LXXV

—¡¿Qué?!

Kagome parpadeó, creyendo que había escuchado mal, y sacudió la cabeza. No, no había escuchado ese nombre. No, era imposible.

—¿Qué ocurre? — preguntó el campesino con el que habían estado hablando, mientras la miraba como si le hubiera salido una segunda cabeza.

Kagome tragó saliva y sacudió la cabeza.

«Es mentira. No son ellos. Es imposible», se dijo a sí misma.

—No, no, perdón, continúe— balbuceó y se giró hacia Shippo, pasándole un poco de agua. El corazón le iba a mil por horas y su mente era un hervidero de pensamientos, pero se obligó a calmarse.

«No son ellos. Existen más exterminadores, más aldeas, Sango me lo dijo. No es ella. Es imposible», volvió a repetirse a pesar del dolor que asolaba su corazón.

—¿Esos exterminadores recogen los fragmentos de la esfera?

—Sí. Esa chica nos dijo que era originaria de su pueblo.

El recipiente con agua que sostenía en la mano después de que Shippo se lo pasase de vuelta cayó al suelo, derramándose su contenido en la falda de su yukata. Apenas reparó en ello. De pronto, el arco y la espada que le colgaba del cinto parecieron doblar su peso y ella se sintió sin aire en los pulmones.

—¿Kagome? ¿Qué ocurre? — inquirió Shippo con preocupación.

Pero la mente de Kagome no estaba allí, sino en otro lugar: en una aldea perdida, en una sonrisa franca y cariñosa, en un rostro lleno de pecas y rubor, en unas palabras de aliento y una mano amiga, en una voz que la instruía. En un fuego que calcinaba todo a su paso y el susurro de unos aldeanos. «Todos muertos. Todos.»

—InuYasha, ¿tú sabías eso? — la voz de Miroku consiguió sacarla de su ensoñación y parpadeando, alzó la mirada y se encontró con unos ojos dorados que ya estaban mirándola. Preocupación y entendimiento había en sus pupilas. Una petición silenciosa.

Kagome apartó la mirada, sus manos temblaban en su regazo.

—Sí— respondieron, y no fue el medio demonio quién lo hizo— Sí lo sabíamos— susurró Kagome y, por primera vez en lo que le parecía una eternidad, abrió aquella parte de su alma que se había asegurado de esconder al mundo, que se había obligado a olvidar.

·

Cuando la cuidad, aquella que jamás pensó que volvería a ver, apareció frente a ella, las piernas de Kagome amenazaron con no volver a sostenerla. Su mano viajó sola hacia InuYasha, quién se encontraba a su lado, para obtener un punto de apoyo y las lágrimas se acumularon en sus ojos.

La última vez que la vio estaba ardiendo, la madera se consumía mientras ella corría por sus calles buscando al pequeño Kohaku. Mientras su mundo se desmoronaba. Mientras pensaba en Kenta y Sango, en Hina, y en todos los que decepcionaría si fallaba.

En todos a los que finalmente decepcionó.

La última vez que estuvo allí tan solo era un frágil esqueleto, carbonizado y destruido, del fortín que había llegado a ser.

Y, sin embargo, ahora…

Todo… parecía… estar bien. Las murallas habían sido reestablecidas y un ambiente de quietud imperaba en el aire. Casi creería que en cualquier momento su querida Sango traspasaría esa puerta y, frunciéndole el ceño, le reprocharía el haber tardado tanto. La imaginaría de brazos cruzados, reprochándole como una madre preocupada, y ella reiría y se burlaría de ella por su sobreprotección. Y Sango pondría los ojos en blanco, mascullando sobre lo bien que había aprendido de Kohaku. Y Kagome sentiría un golpeteo en el pecho, su corazón emocionado y feliz de haber conseguido a alguien como ella en su vida.

—¿Quieres que nos vayamos? — murmuró InuYasha en voz baja, aunque sabía perfectamente que Miroku y Shippo lo habían escuchado. Por más que intentaran parecer distraídos y dejarle un momento de intimidad, estaban demasiado curiosos y preocupados por la reacción de la chica.

