LXXVII

Tenía calor, mucho calor.

Sango abrió los ojos para encontrarse un fuego crepitando a su lado. Lentamente los sentidos fueron volviendo a ella y supo que se encontraba sobre un mullido, pero áspero suelo de hojas y que estaba tapada con una vieja manta dentro de una cabaña.

Las alertas sonaron en su cabeza, obligándola a ponerse pie y poner en orden los borrosos recuerdos de su cabeza, pero antes de que pudiera moverse, una pelirroja cabeza se coló en su visión.

—Hola, ¿te sientes mejor? — sonrió un pequeño demonio quién, después de la sorpresa inicial, le pareció tremendamente adorable.

—Eh…— murmuró y su garganta se resintió al tenerla seca.

—¿Quieres agua? — pareció darse cuenta— Espera un momento.

Iba a levantarse cuando escucharon unos pasos en la puerta y Sango rápidamente miró en esa dirección. La luz que entraba por ese lugar le impidió conocer la persona que aguardaba allí, pero incompresiblemente su corazón aumentó de velocidad, como si este quisiera decirle algo.

—Shippo… ¿te importaría dejarnos a solas? — susurró una voz en tono trémulo.

Todo pareció dar vueltas en la cabeza de Sango.

«No. Imposible»

—Claro— respondió el pequeño demonio y se apresuró a salir del lugar.

Ninguna de las dos se movió o pronunció palabra alguna en lo que pareció ser una eternidad. Entonces, Sango sacudió la cabeza, incrédula, con las lágrimas acumulándose en sus ojos.

—¿Estoy soñando o estoy muerta?

—Ninguno de los dos— respondió Kagome ligeramente divertida. Dio un paso al interior y sus facciones empezaron a hacerse más nítidas. Y Sango vio a una mujer, no a la niña que había dejado atrás; era una mujer que tenía los mismos profundos ojos que su querida Kagome.

—Pues no lo entiendo— gaznó.

Kagome suspiró, sacudiendo la cabeza y se sentó sobre sus rodillas a unos pasos de ella. Sango deseaba estirar la mano y tocarla, pero tenía miedo de que, si lo hacía, su cuerpo se convirtiese en humo y desapareciese por completo.

—Yo tampoco lo hacía en un principio, aunque supongo que he tenido más tiempo para hacerme a la idea— se encogió ligeramente de hombros.

—Pero tú… estabas muerta. Estás muerta— replicó con la voz contenida, intentando incorporarse.

—Me lo han dicho mucho últimamente, no te creas— respondió ella, haciendo el amago de querer ayudarla, pero quedándose quieta en el último momento— El mundo todavía no se pone de acuerdo sobre si me quiere viva o muerta— hizo el intento de bromear, pero su voz sonó demasiado seca como para que sirviera de algo.

—Yo… Necesito que me digas que pasó— balbuceó con su cabeza dando vueltas, intentando recomponer los hechos, intentando sostener lo que era su corazón maltrecho— Qué te pasó. Moriste en el incendio de la aldea... Nadie… nadie te vio salir.

Dolor y culpa, sintió Sango. Miedo y sufrimiento. Sentimientos que habían convivido tanto tiempo con ella como para echar raíces en su interior.

—Intenté… salvarlo— la mirada de Kagome se volvió vidriosa y pareció estar viendo otro lugar, otro tiempo pasado mientras hablaba— Te juro que corrí a él para salvarle, pero… todo era tan… el fuego… y entonces explotó y yo sentí algo morirse conmigo… Yo no…

—Kagome— murmuró y volver a pronunciar ese nombre le hizo morir y volver a renacer. Sacando fuerzas, extendió una mano para coger la suya y un estremecimiento la recorrió cuando sintió piel, calidez, tacto. Cuando vio que estaba allí de verdad— Tranquila, porque no entiendo lo que estás diciendo.

La joven se quedó mirando la unión de sus manos con el rostro pálido, el reflejo de un fantasma que venía a acosarla, pero entonces apretó sus dedos con los de ella y enfrentó su mirada. Se lo contó todo. Empezó por su infancia: le habló de Izayoi y de InuYasha y de que ella creció siendo una niña feliz. Su voz se rompió cuando le contó sobre la muerte de su madre y la posterior huida de ellos. Añadió su otra mano al agarre como si necesitase sostenerse a algo para no caer cuando le dijo sobre el tiempo que estuvieron vagando solo, cuando le contó sobre el ataque de los demonios que la hicieron caer, del por qué perdió la memoria. Sango escuchaba con los ojos como plato y la mandíbula desencajada en el momento que le confesó su plan de escapar al día siguiente de que ella se marchara, de cómo vio la columna de humo en el cielo y volvió corriendo a la aldea. Habló de InuYasha y su aparición, de la promesa de él de que la ayudaría a encontrar a Kohaku. Habló de la explosión y su desmayo.

Las lágrimas se deslizaban silenciosamente por sus mejillas cuando llegó al momento en el que despertó y creyó ser la única superviviente, cuando le dijo que su meta era buscarla a ella para contarles lo ocurrido y le pidió a InuYasha que la acompañara.

—Fui a buscaros. Nunca dudé de mi empeño. Pero… escuché esos rumores. Y todo mi mundo se desmoronó— sollozó, sacudiendo la cabeza enérgicamente— Estaba sola y os había perdido. Y le pedí que nos marcháramos lejos, muy lejos de allí, porque el dolor y la culpa me estaba consumiendo.

—Kagome…— murmuró Sango, quién hacía tiempo que había empezado a llorar también, y alzando su mano libre, la pasó por las mejillas de la joven para enjuagarle las lágrimas que no dejaban de salir— Cariño, has sufrido tanto cuando no…

—¡Os fallé! ¡Os fallé a todos y hui como una cobarde!

—¡No! ¡No hiciste eso! Volviste a por Kohaku y fuiste a buscarnos, hiciste todo lo que estaba en tu mano. Prefiero esta realidad a saber que realmente moriste en ese incendio, Kagome, por muy egoísta que suene…

—Sango…

No pudo contenerlo más. Se tiró a abrazarla y para Kagome fue como volver a casa.

Su amiga, la persona que había querido como una hermana, había vuelto a su vida de nuevo y no pensaba dejarla escapar jamás.

Palabras: 992


¡Me adelanto un día para desearon, una vez más, un feliz año nuevo y porque mañana me iba a ser imposible a actualizar! Y puestos a hacerlo... mejor un día antes que después, ¿no? Os lo merecéis con lo bueno que sois con vuestros reviews.

En el próximo capítulo seguiremos con el recuentro, conoceremos la versión de Sango y algunas cosillas más que se quedaron en el aire...

¿Os ha gustado esta primera toma de contacto?

¡Nos leemos en el 2021!