LIII.
La brisa movía la copa de los árboles, en una melodía tranquila y apacible, que hacía recordar a Kagome a su antiguo hogar. Al lugar donde se crio, junto con InuYasha y su madre…
—Mamá— murmuró, su voz perdiéndose en el piar de los pájaros y con la mirada puesta en el cielo— ¿Qué puedo hacer? Dime, porque no sé cómo ayudarlo… Yo…
Calló y parpadeó repetidas veces para que las lágrimas no se le escapasen una vez más. No, se acabaron las lágrimas, estaba harta ya de ellas. Necesitaba tener la cabeza fría y pensar lo que debía hacer en estos momentos.
Y la única pista que se le ocurría era volver al punto de partida, es decir, al Goshinboku.
Sin embargo, pronto su camino se truncaría. De pronto, un puñado de hombres se tiraron a ella, apresándola, y Kagome apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de sentir un golpe en la espalda y perder el sentido.
«No, otra vez no…», fue lo último que pudo pensar.
·
La próxima vez que abrió los ojos se encontraba en una cabaña destartalada, rodeada de bandidos, y supo inmediatamente que le habían quitado la daga que siempre llevaba encima.
—Encontramos a la chica que buscaba, jefe — exclamó uno de ellos.
—¿Qué queréis de mí? — fue la respuesta de Kagome, observando cada punto de la habitación, en busca de una posible vía de escape.
—Quiero la esfera— dijo una voz de ultratumba y en ese momento la joven advirtió la presencia del hombre corpulento que había permanecido aguardando en la oscuridad— Sé que la tienes tú.
Kagome apenas tuvo tiempo de reacción antes de que sintiera a dos hombres apresando cada uno de sus brazos, impidiendo que se moviera. Jadeó, con el corazón yéndole a mil por hora. El tal "jefe" sacó la espada que le colgaba del cinto y fue a por ella y antes de Kagome pudiera chillar, uno de los hombres que la sostenían fue herido con profundidad en el pecho.
—¡Se ha vuelto loco! — gritó uno de ellos y, cundiendo el pánico, todos se alejaron del hombre que blandía la espada contra todo aquel que se moviera.
—¡Jefe, ¿qué hace?! ¡Su presa es ella!
Pero el hombre no parecía atender a razones, no escuchaba a lo que le decían, y lo único que hacía era atacar a lo que sea que tuviera delante. Golpeando una de las vigas, el techo cayó encima de uno de los bandidos, atascando la puerta y dejándolos encerrados en la casa.
Kagome no pudo evitar el impulso por ayudarle. A ese tal "jefe" le pasaba algo extraño y ninguno sabía cómo escapar de allí. Echó de menos sus armas y maldijo su imprudencia. Hana, Sango y Kenta la veían así y le hubiera caído una buena bronca.
—La esfera, quiero que me des la esfera.
Se tiró hacia ella y Kagome apenas pudo moverse, pues estaba ayudando al hombre herido a caminar. De pronto, sintió como su yukata era apresada, elevándola. Una pérfida sonrisa se había formado en los labios del hombre y Kagome intentó revolverse para que la soltara, mientras oía las exclamaciones de los hombres a su espalda.
—Ya es mía— murmuró cogiendo el colgante de su cuello donde estaba la perla brillando con fuerza.
Kagome ha nunca había conocido mucho sobre la perla, solo lo poco que había escuchado de Sango hacía años atrás y lo que esta había sido capaz de hacer en los años en los que Kikyo era su guardiana, y si algo tenía claro es que ningún demonio debía hacerse con ella. No, si no quería que hubiera consecuencias catastróficas. Más adelante debería descubrir como es que había terminado en su cuerpo.
Así que, sacando fuerza de cada rincón de su cuerpo, levantó una pierna para golpear la barriga de su opresor, cogiéndolo por sorpresa y, posteriormente, se impulsó para que su pie le diera el rostro. La perla salió volando cuando el jefe la soltó y trastabilló hacia atrás escupiendo gruñidos de dolor, aunque sin perder por completo el equilibrio.
Apenas tuvo tiempo a sentir alivio, que el hombre blandió la espada contra ella, dispuesta a cortarla por la mitad.
La hoja afilada no pudo tocarla. Algo, un borrón blanco y escarlata se interpuso en su trayectoria, y un grito quedó ahogada en la garganta de la chica cuando una figura se materializó delante de ella, golpeando al hombre hasta hacerlo caer.
Todo el aire retenido en sus pulmones escapó con el susurro de un nombre.
—InuYasha…
Había ido a salvarla. A pesar de todo… estaba allí, una vez más, interponiéndose entre el peligro y ella.
«No todo está perdido», casi sollozó del alivio.
—¿Dónde está la perla? — espetó él, lanzándole una rápida mirada.
Kagome no pudo responder. El hombre, con los ojos cerrado y el rostro ceniciento, se puso en pie y un olor putrefacto inundó el lugar antes de que de su pecho escapara un cuervo con tres ojos. InuYasha intentó cogerlo, pero este escapó con agilidad y lo vieron lanzarse en picado hacia donde estaba la esfera antes de emprender el vuelo.
—¡La esfera! — gritó Kagome.
Pero ya era demasiado tarde. El demonio cuervo había escapado, llevándosela con ella.
·
El cielo se iluminó con un fogonazo y, de pronto, cientos de luces se desperdigaron por el firmamento ante la conmocionada mirada de todos los aldeanos.
Después, vino la calma.
Y su viaje… no había hecho más que comenzar.
Palabras: 905.
Capítulo 2/2 del día.
Propongo un reto, aunque los que jueguen deberán estar registrados en ff, porque el premio será un jugoso adelanto que sé que todos estáis esperando. Aun así, si estás como invitado, puedes intentarlo, lo único que no podré darte el premio porque me es imposible contactar contigo por privado. O bueno, ya buscaremos alguna manera de hacerlo en ese caso :c En fin, que me voy por las ramas. El reto es el siguiente. Hay que responder esta pregunta lo más aceptado posible: ¿Por qué creéis que InuYasha recuperará los recuerdos? O mejor dicho: ¿Qué o quién creéis que será lo que desencadene que InuYasha recuerde a Kagome?
Podéis intentarlo tantas veces queráis y tenéis como plazo la publicación del capítulo en cuestión por motivos obvios. Si habéis estado atentas a mis palabras y leéis bien la historia, creo que podréis sacarlo.
Vamos, ¿quién se atreve?
