No era día de actualización. No importa.

Estoy preocupada por ti.

Temo que tengas un mal día y te sientas en soledad y desanimado. A veces las cosas pueden verse realmente mal.

Con un poco de suerte no estas teniendo uno de esos días, pero en el caso que lo tuvieras, quería dejarte algo que te ayudara a distraerte un poco.

No puedo hacer mucho más que esto por ti y lo lamento por eso, pero me esforzare para que sea lo mejor que te pueda dar.

De modo que si te sientes mal, desanimado o cansado, puedas descansar aquí por unos momentos.

Recupera tus fuerzas y luego, por favor, sigue.


-Encontrando algo verdadero-


-Pero no hay nada mejor como el torrente que viene con tu abrazo. Y en este mundo de soledad vi tu rostro. Ya todo el mundo alrededor piensa que estoy enloqueciendo... tal vez, tal vez-


Nunca pensé que un camino se sintiera tan bien.

Es raro pensar en estas cosas y siempre me sorprendo a mí misma cuando me pongo en este modo contemplativo.

En el campo de batalla no tienes que pensar mucho. Por lo menos las mentes bien adiestradas como la mía ya no lo hacen.

Titubear. Que cosa más estúpida... y mortal en los peores momentos.

Por eso no lo hago.

Siento como si ya no pensara cuando empuño mis dagas. Es saltar, matar, salir... y repetir. Es simple, me gusta simple.

Y es emocionante cuando encuentras un verdadero desafío.

Quizás me siento un poco cansada de toda esa emoción y por eso estoy poco a poco enamorándome también de este camino que nada tiene que ver con una vida noxiana.

Es calmado. El caballo que me lleva rara vez se impacienta por algo mientras cabalgamos por aquí. No importa si es de día o de noche, como ahora, siempre es agradable.

Nadie me conoce por aquí, así que cuando la gente me cruza, me saludan, conversan un poco conmigo, me acompañan un tramo y luego se despiden.

Es tan raro, lo juro, pero me gusta.

Es como tener dos vidas.

O quizás sea más bien como tener sola una pero en jornadas laborales y de descanso divididas.

¿Ahora estoy descansando?

Que forma más ridícula de descansar... viajando por un camino que toma días para llegar a otro lugar donde no me puedo quedar demasiado tiempo tampoco, antes de volver a emprender viaje.

Viéndolo de esa forma, parece una tortura más que un descanso, entonces... ¿Por qué sonrío?

Ah... es verdad... sonrío porque mi cara imita la sonrisa de quien me espera. La que seguramente recibiré cuando llegue. La que ansió no solo ver sino también sentir.

Agh... Cassiopeia tiene razón respecto a todas las burlas que recibo de ella.

Apuesto que sueno ridícula y ni siquiera estoy hablando con alguien aquí para que lo corrobore.

Claro, podría comenzar a hablar con mi caballo y dentro de poco estaré en una sala con un profesional de la salud mental, medicándome píldoras muy fuertes.

Ella hablaba con los caballos ¿No?

Quizás no sea mala idea. Aun me falta un poco para llegar.

—Amm... oye...— trató de llamar la atención de mi equino, pero ni siquiera cambio su andar, sus orejas están firme y bien levantadas, pero nada me dice que me este realmente prestando atención—. Es una noche muy calurosa y-¡Y esto es tan estúpido!

¡Gracias a Dios no hay nadie aquí!

Me debo ver ridícula haciendo esto ¿Por qué ella no se veía ridícula haciendo lo mismo? ¡Ella se veía tierna! ¡Hasta parecía de lo más normal que le preguntara al caballo si quería una zanahoria! ¡Claro que iba a querer! ¡¿Por qué se lo preguntaba?! ¡¿Acaso le iba a contestar que no?!

"Ay, perdone señorita, no puedo comer lo que me ofrece, soy intolerante a la vitamina A"

¡Claro que no!

¡Dios! Que manía del demonio que tiene esa mujer para ponerme los pelos de punta sin siquiera estar aquí.

Nos concentremos ¿En qué pensaba antes? Ah sí... estaba disfrutando del camino, eso... nos concentremos en el camino.

