Hola mis amigos, Soy Yuzuchi Araki

El día de hoy, bueno a una semana antes del estreno de la segunda temporada de Yashahime, haré un one shot con la única pareja viable que veo en esta secuela, obviamente el Ritowa. Espero que a lo largo de los 24 capítulos se esclarezca de una vez los motivos de Riku y quizás su resolución la cual sería viable para consolidar a la pareja que amamos mucho de esta nueva generación.

Este será un AU donde ambos hanyos son humanos, adolescentes comunes y corrientes, esta vez ambos luchando contra pandillas de escolares como se planteó al inicio de la serie dándonos un supuesto detalle de que Towa era una peleadora callejera, marimacho, rebelde sin causa y buscapleitos aunque más tarde se nos planteó que solo ella lo hacía para defender a sus seres queridos como para ella misma.

Una cosa es enfrentarse contra un grupo de gamberros pero otra es enfrentarse contra centenares de personas y claro alguien más viene a enfrentarse a ellos y te salva la vida.

Bueno, ya explicado esto comencemos con el Ritowa… Espero que Sesshomaru no aparezca con Colmillo Explosivo para matarme solo porque me gusta emparejar a su primogénita con el supuesto hijo de su peor enemigo.

Espero que lo disfruten

Yuzu y fuera

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Era una calle de la zona rosa de la ciudad donde una especie de individuo, cuya indumentaria solo radicaba en una chaqueta negra con capucha ancha que le cubría totalmente su rostro y pantalón negro con manos en bolsillo. El extraño desconocido caminaba rondando todos los lugares posibles hasta dar con una especie de bar de uno o tres pisos.

El individuo entró al lugar mientras varios matones se percataron de su presencia, una jauría de ellos comenzó a rodear al individuo el cual dejó su maleta sobre el suelo y se puso en posición de combate. Varios de los matones salieron al ataque pero fueron derribados por simples golpes mientras que otros comenzaron a huír.

Tres o cuatro de esos gamberros quieren seguir en lucha pero es obvio que terminarán en el suelo pues su oponente no es de aquellos que desperdician su tiempo en tratar con simples basuras. Uno de ellos se lanza al ataque pero una rodilla conecta al vientre y lo manda sobre el suelo. Otros dos en junta se lanzan prestos, un bloqueo con brazo izquierdo y un derechazo directo al pecho liquidan al uno y al otro una simple patada karateca al rostro.

El cuarto que era uno más grande decide comenzar una lluvia de golpes pero fueron leídos y esquivados por ese ser que solo movía su cuello para tratar de buscar el mejor momento para liquidarlo. El sicario cree tener a su contrincante contra la pared pero este anticipa, salta hacia atrás suponiendo un soporte, salta al aire y una patada descendente envía al delincuente destruyendo una mesa en el proceso.

Un sujeto de afro es el siguiente en batirse contra el ser de capucha iniciando con una serie de patadas bloqueadas por el extraño encapuchado pero no conforme con eso simple el matón hace una serie de puñetazos de derecha-izquierda dando en el rostro cubierto del individuo hasta que un derechazo da en la sien izquierda, la fuerza de dicho golpe era capaz de mandar a ese desconocido al piso pero dicho efecto no se dio al instante.

Varios tipos quedan sin habla, pelear contra ese extraño era como tratar con algo que no era normal para ellos. El misterioso ser da una vuelta y culmina con patada hacia el lado izquierdo del cuello haciendo que perdiera la consciencia.

El ser se queda de pie, estático mientras extiende sus brazos hacia su propia indumentaria abriendo el cierre de la prenda y de un solo tirón la alza hacia el techo y se queda sobre el suelo. El ejercito de asesinos queda en shock, aturdidos y shockeados sin entender lo que estaban viendo.

El ser con quien se enfrentaban era una especie de mujer pero con ciertas características que la hacían verse como un hombre: cabello plateado corto con uno o dos mechones pintados sobre su frente, ojos de color carmín, una piel clara pero sin llegar a ser pálida, una estatura de unos 1,60, cuerpo femenino tanto bello como atlético y muy en forma.

La indumentaria que usaba la chica plateada era una camiseta negra sin mangas, vendas rojas, una desde su muñeca hasta la mitad del brazo derecho y otra sobre todo el antebrazo izquierdo, unos pantalones blue jean y tenis blancos… Era la indumentaria salida de algún anime shonen pero que le hacía buena justicia a su apariencia casi masculina.

-¡Higurashi!

-¡Shiroyasha!

