XLV.

La próxima vez que Kagome recobró la conciencia se encontraba sola, en el bosque.

La cabeza le dolía horrores y el cuerpo lo tenía hecho polvo, y por un momento se sintió perdida, sin saber que había pasado. Jadeó cuando sus músculos y huesos estallaron al intentar moverse y las lágrimas se le acumularon en sus ojos.

Entonces, los recuerdos de lo ocurrido en los últimos días aparecieron en su cabeza y su corazón se detuvo por lo que pareció una eternidad.

InuYasha y Kikyo. Ella huyendo. Azura y ella volviendo a la aldea. Su padre diciendo que InuYasha se había vuelto loco. Ella incapaz de creérselo, yendo a buscarlo.

Y la oscuridad.

¿Qué había pasado? ¿Quién la había atacado? ¿Y por qué había despertado sola, en medio del bosque?

Y más importante: ¿qué había sido de InuYasha?

Debía encontrarle y rápido. No sabía cuánto tiempo había pasado inconsciente, pero una muy mala sensación asolaba su cuerpo. Tenía que ponerse en movimiento antes de que el miedo paralizara cada uno de sus músculos.

Lentamente se puso en pie y casi sollozó cuando sus músculos se estiraron. Sentía como si le hubiera pasado por encima cientos de caballos, uno tras otro, y creía que se mantenía en pie de puro milagro. Sin embargo, eso no la detuvo y empezó a caminar, más lento de lo que gustaría, pero sabiendo que era incapaz de apretar el paso.

No sabía en qué parte del bosque estaba y por un rato temió estar andando en círculos como una tonta, pero, entonces, reconoció unas plantas que creían en una zona concreta del monte y pudo ubicarse. La aldea estaba a unos minutos, que se alargarían un poco a su paso, pero eso no iba a detenerla.

Apenas podía dar un paso más cuando se encontró con una figura apareciendo por entre los árboles. Al principio, a su mente cansada le costó reconocerla.

—Kaede…— susurró entonces. Estaba demacrada, cómo jamás la había visto, y Kagome sintió el corazón querer escapársele del pecho cuando la niña alzó la mirada y sus ojos se encontraron con el de ella.

Las piernas, que llevaban tiempo amenazándola con no sostenerla, finalmente perdieron su fuerza y Kagome cayó de rodillas en el momento que Kaede abría el ojo como si hubiera visto un fantasma y corría hacia ella.

—¡KAGOME! — chilló.

La joven cerró los ojos cuando sintió los brazos de la niña rodearla y un sollozo escapó de sus labios.

Ahora, todo iría bien.

Con Kaede a su lado le sería muchísimo más fácil ir junto a InuYasha.

—¿Qu-qué te ha pa-paso? ¿Dónde has estado? ¿Estás bien? ¿Por qué desapareciste así? ¿Tienes alguna herida?

Apenas era capaz de captar las preguntas de ella, pronunciadas con demasiada rapidez y nerviosismo. Tuvo que cerrar los ojos para centrar su mente y que todo su alrededor dejara de dar vueltas.

—Kaede…

—¿Te duele algo? ¿Estás herida? — insistió ella, separándose lo justo para poder inspeccionarla con la mirada.

Kagome sacudió la cabeza. No tenía sentido preocuparse ahora por ella, cuando había cosas muchísimo más importantes en las que centrarse.

—¿Dónde… dónde está InuYasha? — jadeó en un hilillo de voz.

Kaede enmudeció de pronto y Kagome sintió esa mala sensación que la había estado acechando desde que despertó enroscarse en su garganta hasta casi dejarla sin respiración.

La joven abrió los ojos, nadie supo cuando esfuerzo le costó, y sus desesperadas pupilas se encontraron con la de la niña. En ella, no encontró otra cosa que confusión y dolor, muchísimo dolor.

—¿Qué ha pasado con InuYasha? ¿Y la aldea? ¿Cómo… cómo está Kikyo? — insistió ante el mutismo de la niña.

Entonces, vio como las lágrimas se escapaban de los ojos de Kaede y se deslizaban, silenciosamente, por sus mejillas.

