Hola mis hermosos y hermosas, ¿cómo están? Aquí Moonlightfic_13 /Kobatoo-13 con una nueva historia. Mis proyectos dorados son "La nueva vida de los Li" y "Amores Ilícitos" aunque también me pueden conocer por mi gran lista de mini historias que salen de mi mente alocada, esta es una de ellas. Combiné tres cosas que amo: fantasía, romance y drama. Espero que sea de su agrado. Les amo. ¡Ahora a leer!

La maldición Escarlata.

Primer capítulo

La guerra fría entre las brujas y la corona comenzó hace décadas en el reino Escarlata. Tras generaciones de soportar tratos abusivos por parte de la familia real, las brujas se revelaron ante el rey y se unieron para exigir sus derechos. Ya no soportarían ni un día más de hostigamiento. Aquello dio inicio a un conflicto que el reino no olvidaría. Las brujas se fueron a tierras remotas y se escondieron en lugares en los cuales ningún humano pudiese encontrarlas, pero no sin antes dejar plasmada su venganza: la nieve caería tres veces por semana y la lluvia inundaría lo que alguna vez fue un hogar para todos.

Pocos recuerdan a ver visto una bruja en carne y hueso, solo los ancianos juraban que presenciaron sus dones, pero para el resto eran solo una leyenda.

El rey actual, bisnieto de quien presenció la maldición, heredó la sed de poder y despecho, estaba obsesionado por encontrarlas y derrotarlas hasta que fueran exterminadas, pero no sin antes detener aquel infierno invernal. Mandaba a sus soldados a expediciones largas e imposibles que para muchos eran sin sentido. El clima tempestuoso hacía que las tropas del rey sufrieran grandes dificultades para buscarlas en un invierno que parecía eterno.

"¿Qué clase de guerra era esa?" se preguntaban algunos.

Las brujas solo atacaban con el clima, nunca se han enfrentado cuerpo a cuerpo. Pero los aldeanos morían de hambre porque el frío quemaba sus cultivos o se enfermaban hasta morir. Algo tenían que hacer o no habría más reino que gobernar.

De todas las tropas la número trece era la más inexperta, allí mandaban a los que fueron entrenados desde niños y que salieron de la escuela militar hace poco tiempo. La mayoría eran muchachos que no superaban los veinticinco años y eran guiados por el general Clow Reed. Llevaban uniformes gruesos para sobrevivir al frío y la lluvia del bosque, blancos para pasar desapercibidos en la nieve y una pequeña mochila con lo necesario para sobrevivir: chuchillos, una brújula, un poco de comida, agua y alcohol para subir su presión.

En esa oportunidad, el equipo trece constaba solo de tres soldados. Se trataba de una misión exploratoria en la que solo se necesitaban encontrar pistas para descifrar el camino hacía el escondite de las brujas. Eriol Hiraguizawa y Fye D. Flourite fueron entrenados para ello desde que tenían memoria, al igual que Syaoran Li, el mejor de todos los rastreadores de aquella generación, a todos les sorprendía como un joven de apenas veinticuatro podía ser tan analítico e inteligente.

Un chico castaño, de ojos ámbares y temperamento de hielo como el clima que enfrentaban desde hace dos semanas. Era hijo de un panadero o eso le dijeron, no recordaba los rostros de su familia porque con apenas siete años se lo llevaron para entrenarlo y nunca más volvió.

—El rey está cegado por su demencia. Nadie ha visto una bruja en años ¿De verdad creen que existen? —dijo Fye tiritando por el frio mientras bebía un poco de whisky para mantener el calor en su cuerpo— ¿Acaso no puede tratarse del cambio climático?

Los tres soldados, y su general, detuvieron su caminata y se giraron hacia él para mirarlo con el ceño fruncido, el rubio se alzó de hombros y continuó su camino entre los altos árboles y el peso de la nieve en sus botas.

—Más respeto a nuestro rey, si te hubiera escuchado estarías despidiéndote de tu lengua—regañó Eriol—. Aunque no sería tan malo ahora que lo pienso —comentó con una sonrisa divertida.