Eran los gritos frecuentes de casi todos los malandros como si supieran de antemano la identidad de aquella figura que les ocasionaba problemas desde hace un buen rato.

Más sujetos le salieron para darle su merecido pero también corrieron con la misma suerte, intercambio simple de golpes, esquives, algunos salieron volando contra las paredes, otros caían sin conocimiento y otros echaban carrera en polvorosa. Todo iba fácilmente a favor de la joven luchadora hasta que uno de esos canallas como el gran cobarde que era rompió una botella sobre su cabeza.

De los que estaban presentes comenzaron a capturarla, uno de ellos usó una cadena sobre el cuello de nuestra amazona de plata con tal de ahorcarla mientras que otro emprendía una serie de puñetazos como si su contrincante fuese un costal de boxeo y con el que se entretenía constantemente hasta sacarle la arena.

No conforme con ese trato la tiraron sobre el suelo y empezaron a tratarla como si de una basura insignificante se tratase. La pobre solo tenía la visión del suelo contra su cara mientras sentía que algo estaba vibrando sobre sus oídos, juraba que varios pies sonaban y pisaban toda su anatomía, el suelo comenzaba a temblar ante su vista y hasta veía pequeños rastros de su sangre.

La vista del suelo comenzaba a nublarse lentamente hasta que todo entró en negro dejando solamente los sonidos lejanos y sus singulares ecos. Gritos, sonidos de golpes, una sirena de policía, unos brazos que la llevaban, un extraño pero cautivante olor a perfume y por supuesto una suavidad que rodeada su cuerpo.

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Al día siguiente…

Towa resoplaba cada vez que Riku, su novio pasaba el algodón con alcohol por sus heridas. Quizás no era una bravucona o una buscapleitos pero cuando se trataba de sujetos que tenían siniestras intenciones sea con su pequeña prima Mei, algunas de sus amigas del colegio y hasta con ella misma era capaz de darles la lección que se merecían como se debe, junto con el detalle de que ella tenía 14 años pero por su apariencia física la hacía aparentar que tenía más edad.

-¿Te duele?-Preguntó el cuasi pelirrojo ya casi terminando su trabajo.

-Estoy bien, son sólo unos raspones.

-¿Seguro que no duele?-Apretó más el algodón contra una de las heridas.

-¡Ya dije que no, maldito idiota!

-Bueno, bueno no te enojes cariño- Sonrió tontamente dándose cuenta de su error a lo que vendó rápido lo que le faltaba y salió de la habitación por un rato para tratarse un poco más sus heridas las cuales a comparación de su pareja eran leves pues cuando apareció con tal de salvar a su princesa de esa horda de pandilleros los derrotó con el solo uso de un par de nunchakus como si fuera el mismísimo Bruce Lee aparte de que la policía estaba al tanto de los movimientos de ambos bandos.

Mientras con la peliplata, ésta se tiró en la cama mirando ausente el techo mientras que sentía sus ojos comenzaban a humedecerse, cambió de posición y se ocultó en su cama dejando salir el dolor que sentía por dentro, no porque su orgullo estaba herido o porque el muchacho lidió a lo fácil con esos gamberros sino que simplemente no debió haber involucrado al muchacho en un asunto que no era propiamente el suyo.

-Towa…

-…- La joven se limpió las lágrimas al oír una conocida voz

-Princesa, ¿Te encuentras bien?-

Un muchacho alto, castaño, de unos ojos verdosos y de tez casi morena entró despacio a la pequeña habitación de su pequeño apartamento. Era alto por unos cinco centímetros o un poco más que la peleadora, quizás tenía una apariencia casi algo afeminada pero eso no quería decir que fuese un gran peleador callejero.

-Estoy bien, Riku. Dejame sola- No importaba cuánto quisiera aparentar que era una chico dura y solitaria, ese muchacho no la dejaba para nada como en caso viceverso- No debiste meterte

-Tienes razón pero si yo no hubiera llegado seguramente estarías muerta y de la peor manera- Reacio a irse se sentó en la silla junto a la cama mientras la menor se destapó de las sabanas para terminar sentada abrazándose sus piernas junto a una cara de completa tristeza evidenciaba por sus lágrimas que la traicionaban.

El muchacho solo se limitó a suspirar en silencio mirando con pesar a su chica, no le gustaba verla pero él comprendía.

-Entonces, ¿Esos sujetos con los que peleaste casi abusaban de Mei?

La peliplata no movió ni un dedo por varios hasta que miró con ese gesto que denotaba el sentimiento que la carcomía por dentro.

