LVII.
Kagome corrió hacia dónde estaba InuYasha, pero por más que lo llamaba, este parecía ser incapaz de oírla. El cuerpo del demonio que se hacía pasar por Izayoi cada vez lo tenía más apresado y pronto no habría vuelta atrás. Había que hacer algo.
—¡Tienes que despertar el espíritu de la víctima! — le indicó Miyoga con urgencia.
—¿Y cómo lo hacemos?
Kagome los vio, a la orilla del lago, como sus cuerpos cada vez fundiéndose más, y de pronto se topó con el reflejo del agua. En él, la mujer abrazaba a un InuYasha de menos años, quién se encontraba apaciblemente dormido en su pecho. Era el pálido reflejo de lo que debía estar pasando por la mente del medio demonio.
—¡Debemos borrar esa imagen!
Dicho y hecho: de pronto, la mujer empezó a gritar e InuYasha fue expulsado de su cuerpo, quién cayó hacia atrás con la expresión de su rostro ida.
—¡¿InuYasha?! ¡InuYasha, ¿estás bien?! ¡Ella no es mamá! ¡Vuelve a mí! — gritó con pánico mientras veía que este no reaccionaba. Acunó su rostro para que sus ojos se encontrasen pero no pareció funcionar— ¡InuYasha, por favor, te necesito! ¡No es Izayoi, no es mamá!
—Ka… Kagome…— murmuró entonces y la muchacha casi se sintió desfallecer. ¿La había… reconocido…?
—Sí, sí, InuYasha, soy yo. Por favor, abre los ojos y mírame— estaba llorando mientras hablaba y no le importaba. InuYasha, su Yasha, estaba volviendo a ella y no se lo creía…
—No… tú… tú no…
—Estoy aquí, a tu lado— sollozó juntando sus frentes y prácticamente rogando— Soy yo, soy Kagome. No sé qué te habrán dicho pero no estoy muerta, soy yo. Kagome, tu Kagome. Abre los ojos y míralo por ti misma.
InuYasha abrió los ojos y sus ojos orbes doradas, de ese oro líquido que siempre había amado, se clavaron en ella. Una lágrima se deslizó por la mejilla del medio demonio y Kagome sintió su corazón a punto de salírsele por la garganta. Oh, por favor…
—Ka…Kagome…
—InuYasha— lloriqueó ella como una tonta, con miles de sentimientos acampando en su pecho e impidiéndole hablar con claridad— Tardaste en volver a mí, tonto…
Los brazos de él se apretaron a su alrededor, como si no pudiera creerse lo que estuviera sucediendo y en cualquier momento pudiera despertarse, pero una voz pareció sacarlos del estupor en el que se encontraban.
—InuYasha… conseguí hallar dónde está la tumba de nuestro padre— resonó la voz de Sesshomaru por todo el lugar.
Kagome apenas pudo reaccionar a todo lo que sucedió después.
·
El portal se abrió llevándolos a dónde se encontraba la tumba del gran Inu no Taisho.
—¡Kagome, es muy peligroso, espera aquí! — le ordenó InuYasha, pero la joven ya no se encontraba a su lado, sino que se adentraba por ese agujero negro.
—¿A qué estás esperando? — replicó esta y segundos después desapareció.
InuYasha, con el corazón tronando en su pecho, la siguió sin dudarlo.
·
La tumba era inmensa y sobrecogedora y el tesoro que buscaba Sesshomaru se trataba de Tessaiga, una espada forjada con un colmillo del gran demonio perro. Sin embargo, cuando consiguió cogerla descubrió que no era capaz de hacerlo por la barrera que le había puesto su padre.
InuYasha pudo llegar justo a tiempo, sorprendiendo al demonio.
—¡Es Tessaiga! — exclamó Miyoga, quién se había quedado junto a ellos— Solo tú puedes extraer esa espada, pues es el legado que te ha dejado tu padre. Solo tú puedes hacerlo, el escondite es la prueba.
—¿Legado? ¿Escondite? ¡No quiero esa espada oxidada! — replicó InuYasha enfadado— ¡Sesshomaru, morirás en la tumba de nuestro padre!
—¡InuYasha, hazlo! ¡Si quieres derrotar a tu hermano, lo harás demostrándole que conseguiste algo que él no pudo! — exclamó Kagome, observando todo desde una gran altura.
El medio demonio pareció sopesar sus palabras, pero cuanto lo intentó, aunque la espada no consiguió repelerlo, no fue capaz de sacarlo del lugar donde había sido clavada. Aquello desconcertó a todos los presentes y consiguió enfurecer a InuYasha aún más, quién decidió ir contra su hermano, ambos enfrascándose en una pelea.
Kagome no dudó en enfrentarse a Jaken, el fiel sirviente de Sesshomaru, que pensaba meterse en favor de su amo. Consiguió detener los golpes que ese demonio sapo le daba con gran maestra a pesar de que no poseía ningún arma en ese momento, pero este tenía mucha fuerza y terminó cayendo hacia atrás, perdiendo el equilibrio.
—¡Kagome! — exclamó InuYasha, perdiendo momentáneamente la concentración y pudiendo ser apresado por su hermano.
—¡InuYasha!
Kagome, aun siendo una humana, fue quién pudo extraer la poderosa Tessaiga.
Palabras: 761.
