LXXIX.

—¿Cómo está? — preguntó Miroku observando con preocupación la figura dormida de Sango con la pequeña Kirara recostada a su lado.

—Bien, creo. Al menos por fin descansando.

—Salió muy malherida de la pelea con Naraku— suspiró él, y Kagome recordó con tristeza la batalla que tuvo lugar hace dos días, cuando descubrieron que Kohaku seguía vivo gracias a un fragmento de la perla de Shikon y que no recordaba nada de su pasado mientras estaba bajo las garras de ese malvado demonio.

«Quiere contaminar la perla. Quiere que haya maldad en ella. Como lo intentó con Kikyo e InuYasha, su intención era que ambos hermanos se matasen entre ellos»

Menos mal que pudieron llegar a tiempo al campo de batalla cuando Sango escapó con Tessaiga después de que fuera chantajeada con la vida de Kohaku. Sin embargo, ese malnacido había escapado, llevándose al hermano de Sango con él y dejando a Sango y Kirara en estado crítico.

—Debería salir un rato, Kagome, está muy pálida. Yo haré la siguiente guardia— ahora la inquetud iba dirigida a la joven de cabello azabache.

Kagome intentó sonreírle en agradecimiento, aunque le salió un pobre intento de ello.

—No se despertará en, al menos, un par de horas más— se levantó y se encaminó hacia el exterior— Pero estate atento a Kirara y si le sube la fiebre, avísame inmediatamente— la demonio había sufrido los efectos de un poderoso veneno y era quién más le preocupaba, pues no sabían cómo ayudarla a expulsarlo.

—Lo tengo todo contralado.

—¡Yo protegeré a Sango! ¡No te preocupes! — entró Shippo con una gran sonrisa en el rostro.

—Lo dejo en tus manos— rio ella, inclinándose para darle un peso en el tope de su cabeza escuchando los refunfuños de Miroku a su espalda.

Cuando salió, sintió los rayos de sol y la brisa fresca acariciarle la piel. Llenó sus pulmones de ese aire puro, estiró los brazos para desentumecer los músculos del cuerpo y observó distraída a su alrededor en busca de la presencia albina y escarlata de su medio demonio.

Al no haber rastro de él, se encaminó hacia un riachuelo que corría por allí cerca y suspiró aliviada cuando sintió el agua en su rostro y nuca. De pronto, percibió una presencia a su espalda y antes de que pudiera asustarse, supo quién era.

—Hey, apareciste— sonrió, aún arrodillada, elevando la mirada para que sus ojos se encontrasen con unos orbes doradas.

La mirada de él destilaba tal calidez que Kagome sintió su corazón aumentar de velocidad y sus entrañas llenarse de nudos. Adorando esa sensación, levantó una mano -un gesto que había hecho miles de veces de niña- y sus intenciones fueron entendidas cuando los dedos de él se entrelazaron con los suyos; las garras de él contrastando peligrosamente con la nívea piel de Kagome. Entonces, una sonrisa pícara se formó en los labios de la muchacha y supo que él no debió ejercer ninguna resistencia, porque de ser así, nunca habría podido con su fiero medio demonio.

InuYasha cayó contra el césped con un jadeo de sorpresa y Kagome rio, cerniéndose sobre él, el peso de su cuerpo contra el de él como una suave invitación.

—Te pillé— susurró, sus cabellos formando una cortina que los aislaba del mundo, las manos de él a cada lado de su cintura como si creyese que iba a escaparse—, y no pienso dejar que huyas.

—Qué miedo…— sonrió él, socarrón, con uno de sus colmillos asomando. Subió una de sus manos para meter parte de su flequillo detrás de la oreja y deslizó el pulgar por el rubor que había aparecido en sus mejillas; malditamente adorable como solo podía ser ella.

—Puedo ser una chica muy peligrosa, que lo sepas…—se jactó Kagome y las palabras quedaron en olvido en el momento que sus labios tomaron contacto. Chispas y colores, todo su organismo se revolucionaba cuando InuYasha la besaba, y se sintió la persona más dichosa del mundo mientras estaba en sus brazos.

Notó las manos de él acariciándola, delineando la curvatura de su cintura, y su respiración se atragantó mientras sus propios dedos se perdían en el pecho de él.

—Kagome…— exhaló él con voz gutural y contenida cuando tuvieron que detenerse por falta de oxígeno.

—Dime, cariño— sonrió ella, adorando saber lo mucho que le afectaba a su medio demonio. Últimamente apenas habían tenido tiempo para ellos, para estar a solas disfrutando de la compañía del otro, y Kagome debía reconocer que había echado de menos estos momentos. Aunque siempre era protector y atento con ella de cara a sus amigos, había algo, un ligero matiz diferente cuando estaban a solas, cuando él podía ser su medio demonio sin restricciones ni vergüenza, que la hacía sentir malditamente bien.

Él gruñó, apoderándose una vez más de sus labios y de ella por completo. Kagome gimió, dejándose llevar y enterró sus manos en el pelo de él.

—¡Ejem!

Kagome chilló sorprendida por la presencia junto a ellos e InuYasha masculló por lo bajo, invirtiendo las posturas para ser él quién estuviera arriba protegiéndola.

—¡Perdón por molestar, amo InuYasha, pero es importante!

—¿Miyoga? — inquirió Kagome abochornada y con ganas de que la tierra se abriera bajo su cuerpo.

—¡Maldita pulga, ¿qué estás haciendo?! ¡¿Espiando?! — gruñó iracundo.

—¡No, no, amo InuYasha, se lo juro! ¡Es importante; si no, no me habría atrevido a importunarles!

InuYasha resopló y su mirada se encontró con la de su pequeña, quién escondiendo una mueca de incomodidad, se encogió de hombros. Finalmente, ambos se incorporaron, aunque Kagome tardó un par de minutos en poder mirar al demonio-pulga a los ojos. InuYasha, por otro lado, estaba más hosco que de costumbre cuando le preguntó lo que pasaba.

—¡Ya sé cómo podemos ayudar a Kirara! —exclamó ufano y muy complacido— Debéis visitar a Jinenji, él tendrá las hierbas medicinales que necesitamos.

Y aunque Kagome se sintió feliz por la noticia, no pudo evitar suspirar con pesadumbre al saber que su momento a solas había terminado.

1000.


¿Algún voluntario para ir en busca de Miyoga y matarlo? Jejeje

Os quejaréis de la escena, ¿eh? Ahora solo digo: estad atento a lo que se viene. ¿Queréis saber quién aparecerá? Su nombre empieza por K...

¡Feliz viernes a todos!

Pd: Me han preguntado por ahí si en otro momento se verá a InuYasha celoso... Y yo digo: sí. Preparaos.