El muchacho iba a limpiarle una lágrima pero optó por no hacerlo y solo se limitó a acostarse tranquilamente al lado de su pareja la cual siguió sentada en la pequeña pero cómoda cama, no evitó juntar su mano izquierda con la derecha del castaño.

-Ellos son una pandilla conocida en la cuadra donde estudia Mei, no es la primera vez que lucho con esos sujetos. No hay un solo día donde me caigan mal, no los soportaba y les di una lección, fin del tema

Imitó a su pareja y se acostó de lado manteniendo su mano con la del castaño el cual dejó que la joven se acercaba más a él posando su cabeza sobre el pecho. Towa inhaló sintiendo el calor y el olor a manzanas que expedía su novio y exhaló para acostarse sintiendo los latidos de su pareja mientras se permitió una pequeña sonrisa.

-Gracias Riku…

-Todo lo que sea por mi princesa de plata

-Oh vamos tonto, no comiences con tu romanticismo

-Pero no puedo evitarlo cada vez que te veo- Decidió acostarse bocarriba mientras que la peliplata se acostó encima suyo aunque con cuidado teniendo en cuenta sus heridas

-Bueno, no importa- Miró directo al muchacho sonriendo en grande- Gracias, de todos modos aunque… ¿No me digas que usaste esos chakos que compraste en internet?

-Había una patrulla cerca por lo que supuse que estabas causando un alboroto y vi como esos perros cobardes hacían contigo pero tenía que hacerlo rápido o en estos momentos estaríamos en el reformatorio y claro, tu padre se encabronaría en especial conmigo

-Riku, no debiste hacerlo

-Ya es muy tarde para lamentarte del pasado-Sonrió quedo- Ahora estamos muy bien y sin que nadie nos moleste

-Sí, tienes mucha razón

La joven luego de decir eso se quedó callada mientras sentía que el dolor se disipaba dentro de su ser mientras sentía el calor que le embargaba el chico que amaba mucho. Se quedó callada mientras no dejaba de estar abrazada a Riku que la miraba de reojo, la joven a pesar de su faceta de peleadora callejera también tenía un lado tierno que solo las personas más cercanas le conocían empezando por su prima Mei que la consideraba más una hermana mayor que una simple prima hermana.

Eran dos años desde que salían cuando la peliplata terminó la primaria, se habían conocido por casualidad cuando se topó con el castaño, según recordaba el muchacho era nuevo en la ciudad y no conocía muy bien el vecindario donde vivía a lo decidió guiarlo, luego pasaron muchas cosas y ahora estaban disfrutando de la compañía del otro luego de dar una buena pelea.

-¿No crees que deberías estar en tu casa?- Preguntó Riku mientras veía el reloj en la pared- En estos momentos tu madre se estaría preocupándose por ti y conociéndolos ya me imagino a tu padre y a tu hermana moviendo cielo y tierra para buscarte

-Me voy a quedar-Se acomodó mejor sobre el pecho de su amado y sonrió como si fuera una niña pequeña, algo que cautivó a los verdosos del muchacho- De hecho quiero quedarme contigo

-¿No me digas que luego de pelearte con esos sujetos me ibas a buscar para tener sexo?

La joven se sonrojó y desvió un poco la mirada aunque su sonrisa se desencajó un poco

-Jajaja, si algo así pero creo que eso será más tarde, me duele tanto el cuerpo que tengo pereza

-Ya somos dos…

Ambos se sonrieron y decidieron relajarse de la compañía del otro hasta que el sueño los dominó y quedaron así toda la noche, ninguno de ellos despegó la mano por nada pues era otra de tantas noches en la que ambos se quedaban hasta el día siguiente en el pequeño apartamento donde ocasionalmente se ocultaban para que ninguno de ellos no pudiera ser localizados.

Se podía decir que Riku y Towa, a pesar de ser una pareja en ocasiones eran un dúo de peleadores que se ayudaban ocasionalmente entre sí como los sucesos de hace unos momentos sobre todo para Towa que últimamente era blanco de pandillas de motociclistas y ocasionalmente pequeñas legiones de yakuzas.

El castaño ocasionalmente era de buena ayuda siempre y cuando que la situación se tornaba grave, no importa si la balanza se inclina en contra de la peliplata o que terminara contra las cuerdas, ese chico aparecía para salvarle el día y claro echándole una mano con tal de patear traseros de bullies y luego de eso, cuando estaban a solas le echaba la mano aunque eso sí, era cuidadoso o de lo contrario su futuro suegro ya lo habría asesinado hace muchísimo tiempo.