Miró hacia el frente y reconozco la senda, aún falta mucho por llegar, pero está bien, porque estoy acercándome a ella.

Ya quiero llegar.


Aún era de noche cuando divise la pequeña casa en uno de los montes. Las demás viviendas parecían tener a sus familias completamente dormidas en ellas también.

Mejor, no tengo que distraerme con nada más en este tramo hasta llegar.

El camino se hace por momentos de piedra y puedo sentir las pisadas de mi caballo por él. Debe estar cansado también. Por más que disfrute del viaje, siempre me siento muy cansada al llegar aquí.

Como cuando alguien hace un gran esfuerzo y ya llegada a la meta quiere simplemente descansar.

O quizás ya me estoy haciendo ilusiones con sus brazos y poder dormir en ellos.

También siento hambre, y poder bañarme, comer y dormir me hace ilusión... poder hacer esas cosas con ella tampoco estaría mal.

¿Cuándo fue que me volví así de... idiota?

Que molesto, siento extraña la cara solo de pensarlo.

Bajo del caballo y comienzo a caminar a su lado cuando estamos en frente de la valla de madera y su puerta.

Es extraño, suelo tener un pequeño comité de bienvenida a estas alturas, pero inclusive cuando llego a la puerta principal y toque, nadie me recibe.

¿No está en casa?

No tardo nada en encontrar la llave oculta en una de las macetas, cerca de la entrada, para abrir.

Luego de dar unas cuantas vueltas por el lugar me doy cuenta que, en efecto, no hay nadie aquí.

No me preocupa. Siento que todo está bien.

Es eso o es el cansancio que traigo que me dice que es mejor que piense de esa forma.

Estoy sucia por el viaje y no quiero ensuciar la cama. Ahora de repente me siento demasiado perezosa, inclusive para bañarme.

El caballo no se ira a ninguna parte, quizás hasta ya haya encontrado solo el camino al corral, y me daría lastima por cualquiera que intente robarlo, así que es algo menos en lo que preocuparme.

Casi inconscientemente me dirijo al enorme sofá de la sala y no me siento, directamente me tiro en él, boca abajo. Me giro un poco y ya creo que encontré mi posición.

Se siente tan bien.


Me despierto al sentir el hormigueo en mi mejilla.

La sala ahora está llena de luz, pero no la suficiente como si el sol estuviera en lo alto, quizás aún es de mañana, no lo sé, me cuesta adivinar.

El hormigueo en mi mejilla ahora es más consistente. Levanto un poco mi vista y me encuentro con la sonrisa que tanto había esperado.

—Hey...— me saluda dulcemente mientras me mira y acaricia mi rostro.

No necesito nada más.

Me acomodo para quedar boca arriba por completo y dejar que me acaricie más de esa forma.

— ¿Y esa sonrisa tan orgullosa?— me pregunta y es verdad, siento el rostro lleno de confianza.

—Ah... estoy feliz.

— ¿Oh?— me vuelve a indagar mientras me sigue dando con el gusto de acariciar, no solo mi rostro, sino también mi cabello.

Le tomo la mano para que la descanse en mi mejilla. Se siente tan bien.

— ¿Dónde estabas?— le preguntó, no como una demanda, sino por saber que ha estado haciendo la persona que roba mis pensamientos.

... les juro que escucho la risa de Talon cada vez que pienso de esa forma. Mis hermanos tienen razón, perdí mi cabeza, la perdí por completo.

—Trabajando un poco.

— ¿Mmm?

—Sí, de partera esta vez.

—Ah, no sabía de ese nuevo súper poder tuyo.

—No lo es. No es mi especialidad. Pero han venido algunos magos con los que he compartido conocimientos y querían mi asistencia en el nacimiento de su nuevo bebé. No pude decirles que no.

Mirándola bien ahora, puedo verla cansada. La ropa que trae tiene manchas de sangre y mugre.

— ¿Te lavaste las manos antes de tocarme?— le pregunto y su sonrisa se trasforma de amable a siniestra.

—Mmm... ahora que lo mencionas...

— ¡Qué asco!