Kagome cerró los ojos y alejó la imagen que todavía perduraba en su memoria. Era el momento de buscar respuestas, para eso habían venido, no para lamentarse o perderse en sus recuerdos. Debía ser fuerte.

—Entremos— afirmó con una seguridad que en realidad no sentía, empezando a caminar y tirando del amarre de sus manos para que el medio demonio lo hiciese con ella.

Antes de que la joven se preguntase por cómo reaccionarían todos al verla, descubrió que la puerta no se encontraba cerrada. Casi parecía una invitación para entrar a cualquiera y eso avivó la inquietud en el pecho de Kagome. Jamás, en los dos años que había estado viviendo allí, había ocurrido algo como eso.

Se apresuró a echar la madera a un lado, lo justo para que ella pudiera pasar, sin importar que la pillasen los guardias que en ese momento deberían estar en los torreones. Pero nadie saltó ni dijo nada.

«Pasa algo»

Cuando traspasó la puerta, sus pasos y su mundo se detuvieron.

Porque a su alrededor no había más que cadáveres de demonios y humanos. Una masacre. Una nueva matanza había ocurrido frente a sus ojos y ella no había podido hacer nada.

—¿Qué…?— el aire escapó de sus pulmones y su corazón sangró, por sus recuerdos y por lo que había frente a sus ojos. Por aquella que había sido una vez su gente y su niñez.

—Han luchado contra los demonios— murmuró Miroku, también conmocionado— Ha sido una masacre...

Sus piernas temblaban mientras sacudía la cabeza.

—No, otra vez no…

—Escucho algo— espetó InuYasha, alerta, colocándose delante de Kagome— Ha quedado un demonio.

Un gruñido empezó a resurgir desde la lejanía y la mente de Kagome amenazó con derrumbarse por ese sonido…

Rápidamente esquivó el cuerpo de InuYasha con el corazón yéndole a mil por hora y un sollozo escapó de sus labios cuando descubrió quién se encontraba delante de ella.

—¡KIRARA! — corriendo hacia ella, escondió el rostro en la pelambrera de su cuello y, entonces, se echó a llorar.

Palabras: 978.


Un señor de rojo ha venido esta noche a mi casa (y no, por desgracia no es InuYasha, crying) y me ha dejado este regalito para vosotros...

¡HOLA, HOLAAAAAA, VOLVÍ! ¡NO ESTABA MUERTA, ESTABA DE PARRANDA (?)!

Dios mío, no quiero que la nota me quede kilométrica, pero creo que no hay palabras suficientes para disculparme por la tardanza. Sé que dije iban a ser un par de semanitas, pero la inspiración no venía nunca y además se me junto con el comienzo de mi último año de universidad y apenas tenía tiempo para respirar y ponerme a escribir en la historia. Lo siento muchisisisisisisimo *carita triste* ¡Pero la espera ha terminado! ¡He vuelto y como veis vamos a empezar por todo lo alto! Os aviso: se vienen MUCHAS COSAS y cuando digo muchas cosas me refiero a: absténganse de leer los que no pueden con las emociones fuertes porque vamos a estar en una montaña rusa de situaciones y los nervios van a estar a flor de piel. ¿Qué os esperabais? ¿Qué todo estaba terminado? ¡Já, ilusos! *sonrisa maligna* ¿Queréis sufrir, amar y enfadaros? ¡Pues coged asiento y preparaos para lo que se viene! (Tengo muchísimas ganas de leer vuestras reacciones, je je, os he echado muchísimo de menos, que lo sepáis, y también deciros que he ido leyendo todos vuestros comentarios en mi ausencia. ¡Os adoro por vuestros ánimos! ¡Aquí tenéis vuestra recompensa!)

Pero bueno, que no me quiero extender mucho. Vayamos a lo importante: ¿preparados para el reencuentro? :o ¿Cómo creéis que se lo tomarán las chicas al verse cara a cara?

¡Felices fiesta a todos y mucho ánimo y amor en estos tiempos tan difíciles!

Pd: ¡HEMOS SUPERADO LA CENTENA DE COMENTARIOS EN EL DESCANSO! ¿Puede caer... a lo mejor... un segundo capítulo más tarde? Jeje, depende si hay gente por ahí todavía leyéndome o se han aburrido de esperar