LXXXIII.

—¡¿Cómo has podido dejarle escapar?! — InuYasha, con la cara pegada al suelo después de que Kagome hubiera usado el hechizo, profirió un gruñido gutural.

—Bueno, yo…— dudó, viéndolo marcharse— estaba herido… y tampoco es tan malo…

—¡¿Que no es tan malo?! — rugió poniéndose en pie, la sangre bombeando en su cabeza— ¡Te ha secuestrado! ¡Casi te matan!

—Sí, es verdad…— murmuró ella escondiendo la mirada en el suelo— Pero también es cierto que me protegieron…

El cuerpo de InuYasha se tensó aún más y algo centelleó en su mirada antes de darle la espalda con los brazos cruzados. Su mandíbula parecía estar hecha de granito.

—InuYasha… siento haberte preocupado— suspiró Kagome, decidiendo que era el momento de levantar la bandera blanca. Dio un paso hacia él y posó una mano sobre la tela de su espalda.

Él se separó como si le hubieran quemado. Kagome sintió su corazón saltarse un par de latido.

—Creo que lo mejor hubiera sido no haber venido a por ti— espetó con voz grave, todavía sin mirarla— Estabas muy amable con él, quizás era verdad lo que decía.

—¿Amable con él? — inquirió confundida— ¿Porque Koga dijo que se había enamorado de mí? ¿Estabas preocupado por eso?

InuYasha se giró hacia ella y la miró como si le hubiera salido una segunda cabeza.

—¡Por supuesto que lo estaba! ¡¿Cómo crees que debo sentirme cuando hay otro hombre reclamándote delante de mis narices?! ¡¿Cuándo tú no haces más que darle abracitos y decirle dónde están los malditos fragmentos de la perla?!

—InuYasha, Koga no me interesa en absoluto, te estás comportando como un-

—¿Ah, sí? — soltó una carcajada agria que se le clavó a Kagome en el pecho— ¡Pues no lo parecía!

—¡¿Pero qué te pasa?! ¡¿Por qué tienes esa perversa mirada de sospecha?! — su sangre empezó a hervir y deseó borrarle la expresión del rostro de un guantazo—¡Sabes que entre él y yo no ha pasado ni nunca pasará! ¡Al que quiero es a ti, pedazo de burro!

—¡Koga no tenía eso muy claro y tú no hacías más que darle alas!

Kagome soltó todo el aire que tenía retenido en sus pulmones y dio un paso atrás. ¿Pero qué le pasaba? ¿Por qué se comportaba así? ¿Por qué no la escuchaba? Siempre había sido un idiota celoso y sobreprotector con ella, pero lo de ahora estaba llegando a un nivel mucho mayor…

—¡Yo no he hecho nada más que intentar mantenerme con vida, ¿qué me estás reprochando?!

—¡¿Que qué te estoy reprochando?! — gruñó y por primera vez le mostró todos los dientes, en una postura claramente ofensiva; Kagome estaba demasiado conmocionada por lo que estaba escuchando que no reparó en ello, no advirtió lo que podía esconder ese movimiento— ¡¿TE PARECE POCO QUE LO HAS DEJADO ESCAPAR CON VIDA CUANDO TE HA SECUESTRADO Y PLANEA HACERTE TU ESPOSA?! ¡¿QUÉ PASA?! ¡¿NO TE PARECE TAN MALA LA IDEA?! ¡NO HACE NI DOS DÍAS QUE LO CONOCES!

—Pero… tu…— jadeó con incredulidad— ¿Tú te estás escuchando? ¡Te has vuelto loco! ¡Ves cosas dónde nos las hay!

Las venas en las sienes del medio demonio se marcaron y un rugido reverberó en lo más hondo de su pecho. Kagome apenas podía defenderse, no sabía que decir, porque toda la situación le estaba pareciendo tan surrealista... Es como si no la estuviera escuchando, como si las palabras no pudieran llegar a él por más que le repitiese las cosas…

—¿Qué pasa? ¿No te conformas conmigo que necesitas más? — siguió escupiendo él con rabia, y en el segundo exacto que los vocablos salieron de él, sintió un golpe contra sus mejillas.

El mundo se detuvo por lo que pareció una eternidad. No se oía ni el susurro del viento meciendo las hojas, ni las respiraciones de sus amigos.

InuYasha, con la piel de la mejilla palpitante, viró el rostro con lentitud hacia donde se encontraba Kagome. Mirada ardiendo por el más puro dolor y odio, piel pálida y ojos anegados en lágrimas, eso es lo que vio.

InuYasha se sintió el monstruo más malvado y perverso del planeta.

—¡¿PERO SERÁS HIPÓCRITA?! — gritó ella y en cada palabra había desdén, dolor e ira— ¡¿Y TÚ QUÉ?! ¡¿Qué pasa con Kikyo?! ¡¿Cuántas veces me he tenido que callar la boca?!

Fue como si toda esa rabia que había brotado de él, que lo había consumido hasta hacerle olvidar quién era y con quién estaba hablando, hubiera desaparecido como humo en una tormenta. De pronto, se sintió el ser más abominable, repugnante y despreciable del universo, porque era el culpable de esas lágrimas, de que la traición y el dolor estuviese en la mirada de su pequeña…

—Kagome…—exhaló, profundamente afligido y consternado.

Estiró una mano para tocarla, pero ella dio un paso para atrás mientras lo miraba incrédula. Y después dio otro. Y otro.

—¿Quién eres? — susurró su pequeña y cada palabra se le clavó con saña en el estómago, como cuchillas que no dejaban de retorcerse— ¿Quién eres tú y qué has hecho con mi InuYasha? — más lágrimas se deslizaron por sus mejillas.

—Kagome—sollozó él con un nudo en el corazón, en sus entrañas.

Entonces, ella sacudió la cabeza con suavidad, como si no controlase muy bien sus movimientos, y se dio la vuelta. Su cuerpo temblaba.

—Sango, ¿me prestas a Kirara? — musitó en un hilillo de voz.

Sango ni lo pensó. Rápidamente corrió hacia ella y la envolvió en sus brazos.

—Lo que necesites, cariño.

—¿Dónde vas? — le suplicó una respuesta cuando la vio montarse sobre una Kirara transformada, y las palabras brotaron antes de pudiera pensarlo siquiera: — ¿Vas a bus-

—Ni se te ocurra terminar esa frase— lo cortó Kagome y su voz sonó fría y dura como el acero; Tessaiga no era más que barro comparado con ella— Me voy a buscar al medio demonio del que me enamoré porque puedo asegurarte de que aquí no está.

Entonces, Kirara echó a volar, perdiéndose en el horizonte.

990.


Por el incansable apoyo que siempre recibo, he decidido daros una sorpresa y traeros el capítulo antes de tiempo. ¡Sois los mejores, os lo aseguro! ¡No sabéis lo mucho me animan vuestras palabras!

Y ahora lo importante: ¿Voluntarias para ir a matar a InuYasha? ¡Porque yo lo único que quiero es golpearlo hasta que recapacite!

¿Qué le está pasando? :o