— ¡Oh, vamos! No puedo creerlo viniendo de ti. Literal, hay veces que confundía tu cabello con la cantidad de sangre que traías encima.

—Pero era sangre de batalla del cuerpo de mis victimas ¡No de la... vagina de alguien!

—La-la vagina es también parte del cuerpo de las personas, ¿sabes?

—No me importa— contesto, pero su mano pasa de mi mejilla a tapar mi rostro.

Me quedo quieta pensando en las posibilidades y no digo nada más, ella tampoco lo hace por varios segundos.

—Agh... voy a vomitar.

—Deja de llorar, solo bromeo contigo.

—Hueles a sangre.

—Sí, eso no te lo voy a negar, también lo siento, pero sí, me lave las manos.

—Quítamelas.

—No.

— ¿Por qué no?

—Porque me gusta sentir tu lindo rostro— me dice con voz graciosa mientras pone sus dos manos en mi cara y me la arruga un poco.

Dejo que haga lo que quiera en mi cara mientras la veo realmente divertida en desfigurármela y reír por las diferentes expresiones que logra hacerme, hasta que finalmente parece cansarse y solo me toma de las mejillas.

—Estoy feliz que estés aquí.


Luego de discutir un poco de como será nuestro día, decidimos que lo mejor era tomar un baño y luego comer.

Mentiría si dijera que no pensé en lo acogedor de este baño mientras viajaba.

Me gusta un montón pese a estar acostumbrada a una enorme mansión con múltiples baños y de los modelos más extravagantes. Este lugar, de madera marrón oscura estilo oriental, con su bañera simple y colores cálidos, me agrada.

El agua está caliente y dejo que la bañera se llene conmigo ya metida adentro. Siento que me dormiré de nuevo. No me importa quedar como una pasa luego, lo vale.

—Esa es nueva.

Levanto un poco mi vista y veo que Lux sigue tomando una ducha cerca de donde estoy. Como dije, no es un baño realmente grande.

Creo que se tomó a pecho lo de la sangre y no quiere meterse conmigo por miedo a que me de asco o algo.

— ¿Mmm?

—La cicatriz— aclara, cerrando la ducha y acercándose a donde estoy— aquí.

Ella señala con su índice mi hombro y yo sé a cuál se refiere, pero no me interesa tanto como mirar su cuerpo mientras se mete conmigo a la bañera y se recuesta a mi lado.

—Si te digo que me lo hizo un gatito... ¿Me crees?

— ¿Qué tan grande era ese gato?

—Como del tamaño de un hibrido... como Daga...

—Ah... te creo entonces.

Mi mano comienza a dibujar círculos en su hombro. Las gotas de agua caen por su piel a medida que la acaricio.

Es otro recordatorio para mí de lo diferente que somos, pues no hay en ella ninguna imperfección en su cuerpo que salte a la vista.

— ¿Estas cansada?— me pregunta.

—Estoy cansada.

— ¿Demasiado cansada?

—No demasiado cansada.

— ¿Quieres dormir luego de comer? Puedo preparar algo rápido.

— ¿Tienes otros planes luego de comer?

—Quiero ir a ver de nuevo a esos magos que ayude antes... ver si todo está bien y comprar algunas cosas en el reino, ya que estas aquí.

—Te acompañare entonces.

—No tienes que.

—Quiero.

La veo sonreír y se entonces que elegí bien mis palabras.

Es verdad lo que pensé antes, esto también se siente como parte de un trabajo, así que quizás no estoy descansando para nada. Hacer las cosas bien para verla sonreír, aun cuando eso implique que deberé prolongar mi hora de sueño.

Me gusta mi trabajo.

La veo levantarse un poco, buscando mi rostro, me inspecciona con eso habituales ojos brillantes que tiene y sus mejillas se sonrojan. Todo su rostro la deja en evidencia respecto a sus intenciones.

Nunca vi un trabajo tan bonito.

Para cuando encuentra mis labios, siento que ya me ha besado desde antes de tocarlos. Son tan suaves y cálidos que moriría feliz derritiéndome por ellos.

Por lo menos puedo contenerme para mantener las cosas en calma en un nivel placentero sin aspirar a más.

