¡Hola a todos!

Ya estamos en octubre, por tanto, ya ha acabado el mes en el que creemos que cumple años nuestra niña azul. Como no hay un día concreto, hoy, ya con el mes finalizado, subo este pequeño escrito dedicado a Aoko, tal como lo hice con Kaito. Cabe decir, que desde siempre le he tenido más cariño a Aoko, por tanto, no podía no subir nada.

En un principio, este iba a publicarse en el cumpleaños de Kaito, pero, pensándolo, pegaba más aquí, sin duda. También, quiero decir que esta idea proviene en cierto modo del reto +18, en el que sigo trabajando, pero que me llega la inspiración para situaciones que no son la 2, aunque esa ya está planeada, pero bueno, es larguita y este año no está siendo precisamente tranquilo. Pero subiré, jamás dejaré nada inconcluso. Al final explicaré por qué proviene de ahí, porque sino, haría spoiler.

Así que, sin más, espero que lo disfrutéis.

Dislaimer: Los personajes de MK no me pertenecen, yo solo me dedico a explorar mil y una situaciones posibles y no posibles en mis escritos.


Paradoja

El tiempo en Tokio día de septiembre no estaba siendo precisamente todo lo agradable que Aoko Nakamori habría deseado. Las nubes cubrían el cielo, a pesar de que la temperatura era demasiado cálida, casi asfixiante. Ese día debería haber sido soleado, pero con una temperatura más fresca, así, sus planes no se hubieran ido a la mierda en cuestión de segundos cuando se levantó.

Un suspiro se escapó de su boca al volver a pensarlo, mientras seguía mirando el cielo desde su asiento en la escuela. A quién quería engañar…Aunque el temporal hubiera acompañado, sus planes ya estaban más que arruinados por cierto mago idiota, que no había tenido ni el detalle de comunicarse con ella. Ese día, su novio y amigo de la infancia no estaba para distraerla y enfadarla con sus mil y un trucos. La noche anterior había asistido a uno de los robos, que según escuchó a su padre, se había complicado bastante para el ladrón. Así que el mago parecía haber decidido tomarse ese día de descanso. Y no es que eso le molestara, cualquier otro día lo habría ignorado, pero por dios, era su cumpleaños y su novio ni siquiera la había felicitado.

No solía ser de las que se enfadaban por esas cosas, es más, el año anterior su novio le había dicho públicamente que parecía un hombre…Hecho que, por cierto, ya de pareja le negó. Pero esa vez, su cabreo venía de antes. Quería celebrar con él, pasar el día juntos, pues, últimamente no tenían muchas ocasiones para estar a solas. Pero claro, Kid siempre estaba por encima de todo, y eso le jodía, muchísimo.

— Buenos días, Nakamori — dijo una voz en a su lado, la de la mujer más deseada de todo el instituto, que la miraba con una pizca de malicia — Creí que hoy decidirías tomarte el día y no venir.

Perfecto, pinchando justo en la herida. Aunque claro, ella no sabía que sus planes se habían ido a la basura — Preferí venir, tengo la tarde libre, después de todo — explicó subiendo los hombros con desinterés. Era mejor eso que decir que hubiera pasado la mañana sola.

— Quizás la tarde no te alcance — replicó con un extraño brillo en los ojos — No todos los días se cumple años.

—¿Qué quieres decir, Akako? — inquirió, obviando la segunda frase.

— La verdad, me he tomado la libertad de prepararte un regalo — expresó, retirando un mechón de su rostro en un ademán de lo más sensual. Aoko la miró expectante — Como te he dicho, no todos los días se cumplen años.

— No era necesario — contestó, sin saber muy bien que decir. No sabía que esperar de esa mujer que, ya sabía, era además una poderosa bruja. ¿Habría hecho algún encantamiento? Parecía lo más probable, puesto que no tenía nada en sus manos — Y, ¿qué es? — preguntó, lo más serena que pudo. Con el miedo en el cuerpo. Algo le decía que el regalo no iba a ser del todo agradable.