—No…— susurró, frenética— No, di-dime que no les ha pasado nada. No, no, no… Por favor…

InuYasha, su InuYasha, él… No, por favor, no podría superarlo… no…

—InuYasha se volvió loco— musitó con la voz rota, el dolor deslizándose en cada una de sus palabras— Nadie sabe por qué, pero hirió a mi hermana, y después atacó a la aldea para conseguir la Perla de Shikon, diciendo que pronto se convertiría en el demonio más poderoso que jamás podría existir.

—Es mentira— la cortó, sintiendo el horror poco a poco apoderándose de ella. No, InuYasha jamás haría una cosa como esa, tenía que haber pasado algo— Kaede, por favor, cuéntame la verdad, no me mientas— sollozó sacudiendo la cabeza.

Ella lloró con más fuerzas.

—¡No es mentira! ¡Ojalá lo fuera! — se echó hacia atrás como si su contacto, de pronto, le quemara— ¡InuYasha mató a mi hermana! ¡Por su culpa, ella ha muerto! ¡Yo la vi morir delante de mis ojos!

«No… no… es imposible…»

—¡Dime lo que pasó de verdad, Kaede! — gritó, llevándose las manos a la cabeza.

El suelo había desaparecido a sus pies y rogó al cielo para que la absorbiera porque el dolor que tenía en su pecho amenazaba con matarla ahí mismo.

—¡Ese maldito medio demonio nos engañó! ¡Es un peligro para el mundo y nos dimos cuenta tarde! ¡Abre los ojos de una vez! ¡Te manipuló, como a nosotros, y te hizo creer algo que no era!

—¡No! — se puso de pie— ¡No te creo! ¡Mi InuYasha no es así!

—¡Corre a ese árbol grande y vedlo por ti misma! — gritó mientras Kagome echaba a correr.

Ignoró el dolor de su cuerpo y de su corazón, las lágrimas saltadas que le dificultaban la visión. En su cabeza no dejaba de repetirse las palabras de Kaede, su tristeza y su agonía, mientras se le clavaban puñal tras puñal en el corazón.

Corrió sin pensar a dónde iba y cuando no pudo caminar más se detuvo.

Entonces, su visión se aclaró y gritó.

Porque allí, en el árbol, se encontraba InuYasha… con una flecha clavada en el corazón.

Palabras: 976


Y este es el fin. O el inicio de todo, tal vez. Llegamos al punto de partida y el motivo por el que yo empecé a escribir esta historia: ¿qué pasaría si InuYasha y Kagome se hubiesen conocido en el momento de la maldición? ¿Y si Kagome hubiese sido tan solo una espectadora que hubiera visto la devastación frente a sus ojos, sin poder hacer nada? He aquí, después de esas preguntas, mi fic. Lo puse en el primer capítulo. Quiero ser fiel a la historia salvo algunas pequeñas licencias temporales y de trama que no pueda encajar con el contexto que he creado; así que espero que no os haya sorprendido mucho este capítulo, he intentado dejar las mayor pistas posibles.

Por supuesto, todavía queda mucho por delante y es que aún hay muchos misterios que resolver, por ejemplo, ¿qué pasará cuando InuYasha despierte? ¿O, mejor, despertará? ¿Y qué ha ocurrido en esa inconsciencia de Kagome? ¿Será importante para la trama? ¿O por qué InuYasha se volvió loco? Aunque Kikyo lo hubiera traicionado, él jamas habría podido hacer así algo estando Kagome. ¿Qué lo impulsó a olvidarse de todo y de todos?

Otra cosa que quería comentar es que me voy a tomar un par de semanitas libres. Llevo desde marzo a pie del cañón para poder mostraros mi obra (y no sabéis la alegría que me ha dado ella y ustedes, mis lectores) pero después de mucho pensarlo he llegado a la conclusión de que me gustaría intentar terminar la historia en estas dos semanas y cuando venga el miércoles 12, prometo que las actualizaciones serán de un día si y uno no, para que no tengáis que sufrir tanto. Por supuesto, si llego a terminar antes la historia, prometo que habrá capítulo ese mismo día. ¿Os perece bien el trato? Si tenéis cualquier consulta o cosa que decirme, no dudéis en mandarme un mensaje, os estaré leyendo con mucho gusto.

Y bueno ya no me explayo más que se va a hacer la nota más larga que el capítulo. Muchas gracias si has llegado hasta aquí leyendo (en la historia y en el testamento-nota) y nos vemos pronto, lo prometo.