Aunque solo me dure unos minutos y la necesidad me haga acelerar un poco las cosas.

Sigue siendo placentero y, para cuando nuestras respiraciones ya se escuchan agitadas y tiramos un poco el agua por afuera de la bañera, puedo ver de nuevo en sus ojos ese brillo, pero con las pupilas dilatas.

Otra señal de que estoy tomando las direcciones correctas y no puedo estar más conforme con mi desempeño.


Quizás estoy vieja.

Y es un pensamiento horrible pero, por Dios, quiero dormir.

Me entrenaron por años, desde niña, para batalles interminables, y un solo round con esta niña y muero de deseos por las sabanas.

Salimos de nuestro hogar luego de comer.

En el establo del costado ya está acomodado el caballo en el que vine y Lux se acerca a él.

—Está bien, déjalo, sabe lo que tiene que hacer — le digo, caminando hacia donde está. No quiero que pierda mucho tiempo en su cuidado.

—Solo veré que este cómodo.

—Lo está, esa cosa esta acostumbrado a caminar entre púas.

— ¡No lo hagas caminar entre púas!

— ¡No puedo evitarlo si es por donde tengo que pasar! ¿Qué quieres que haga? ¿Qué lo cargue?

— ¿Cómo se llama?

—Oh, aquí vamos de nuevo. Como ya te lo dije, como un millón de veces-

—Sí, sí, ya. Los chicos malotes, rudos, duros como nuestra cabeza, de los noxianos, no le ponemos nombres a nuestros caballos.

—Se llama... caballo.

—Siempre tan creativa, me preguntó cómo iras a nombrar a-

— ¿Mmm?— pregunto pero de repente parece muy pequeña en su lugar y ya no habla.

—No tengo zanahorias, debemos conseguir en el reino ¿Crees que le vaya a gustar las manzanas?— me pregunta, abriendo una bolsa de tela que cuelga en uno de los poste.

—No, perdón, a este caballo no le gustan las manzanas.

— ¿De verdad?

—Sí, me lo comentó de camino aquí — aclaro con seguridad—. Ya sabes, íbamos hablando y luego de presentarse como "caballo" me confesó que su exnovia lo dejó por su hermano... la familia de la novia tenía un manzano cerca de su ventana.

Lux me mira con reproche en sus ojos, pero ya no puedo parar.

—De verdad, me confesó que siempre que ve una manzana llora. Le hizo mucho daño esa maldita... yegua.

No me hace más caso y acaricia la cabeza de la animal con cariño luego de darle la manzana.

—Gracias— le dice mientras lo mira con cariño— por traerla a salvo.

Miró hacia arriba y no lo puedo creer. Es lo que pensé. No se ve como una lunática o una idiota, se ve totalmente normal.

Ella puede hablar con los caballos u otro animal que no le pueda contestar como si fuera lo más natural del mundo.

Anda tú a agradecerle a una víbora por no morderte la entrepierna y haber elegido el tobillo. ¡Es estúpido!

—Y perdónala, a veces es muy idiota la pobre.

— ¡Estoy totalmente... de acuerdo contigo en esa parte!— confieso mientras niego con mi cabeza.

Ella se acerca a donde estoy y me toma la mano, dándome un corto beso en los labios antes de guiarme hacia afuera de la cerca.


Compramos algunas cosas en el camino, pero la mayoría para el recién nacido.

Lux pareció compadecerse de mí y resolvió ir directamente a donde los magos y arreglar todo allí para simplemente volver a casa.

Su plan estuvo bien pensando, como siempre, pero fracasó en la ejecución... como siempre.

Sé que ella es muy carismática y amable, sabía que donde pisara la gente la iba a querer, por eso caminar con ella significaba hacer paradas por las personas que la saludaba o le daba platica.

Ir de la mano era un agravante extremadamente poderoso.

Sentía las miradas puesta en mi todo el tiempo, y más de uno, lo más hozados, hasta le preguntaban por mi o querían sacarme charla.

Tan diferente a mi querido Noxus, donde nadie me hace perder el tiempo, pero aquí... supongo que tampoco esta tan mal.