— Es una sorpresa — expresó, sentándose en el pupitre frente a ella, mirando sin mucho interés aparente su reloj — Al parecer, tendrías tiempo de irte si aún quisieras — comentó mirándose las uñas. Aoko visualizó tras ella a todos sus admiradores, que, al parecer, necesitarían baberos pronto — Creo que te gustaría pasar esta fecha con Kuroba.

Aoko tragó saliva incómoda. Estaba claro que la sorpresa, fuera cual fuera, la encontraría junto a Kaito. Ya sabía sobre sus múltiples encantamientos pasados para conquistar al mago, sin embargo, no temía por ello, pues sabía que eran solo pasado, pues, la bruja ahora compartía una relación clandestina con el detective londinense. Aunque eso no le impedía seguir expectante el aumento de sus admiradores.

La miró unos segundos, para después pasear la vista por toda la sala y, finalmente observar su pupitre. Se mordió los labios, convenciéndose internamente de que era mejor comprobar por sí misma que tipo de encantamiento había hecho, negándose que fuera a marcharse por sus deseos de ver al mago, pues, debía seguir algo enfadada con él.

Con un rápido movimiento, tomó sus enseres escolares y tras una breve despedida de Akako, se marchó corriendo, evitando el encontrarse con profesores que le pudieran cortar el paso.

En el aula, Akako esbozó una divertida sonrisa. Sin duda, debería ver más tarde el desenlace de esos dos tras su "pequeño regalo".

— Miedo me das con esa sonrisa, nunca augura nada bueno — dijo una voz a su derecha — ¿Se puede saber cuál es el motivo por el que Aoko ha salido corriendo tras hablar contigo?

— Me hieres, querido — expresó con mueca compungida, haciendo que su público la mirara embelesado, a excepción del hombre frente a ella, que cada vez se ponía más serio — Solo se ha ido porque estaba deseando ver el regalo que le he hecho.

— Algo me dice que es un regalo singular — supuso, a la vez que echaba una mirada enfurecida a los otros varones, que, temiendo, apartaron la mirada de la pelirroja — Y que tiene que ver con Kuroba.

Akako sonrió. Le encantaba provocarlo — Supones bien — admitió, pues, sabía que al decir "singular", se refería a su magia.

— ¿Puedo saber qué has hecho? — inquirió con el tono más convincente que podía usar.

Akako pareció meditarlo — Quizás pronto lo sepas. No sería mala idea hacerme yo misma ese autorregalo pronto — comentó con una sonrisa maliciosa.

En ese momento Saguru Hakuba sintió pánico y decidió no preguntar más. Solo deseaba, por primera vez en su vida, ver a Kuroba haciendo burlas al día siguiente sano y salvo.


Tras salir de la escuela, Aoko siguió avanzando a un ritmo más moderado hasta la casa de su amigo. Solo la carrera por los pasillos, esquivando alumnos y profesores, había sido suficiente trote por el día. Por el camino, intentaba imaginar cuál sería la sorpresa que la pelirroja le tenía preparada. No esperaba que le hubiese hecho daño alguno a Kaito, pero tampoco esperaba algo bueno. Tenía muy mala espina sobre ese asunto.

Pronto se vio frente a la puerta de la casa de su novio. Tomó varios segundos inspirando y expirando aire, preparándose mentalmente para llamar. Sin embargo, cuando lo hizo, no recibió respuesta. Llamó varias veces, esta vez una tras otra, pero nada. Era imposible que Kaito no lo escuchara, si estaba dentro.

Se mordió los labios, indecisa. Entre sus llaves, estaban las de la casa de Kaito. Cuando Chikage se fue, se acordó que ellos tendrían una, por si hubiera alguna emergencia, igualmente Kaito tenía una de su casa. Podía utilizarla, Kaito siempre se lo decía, pero no le parecía correcto, nunca se lo había parecido. Sin embargo, en esos momentos debía hacerlo. Quería asegurarse de que todo estuviera bien, después se iría.

