LXXX.

Kagome necesitó un par de segundos para poder recapitular los hechos. Después de haber dejado a Sango a sus espaldas, débil a causa del miasma que había en aquella montaña, ella había corrido hacia donde sentía las presencias malignas y el fragmento de la esfera, adentrándose en los túneles de la montaña. Cuando estos desembocaron en una caverna descomunal, de altos techos y grandes dimensiones, todo el aire escapó súbitamente de sus pulmones porque encontró a InuYasha, quién se había adelantado para averiguar lo que estaba pasando en ese lugar, luchando contra un imponente demonio de dos cabezas, piel llena de escamas y púas afiladas en la espalda.

Kikyo estaba desmayada a pocos pasos de él.

—Ella no es humana— espetó el demonio con voz gutural, extendiendo sus zarpas al cuerpo inconsciente de la sacerdotisa— La usaré como parte de mi cuerpo.

—¡No te atrevas a tocar a Kikyo! — se lanzó el medio demonio hacia él, espada en mano, rebanándole la extremidad. Sin embargo, esta creció segundos después y consiguió asestarle un golpe a InuYasha, que fue lanzado por los aires.

—¡InuYasha, cálmate! — exclamó Miroku, desde la boca del túnel, con el cuerpo débil por la acción del miasma.

—¿Que me calme? — soltó una carcajada seca— ¡No dejaré que se acerque a Kikyo! —entonces, InuYasha levantó la mirada y Kagome sintió su corazón aumentar el ritmo cuando sus pupilas se encontraron con las de él por lo que le pareció una eternidad.

Ni él ni ella se movieron, ese vínculo que los unía desde que ella tenía uso de razón y que más fuerte se habían hecho en los últimos meses, tensándose dolorosamente. Entonces, el demonio decidió atacar e InuYasha tuvo que desviar la atención para enfrentarse a él.

Kagome se irguió.

—¿Qué vas a…?— inquirió Miroku, sorprendido por sus acciones.

—Voy a rescatar a Kikyo— respondió sin titubear, aunque cada palabra quemó un poco más su garganta.

«InuYasha me quiere. Nuestras vidas están unidas y nadie podría romperlo. Pero también la quiere a ella, sé que Kikyo importante para InuYasha, y mi medio demonio jamás habría dejado tirado a un ser querido que estuviera en peligro. No sería él de ser así»

La culpa de eso pudo haber sido de sus acciones, de las cosas que calló y de las que aceptó sin oponerse; pero Kagome había asumido que el hilo que unía su vida con la de InuYasha, en cierta parte, estaba enmarañado con el de Kikyo, y como tal, ella no podía hacer nada para oponerse. Después de todo, él la había elegido, era con ella con quien despertaba cada mañana; era a ella a quién le susurraba al oído cuando Kagome estaba demasiado inquieta con la situación como para poder dormirse; era a ella a quién besaba hasta quitarle el aliento, como si no tuviera suficiente y necesitase más.

Quisiera o no, Kikyo era y siempre será una parte importante en la vida de InuYasha.

Y aunque ella confiaba en InuYasha con su vida, sabía que él jamás haría algo que pudiera ocasionarle daño alguno; una parte de ella todavía seguía siendo esa chica atormentada por un amor idílico e imposible, que se había obligado a revestirse con sonrisas cálidas y postura indiferente cuando su corazón no era más que escombros.

«InuYasha… no me falles, por favor.»

·

Frente a sus ojos, la estampa le desgarraba el alma y cada parte de su ser, abriendo su pecho en canal. Su corazón palpitaba, maltrecho, y ella no podía ser más que una silenciosa espectadora.

A unos pasos de ella, entre el follaje del bosque, InuYasha y Kikyo se besaban con amor y ternura, dos cuerpos hechos para estar juntos.

Kagome…

«No, no puede ser…», susurró mientras bebía de la imagen, incapaz de moverse.

Kagome…

De pronto, sintió unas manos cálidas en su cuerpo y sus párpados se abrieron de sopetón. Unos cálidos y preocupados ojos ambarinos le dieron la bienvenida y la joven jadeó de alivio.

—Kagome— murmuró el medio demonio, acunándola en su pecho— Ten cuidado, si tocas las raíces puedes quedar atrapado en las ilusiones más oscuras del corazón. ¿Estás bien?

Ella asintió sin pronunciar palabra, todavía las imágenes sucediéndose en su mente y exhaló trémula cuando InuYasha se inclinó hacia ella para saciar en su boca la preocupación que le carcomía las entrañas. Nunca podría ella imaginarse lo asustado que estuvo cuando él despertó de su propia ilusión y no la vio por ningún lado.

—Ven, subamos— la acogió con ternura y salieron del enorme agujero donde la joven había caído.

Al dejarla sobre sus pies, se sintió momentáneamente confuso al notar como el cuerpo de ella se tensaba y se estremecía temerosa, mientras miraba a un punto a su espalda con los ojos desenfocados. Siguiendo la dirección, su corazón saltó en el pecho cuando descubrió la fría y serena figura de Kikyo, detenida a unos pasos de ellos, observándolos casi con… curiosidad y desprecio.

En su mano, descansaba el gran fragmento de la perla que colgaba del cuello de Kagome.

Entonces, lo supo y una furia helada cubrió sus venas, tensionando todos sus músculos.

—Kikyo, ¡¿qué has hecho?! — espetó iracundo— ¿Querías matar a Kagome?

—¿Y qué si es así? — respondió ella, una fría sonrisa deslizándose en sus labios— Dime, ¿qué vas a hacer? ¿Matarme? — su tono hacía sonar absurda esa idea— ¿Qué te mostró tu corazón, InuYasha, cuando caíste en el hechizo de la ilusión mortal? — rio, conociendo perfectamente la respuesta. Las serpientes devoradoras de almas se arremolinaron a su alrededor, haciéndola ascender lejos de allí— InuYasha, querido… estoy esperando el día de nuestras muertes…

Ninguno de los dos se movió en el tiempo que ella desapareció en el cielo. InuYasha, con el cuerpo en tensión, inspiró con fuerzas y se giró hacia dónde su pequeña seguía arrodillada con su mirando reflejando un dolor sin precedentes.

—Kagome…— murmuró extendiendo su mano.

Pero ella la apartó de un movimiento y con la mirada puesta en el suelo, susurró:

—InuYasha… ¿Qué fue lo que viste?

Palabras: 999


Sí, lo sé, todos estamos hartos de Kikyo -yo la primera-, pero esta escena es importante porque quería mostrar claramente hasta que punto este InuYasha es diferente al de anime. ¿Cómo? Con ese sueño, cuando nos adentremos en los miedos más profundos del medio demonio. ¿Qué creéis que vio? ¿Lo mismo que en el anime? ¿O habrá... cambios? ¡Decidme vuestras teorías! También quiero mencionar que se ve que Kagome confía en InuYasha, sabe quién es ella para InuYasha, sin embargo no puede evitar sentirse insegura, después de todo lo que ha sufrido la pobre... Pero, ¿qué creéis? ¿Sus miedos serán infundados?

Ahora, lo importante: El monstruo llamado Universidad no deja de chuparme la energía cada día, así que os propongo un trato: Vosotros me dais mimitos (que necesito) y yo antes de que termine la semana prometo publicar el siguiente capítulo. Y para la siguiente semana... vendría lo que todo el mundo está esperando, por lo que me contáis... ¡LA ENTRADA TRIUNFA DE KOGA!