Es que de verdad quiero volver y terminar de concretar mi cita con la cama. Perdónenme gente, de por si no soy sociable, con sueño, mucho menos.

¡Pero de nuevo! ¡Ella se ve feliz!

En ningún momento me soltó de la mano. Nunca cambió el tono alegre y despierto cuando querían averiguar por mí ¡Y de hecho la mayoría parecía adivinar quién era! Como si se les hubiera hablado de mi ¡Pero de una forma buena!

¡Y eso es nuevo!

¿Qué le dijo esta mujer? ¿Qué en vez de asesinar eficientemente, cocino unos tartas exquisitas?

—Perdón, ya casi estamos allí— la escucho decir luego de despedir a otro de sus conocidos.

—Está bien, no me molesta... ellos lucen... simpáticos.

— ¿Preferirías estar afilando tus cuchillas?

—No...no... no... Bueno... no, en realidad estoy bien.

—Prometo que no me tardare, de acuerdo.

—Estoy casi convencida... que mientes. Pero no te preocupes, puedo resistirlo.

—Gracias— me dice con gracia y puedo sentir de nuevo con entrelaza sus dedos conmigo.

Eso está bien ¡Puedo hacer esto! ¡He sufrido torturas de todo tipo! ¡Pasado por el peor de los fríos! ¡Sometida a horrendos calores! ¡Caminado por espinas por días! ¡Y socializado con personas que me querían muerta!

¡Puedo socializar con personas normales que para variar no quieren arrancarme la cabeza! ¡Puedo hacerlo totalmente! ¡Yo puedo!


— ¿Ya nos vamos?

Si esto significa la derrota total y rotunda, no me importa.

Lux me mira con una sonrisa y una expresión condescendiente, pero es evidente que aún me pide un poco de mi paciencia.

Estoy sentada en la mesa con esta mujer que no para de hablarme de sus 5 hijos, y como todos ellos tienen una increíble descendencia, menos el segundo de ellos, que no puede encontrar una esposa, pero no porque no tenga pretendientes, sino porque el muchacho no quiere sentar cabeza.

¡No me interesa, señora!

Y no, no ha servido el quedarme callada, no ha servido tratar de cambiar el tema ¡Ni siquiera sirvió el "Es todo un tema los chicos de ahora"!

Y cuando pensaba que nadie podría venir a rescatarme, tocaron a la puerta ¿Quién? ¿Un héroe? ¡No! El mismísimo ejecutor de las peores pesadillas. ¡Ni en Noxus tenemos un verdugo más eficiente!

Llegó la vecina.

¡La cual también tiene un hijo que no se quiere casar!

¡Dios las cría y el viento las amontona!

Estoy tomando té como si mi vida dependiera de que me explote la vejiga y de esa forma Lux me saque de aquí con la excusa de que se le está muriendo el amor de su vida ¡Por favor!

—Ah... de Noxus, de Noxus...

Mi mirada se inclina a un lado y veo a un señor anciano con un bastón, asintiendo. La mujer de la casa le habla y este desvía la mirada a ella, vuelve a asentir con una sonrisa a lo que le dice. Satisfecha, su esposa vuelve a la conversación con la vecina.

El anciano me mira de nuevo y señala con sus cejas mi pantalón. Al ver hacia abajo puedo notar que una de mis dagas sobresale y la oculto con lentitud.

Quizás la hubiera dejado en casa, es la costumbre, no quiero asustar a nadie por aquí.

—Sí, de Noxus, pero no estoy aquí por el imperio— contesto de forma baja, mirando a las mujeres, con cuidado de que estas no escucharan lo que les digo.

—Perdone, señorita, pero necesito que me vea cuando me habla.

— ¿Eh?— pregunto sin entender y puedo ver al anciano hacerme una seña mientras se toca la oreja— ¿Esta sordo?

—Un poco, sí... el tiempo, pero puedo leer los labios— me contesta con una sonrisa.

No puedo evitar sonreír pensando que es así como mantiene el amor por esta mujer que habla hasta por los codos.

¡De repente todo tiene sentido!

—Sí, de Noxus, pero no vengo por temas del imperio— le digo ahora mirándolo, el asiente, para luego tocarse el pecho y volver a mirarme con una expresión expectante—. Ah... si, por esos asuntos.