Syaoran los hizo callar con una sola mirada y siguió caminando, estaba observando los árboles con atención esperando encontrar algún símbolo, alguna señal, pero era difícil, ni la fauna ni la flora eran de ayuda cuando la nieve ocultaba todo entre su manto blanco. En el fondo también creía que aquella búsqueda podría ser solo un "cuentos de hadas", pero, si era así, nadie podría explicar el inverno eterno en el que se encontraban. Otra parte de él le advertía que esos seres míticos si existían y que no duraría en atrapar una para acabarla lo más rápido posible. Quería arrebatarle todo como lo hicieron con él.

A esas horas de la tarde, la luz opaca estaba empezando a desaparecer dejando un frío mucho más vívido. Sabían lo que eso significaba, debían detenerse o podrían morir escarchados.
—Ya está oscureciendo, es mejor que armemos nuestras tiendas de acampar, ya podremos continuar mañana —advirtió el general Clow, era un hombre alto y de edad, amable, aunque con el poder de los generales que habían conocido en su vida de estudiantes. Además, un detalle curioso es que era el padre de Eriol, pero nunca existió ese vínculo que un padre tiene por un hijo porque para un soldado no existían esos lazos.

—¡Estupendo! —exclamó Fye dejando su mochila en la nieve—. Mis piernas me están matando y mi piel arde, necesito un poco de ungüento para cicatrizar.

—Uno de nosotros deberá hacer guardia, según el mapa un oso podría atacarnos en cualquier momento o cualquiera otra bestia del bosque —comentó Eriol viendo el mapa que él mismo había conseguido, o más bien hurtado, del escritorio de otro equipo de soldados de alto rango.

—Yo lo haré —habló el castaño sin pensar. Los demás se miraron preocupados, era el que menos había descansado, pero tampoco tenían ánimos para discutir con aquel extraño chico, así que comenzaron a instalarse.

Mientras sucedía, Syaoran comenzó a deambular, quizás muchos odiarían hacerlo en la oscuridad y con los copos cayendo sobre su cabeza, pero para él hasta una pequeña luz incógnita podía ser una pista. Tocaba los troncos de los árboles, los delineaba con curiosidad hasta que sus dedos registraron un patrón que lo descolocó.

El general Clow, se acercó a él con la intención de decirle que ocuparía su puesto, pero se preocupó al notar que Syaoran tenía el ceño fruncido. Le tocó el hombro para llamar su atención, causando que diera un pequeño salto—. Descansa muchacho, es una orden.

El ámbar lo miró de reojo y soltó un profundo suspiro de frustración— No puedo señor, apenas duermo y prefiero seguir si es que no puedo cerrar los ojos.

—Eh notado su dedicación Li, es un chico algo extraño e incluso intimidante, pero como parte de mi equipo confío en usted, así que no interferiré en su trabajo.
¿Encontró algo interesante?

No contestó su pregunta, se giró para verlo y frunció sus labios— General, ¿usted cree que realmente existan aquellas criaturas?, nunca he visto la magia y a veces todo parece solo un…
—¿Cuento? —terminó por él, el chico asintió—. Por mucho tiempo tuve la misma duda, hasta que una vez encontré esto en mi niñez—de uno de sus bolsillos del abrigo sacó una piedra preciosa, tenía un brillo singular y un color esmeralda maravilloso.

Syaoran quedó desentendido por lo que sus ojos presenciaron, la joya era hermosa, hasta podría jurar que deslumbraba por sí sola— ¿Esa es una piedra mágica?

—Sí muchacho, quizás nunca he visto una bruja, pero mi abuela lo hizo y una de ellas le regaló este tesoro. Parece muy hermoso, a veces pienso que demasiado para haber sido creada por un ser tan malvado.

—Sería maravilloso que nunca hubieran existido, así nunca estaríamos así en primer lugar. Son solo seres llenos de maldad, por eso no descansaré hasta encontrarlas— dijo con el odio en sus entrañas.

El hombre mayor lo observó detenidamente— Quiero que vuelvas antes del amanecer, no vayas lejos.

El ámbar hizo una reverencia— Sí, señor.