Con cautela, introdujo la llave en la cerradura, abriéndose paso hacia la oscuridad de la casa. A pesar de ser de día, todas las persianas estaban completamente bajadas, imposibilitando la entrada de luz. Tragó saliva, a la vez que tomaba su móvil, encendiendo la linterna del mismo. Si fuera un día cualquiera, alzaría todas las persianas, pero, sin saber lo que iba a encontrarse, lo veía arriesgado.

Se encaminó sin dudarlo hacia la habitación del mago, observando siempre en todas las direcciones y manteniéndose en silencio. Al aproximarse a su destino, comenzó a escuchar la voz del ilusionista a gritos. Vio como la puerta estaba entreabierta, y, puesto a que solo escuchaba a Kaito, se acercó para ver quién era la persona con la que hablaba.

Sin embargo, al mirar al interior, sintió que se le secaba la garganta, a la vez que sus piernas se debilitaban, obligándola a apoyar las manos en la puerta para equilibrarse, fallando en el intento, abriéndola completamente y cayendo al suelo, siendo observada por dos pares de ojos idénticos.

—¿Qué haces aquí? ¿Estás bien? — expresaron ambos individuos a unísono, acercándose con empujones hasta la muchacha, que los veía con los ojos de par en par.

— Esto tiene que ser una pesadilla — musitó observando a uno y otro, pestañeando reiteradamente e ignorando las manos que ambos le daban.

Frente a la joven, aún en el suelo, estaban el ladrón Kaito Kid y Kaito Kuroba. Claro, lo extraño de eso era que ambos jóvenes eran el mismo, y ahora se encontraban separados. Sin duda, Akako se había lucido. ¿Qué tipo de regalo era ese? Aún estupefacta, se intentó levantar, obviando las manos que le ofrecían, y se colocó a su altura. Estiró sus dos brazos, tocando el abdomen de ambos, en un intento de autoconvencerse de lo que estaba viendo.

— Aoko, relájate — la voz de Kaito detuvo su explosión mental. Por mucho que ya supiera sobre la magia, eso era inaudito. ¡Su novio se había partido en dos, por favor!

— Quizás yo te pueda ayudar en eso, princesa — insinuó el ladrón, tomándola repentinamente de la cintura, y acercando sus rostros, dejando que ella viera una ladina y astuta sonrisa.

No tuvo mucho tiempo más para analizar a Kid cuando un puñetazo impactó en su rostro, dejándole caer el sombrero y separándolo de ella. Al momento, se sintió rodeada por los brazos de Kaito Kuroba, que miraba al mago con furia retenida y apretando a la mujer fuerte entre sus brazos, retirándola su alcance.

— Aléjate de ella. Es mi novia, no la tuya — escupió cabreado, mientras Aoko seguía todo desde su posición, impactada y el ladrón se sobaba la mejilla.

— Sin embargo, es conmigo con quien suele acostarse todas las noches de robos — contratacó, con una cara perfecta de póquer, pero la misma expresión de furia en los ojos, y también, algo más que Aoko a esa distancia no podía entender.

— Se acuesta conmigo, no contigo — expresó Kaito, elevando la voz en los pronombres personales.

— Vale, ya basta — los paró Aoko, viendo que esa discusión iba a seguir. Se separó del mago, dejándolo no muy satisfecho y se colocó entre ambos. Eso era una locura, pero en esos momentos era real y debía atajarla — Ambos sois la misma persona, esta discusión no tiene sentido ninguno.

— No lo somos, ya no. Por eso, es mejor dejar claras las cosas — respondió Kid con aparente tranquilidad, aunque, ahora que su rostro estaba más a la vista, Aoko notó cierta intranquilidad — Y el único punto de conflicto, eres tú, Aoko.

— No hay conflicto, Kid. Aoko es parte de mi vida, no de la tuya. Sin mí, tú no podrías si quiera soñar con acercarte a ella. Por eso, no hay discusión. Todo está hablado y aclarado — replicó el mago, volviendo a acercarse a Aoko, tomándola de la cintura.