—Le mostrare el estante— anuncia el anciano a su mujer y esta asiente rápidamente, dándome indicaciones que le siga.

Lux me abandonó hace un par de minutos por atender a la reciente madre en su habitación. Si me voy de aquí y ella regresa, no me encontrara para rescatarme.

Sí, a esto llegue, no me avergüenzo de nada. Necesito de una mago demaciano que me rescate de un montón de viejos.

Sin saber que más hacer y sin esperanzas, sigo al hombre. Este me lleva a través de los pasillos de la casa hasta que finalmente llegamos a una especie de dojo pequeño.

No me esperaba esto.

La pared del fondo está repleta de armas de todo tipo, bien cuidadas, brillantes y catalogadas.

El hombre se da la vuelta y parece orgulloso de mi asombro. Se pone la mano en el pecho antes de hablar.

—Jonia— contesta con una sonrisa apacible.

—Ah... Jonia— devuelvo yo, entendiendo solo con esas palabras.

Recuerdo fugazmente los interminables conflictos entre Noxus y Jonia y eso hace que mi mirada vuelva a él, pero no parece haber en el hombre ningún conflicto conmigo en su hogar.

Esto me confunde bastante, debo admitir. Siento como si debiera disculparme por algo, pero no lo hago. Es un sentimiento extraño.

—Son asombrosas— termino diciendo respecto a la colección, sin saber que más hacer o decir.

—Echa un vistazo más de cerca— me invita él, complacido por mis palabras.

Lo hago, me acerco y es cierto que es más fascinante ahora. Siempre me han gustado estas cosas, ver la variedad por estilo, encima poder contemplar los poderes de otra región. Es tan curioso.

—No son todas de la misma región ¿No es así?— pregunto, pero al voltearme puedo ver al anciano examinando mi daga. La busco entre mis ropas, pero no está, es la misma que él me quito.

¿Cuándo?

—No, diferentes regiones, no todas de Jonia— me contesta él y lo veo dirigirse a una mesa de trabajo.

Quiero reclamar por mi daga, pero el vuelve pronto a mí, devolviéndomela y ofreciéndome un paño bien doblado de una tela muy gruesa.

—Estas, estas— murmura y yo recibo lo que se me ofrece.

Pesa un poco y al develar lo que las telas ocultas encuentro dos cuchillas grandes. No llegan a ser sables, pero su filo es demasiado largo.

Son hermosas, de un negro en la empuñadura que se va aclarando hasta volverse plateado en las puntas y el filo. Lleva piedras de jade que ornamentan parte del cuerpo y el mango.

—Ah, combinan bien con tus ojos.

Me quedo sin habla y puedo sentir que mis mejillas toman un poco de temperatura. Las palabras me parecen familiares y es eso lo que me hace sentir extraña.

—Ella siempre dice que tienes unos hermosos ojos verdes. Yo estoy de acuerdo— aclara mientras ríe.

—Oh, muchas gracias... y si, son muy bonitas— digo contemplando de nuevo las cuchillas.

Trato de dárselas de nuevo, envolviéndolas como él lo hizo, pero el hombre levanta una de sus manos y niega con la cabeza.

—No puedo aceptar esto, por favor.

—Solo pueden hacer juego con su dueña... no son mías ya.

El hombre comienza a alejarse, como si sospechara que yo insistiré en rechazar su regalo. No se equivoca, pero tampoco quiero dejar estas cosas en cualquier lugar. Trato de seguirle el paso y tratar de devolvérselas en la mano, pero es muy terco.

¿Qué debería hacer?

Le diré a Lux que no me las robe, eso de primero.

Puedo ver la luz del comedor y las voces de las mujeres desde donde estoy. Se me acaba el camino.

—No he vuelto a pisar Jonia— digo atropelladamente, el hombre se detiene— ¡En años!... No he ido a Jonia en años... no planeo ir tampoco...

El hombre se voltea y me da la misma sonrisa apacible, asintiendo un par de veces.

No es la primera vez que lo pienso pero... la gente de este reino... que rara es.