Clow se dio la media vuelta dejándolo solo, continuó con su extraño hallazgo y se cuestionó si debió decirle a su general, pero ya era tarde para retractarse, prefirió seguir el camino de ese extraño símbolo.

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—¿Crees que alguna vez terminemos esta guerra? —preguntó Eriol desde su tienda.

—Eso espero, pero si no lo hace planeo retirarme en unos años y buscar un chico guapo para casarme, me gustaría mudarme a una cabaña de las tierras del sur —comentó Fye con una sonrisa relajada.

Eriol alzó una ceja ante su respuesta— Sabes que está prohibido retirarnos de la milicia, ¿verdad?

Su compañero se alzó de hombros como de costumbre y en vez de debatir solo se quedó callado y se dio la media vuelta para intentar conciliar el sueño, uno en el que si podría tener una vida normal, sin una guerra de por medio.

El azabache miró a su amigo y negó sin poder creerlo, uno era un holgazán y el otro un trabajólico de primera. Vaya equipo. Se hubiera quedado investigando con Li sino fuera porque llevaban muchas horas sin dormir y sus pies morían por un descanso. "Será en otra ocasión" pensó antes de cerrar los ojos.

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Syaoran no supo calcular el tiempo que se demoró, no obstante, después de algunas vueltas en las que siguió aquel extraño camino de símbolos descubrió que la marca se repetía cada tres árboles.

Se trataba de una "S" tallada en los troncos húmedos y, otras veces, solo una estrella de cinco puntas que apenas era visible, quizás por eso nunca se fijó en ellos en el día. Para la mayoría sería solo una casualidad, algún soldado viejo pudo haberlo hecho por aburrimiento, pero no para él. Aquella peculiar letra y estrella se repitieron más adelante, hasta que se vio perdido de su camino. La orden de su general fue que no se alejara demasiado, pero su misión seguía siendo lo principal: encontrar a las brujas.

Un sonido arriba de los árboles lo alarmó, alzó la vista y vio cruzar una bandada de águilas. Se quedó mirándolas unos minutos, buscando alguna señal. Entonces, una línea dorada que resplandecía apareció debajo de él, no solo eso, aquella cuerda estaba rodeando su tobillo izquierdo y el resto se perdía en alguna parte de la profundidad del bosque. Se extrañó por completo y cuando tuvo la intención de agacharse para tocarla, cayó al suelo nevado de espalda con un fuerte golpe. Algo o alguien, estaba tirando de él con aquella cuerda y lo arrastraba por la nieve. Desesperado intentó agarrarse a lo que sea, se abrazó a un árbol, pero el ser era tan fuerte que se soltó adolorido.

— ¡Aahh! —exclamó cuando se golpeó con una roca en su hombro, cerró los ojos para no gritar más fuerte y cuando los abrió se había detenido.

Ahora estaba completamente amarrado con aquella extraña cuerda dorada y brillante. No podía mover ninguna de sus extremidades y la oscuridad ayudaba a su visión. Escuchó unas pisadas que se acercaban a él y el sonido resonante de su corazón del miedo que sentía. Sí, Syaoran Li tenía miedo.

Una silueta cubierta con una capucha café oscuro apareció parada frente al castaño. Como él estaba sentado y atrapado en la nieve tuvo que alzar el rostro para intentar ver quién era su captor.

— ¡Tú cobarde! Muéstrate antes que te arrepientas de haberme hecho esto. Le informaré al rey que atentas contra sus soldados —retó al ser que lo tenía cautivo— ¡Suéltame ahora!
La figura bajó su capucha en silencio, demasiado tranquila y entonces el brillo de la cuerda que lo rodeaba se intensificó permitiendo que pudiera visualizarla mejor. Se asustó al ver que el ser no tenía rostro, solo figuras desiguales y un cabello castaño claro que le llegaba hasta por debajo de los hombros. ¿Acaso era posible que fuera una bruja?

— ¿Qué haces en mi bosque? — preguntó la criatura con una voz armoniosa mientras se arrodillaba frente al muchacho, como si estuviera estudiándolo con suma atención, cada facción, cada detalle.

