XLIV.
Kagome caminaba con la decisión pintada en sus facciones; esta vez no dudaría, no echaría la vista atrás.
Ya no.
Sin embargo, el destino tenía otros planes para ella.
—¡Kagome!
—Azura, cariño, ¿qué haces aquí?
—Mira—sonrió la niña y le mostró las manos llenas de flores.
Kagome quiso sonreír, pero supo que no le había salido por la mirada de desconcierto que puso la niña.
—¿De dónde las has cogido? — inquirió, intentando cambiar de tema para que ella no le preguntara. A pesar de su corta edad, Azura era muy perceptiva y curiosa y le gustaba preguntar por todo lo que veía extraño o no reconocía.
Y no se veía contándole cómo estaba su vida a una niña en estos momentos.
«He perdido a mi madre y a las personas que quería como mis hermanos y mentores. Y la persona más importante para mí… ha elegido a otra, me ha mentido, y ni siquiera se ha dignado a decirme lo que pensaba hacer. Y me he cansado, no puedo más. No puedo estar más aquí.»
—¡Allí! — le respondió la niña sin perder el ánimo y eso fue como un cálido rayo de luz para la joven— Mamá dijo que no me alejara mucho pero estas flores son mucho más bonitas que de por allí.
—No deberías alejarte tanto, puede ser peligroso— suspirando, extendió una mano y Azura se la cogió— Ven, vamos a casa. Mamá debe estar preocupada.
Este imprevisto no estaba entre sus planes pero simplemente no podía dejar a la niña sola vagando por el boque para que le pasara algo. La llevaría rápido y después volvería; debía poner mucho terreno por medio antes de que… se diera cuenta.
Emprendieron el camino por el bosque en silencio y por la mente de la joven no dejaba de aparecerse la imagen que había presenciado ayer. Esa misma noche, ella volvió a la cabaña cuando la luna alumbraba ya el firmamento, e InuYasha se había cabreado con ella por haber estado perdida y sola tanto tiempo y tan tarde, pero ella lo había ignorado. No se encontraba con la suficiente fuerza como para enfrentarlo y lo había dejado hablando solo para ir a acostarse. InuYasha, reteniendo su enfado titánico, se marchó de allí y Kagome se sintió más devastada que nunca. Con las lágrimas escapándosele, se preguntó si iría a encontrarse con Kikyo, pero solo había pasado una hora antes de Kikyo volviera a la cabaña en completo silencio.
InuYasha no apareció en toda la noche.
Y, al amanecer, Kagome se había escabullido sin hacer ruido de la cabaña cuando ambas dormían.
No quería verlo. No quería ni mirarlo porque sabía que se derrumbaría.
Estaba harta, harta, y aunque dolía como si le arrancaran el corazón, sabía que ahora mismo lo mejor era que hubiera tierra por medio para que ambos -ella, especialmente- pudieran reflexionar sobre lo que estaba pasando.
Escapaba del lugar que había llegado a considerar su hogar… y esta vez lo estaba haciendo en soledad.
No sabía si volvería.
—Estás enfadada— murmuró Azura, sacándola de sus pensamientos.
—¿Eh?
—Estás triste y enfadada. Mamá dice que cuando alguien está así es porque pasa algo malo y lo que quiere es un abrazo— respondió la niña y deteniéndose, extendió los brazos en su dirección. Kagome no pudo evitarlo y una pequeña sonrisa, divertida y enternecida, cruzó su semblante.
—¿Tú me lo darías?
—Claro. Eres mi amiga— respondió frunciendo el ceño como si le hubiera molestado que le preguntara.
Kagome rio suavemente y se agachó para quedar a la altura de Azura, quién paso sus bracitos por los hombros.
—Ea, ea, ea— exclamó ella, golpeando torpemente y con fuerzas la espalda de Kagome, quien no pudo más que reír por lo seria que parecía.
—Gracias, Azura, ahora me siento mucho mejor— respondió en un hilillo de voz. La sonrisa que le devolvió la niña, amplia y brillante, le levantó aún más el ánimo.
Emprendieron otra vez el camino a casa y cuando estaban llegando a la aldea descubrió, extrañada, un revuelo en ella. Los aldeanos corrían de un lado para otro y hablaban a viva voz, y eran tantos que Kagome se quedó por un momento desconcertado.
El padre de Azura pareció verlas llegar y rápidamente corrió hacia ellas, levantándola en brazos.
—¡Hija mía, ¿dónde estabas?! ¡Temíamos que te hubiera pasado algo!
—Re-recogiendo flores— respondió ella, asustada por la energía de su padre.
—Iba conmigo, no tiene que preocuparse— se metió Kagome, pues veía al hombre demasiado alterado como para preocuparlo más por la escapada de su hija.
El hombre la miró, como si no hubiera advertido antes de su presencia, y dio un paso hacia atrás. Kagome se sorprendió al descubrir el miedo en su mirada.
—¡Se ha vuelto loco! ¡Él se ha vuelto loco! — le dijo frenético.
¿Él?
—¿Qué ha pasado? — Kagome sintió un sudor frío recorrerle la espalda.
—¡Es InuYasha! ¡Se ha vuelto loco y ha atacado a la señorita Kikyo!
Kagome creyó que el mundo por completo se detenía por un par de segundos.
—¡¿Qué?!
No, no podía ser, su medio demonio jamás haría esto.
El hombre, con los ojos abiertos como platos y aún conmocionados, señaló a la dirección por donde había venido corriendo, mientras que con el otro brazo apretaba más a su hija contra él.
—¡Debemos correr todos! ¡Viene a atacar la aldea!
¿Estaba hablando de InuYasha? ¿Su InuYasha? ¿Atacando a Kikyo? ¿Queriendo destruir una aldea?
«No, eso no puede ser… debe ser una broma o mentira… Él jamás… él nunca haría algo como eso.»
La próxima vez que tomó conciencia de la realidad se encontraba corriendo hacia el enorme árbol que se encontraba a las afueras de la aldea, lugar donde decían que los habían visto, sin echar cuenta a las advertencias y gritos del hombre. Necesitaba llegar a InuYasha y saber que todo era mentira.
«Debía de haber una explicación. Algo.»
De pronto, Kagome sintió algo oscuro y poderoso rodearla y, antes de poder chillar, perdió la consciencia.
Palabras: 998
Pues sí, soy yo un día antes. ¡Sorpresa! Y es que no podía ser menos después de todas las palabras tan bonita que me habéis dedicado, que me han hecho sentir muy muy feliz y emocionada. No me esperaba todo ese cariño y me he sentido abrumada, os lo prometo. Llevo un par de días con una sonrisa tonta en mis labios por vuestra culpa. De verdad, no merezco tener unos lectores tan buenos como ustedes. ¡Esta capítulo y esta historia está enteramente dedicada a vosotros! ¡No os puedo querer mas!
Ahora (después de mis lloriqueos que tenía que poner sí o sí) centrándonos en la historia... Kagome estaba decidida a marcharse pero algo ha pasado en la aldea. ¿InuYasha volviéndose malo? ¿Atacando a la aldea? ¿Qué ha pasado? ¿Y qué es lo que le ha pasado a Kagome al final? ¿Estará bien? ¿Creéis que llegará a tiempo? ¡Venga, venga, contadme vuestras teorías que quiero leeros!
Pd: voy a intentar subir el siguiente capítulo esta noche, pero no se si me dará tiempo. En el caso que no pueda, prometo que mañana lo tendréis aquí sin falta.