—Le insistí de las mil y una forma de que no debía pagarme con nada, pero siempre lo vi atento a la mínima cosa que decía, buscando como recompensarme— me explica cuando ya estamos de camino de vuelta—. Supongo que supo quién eras y no dudó en tomar su oportunidad.

— ¿Así que estas son en realidad "tus" dagas?— pregunto entendiendo que lo que el anciano quería era retribuir la labor de Lux y nada tenía que ver conmigo.

—Ah, sí, sí, últimamente se me da tirar cosas afiladas mientras doy vuelta como un carrusel desquiciado.

—Carrusel desquiciado...

—Sí, totalmente, hasta me compre ropa de cuero negro y cosas con... púas de metal.

—…ahora que lo dices creo que el cuero negro te quedaría muy bien.

—No hablas en serio.

—Sexy.

—Cállate.

—De verdad, ahora tengo un objetivo cuando lleguemos. Podemos ir a la cama y te pones mis ropas unos minutos... y digo minutos porque quizás te la quite en segundos.

—Agh...

La veo quejarse mientras se adelanta para que no le pueda ver el rostro, pese a que ya se lo está cubriendo con las manos.

Acomodo el obsequio del ansiado debajo de uno de mis brazos y me adelanto para alcanzarla y tomar una de sus manos.

— ¿Qué cenaremos?

—Estofado, supongo. Conseguí las verduras que necesitaba. Unos niños a los cuales ayudo con la enseñanza de la magia fueron de caza y me regalaron una buena porción de carne de conejos. Pero si prefieres podemos cenar afuera.

—Si estas demasiado cansada para cocinar, acepto lo de salir, pero preferiría que cocinaras para mí.

—Ah ¿Te gusta las recetas de la casa?

—No puedo negarlo, aunque también siento cierta atracción por la dueña de la casa.

— ¡Hoy estas...! No importa...

— ¿De qué te quejas? Luces súper feliz cuando hablo así— me burlo, pero se los aseguro, es una realidad.

Y si tengo que ser honesta, no me esfuerzo en nada.

Esta chica es maravillosa. Me da más trabajo retener este tipo de comentarios o acciones que hacerlas.

—Cocinare para ti, no estoy cansada.

— ¿Segura? ¿Todo salió bien en el parto entonces?

—Sí, todo salió muy bien. El bebé es sano, un varón. La madre también está bien.

—Lo vi cuando se asomaron a la puerta.

—Ah, es verdad.

—… es tierno.

— ¿Mmm?

Agh, esto va a ser incomodo, pónganse cómodos, porque yo no podré.

—El bebé, era tierno.

—Ah, sí, los bebés suelen serlo.

—No todos los bebés son tiernos. Tú no viste a Cassiopeia de bebé.

—Tú eras tierna de bebé.

— ¿Eh?

—Talon me regaló una foto tuya.

—La traición hermano, la desilusión.

— ¡Tenias unas hermosos ojos saltones y te manchabas porque tenía el biberón como si quisieras tomarlo por la oreja!

— ¡Yo conozco esa foto! ¡No puedo creerlo!

—Tan tierna, mi Katarina.

—Ah... me estas matando.

Esto no es la dirección que quería tomar ¡Para nada! ¡¿Y por qué Talon se lleva bien con ella?! ¡Cassiopeia aun la odia!

—Un bebé muy tierno, de verdad.

—Estoy segura que tú también lo eras... pero perdón, tu familia no me pasa datos como ese, solo me queda adivinar.

—Estoy casi segura que no se me daba por tratar de tomar leche por la oreja.

—Deja eso, por favor, ya.

Nuevamente parece compadecerse de mí y me deja en paz. Caminamos en silencio un buen tramo hasta que ya puedo ver la casa con su cerca de madera.

Hay algo que quiero decir, pero es difícil. Solo de pensar en decirlo o de tratar de armar la conversación en mi cabeza, hace que mi corazón se acelere mucho en mi pecho.

Inclusive me siento a mí misma tragando pesadamente y poniéndome tensa seguro lo va a notar y comenzara con sus indagaciones exhaustivas que me llevaran a la muerte.

