quedó un par de segundos en silencio, intentando averiguar de dónde provenía. Cerca de allí había un río y en su orilla…
—Pero debí haber llegado antes— replicó una segunda voz en tono angustiado.
—Si no hubieras llegado allí, Kaede estaría muerta.
Kagome se adentró entre los árboles, asegurándose de que en todo momento de que el viento corría en dirección contraria a la que ella iba para no ser pillada, y sintió su corazón en la garganta cuando encontró aquello que estaba buscando.
Sus piernas y cabezas le ordenaron salir corriendo de allí, pero fue su corazón el que se impuso, y aunque sabía que espiar estaba mal, no pudo evitar quedarse allí escondida.
Rezó por no tener que arrepentirse más adelante.
—Debí haberlo hecho mejor para que no le ocurriera nada… Es mi hermana, es mi responsabilidad cuidarla…— estaba diciendo Kikyo con el rostro escondido en sus rodillas; la fría y serena máscara había caído y Kagome, por primera vez, la vio como la persona que era… solamente cuando estaba con InuYasha.
—Ella no te culpa de nada, no te martirices por algo que ya no puedes cambiar— respondió él en voz baja, llevando sus manos en la espalda en una caricia que parecía ser demasiado segura como para ser algo nuevo entre ellos.
Kagome sintió sus entrañas retorcerse, pero permaneció en sitio, incapaz de moverse.
Kikyo suspiró y no se opuso a la caricia. La joven estaba presenciando un momento demasiado íntimo y se odiaba por no poder irse bien lejos de allí; sus pies parecían haberse convertido en piedra.
De pronto, Kikyo se irguió e InuYasha la miró sorprendido por el repentino movimiento.
—InuYasha… quiero decirte algo— su voz había bajado una octava, presa de una repentida timidez e inseguridad, pero aun así Kagome fue capaz de escucharla. El corazón le golpeó con fuerzas contra su caja torácica y temió lo peor—Pese a que no lo creas… todo este tiempo he pensado en lo que me dijiste aquella vez… antes de que te marcharas— dijo ella con los ojos fijos en sus manos.
Aunque Kagome no sabía a qué se refería -pues seguramente hablase de esos dos años en los que habían estado separados-, InuYasha al parecer sí lo captó, ya que su semblante se volvió repentinamente tenso.
—La aldea no deja de ser asediada por demonios que quieren la perla para usarla en su propio beneficio y como guardiana mi deber es custodiarla. Y ayer fue solamente un ojo, pero la próxima vez mi hermana o cualquiera de los aldeanos puede perder la vida por ella… y yo… no estoy dispuesta a eso.
—¿Qué estás insinuando? — musitó él erguido, como la cuerda de un arco.
—Que podrías pedir tu deseo— respondió ella con suavidad y, entonces, alzó la mirada para que sus ojos se encontrasen con los de él; había algo en sus ojos… algo que envió a Kagome hasta el más profundo de los abismos— Si pides convertirte en humano, la perla se purificará y se destruirá. En ese momento, yo dejaría de ser la guardiana y podría ser una mujer normal, con derecho a amar y elegir el camino que deseo… Un camino en el que me gustaría que estuvieras a mi lado. Tú, como humano.
Durante lo que pareció una eternidad, el mundo pareció detenerse. Kagome jadeó, incrédula ante las palabras que estaba escuchando, y el dolor explotó en sus entrañas dejándola sin respiración. ¿InuYasha seguía queriendo ser humano? ¿Por qué ella no lo sabía? ¿Por qué no se lo había contado? Ella creía… ella no había imaginado que él…
Una vez más, no había confiado en ella y le había ocultado información.
Una vez más, debía enterarse por terceras personas; unas que parecían ser muy importantes para el medio demonio.
—Kikyo…— murmuró InuYasha con voz temblorosa.
Kagome presenció impotente y afligida la mirada que estaban compartiendo y se sintió asqueada y dolida.
Y profundamente sola.
«¿Por qué no me ha dicho que quiere seguir siendo humano? Yo, que siempre he estado junto a él, apoyándolo cuando todo el mundo lo repudiaba. ¿Por qué no confió en mí?» sollozó en su mente, con las lágrimas deslizándose por sus mejillas. «¿Es porque quiere estar junto a Kikyo? ¿Me olvidará en algún momento?»
—¿Quieres utilizar la perla para volverte humano? — susurró ella, alzando una mano para acariciarle la mejilla.
InuYasha contuvo la respiración pero no se apartó.
—Sí.
Incapaz de poder aguantar más tiempo, Kagome se dio la vuelta y echó a correr.
Apenas sabía por dónde iba por las lágrimas saltadas y el dolor que la paralizaba por dentro, pero no se detuvo. No quería hacerlo hasta que su corazón dejara de sangrar.
Palabras: 992
Por favor, no me odiéis mucho, os aseguro que más que yo misma no lo hace nadie. Pobre Kagome, mi niña, el mundo no te merece...
Siento que me estoy yendo al lado oscuro y para salvarme tenéis que darme mucho amor (en forma de reviews, jeje). Temo lo que pueda salir de estas manos. Así que... para compensarlo vamos a hacer una cosa: si me dais muucho amor, prometo que la próximo actualización será doble. Los dos últimos capítulos de esta parte el miércoles, ¿os gusta el trato?
¡Muchas gracias por vuestros comentarios y vuestro apoyo, sois los mejores!
PD: Aida Koizumi mentiría y diría que no, que yo también sufro por el misterio que dejo en cada final de capítulo pero eso no se lo creería ni Hojo con las enfermedades de Kagome, así que sí, me encanta vuestras reacciones a los capítulos. ¡Pero, eh, nadie os quiere como yo!
