Estábamos juntos en las aguas del baño, estaba muy solo, yo creo que por ser temprano, aún así nos fuimos hacia un rincón, buscando no ser vistos. Empecé a lavarme, dándote la espalda, y tu igual, cuando me lavaba los hombros, giré un poco más mi cabeza para ver tu espalda, Dios te ves bien de cualquier ángulo, no pude despegar mi mirada de ti, sentiste mis ojos clavados en ti, y moviste un poco la cabeza.

Sin darme cuenta de que me había empezado girar y a levantar más, dejando al descubierto de mi cintura para arriba, te volteaste por completo, viéndome a los ojos, luego yo baje mi mirada, lentamente, creo qué haces lo mismo que yo, no te vuelvo a ver a los ojos porque estoy muy distraída en tus clavículas, tus pectorales, tu abdomen, me sigue sorprendiendo que aunque estas un poco delgado te sigas viendo tan bien. Mis ojos se detienen en tu ombligo, y me obligo a subir la mirada a tu rostro, vi que mordías ligeramente el labio mientras mirabas mis pechos; por un momento me entra la inseguridad que tengo respecto a ellos, siempre he estado rodeada de mujeres con grandes pechos, Tsunade-sama, Ino, incluso Temari, ahora que estuvo un poco más presente con nosotros desde que ella y Shikamaru formalizaron su relación... mis pechos son promedio, a penas llegando a eso, nunca me ha molestado, pero por alguna razón, ahora que los miras tan detenidamente me entro una espina de inseguridad.

-Ya se que dirás, mis pechos no son...

-Son perfectos.

-Solo lo dices para no ser grosero conmigo...- dije apena desviando la mirada, si entiendo como la sangre se iba de mis cachetes a mis orejas.

-Lo digo porque estoy seguro, sabes que me importa poco el no ser grosero con la gente -tu mano tomo mi cara e hiciste que te mirara -¿me ayudarías con la espalda? por favor...

-Claro.

Pasaba mis dedos con una delicadeza, creía que si presionaba mucho tu piel se rompería, como porcelana fina. Una vez que termine, empecé a masajearte los hombros, de nota que los tensas mucho. Sentía mucho calor, iba a resbalarme cuando me apoye en ti, recargando mis pechos en tu espalda, se que debería estar avergonzada, pero era todo menos eso, como no dijiste nada, supuse que también te había gustado, preguntaste si estaba bien, girabas tu rostro lentamente, mis ojos se encontraron con los tuyos, tus labios entre abiertos llamaban a los míos, así que me deje llevar, al principio sólo eran mis labios sobre los tuyos, luego me fui alejando poco a poco, esperando que dijeras que ya debíamos irnos, o preguntándome que hacía, pero fue todo lo contrario. Abriste un poco los ojos, solo para hacerme sonrojar, tomaste mi nuca y me regresaste hasta tus labios.

Ahora tu eras el que dominaba aquí, me quise sentar en ti, y tu me abriste el paso, levante mi mano para apoyarme en tu hombro izquierdo, con la otra tomaba tu mano, que habías dejado en mi espalda, la baje un poco más, dándote a entender que te daba la libertad de posarla donde quisieras, cosa que captaste rápidamente, pero quitaste tu mano de ahí, y la dirigiste hasta mis costillas, rozando con tu pulgar por debajo de mi pecho, trazando su curvatura un par de veces. Me escuchaste ahogar un leve gemido en tu boca, y fue cuando subiste tu mano, era grande, y su tacto era suave, delicado, abarcaba todo mi pecho, otra vez volví a sentirme mal respecto a su tamaño, pero te separaste de mi boca, y buscaste el otro, lo lamías y besabas a tu antojo, yo estaba perdida, no quería que pararas, me encantaba sentirte, nunca me habían tocado o besado ahí, pero me estaba encantando.

Cerré los ojos para disfrutar mejor de tus caricias, con mi mano derecha acariciando ligeramente tu cuello y algunos cabellos que se topaban con mis dedos, y la otra todavía sujeta a tu hombro, el que solo tuvieras una mano no te limitaba en ningún aspecto -Gracias por haber aceptado viajar conmigo- fue lo mismo que me dijiste antes de quedarte dormido, todos los días que despierto y te veo tranquilo dormitando o despertándote a mi lado me convence más y más todos los días que es la mejor decisión que pude haber tomado. Sentí como me aprestabas el pecho, fuerte, como desesperado, buscando aferrarte a algo, era como si pudiera sentir tu miedo, fue ahí cuando me desperté, y me di cuenta de que aún me abrazabas.

Sigues dormido, pareces tener una pesadilla, no eres de los que se aprovechan de una mujer para manosearla mientras está distraída, y por los leves y rápidos murmures que decías, fue lo más lógico que pude pensar. Era temprano, apenas salía el sol, te daba la espalda pero ya veía más clara la habitación.