Syaoran alejó su rostro cuando aquella presencia intentó tocarlo, pero terminó cediendo al divisar un color esmeralda en su rostro. Parecían dos diamantes que brillaban con una intensidad que le robó el aliento y estremeció cada parte de su ser. Fue allí donde descubrió que en realidad su cara estaba cubierta con una tela semitransparente.

La chica se sacó la máscara y reveló su verdadero ser. Una muchacha joven que debía rondar los veinte años, con suaves facciones que solo había visto en los ángeles que se encontraban en los cielos de las iglesias, iris resplandecientes como las estrellas de la noche y adornados con largas pestañas, mejillas y labios rosados y un aura que lo atraía como un imán. En ese momento le pareció el ser más perfecto que haya pisado la Tierra.

Quedó en blanco.

Algo pasó en ese momento, fue como si lo hubiera hechizado.

— Te he preguntado qué haces en mi bosque—exigió ella con aire severo.

Su voz lo hizo caer del cielo y recordó que aquella chica menuda y hermosa lo había arrastrado varios metros con una fuerza descomunal, estaba atrapado y, al parecer, lo estaba hechizando con sus extraños dotes. Una alarma de defensa apareció en su mente y frunció el ceño. No tuvo dudas de qué era.

—Dije que me soltaras, maldita bruja —su voz salió fría y la chica lo miró impresionada por su atrevimiento, pero no se alejó ni un milímetro—. ¡Te mataré!

— Santísimos dioses, pero qué genio—susurró para sí, observó sus inútiles intentos de moverse para escapar y suspiró pesado—. Los humanos son muy tontos, ¿cómo piensas matarme si estás atrapado? —sonrió de lado, no con maldad, sino que con calidez —. Podría matarte con mi soga si así lo quisiera, sería más fácil y así terminaría con tu sufrimiento.

Syaoran soltó un bufido aún con el entre ceño fruncido y gruñó —¿Y por qué no lo haces?

Ella se alzó de hombros y se sentó en la nieve frente a él emocionada— No sería divertido, humano. Aún tengo que averiguar qué puedo hacer contigo, claramente liberarte no es una opción.

Sakura tenía en su mente dos frases que su madre le dijo hace mucho tiempo "nunca seas tan amable que olvides ser astuta, nunca manejes tanto poder que olvides ser amable".

El soldado no podía creerlo, no solo era cautivo de una bruja, sino que estaba loca. Al parecer lo quería torturar, en ese caso prefiere que lo maten, pero no se rendiría, primero intentaría escapar para ir donde su equipo.

La bruja no dejaba de mirarlo con atención, sus ojos esmeraldas eran brillantes aún en la oscuridad y penetrantes, pero a la vez cálidos. Su presencia lo tenía incómodo, siempre le dijeron que las brujas eran feas, pero ella no era todo lo contrario.

—Detente, no caeré en tus juegos de bruja —cerró sus párpados con fuerza y ella inclinó su cabeza confundida por su comentario, por su silencio Syaoran volvió a abrirlos—. No te hagas la desentendida, estas hechizándome, pero me entrenaron toda mi vida para no caer en tu magia negra, así que no te servirá.

La castaña alzó una ceja y se mordió su labio inferior para aguantar la risa por lo que acaba de escuchar, pero no pudo hacerlo, al final soltó una sonora carcajada— Los humanos son tan extraños. ¿Por qué supones que te estoy hechizando? Es una tontería. Si ocupo mi magia es para cosas más importantes que tú.

—Deja de llamarme humano, bruja.

—Lo haré si dejas de llamarme bruja, humano. Al igual que tú tengo un nombre, me llamo Sakura y por si no te diste cuenta, este bosque es mi casa y entraste en él sin permiso. ¿Me dirías tu nombre humano irrespetuoso?

El muchacho se quedó callado. "No están sutil como luce" pensó.

Sabía que una de las reglas más grandes era no darle el nombre a una bruja porque después de eso estabas perdido, según los libros podrían hacer encantos contra los hombres. No obstante, su cerebro no hizo sinapsis y solo abrió la boca.