—¿Hablado? ¿Qué demonios está hablado? — inquirió la joven, sin apartar al ilusionista de su lado, sin notar la expresión de tristeza del ladrón.

— Ahora que somos dos, las tareas se repartirán. El rol de Kid es el de ladrón y búsqueda de Pandora, mientras yo podré ser solo un estudiante aspirante a mago. Así, también podré tener más tiempo junto a ti — explicó, tomándola de las manos fijando su mirada en sus ojos azules — Sé que últimamente hemos pasado poco tiempo juntos y que odias a Kid. De esta manera, todo queda arreglado. No tendrás que volver a lidiar con algo así, jamás.

Aoko pestañeó reiteradamente, sin entender ni creer lo que estaba escuchado. ¿Acaso ese era el regalo que le daba Akako? Es cierto que muchas veces pensó que, si Kid no existiera, todo sería más fácil. Kaito no estaría en un peligro constate y podrían ser una pareja normal y corriente, sin tener que vivir con cuidado de no ser descubiertos, sin saber si al día siguiente uno estaría preso. Esa misma mañana había estado enfadada pensando en la prioridad de Kid en la vida de Kaito. Era cierto, pero…

— Nunca he aceptado eso — rompió de pronto el silencio Kid, mirando al adolescente — Me parece bien que quieras desentenderte de los robos, a fin de cuentas, eso me corresponde a mí. Pero no me vas a quitar a Aoko, no tan fácilmente — aseguró, desviando la mirada hacia la castaña, observándola con cariño — Que sea Kid no me hace amarla menos, por ello, no pienso acceder a tu maldito reparto.

Kaito lo miro furioso, pero sin saber que contestarle. Aoko observaba la pelea de miradas sin saber que decir o hacer. Joder, estaban discutiendo por ella y no sabía cómo detenerlo. Ella no quería eso, ella quería a su Kaito completo. Lo había aceptado así y, aunque reiteradamente había deseado que dejara su papel de ladrón, había sido por miedo a la organización, al ver como más de una vez lo ponían en peligro. Y fue en ese momento que entendió todo. Miró a Kid, aunque enfurecido, seguía teniendo ese algo en la mirada, que antes no supo descifrar. Miedo, miedo a perderla. Cuando eran uno, ese miedo seguía ahí. Kaito siempre había temido que ella se cansara de esa situación y se rindiera con él, que lo dejara. Era una autentica paradoja.

— Se supone entonces, que esta decisión es mía, ¿no es así? — inquirió la castaña, ahora al fin con las ideas claras, interviniendo antes de que volviera a discutir — Con quién quiero o no estar debería ser solo decisión mía. ¿No os parece?

Kaito afirmó con fuerza, sin embargo, el ladrón lo hizo con poca seguridad. Como temiendo su respuesta. Aun así, pareció recobrarla al segundo, aunque solo en apariencia.

Aoko contuvo una sonrisa leve. Siempre aparentaba una fortaleza que no tenía, en esas ocasiones, por su culpa. Lo amaba mucho, y era hora de demostrárselo. Amaba sus dos facetas, y si había más, también las amaría.

Con paso lento, se dirigió hacia el adolescente, que empezó a esbozar una sonrisa triunfal cuando ella lo tomó de las mejillas, depositando un corto beso en sus labios, ante los ojos llenos de pena del ladrón, que bajó la mirada.