-Sasuke-kun - te llame despacio y bajo, no quiero despertarte de golpe -estás teniendo una pesadilla, tranquilo- dije poniendo mi mano derecha en tu muñeca, tu mano seguía apretando mi pecho, pero ya no tan fuerte como antes, y con mi otra mano te buscaba el rostro, hasta que encontré tu frente.

Te escuche tomar aire como cuando sueñas que te estás cayendo, me tranquilizo saber que te despertabas. Después de unos momentos en donde buscabas calmar tu respiración y despertar, quisiste pegarme a ti, queriéndome abrazar más fuerte supongo, pero te diste cuenta de donde tenías tu mano, y te apartaste bruscamente. Una vez que me pude voltear, busqué tu rostro, seguías exaltado, nervioso, nunca te había visto así, ni siquiera la primera vez que vimos a Orochimaru.

-¿Estas bien?

-Sakura... perdón... yo... no se...-todavía no podías calmar tu respiración rápida y agitada, podía sentir tu temor con tus palabras, y me dolía.

-Tranquilo, se que fue un accidente...

-Lo siento... estaba, teniendo una pesadilla...

-¿Quieres hablar de ello?- pregunté, y te vi dudar uno segundos, así que seguí hablando- sabes, de niña decía que si contaba mis sueños no se harían realidad- pose una de mis manos en tu pecho y la otra seguía en tu cabeza acariciando suavemente- cuando tenía pesadillas mi mamá me decía que si mi teoría de los sueños era verdad, debía contarlas para que esos sueños no pasaran, a veces todavía lo hago, me calma- cerraste los ojos y diste una respiración muy profunda.

-Soñaba, con mi hermano, cuando murió- me quedé helada, y sentí mucha vergüenza, mientras tu soñabas como moría tu hermano yo soñaba contigo desnudo dándome placer - el me, me veía a los ojos, sangrando y sonriendo, diciéndome que lo sentía porque no habría una próxima vez, con sus dedos en mi frente... y... yo... -diste un suspiro- a veces todavía me molesta un poco todo lo que tuvo que pasar y sufrir por el bien de los demás, y sobre todo por el mío...

-No se que decir... -agachabas la cabeza mientras cerrabas los ojos, como un niño pequeño tratando no llorar- pero si de algo estoy segura, es del hecho de que tu hermano fue un gran pilar para todos, le debemos mucho, y aunque no todos sepan la verdadera historia, con que la sepas tú y estés orgulloso de él le basta, no tengo dudas- dije mientras me elevaba un poco para poner mi cabeza arriba de la tuya, y abrazarte como cuando uno abraza a un niño tratando de darle consuelo. Pusiste tu mano sobre mi cintura, nos quedamos así unos minutos, hasta que hablaste.

-No se si tú teoría de los sueños sea verdad, pero parece funcionar- y me diste un pequeño apretón, como si quisieras aferrarte a algo, a mi, para no caer.

-Recuerda: tienes que contarlo antes de las 10, y si es un sueño lindo que quieres competir, debe ser después de las 10.

-¿Los sueños tienen un horario?

-Si, y debe seguirse como lo dije- te mofaste un poco, quería soñar más divertida al decirlo, pero aún no se si sea lo correcto.

Nos levantamos a cambiarnos, yo te dije que iría al baño a cambiarme y asearme un poco, solo asentiste, me duele aceptar lo mucho que dolió separarme de ti estando así. Estando en el baño cambiándome, no pude evitar verme en el espejo, me puse de frente, viendo mis pechos, no pude evitar recordar mi sueño, cerré los ojos repitiendo en mi memoria paso por paso tu toque en mi piel, luego pose mis manos sobre mi pecho, no dolía a pesar de que hace unos momentos lo estabas apretando inconscientemente, aún así, mi pecho aún recordaba tu tacto, el como comenzaste a relajar la mano, como lo cubría por completo, aún sintiendo como te alejabas, eso era lo único que me dolía.

Salí del baño y estabas cambiado, me dijiste que desayunaríamos y nos iríamos, a menos que quisiera quedarme más tiempo, o más días, no lo creí necesario, y más por que no quería encontrarme al mismo señor de ayer. Desayunamos casi en silencio, creo que aún seguimos avergonzados, tu por tocarme y yo por soñarte, aunque no lo supieras todavía, aunque no sé si deba decirte, después de todo, yo no tuve una pesadilla que no quiero que se repita.

Caminamos casi todo el día, por la posición del sol diría que son como las 5 de la tarde cuando nos sentamos a comer, quisiera hablar contigo sobre lo qué pasó en la mañana, no se como empezar, seguía sumergida en malas ideas de cómo hablar primero, cuando mencionaste mi nombre.