—Syaoran —contestó casi inaudible.

—Así que Syaoran… es un lindo nombre, si no me equivoco significa lobezno— Sakura sonrió otra vez y dibujó un lobo en la nieve, Syaoran alzó una ceja por su comportamiento—
¡Te felicito por ser mi primer prisionero! Ningún otro humano ha podido rastrearme en mis doscientos quince años de vida. Eres muy talentoso —sonrió con encanto.

El ámbar abrió sus ojos impresionado. ¡¿doscientos quince años?! ¡pero si apenas se veía de veinte!

—¿Qué harás conmigo? —preguntó cuando lo levantó, aún amarrado de manos con esa cuerda dorada y lo llevó como si fuera una mascota que sacaba a pasear.

—No lo sé, nunca había tenido un prisionero. ¡Podríamos hacer tantas cosas! Puedo enseñarte el río de cristales o, también… podría mostrarte mi primavera.

Syaoran estaba completamente aturdido por su definición de "prisionero", parecía que estaba muy feliz y todo lo que decía no parecía para nada un castigo. Rememoró lo último que escuchó— Un momento, dijiste… ¿primavera? —preguntó impresionado.

Sakura se volteó hacia él y sonrió aún más eufórica— ¡Claro que sí! Está lleno de flores coloridas y un aroma maravilloso. Y el sol… —suspiró de forma soñadora, detuvo su descripción al notar que él no dejaba de fruncir el ceño pensativo— ¿Qué sucede? ¿No te gusta?

El soldado pestañeó confundido— No es eso, es solo que estamos rodeados de nieve desde que tengo memoria. Yo… no conozco nada de lo que describes.

—Oh… —entendió ella—. Bueno, ahora lo harás. ¡Yo te llevaré!

Comenzó a apresurar su camino entre los árboles y rocas blancas. Syaoran intentó seguirle el paso aún amarrado hasta que llegaron a un acantilado. El viento era fuerte y calaba sus huesos, no paraba de tiritar y hacer sonar sus dientes, la miró creyendo que estaría igual que él, pero estaba muy bien, al parecer no tenía nada de frío. Se alarmó cuando vio que la bruja se estaba quitando la capa y sus abrigos para quedar en un ligero conjunto de dos piezas color blanco y ceñido a su cuerpo. La luz de la luna se reflejaba en su abdomen, en sus hombros y en los brazos de la muchacha.

—¿Estas listo? —preguntó ella.

Él estaba completamente sonrojado, nunca había visto a una chica con tan poca ropa, más bien hace años que no tenía un contacto tan directo con una, lo que ella hacía era un completo atrevimiento— ¿Li..listo para qué? —preguntó desviando la mirada.

—Para saltar, claro —contestó.

Syaoran tragó pesado y volvió a mirar hacia el acantilado, el vértigo fue incluso más fuerte que el frío— ¡Estás loca! ¡Sabía que me llevarías a una trampa! —dijo dando un paso atrás. ¡Lo iba a matar!

Sakura puso los ojos en blanco cansada de su actitud. Había escuchado que los humanos eran cobardes, pero no sabía que podían llegar a ese nivel. ¡Era ridículo! Sin más, soltó la cuerda que lo tenía aprisionado y lo dejó libre. Syaoran miró sus manos sin poder creerlo.

—Puedes irte entonces, no estoy interesada en mantener cautivo a un humano tan aburrido. Además, si les dices a los tuyos que me viste no me encontrarán. Nunca lo hacen.

El chico podría haberse ido, pero solo la miró intentando encontrar el truco detrás de sus actos. Sakura suspiró pesado y dio un paso más cerca hasta quedar a solo medio metro de distancia.

—Te prometo que estarás a salvo conmigo —habló Sakura y le ofreció su mano tibia. Syaoran supo de alguna forma que sus palabras eran sinceras. Pudo haber escapado, pero cuando la volvió a mirar fijamente y tocó la palma de su mano con la de él, no encontró razones para irse.

