LIX.

«InuYasha es muy fuerte, y está matando a todos los poseedores de los fragmentos de la esfera para tener más fuerza. Además… está enamorado de mí. Seguramente a cambio de mi liberad os dará todos los fragmentos que posee ahora.»

Eso fue lo que Kagome les dijo a los hermanos Raiju, Hiten y Manten, después de que este último la secuestrara cuando intentaba salvar al pequeño demonio zorro llamado Shippo que habían conocido ese día. Necesitaba hallar una forma de llegar a InuYasha, pues estaba seguro de que debía estar buscándola como loco. Y si para ello tenía que… mentir, rezaría porque InuYasha no la dejara al descubierto y simplemente le siguiera la corriente.

Las cosas no tenían por qué ir tan mal, ¿verdad?

·

Un relámpago cruzó el cielo, que fue acompañado por un grito femenino.

—¡InuYasha! — exclamó, aliviada, observándolo desde dónde Manten la tenía sujeta. En parte por verlo allí, pero también por advertir que el pequeño estaba con él y no le había pasado nada.

—¡Kagome!

—Ja, tú expresión solo puede confirmar lo que ella nos dijo— se metió Hiten, mirando al medio demonio con una sonrisa satisfecha. No esperaba el momento de hacerse dueño del par de fragmentos de la esfera que la joven le había dicho que poseían, así, sí que serían invencibles— Danos inmediatamente los fragmentos de la esfera. ¡Obedece si quieres salvar a la mujer que amas!

El cielo rugió una vez más y se iluminó por los rayos que parecieron emerger de Hiten, haciéndolo parecer más peligroso. Aunque Kagome fue deslumbrada por ellos, pudo darse cuenta del rostro descompuesto y conmocionado que había puesto el medio demonio mientras desviaba su mirada de ella a uno de los hermanos.

—¿A… a la mujer… que amo? — balbuceó como un estúpido.

Kagome intentó que, tanto sus palabras como el desconcierto que reinaba en su rostro, no le dolieran. Siempre había sabido que su querido InuYasha la veía como una hermanita, que sus sentimientos no era correspondidos, pero ver el rechazo de primera mano, verlo contemplar esa posibilidad como si fuera algo absurdo e imposible…

Le importaba una mierda que el plan hubiera fallado por culpa de la nula capacidad del medio demonio para improvisar, las lágrimas que se acumularon en sus ojos y que tuvo que retener a base de mucho de parpadear le hicieron olvidarse de todo. Y solo pudo mirar al medio demonio desde la distancia y preguntarse por qué las cosas eran así.

Por qué dolía tanto.

En qué momento debía decir basta.

—Espera un momento, ¿quién dices que es la mujer que amo? — dijo InuYasha aun con la expresión un poco ida.

—¿Por qué te-te haces el ti-tímido? — se obligó a decir Kagome.

—Así que todo era mentira, ¿eh? — espetó Manten, fulminándola con la mirada.

—¡Déjate de tonterías y devuélveme a Kagome! — InuYasha sacudió la cabeza y se preparó para la lucha. Había escuchado ya muchas estupideces.

—¡Dame los fragmentos te dije! — exclamó Manten y con su lanza en mano, se tiró hacia él.

·

—¡Malditos, cómo habéis osado matar a mi hermano! ¡Os arrepentiréis de esto! — gritó Hiten, con los ojos inyectados en sangre y una malvada sonrisa en sus labios. Destellos rodearon su cuerpo.

La batalla se volvió más peligrosa y cruenta, después de que Hiten buscara venganza por la muerte de su hermano. Eso, unido a que estaba en posición de 5 fragmentos de la esfera (tres suyo y dos de los que tenía su hermano), causó que el semblante de InuYasha se crispara y le ordenara que cogiera a un inconsciente Shippo y se largasen de allí.

Aunque Kagome protestó en un principio, después de que compartieran una mirada, terminó aceptando de muy mala gana. Confiaba en InuYasha y en que haría todo lo posible para darles tiempo a escapar, sin embargo, no lo dejaría solo. Se refugió detrás de una de las piedras del lugar y consiguió dar en el objetivo gracias a sus artimañas a lo que usaba Hiten para volar. InuYasha intentó aprovechar su distracción, pero Hiten le lanzó uno de sus rayos con fuerza. Esquivándolo por los pelos, le dio un puñetazo, lanzando a su oponente por los aires, dejándole a InuYasha unos segundos para respirar.

Cuando tanto Kagome como Shippo fueron a por tessaiga, que seguía clavada en el cuerpo inerte de Manten, InuYasha apenas tuvo tiempo a reaccionar al ataque que les lanzó Hiten, golpeando a ambos con una bola de fuego.

—¡KAGOMEE! — exclamó, sintiendo todo el aire escapar de sus pulmones. No, no. Otra vez no. Le había prometido, le había jurado que…

Viajaría hasta el mismísimo infierno solo por recuperar a su pequeña.

·

—InuYasha… gracias por salvarnos— escuchó la voz de Kagome y cuando se giró, se encontró con la etérea figura de la muchacha, quién tenía al pequeño Shippo en sus brazos, y estaban rodeados por un fuego azulado.

Su corazón se detuvo por lo que le pareció una eternidad.

—Te agradezco mucho que hayas vengado la muerte de mi pobre padre.

Apenas pudo reaccionar que el fuego llameó con fuerzas alrededor de ambos cuerpos.

—¡KAGOME! — gritó con pánico y estiró la mano para rozar la imagen de la chica.

Cuando tocó piel, todo el aire fue expulsado de sus pulmones, y sintió como el alma le volvía al cuerpo.

—¿Pero qué…?— murmuró Kagome, perdida y avergonzada por la cercanía del medio demonio.

—Kagome…— musitó él y su mano temblaba cuando acunó el rostro de ella— Pensé… pensé…

Ella sonrió, la sonrisa que siempre le dedicaba y era capaz de iluminar su mundo, e InuYasha sintió un tirón en el pecho que lo dejó sin respiración. Seguramente sería el alivio. Sí, debía ser eso.

—Eres un tonto, InuYasha. ¿No ves que el fuego de mi padre nos protegió? — exclamó Shippo, rompiendo el ambiente que se había formado.

El medio demonio, sintiendo sus mejillas al rojo vivo, golpeó con fuerzas al niño y se dio la vuelta para intentar tranquilizar a su alocado corazón.

«¿Qué mierda me está pasando?»

Palabras: 998.


Eso te pregunto yo, InuYasha, ¿qué te está pasando?

Como veis, no he cambiado apenas las escenas porque, por favor, todo el capítulo da a entender muchísimas cosas y es una mina de shippeo. ¿Y ese final? Aish, pequeño medio demonio, qué inocente eres pa' unas cosas...

¿Puede ser este el principio?