Aoko lo miró a los ojos — Llevo años enamorada de ti. Jamás, me imaginé estar con alguien que no fueras tú — confesó, haciendo aumentar su sonrisa. Miró al ladrón, que ya no los observaba — pero, cuando supe quién eras, comencé a enamorarme de tu otra faceta — explicó, acercándose a Kid, que alzó la mirada de golpe, viendo a la mujer con ilusión. Ella llegó a él, imitando la acción que había hecho con Kaito, besando sus labios. Tras eso, extendió una mano a Kaito, que se acercó a tomársela, mientras con la otra tomaba la de Kid — Os amo a los dos. A Kaito Kuroba y Kaito Kid. Siempre habéis sido uno, y he aprendido a amaros a los dos, por eso, ahora no podéis pedirme que escoja a uno. Es cierto, que al principio te odiaba — añadió mirando a Kid — pero, eso cambió. El único motivo que hacía que deseara tu final, es por miedo. Tengo miedo de que os hagan daño y también, debo admitir que a veces estaba un poco celosa de que siempre estuvieran los robos por encima de mí — añadió algo avergonzada.

— Siempre has sido lo primero — contestaron los dos hombres a la vez, que se miraron al notar la sincronización. Después volvieron su mirada a ella. Kid fue el que tomó la palabra — Los robos solo se interponían debido a la necesidad de utilizar momentos concretos, pero eso no volverá a suceder. Ahora tú mandas Aoko. Has dicho que nos quieres a los dos, dime, ¿cómo planeas hacerlo?

Aoko los miró encogiéndose de hombros — No tengo mucho que pensar. Si he entendido bien a Akako, esto solo durará hoy, mientras sea mi cumpleaños. A fin de cuentas, este era mi regalo de su parte. En un principio no lo entendí, pero parece que sabía que necesitaba aclarar esto con vosotros, y, en el fondo, también asumirlo yo misma.

Ambos se quedaron con la boca abierta — ¿Estás segura que ese era el propósito del regalo? — inquirió el mago, intercambiando miradas con el ladrón.

—¿Cuál sería si no es ese? — preguntó ingenua.

Kaito y Kid callaron. Ambos se miraron, en sus cabezas apareció el recuerdo de una charla el día anterior con la bruja, cuando hablaron del robo, pero prefirieron dejar a Aoko en su ignorancia.

— Hablando de tu cumpleaños — cambió de tema Kaito, dirigiéndose a su escritorio, tomando un sobre — Siento no habértelo dado antes, pero, como comprenderás, estaba demasiado entretenido — comentó mirando de reojo al ladrón, que se hacía el desentendido — Felicidades— la felicitó, tendiéndole el sobre.

Aoko le agradeció, abriéndolo con cuidado hasta ver el contenido, el cual, la hizo saltar en el sitio. Agradeciendo al mago mil y una vez, abrazándolo ilusionada, para después girarse para mostrárselo a Kid. Allí dentro, había entradas para el concierto al que tanto había deseado ir, las cuales se agotaron a los pocos minutos de salir a la venta.

—¿Cómo las has conseguido? — preguntó la muchacha incrédula.

— Tengo mis contactos — respondió únicamente — Sabía la ilusión que te hacía ir, y eso era bastante para encontrarlos — sonrió.

Aoko seguía en el sitio, aún sin creer lo que estaba viendo, cuando una tos la sacó de su ensimismamiento. Kid se acercó a ella, tendiéndole la mano para acercarla a él — Yo también tenía algo preparado para ti — explicó, mirando al incómodo mago — Aunque creo, que, por la seguridad de todos, será mejor que te lo dé cuando todo esto acabe. Espero que disculpes la tardanza, princesa.

Aoko sonrió, y, tras eso, los tres pasaron a temas más banales. Intentaron mantener un equilibrio, para hacer ese día divertido para Aoko, haciéndole soplar las velas y cumpliendo todos sus deseos. Hasta que, por la tarde, los tres, acurrucados en el sofá, cansados, cayeron presa del sueño, con Aoko en medio sujetando las manos de ambos.

Horas después, la castaña despertaba al sentir un pequeño cosquilleo en su mejilla. Al abrir los ojos, vio como Kaito le acariciaba el sitio con un dedo. Abrió los ojos despacio, aún absorta por el reciente sueño, hasta que recordó la situación, mirando hacia el dado contrario, donde ya, no había nada. Miró a Kaito, aún dormida.