—Dione— termino diciendo y por supuesto he provocado que me mire de costado sin entender— me gusta "Dione".

—¿Dione?

—El nombre... te preguntabas como nombraría a un bebé ¿Cierto? Si es mujer, me gustaría que se llamara Dione.

Como asesina de elite lo digo, nunca me termino de sorprender de la cantidad de formas que uno puede estarse muriendo.

No dice nada y ya llevamos caminando unos cuantos pasos ¡¿Por qué no dice nada?! ¿Tan estúpido fue lo que dije? Admito que ponerle Daga a un perro no fue lo más creativo viniendo de mi ¿De acuerdo? O quizás es que de verdad este tema es de lo más complicados con los que debemos tratar, y yo sé que a ella le gusta la idea. ¡Pero nunca dice nada! ¡Como si temiera con su vida que yo odiara eso!

Uno hasta puede ver el temor en sus ojos inclusive cuando presiente que el tema pueda salir, y si es que sale, como hoy que no le quedó otra, trata de rodearlo con bromas de todo tipo ¡Que molesto!

De repente puedo sentirla abrazando mi brazo. Su cabeza debe estar ahora apoyada a mi hombro.

—Es un hermoso nombre. Me gusta.

¡¿Cómo se respira?!

—Ah... me-me alegro— digo y siento que me hormiguea los labios. ¿Por qué me pasan estas cosas?

—Venimos teniendo noches muy calurosas últimamente.

Cambió el tema de repente ¡Y por eso te amo tanto, Lux! ¡Gracias! ¡Muchas gracias! ¡Eres asombrosa! ¡Te juro por mi familia que te lo compensare en todas partes!

— ¿Es así?— pregunto mientras ya siento que podemos ir a una conversación en un terreno más confortable.

—Sí, pero en esta zona llueve con frecuencia, así que no descarto que tengamos una mañana agradable con llovizna.

—Eso suena bien.

— ¿Verdad?

—Sí, seria refrescante.

—Aun si no llueve mañana estoy segura que lo hará durante la semana... ¿Cuánto tiempo te quedaras esta vez?

La pregunta salió muy apresurada, y puedo ver en su rostro que ya se está arrepintiendo de haberla hecho.

—Bueno, yo sé que-

—No hice planes de volver— la interrumpo de inmediato y ella detiene su paso.

Que miedo da cuando hace ese tipo de cosas y te mira como si toda la atención del mundo estuviera en sus ojos y estos esperan por ti.

—Es decir, no descarto que una noche venga un mensajero y me obligue a atender asuntos del imperio pero... no hice planes para... venir e... irme... solo venir...

— ¿Te quedas?

Por más que me gustaría decir que sí, porque esa sería la respuesta que espera, también sería una mentira.

No puedo quedarme, no para siempre, y ella lo sabe. Puedo ir y venir por siempre por ella, eso puedo hacerlo, y eso hago.

—Sabes que mi deber exige que vaya y venga, me acerque y me aleje... todo el tiempo.

—Sí, lo sé.

Tomó su otra mano y me acercó para que mi frente toque la suya.

—Pero esta vez no tengo planes para regresar... pronto. Vine para quedarme un tiempo un poco más... mucho más... largo. Por supuesto, si tú me das lugar, de lo contrario supongo que tendré que buscar alquiler y por el tiempo que me quiero quedar no sé si me alcanzara el dinero.

—Mmm lo pensare, creo que hay un pequeño lugar en los establos... aunque serias una molestia para los caballos, se ponen incomodos con algunas visitas en específico.

—Pobres atormentados animales— comento y logro hacer que ría.

— ¿Por cuánto tiempo?— pregunta de nuevo con cuidado.

—Un montón— contesto, pero no termino de hacerlo y ella ya apoyó sus labios con fuerza en los míos.

En un primer momento recuerdo el regalo del anciano y trato que no caigan de mi brazo, pero los olvidos al momento que ella se abraza a mi cuello y la siento reír.

Rodeo su cintura y la levanto un poco.

A veces no tiene sentido. Es como contestar un examen de respuestas múltiples eligiendo siempre el mismo patrón.

Ella es todas las opciones correctas.