LXXXV.
Cuando Kagome salió de la cabaña, no fue en busca de InuYasha. No todavía. Muchas preguntas e ideas seguían dando vueltas en su cabeza, una bola que no dejaba de crecer y crecer, y ella necesitaba tiempo para tranquilizarse. Además, aún no sabía cómo se enfrentaría al medio demonio después de lo que había pasado y la conversación que había tenido con Sango.
Caminó por el bosque perdiéndose en el murmullo de las hojas al mecerse con el viento, en los ruidillos que soltaban los animalillos del bosque y en el sonido de sus pasos por encima de la hierba fresca. En algún momento, salió de sus más profundos pensamientos y descubrió que había llegado a los pies del Goshinboku.
Recuerdos de aquel lugar le asaltaron la cabeza: InuYasha hechizado, dormido, lejos de ella. InuYasha despertando, mirándola como si fuera un vulgar bicho. InuYasha queriendo atacarla. InuYasha llamándola Kikyo. InuYasha. InuYasha. InuYasha.
Expirando todo el aire de sus pulmones se sentó en las raíces del árbol y alzando sus rodillas, escondió el rostro en ellas.
Entonces, esperó. Y esperó. Y esperó.
Y su llamada fue escuchada cuando sintió una presencia que le hizo sentir todos los vellos de punta, su corazón aumentar frénicamente de velocidad y su estómago ser un amasijo de nervios.
No se movió. Todavía no sabía cómo enfrentarse a él. Las palabras y heridas eran demasiado recientes como para que pudieran sanar, pero algo nuevo había nacido en ella, más brillante y audaz, más complacida con quién creía que era su "compañero".
De pronto, sintió un peso sobre sus hombros sobresaltándola y al incorporarse, descubrió la tela escarlata que tantas veces la había cobijado.
—¿Qué…?
—Pronto se hará de noche y hace frío, úsalo— el susurro de él le llegó como un látigo resonando en el silencio. Y cuando alzó la mirada y sus ojos se encontraron, la herida ardió en su pecho y su corazón—Por favor— añadió casi con temor.
Ella asintió, aunque sentía el cuerpo paralizado. Sus ojos, anteriormente de un brillante y atrayente dorado, ahora no eran más que dos pozos oscuros e insondables, llenos de dolor, culpabilidad y arrepentimiento. Jadeó por lo bajo y tuvo que apretar las manos para no sucumbir a la tentación de borrar cualquier rastro de aflicción de su expresión. No podía verlo así, era superior a ella.
—¿Puedo? — murmuró él, señalando tímidamente el lugar vacío que había junto a ella.
Como si Kagome no supiera de él, giró el rostro para quedarse viéndolo por lo que duró una eternidad.
—Lo siento, no te moles-
—No te vayas— susurró, y cuando sus ojos se encontraron una vez más, algo parecido a la esperanza destelló en su mirada; el reflejo de una estrella fugaz en el firmamento.
—Jamás me iré de tu lado— su voz nació desde lo más profundo de su pecho, gutural y solemne, y se clavó en el corazón de la muchacha retorciéndolo.
Él se sentó. Se movía con contención y prudencia, como si tuviera miedo de que pudiera asustarse y salir corriendo si hacía un movimiento en falso. Los dos centímetros que le separaban de tocarse era como un abismo para el corazón de la muchacha, pero, a la vez, nunca le agradeció más por ello. No sabía de lo que sería capaz si se rozaban.
—Kagome, quiero disculparme por cómo me comporté— voz tensa, mandíbula tensa. Expresión rígida. Una escultura hermosa y perfecta hecha hombre.
—Sango me lo ha contado todo— lo detuvo ella, sin poder aguantar más. Lo sintió envararse a su lado y retuvo sus ganas de mirarlo de reojo, conocer lo que reflejaría su semblante— Bueno, casi todo— suspiró, el dolor impregnando cada palabra— ¿Por qué no me lo dijiste tú antes? ¿Por qué, una vez más, tenía que enterarme por terceras personas?
—Kagome…—musitó y se calló un momento. Entonces, gruñó para él y Kagome, aun sin mirarlo, sabía que estaba refregándose el rostro con pura frustración y pesadumbre— ¿Qué hubieras querido que te dijera? ¿Que soy un maldito animal que necesito marcarte para sentirme bien conmigo mismo? ¿Que no puedo comportarme como un humano normal y corriente?
—No eres un animal— susurró ella sin un ápice de dudas.
—Vamos, Kagome, ¿sabes lo que significaría hacerte eso? Seguro que te lo ha dicho Sango: sería marcarte como mía, como alguien de mi propiedad, y tú vales muchísimo más que ser la pareja de un medio demonio; no podrás echarte atrás si te arrepientes un día.
—¿Esa es la idea que tienes de mí? —un nudo en la garganta le dificultaba hablar— ¿Que creo que tú no vales nada? ¿Que alguna vez podré arrepentirme de ti?
—No, pero…
Y Kagome lo escuchó sin que lo dijera: siempre viviría con el estigma de la sociedad, era algo con lo que convivía cada día, era una voz que, por mucho que intentase ignorarla, siempre tendría un lugar en la mente del medio demonio. Igual que cuando ella había estado asustada de su relación con Kikyo, cuando pensó que en cualquier momento la dejaría atrás para volver con la mujer.
Eso era, simplemente, una parte de sus vidas y tendrían que aprender a convivir con ello.
Y Kagome haría lo imposible para ayudarlo con su bajísima autoestima.
Alzó la mirada, con el corazón en la boca, y sus ojos chocaron. El cuerpo le temblaba, su piel anhelaba la calidez de él.
—Pídemelo.
Él se sorprendió por sus palabras, pero luego, la resolución y el deseo disipó las nubles oscuras de sus pupilas. Delineó su mejilla con suavidad y Kagome jadeó cuando tiró de ella para que sus labios se unieran en un beso lleno de temor y rabia, de dolor y esperanza, de amor y deseo. Su mirada se había vuelto del más profundo y brillante ónice cuando se retiró de ella, dejándola como un amasijo de huesos y músculos, sin raciocino ninguno.
—Sé mi hembra— murmuró entonces con voz gutural— Cásate conmigo, Kagome.
Como respuesta, ella capturó sus labios para toda la eternidad.
Palabras: 1000
Y fin.
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Que noooooooooo, es bromaaaaa. ¿Cómo puede ser este el fin? ¡Aun queda mucho por decir! A veces mi boca (o mano) me puede y digo cosas que no son, pero, en serio, sois adorables con vuestros panic moments. No, todavía no es el final, aun quedan algunas tramas abiertas (que no sé si alguien se acuerda) que tenemos que resolver (y bastante importantes, oye). Cuando decía que estaba escribiendo el final me refería a que actualmente me encuentro escribiendo el capítulo 104 (os quejaréis, ¿eh?) y tengo pensado un par de capítulos más, depende de como se me extienda la cosa; ya sabéis lo difícil que es meter una historia en capítulos tan cortos. Así que sosegaos todos y como adelanto digo: disfrutad de estos momento de tranquilidad porque se vienen curvas y un peligroso precipicio.
Amo todos y cada uno de vuestros comentarios, de verdad, sé que puedo sonar pesada pero no sabéis lo feliz que me hacen leer lo mucho que está gustando/enfadando mi historia. Eso significa que estoy haciendo mi trabajo bien (?)
¡Nos vemos en unas horas con un nuevo capítulos, mis amores!