— Como dijiste, al cambiar de día, todo ha vuelto a la normalidad — explicó— Hemos vuelto a ser uno, como querías. Y sabes, me alegro de que me ames con todas mis facetas.

— Eso es amar, querer a tu pareja con todas sus virtudes y defectos — añadió soñolienta, acurrucándose en los brazos del mago — ¿Sabes qué? Se me hace raro ahora.

— A mi también, aunque me gusta más así. A fin de cuentas, ambos soy yo — comentó, apretándola en sus brazos — Por cierto, ¿quieres saber cuál era el regalo de la parte de Kid? — preguntó, cambiando de tema. Ella asintió entre sus brazos — Pues bien, había planeado sacarte a volar esta noche, lejos de la ciudad, viendo las estrellas, hasta cierto lugar secreto, previamente preparado y pasar allí toda la noche juntos. Cabe decir, que no sería precisamente durmiendo — aclaró al final, recibiendo una risita por parte de la castaña.

—¿Qué hora es? — cuestionó entonces, subiendo la mirada hacia él.

— Las doce pasadas.

—¿Puedo reclamar ahora mi regalo? — inquirió con toda la inocencia del mundo, haciendo que el mago sonriera de oreja a oreja.

— Tus deseos son órdenes, princesa — contestó, inclinándose para reclamar sus labios antes de comenzar esa noche por el firmamento.


El día siguiente, Aoko llegó a la escuela de la mano de Kaito, cansada pero feliz. Esa noche había sido maravillosa, más aún después de aclarar todo con las dos facetas del mago.

Cuando llegó al aula, se separó de él, dirigiéndose a la mesa de la pelirroja, que estaba allí sentada, y levantó la vista al sentirla

—¿Qué tal ayer? ¿Disfrutaste mi regalo? — articuló, con esa sonrisa genuina en el rostro.

— Precisamente, venía a darte las gracias. Gracias a ti, pude aclarar un asunto que, a la larga, quizás habría dado problemas. Además de pasar una tarde maravillosa con ellos dos cuidándome y hablando de mil y un tema— explicó, ante su atenta mirada.

— Espera, a ver si he entendido bien. ¿Solo hablaste con ellos? — cuestionó confundida.

— Claro. ¿No era ese el regalo? — preguntó dudosa.

— Por supuesto que no — negó firmemente. Se levantó, y colocó cerca de su oído — Yo te obsequié dos hombres para que disfrutarás de ellos. Ambos estarían completamente dedicados a darte placer, aunque fuera solo por un día. Y, seguramente, les hubiera encantado que se los pidiera — explicó, divertida por la inocencia de la joven, que empezó a entender, tornarse sus mejillas carmín — Vamos, que esperaba que hicierais un trío — remató, para que no quedaran dudas — Es más, pensaba pedirte opinión para saber si había estado bien, para así concederme el regalo a mí misma.

Aoko abrió la boca repetidas veces, intentado formar palabras con sentido. Pero no era capaz. Akako la miró divertida, prometiéndose que la próxima vez que hiciera algo así, debería avisar a Aoko de su propósito. Sin embargo, en esos momentos, solo se dedicó a reírse.


Explicación, veréis, cuando yo me planteé hacer el reto +18, cierta personita a la que le tengo mucho aprecio me dijo que cuál, puesto que hay diferentes con situaciones cada vez más diferentes, y por tanto, no sabía si podría hacerlo. Cuando le mandé el que era, dentro de todo, creo que lo vio más posible. Hablando, me dijo que uno de los que había leído incluía un trío, y, en mis locos pensamientos surgió esta posibilidad, si ese hubiera sido el caso, aprovechando que en la historia tenemos a una brujita de por medio (de la que me aprovecho bastante en algunos casos), puesto que no podría ni querría hacerlo con un tercero. Aún así, me alegro no haberlo tenido que escribir para el otro lado, hubiera sido extraño y algo complicado, pero bueno, aquí dejo esta anécdota para explicar esto.

Espero que os haya gustado.