Se dejó guiar hasta la punta del acantilado y sin contar hasta tres, saltaron al vacío como un pacto de fe. Cuando estaban a punto de chocar contra la tierra, él cerró los ojos con fuerza, sintiendo el vértigo en todo su cuerpo. Esperó el golpe, pero nunca sucedió. Apenas los volvió a abrir estaba en un lugar demasiado verde, con un sol que quemaba y flores y cultivos que solo había visto sus libros antiguos. Giró lentamente en 360° para contemplar con ilusión lo que para él era lo más hermoso que había podido presenciar en su vida: la primavera.

—¿No tienes calor con toda esa ropa? —escuchó a su espalda.

La bruja lo miraba desde las flores, ahora vestía un hermoso vestido ligero color dorado. De esa forma, era imposible pensar que era un ser malvado y cruel. Su mente estaba hecho un caos, intentaba encontrar alguna razón, alguna excusa para odiarla o matarla, al estar libre tenía la oportunidad de hacerlo con la daga que tenía dentro de su bota, pero por más que lo intentaba no podía.

Se rindió y se quitó los abrigos de su milicia, quedó con la ropa más ligera que tenía, una camisa gris de satín y unos pantalones blancos de tela. Seguía demasiado anonado como para decir algo.

—¡Mucho mejor! ¿Qué quieres hacer primero? —sonrió brillante y caminó hasta él para contemplarlo mejor—. Estoy segura que amarías ir a nadar o probar algunas frutas — inclinó su rostro— ¿Por qué me miras así, Syaoran?

—No lo entiendo, se supone que eres una criatura horrible y maquiavélica. ¿Qué clase de truco es este? —la enfrenta directamente.

Ahora fue el turno de Sakura de volverse serena, bajó la mirada decepcionada por su actitud— ¿Yo? ¿malvada? Por si no sabías fueron los tuyos los que iniciaron esta guerra al tratarnos como si fuéramos demonios —se alejó y se dio media vuelta para caminar hasta una rosa—. ¿Dónde crees que estamos?

—No… no lo sé.

—Son mis recuerdos —respondió con nostalgia—. El reino Escarlata era muy parecido a este lugar cuando nací, era un paraíso, hasta que desataron el poder de mis hermanas para su beneficio y se volvió incontrolable. Las mataron una por una, hasta que quedamos casi extintas. Soy la única que queda por aquí, las demás migraron a otros países y reinos.

Syaoran se acercó a ella impactado— Eso no es cierto, ustedes se escaparon del reino y nos condenaron a esta maldición. Hace años que nadie ha podido dar con una hasta hoy que estoy contigo.

Ella negó— Estás equivocado. No sé qué te han dicho, pero nosotras nunca quisimos un invierno eterno. Tu antiguo rey quería nuestro poder y no pudo controlarlo, él es el culpable de ello, si nos buscan no es solo para matarnos sino para culparnos de sus errores y arreglar el desastre que su familia ocasionó. Hace años que vago sola por el bosque, como un fantasma.

Syaoran se sentó en el pasto impactado, aun procesando toda esa información. No quería creerlo, pero también tenía mucho sentido. También estaba la opción que la bruja le estuviera mintiendo, sin embargo, contempló como seguía acariciando las rosas con la mirada triste y dolida, en sus ojos se veía el sufrimiento de alguien que lo había perdido todo, lo conocía porque él también lo hizo, no tenía nada más que así mismo y un propósito que parecía estar equivocado.

Lentamente se arrastró hasta dónde ella estaba de rodillas jugando con las flores, Sakura no lo volteó a ver, parecía enojada y decepcionada. En ese momento, entendió la razón de porqué lo trataba como un visitante y no como un prisionero, al parecer estaba emocionada de haber encontrado a alguien después de tantos años sola.

— Si lo que dices es cierto, lamento todo el daño que te hemos causado — dijo casi en un susurro. La ojos esmeralda lo miró de reojo y desvió la mirada para que no pudiera ver un par de lágrimas rebeldes que se asomaron.

