Lección 1: Lo que ellas quieren.

Era tímido pero su curiosidad lo dejaba intranquilo, ¿por qué alguien como ella le había dejado su tarjeta?, la leída por tercera vez, decidido y aún nervioso llamó, la voz femenina del otro lado del auricular respondió.

—¿Bueno?.

—Hola…soy el chico del bar …

—Si, te recuerdo, dime en donde estas y voy por ti.

Estaba sorprendido, se suponía que el que daba siempre el primer paso era un hombre, por lo todo lo contrario imaginó la escena, una chica tomando el control, pocas veces se enteró de ello, rememoró alguna situación que le hubieran contado pero no recordaba ninguna.

Un Audi A8 se estacionaba cerca de él, ella bajó la ventanilla y le dió la indicación de subir, comenzaron por saber sus nombres, después de eso en el camino no hablaron demasiado.

—¿Cuál es tu nombre?

—Ranma Saotome.

—El mío es Azami.

—¿Sólo así, Azami, no tienes apellido?.

—Por ahora sólo debes saber eso.

Llegaron a lo que parecía una zona residencial tranquila y con pocas casas de fachadas bonitas.

—No acostumbro hacer esto con cualquier chica, si me gusta, primero tengo una cita con ella—jugaba con sus dedos.

—¿Qué pensabas, tener sexo conmigo?, si te di mi número fue porque vi en ti un buen prospecto como acompañante.

Bajaron y la entrada era magnifica, pasaron por una sala su combinación de colores armoniosos y el buen arregló hacía la estancia relajada y cómoda, Ranma la seguía hasta lo que era un estudio.

—¿Acompañante? —repitió sin entender.

—Te puedo explicar el concepto.

—No, no es necesario sólo que estoy confundido.

—Lo ví todo después de que terminaron de lanzar la moneda, el primero que se me acerco fue tu amigo y después tu, observé algo que me gustó de ti, pero no pienses que esto tiene que ver con atracción, es sólo por negocios.

—¿Cuál es el negocio?.

—Que seas parte de mi agencia de acompañantes de damas.

—Si aceptara, ¿qué tengo que hacer?.

—Teóricamente es sencillo, tengo una cartera de clientas, a veces llaman, algunas no tienen quién les acompañé para ciertos eventos, son chicas de estatus alto.

—¿Esto tiene qué ver con algo sexual?—inquirió arqueando una ceja.

—Esa es la primer regla, esto no se trata de encuentros en un hotel, pero no serás cualquier acompañante serás lo que ellas quieren.

—Se escucha muy fácil.

—Te equivocas, como todo hombre crees que sabes mucho de una mujer, como tú amigo en el bar.

—En cuanto le di una respuesta a lo que él creyó que era una forma de seducir a una chica con su comentario somero y lleno de egolatría, no supo que hacer.

—¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

—Demasiado Ranma, veo que no tienes demasiado interes en las mujeres eso juega a favor, porque no trataras de acostarte con ellas y eso es bueno, mi negocio a prosperado gracias a que los chicos dan más que horas de acompañamiento, las tratan como ellas desean que un hombre las traten, y para ello tengo que entrenarte.

—Hay entrenamiento para los deportes y otras cosas, pero por andar con una mujer de aquí para allá en eventos, nunca lo he escuchado.

—No sólo ganarás monetariamente bien, también seguridad ¿y por qué no? conquistar de verdad a la chica de tu interes.

—No creo que…— balbuceó

—Te diré que en el tiempo que tengo en esto, he visto las carencias emocionales de los chicos que aceptan el trabajo, y la tuya es la falta de seguridad en ti mismo y lo tímido que eres y eso para mí es oro, con tu rostro y tú cuerpo puedo hacer que seas el favorito de muchas.

No, no estaba equivocada la chica al darle más importancia a su timidez, decirle que era oro en sus manos, fue la parte más excitante del asunto, nadie conocía el lado secreto que ocultaba, su mayor interés radicaba en eso y se completaba con lo que ofrecía el chico a simple vista.

—¿Aceptas mi ofrecimiento?.

—Sí —no lo pensó demasiado, su respuesta fue rápida, todo eso le parecía entretenido.

—Desde mañana comenzamos, te veo a las ocho en punto para firmar el contrato.

Los rayos del sol pintaban para un buen día, reclinada en una silla de piel color caoba brillante permanecía detrás de un escritorio con tres documentos y bolígrafo cerca, lo esperaba un algo impaciente.

—Llegaste doce minutos tarde Ranma.

—Hubo un incidente mientras venía para acá.

—Antes de firmar debes saber que la primera regla es no enamorarse de la clienta, segunda regla, no está permitido las relaciones sexuales con ninguna de las chicas, tercera debes ser siempre puntual cuando te diga la clienta, y cuatro haces lo que te diga.

—¿Por qué haces tanto énfasis en las dos primeras normas?.

—Hace cinco años uno de mis empleados llamado Tatewaki Kuno, tuvo la genial idea de enamorar a una de las clientas, el imbécil creyó que jamás me enteraría, la chica preguntaba por él, dijo que yo le había dado vacaciones, en esos días me informaron que se acostaba con otra y que además estaban en Miami.

—Pero enamorarse es inevitable así como que también alguien te guste—se ruborizo al decirlo y evito mirarla.

—Para Kuno valía más el dinero sólo la enamoró para su beneficio jamás la quiso, ambas supieron de la mentira, las dos reclamaron el amor que le tenían, y a mi me fastidió el negocio por unos meses por culpa de su estupidez, en cuanto se enteró huyó el infeliz, dejando un par de corazones rotos y mi contrato tirado en el cesto de basura.

—Ahora creo entender lo del "entrenamiento"

—Lo primero hay que escoger la ropa adecuada, y para eso tengo que ir contigo.

Entraron a la tienda, una mujer de unos cincuenta años de mirada agradable y traje sastre alegremente los saludo, extendiendo el brazo los invitó a pasar, para después dirigirlos a la mejor área de la boutique.

La chica con exquisito gusto elegía las prendas a juego, corbata, camisa y saco, mientras el joven perdía su vista entre tanta elegancia, pensó que para obtener un traje como esos tendría que trabajar tres años sin embargo ese día lo tendría en unos minutos, sin nadie alrededor pidió que se mostrara ante ella sin camisa tal cosa le parecía que no tenía sentido al menos no para él, salió del vestidor.

—No creo que sea necesario, se nota que es de mi medida.

—¿Hace cuánto te ejercitas?.

— Desde los dieciséis años.

Caminó lentamente con la camisa en la mano, quedó frente a él, mirándolo mientras con el dedo índice delineaba cada músculo desde el pectoral hasta el six que se formaba en el abdomen, sus labios rozaban con los de él de manera provocativa, no comprendía su acción esquivó la mirada.

—Eres muy atractivo, algunas chicas querrán seducirte y otras probablemente se enamoren.

Hizo un gesto indicándole que se pusiera la camisa, ella misma la ajusto fue cerrando cada botón, llegó al último metió la tela poco a poco casi acariciando la cadera del azabache, haciendo erizarle la piel.