PARTE 4:

I'll love you for a thousand more


XLVI.

«—Pequeña…

—¿InuYasha? — miró a su alrededor pero solo había oscuridad, una que parecía devorarla por completo— ¡¿Dónde estás?! ¡InuYasha!

Siguió escuchando esa voz llamándola, pero esta cada vez parecía estar alejándose más y más. Kagome corrió, aunque no sabía dónde apoyaba los pies, ni hacia donde se dirigía; lo único que estaba haciendo era seguir el sonido de su voz, intentar encontrarlo.

—¡InuYasha! ¡InuYasha!

De pronto, una luz refulgió y tuvo que cerrar los ojos por el deslumbre. Cuando volvió a abrirlos, su alrededor había cambiado y ahora se encontraba en el bosque, en uno que conocía como la palma de su mano. Corrió y esta vez sabía a dónde se dirigía: a la cabaña que se encontraba escondida entre los árboles.

Jadeó cuando esta apareció entre el follaje y sus pies se detuvieron, admirando el lugar que nunca soñó con que volvería a ver, con los recuerdos de la esa fuga nocturna en su memoria.

De pronto, la estera que hacía de puerta se onduló y una figura apareció tras ella.

Las lágrimas se escaparon de sus ojos.

—¡InuYasha! — gritaron dos voces a la misma vez.

Kagome se sobresaltó porque una nueva persona apareció en escena, a quién pertenecía la otra voz, y se vio a sí misma, con unos 8 años, corriendo hacia él con los brazos abiertos y una amplia sonrisa en su rostro. InuYasha miró a la niña, sus ojos dorados brillando con adoración, y se apresuró a abrirle los brazos para acogerla en el momento que ella pegó un salto hacia él sin dudarlo ni un instante.

Kagome, la Kagome mayor, sintió sus piernas temblar ante semejante escena y cayó de rodillas. Oía el suave parloteo suyo, contándole cualquier cosa que había visto en el bosque, y lo veía a él, escucharla atentamente, como si cada parte de su ser existiera por y para ella.

—Pequeña…— susurraron en la distancia, lejos, muy lejos, en un lugar donde ella era incapaz de alcanzarlo.

—Te fuiste— musitó ella, perdida en la imagen y en el recuerdo, sollozando por el dolor que se extendía por todo su cuerpo— Me abandonaste. Dijiste que siempre estaríamos juntos, y ahora no puedo llegar a ti.

—Pequeña…

—Me abandonaste una vez más.

De pronto, la imagen desapareció y Kagome fue engullida por la oscuridad.»

—¿Kagome?

La joven inspiró con fuerzas cuando volvió en sí y se encontró de bruces con el rostro preocupado de Kaede. Jadeaba y sollozaba, pues sentía que no había suficiente aire a su alrededor, y las lágrimas humedecían su rostro. Como muchas otras noches.

—Es solo un sueño— susurró Kaede con calma. Ya se había acostumbrado a despertarse por la noche con los sollozos que soltaba la joven cuando esta se encontraba durmiendo— Ya está, ya pasó.

Kagome asintió, enjuagándose las lágrimas e inspirando profundamente. Afuera, tan solo se oía el viento mover las hojas y el ulular de una lechuza.

—¿Estás mejor? ¿Quieres agua?

—No, gracias, Kaede— le sonrió sin fuerzas Kagome. La niña asintió y suspiró antes de rodear su cuello con las manos en un trémulo abrazo.

Kagome cerró los ojos y, mientras le correspondía el gesto, se dejó llevar, agradeciendo el calor humano junto a ella. Poco después, el silencio reinaba en la cabaña y ambas fueron a dormirse de nuevo.

Aunque Kagome tardó bastante en conseguirlo. Se acurrucó aún más en la oscuridad y mientras escuchaba la respiración acompasada de la niña, silenciosas lagrimas se deslizaron por sus mejillas.

·

Había pasado un año desde que ocurrió aquel trágico suceso.

Un año desde que, según decían, la guardiana de la Perla de Shikon fue traicionada por el medio demonio que había jurado protegerla. Un año desde que pudo asomar la verdadera esencia de ese… monstruo y este quiso robársela para convertirse en un demonio completo.

Un año desde que, en un último acto de fuerza, la guardiana selló a ese ser en el Goshinboku clavándole una fecha en el pecho, haciéndolo caer en un profundo sueño.

Un año desde que Kikyo murió y se convirtió en cenizas, llevándose la perla junto a ella.

Un año desde Kagome se despertó y se encontró en un mundo donde su Yasha era el enemigo, todo el mundo murmuraba su nombre con miedo e ira y en el que ella se encontraba sola.

Y ahora, como cada día, Kagome se encontraba viéndolo desde la distancia, sintiendo como el agujero de su corazón se hacía cada vez más grande. Parecía tan sereno y apacible… que a Kagome no le extrañaría que en cualquier momento abriese los ojos y le mascullase algo tosco.

«¡¿Qué me miras tan fijamente?! ¡Keh!»

—No les creo— susurró, sintiendo como el viento mecía sus cabellos, viendo esas hebras plateadas ondularse también— Sé que tú jamás harías algo como eso. No importa lo que me digan, sé que algo pasó, algo hicieron para apartarte de mi lado. Y te juro que lo descubriré.

Sus manos temblaban y las lágrimas hacían tiempo que se deslizaban por sus mejillas. Pero era ya una sensación tan familiar…

—InuYasha, este no es el final. Te juro que volverás a abrir los ojos, aunque sea lo último que haga.

Lo único que obtuvo como respuesta fue el arrullo del viento y el sonido de las hojas meciéndose al compás de una lejana melodía.

Palabras: 882


¡Ha, hola, aquí reportándose tras estas pequeñas "vacaciones"! ¿Me echabais de menos?

¿Qué tal habéis estado? ¿Preparados para la montaña rusa de emociones que se nos viene encima?

A pesar de que mi intención era terminar la historia en estas dos semanitas, me surgieron cosas que no podía posponer, así que he vuelto sin haberle puesto el punto el final, pero creo que tengo suficiente material para manejar mientras le doy los últimos retoques. Y aviso: todavía nos queda un largo camino por delante. ¿Estáis preparados?

Como dije las actualizaciones serán en días alternos, así que pronto volveréis a tener noticias mías.

¡Un besito para todos!