— El daño está hecho, quizás debería ser la bruja malvada de la que tanto hablas y matarte como venganza, pero no puedo hacerlo. No me rebajaré a tu especie, no obstante, asumo que por la daga que tienes en tu bota me matarás apenas tengas la oportunidad, así son los tuyos.
Syaoran frunció el ceño y la tomó del brazo antes que pudiese alejarse de él — Si crees eso entonces eres igual de perjuiciosa que yo. No voy a matarte Sakura, al igual que tú no puedo hacerlo. Solo sé que se me es imposible.

La muchacha sonrió un poco por su confesión— Quizás no somos tan diferentes después de todo —tomó su mano y las comparó. La de él era mucho más grande y desgastada por sus heridas de entrenamiento y noches en el bosque, en comparación a la de ella, que era delicada y sin ninguna imperfección— Ven, quiero mostrarte un lugar maravilloso.

Lo guio otra vez, él la siguió sin ninguna queja, de apoco se iba acostumbrando a ir a cualquier lugar que ella quisiese.

Caminaron hasta llegar a lo que parecía una cascada que terminaba con un lago, los rayos del sol se reflejaban en el agua y el sonido de la corriente era sorprendente. Era la primera vez que veía una cascada así y no congelada por la baja temperatura. La chica soltó su mano y corrió hasta lanzarse al lago de un piquero, nadó por debajo de las aguas cristalinas hasta que salió con el cabello húmedo y haciéndole una seña para que se uniera a ella.

—Ven aquí, Syaoran. Sé que te gustará —lo animó jugando con el agua. Syaoran quedó estático por unos segundos, luego caminó hasta la orilla y tocó el agua con su dedo. Era tibia… exquisita, realmente parecía el paraíso.

Perdió el miedo y se lanzó al lago también, no sabía nadar así que apostaba que se veía muy tonto intentando mantener el equilibrio con sus pies y manos. Sakura nadó hasta él y rio por su actitud, tomó sus manos y lo ayudó hasta que logró mantener el equilibrio.

—Te prometí que estarías a salvo conmigo —le recordó ella.

—No necesitas cuidarme, fui entrenado para sobrevivir —respondió intentando hacerse el fuerte, la muchacha lo soltó por unos segundos y se volvió a desequilibrar por lo que lo agarró de las manos otra vez.

—Yo creo que si necesitas que te cuide o morirás en cualquier momento—comentó divertida.

Syaoran se sonrojó avergonzado— Admito que al principio creí que estabas loca, pero me equivoqué —dijo aguantando una sonrisa.

— ¿Ah sí? —preguntó ella de forma provocativa.

Syaoran asintió y terminó por sonreír ampliamente— Estas demente.

— Lo dice quien gritaba como loco en el bosque— le lanzó agua mientras reía y él se permitió jugar también, parecían dos simples jóvenes que disfrutaban una tarde perfecta de primavera. Olvidaron por completo sus diferencias, la historia trágica que compartían y la horrible guerra en la que vivían.

Se lanzaron agua, Sakura le enseñó a nadar y cuando salieron sacaron algunas manzanas para comerlas mientras tomaban el sol. Syaoran se enteró que Sakura no podía envejecer, pero que podía cambiar su aspecto con su magia si quería. También que perteneció a la corte cuando las brujas aún estaban en el reino, trabajó para una de las hijas del duque; Tomoyo Daidouji. Eran muy amigas, pero la guerra las separó.

—Era la humana más adorable y empática que he conocido. Recuerdo que antes de irme le obsequié una piedra esmeralda porque le gustaban mis ojos —dijo con añoranza y una sonrisa por su vieja amiga—. A estas alturas debe estar descansando en el otro mundo —dijo refiriéndose a la muerte.

Syaoran recordó entonces la conversación que tuvo con su general y la roca esmeralda que le mostró, no había duda, esa era la piedra, el color de sus ojos era el mismo. Sonrió. el destino a veces podía ser muy extraño— Estoy seguro que si eran tan amigas como dices, aún la conserva.

—¿Puedo hacerte una pregunta? — dijo ella y él asintió—. El reino… ¿cómo es ahora?

Syaoran hizo una mueca y miró hacia el agua del lago— Es… un desastre, niños mueren de frío, familias enteras pasan hambre. A muchos como yo, nos arrebatan de nuestro hogar para enmendar este error. ¿Qué culpa tienen ellos de que la monarquía sea un caos?

Sakura lo miró triste — Lamento todo lo que me cuentas, es horrible…

Él suspiró pesado, y tomó una roca para lanzarla al agua… era horroroso. De pronto abrió sus ojos y la miró con energía— ¿No hay alguna posibilidad que nos ayudes? Se ve que tienes mucho poder y si lo haces se arreglaría todo este mal entendido y la guerra entre nosotros terminaría.

La bruja lo miró como si estuviera loco y negó— Qué ingenuo eres. Si algo he aprendido en mi larga vida es que hay cosas que ni una bruja como yo puede solucionar. Quizás si mi aquelarre estuviera conmigo podría hacerlo, pero las mataron a todas.

Hubo un silencio denso luego de ese comentario. Syaoran entendió que tenía que estudiar más sobre lo que pasó, debía investigar, de alguna forma tenía que entrar al castillo y saber cómo fue que terminaron en ese inverno, quizás allí encontraría una pista para revertirlo.

—Hagamos un trato, si me dejas ir no le diré a nadie que te encontré, pero buscaré la forma que esto funcione y nos ayudes, si te niegas a hacerlo volveré a buscarte una y otra vez hasta que me respondas. No voy a rendirme. Nunca.

Sakura observó la motivación en su mirada dorada. Nunca había visto un humano tan dedicado y valiente, su actitud llamó completamente su atención y la cautivó, aun así, conocía a su especie y su mente se lo advirtió.

— ¿Cómo sé que dices la verdad y no me traicionarás como la mayoría de los tuyos?

—Tienes mi palabra —dio un paso hacia ella y le sostuvo la mirada.

Ella entrecerró los ojos— No es suficiente.

Syaoran se sentía entre la espada y la pared, pensó que no tenía nada para darle hasta que se le ocurrió una idea. Tomó su mano y las juntó como antes lo había hecho ella, luego inclinó su rostro y depositó sus labios contra la suavidad de su piel fue un toque suave y le acarició la palma con tanto cuidado que causó una corriente en la castaña.

— Si me dejas ir, te prometo que no te dejaré sola, nunca. Vendré a verte al bosque cada seis meses, aún si no encuentro nada que nos ayude.

Ella sonrió un poco, y él ámbar no pudo evitar pensar en que era muy inocente, cualquier otro soldado en su lugar la traicionaría, pero él no lo haría, porque en el fondo también quería visitarla a pesar de no encontrar alguna pista.

— ¿De verdad? —preguntó con ilusión en su voz y acercándose aún más a Syaoran— ¿Me lo juras con el corazón?

El chico esperó unos segundos hasta que se rindió y asintió— Te lo juro por mi corazón.

Se quedó contemplando a la chica unos segundos, en completo silencio. Ambos se sonrieron con complacencia. Syaoran, quiso tocar su mentón, pero antes de hacerlo todo se volvió negro.

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—Oye bello durmiente, levántate, tenemos que volver para hacer el reporte al palacio —Eriol se acercó a él y lo movió del hombro para que despertara—. Eso te pasa por no dormir nunca.

Syaoran abrió los párpados sintiendo el frio en su nariz, dentro de su carpa y con su ropa de invierno puesta. Ya no estaba en primavera. La cascada y las rosas habían desaparecido, y por supuesto, no había ni un solo rastro de Sakura. Se sentó atontado y miró hacia el cielo gris, estaban cayendo gotas que seguro se convertiría en una lluvia torrencial. El sol de primavera parecía un sueño. ¿Acaso todo lo que presenció solo fue una alucinación?

—Li, debemos irnos —llamó el general Clow.

El castaño asintió y se arregló rápidamente para partir su camino, mientras recogía sus cosas y las metía en su bolso una rosa cayó de su abrigo. Era de un rojo ardiente. Sonrió misteriosamente y la guardó al fondo para no causar sospechas.

"No, no fue un sueño" pensó para sí mismo.

Fin primera parte